Capítulo
XIII: “¡Justo a tiempo!”
-¡Espere!
-dijo Lucian-. Le daré lo que quiere.
Le tendió la libreta, pero cuando Morgan alargaba el brazo
para cogerla, la apartó de su alcance.
-¿Cómo sé que no le hará daño a
Isa? -preguntó.
-Tienes mi palabra -gruñó Morgan.
-¡La palabra de un asesino!
-Mira, chico...
-Suéltela primero y luego le daré la libreta -regateó
Lucian.
Entonces fue cuando comprendí que Luc hacía lo posible
por ganar tiempo mientras a alguien se le ocurría algo. No
tenía la menor intención de darle la libreta, pero tampoco
de permitir que me pasara nada.
-Lucian -dijo Morgan-, no me vas a tomar el pelo más. No se
puede matar a nadie de otra época, es cierto. Pero tú,
jovencito, tú vienes del 2025. La historia no se alterará
si mañana se encuentra tu cadáver en este parque.
Y dirigió el cañón de su pistola a Lucian.
Las cosas estaban realmente mal. Morgan no dispararía contra
ninguno de nosotros; pero nada le impedía hacerlo contra Lucian.
Entonces un intenso fogonazo nos deslumbró, y apareció
de pronto un pelotón de hombres armados y uniformados con monos
de color azul marino.
-¡La policía 2025! -exclamó alegremente Lucian-.
¡Justo a tiempo! Aproveché aquel momento de confusión
para huir y reunirme con mis amigos.
Pero los gángsters del R.A.P. no iban a dejarse capturar tan
fácilmente. Sacaron sus armas y comenzó un tiroteo entre
ambos bandos.
-¡Deprisa! -dijo Lucian-. Pongámonos a cubierto, que
ya nos toman el relevo. Y nos guió hasta detrás de la
caseta del guarda del parque.
-Aquí estaremos seguros -murmuró Nacho-. Dejemos que
la policía se ocupe de Morgan y los suyos.
Nos miramos unos a otros. Aquellos estaba sentenciado. Si había
venido la policía desde el futuro, aquello significaba que
Fausto ya no controlaba la máquina del tiempo y que el doctor
Beltrán había recibido el mensaje, y estaba sano y salvo.
Vi que los ojos de Lucian se llenaban de lágrimas que no llegaron
a caer.
A pesar de que cerca de nosotros la batalla arreciaba, nos sentíamos
más tranquilos y confiados. Como si nos hubieran quitado un
gran peso de encima.
-Era demasiado para nosotros -suspiró Ali-. Me alegro de que
nos hayan sustituido.
-Jo, chavales, las cosas se complican -dijo Juanma, oteando el panorama-.
Ha venido la policía de nuestro siglo y, como no saben quiénes
son los “buenos” y quiénes son los “malos”,
se han puesto a disparar a todo el mundo.
-¡Qué vergüenza! -me escandalicé-. ¡Que
la policía dispare contra la policía!
-Menuda gracia -dijo Toni-. ¿No podríamos ir a explicarles
qué pasa?
Teníamos que intervenir porque si no, aquello podía
convertirse en una masacre.
Las armas de los policías de 1992 no eran tan modernas como
las de los policías de 2025, pero eran igual de contundentes.
Y las empleaban a conciencia.
Dando un rodeo para pasar lo más lejos posible del frente de
combate. Nos acercamos a uno de los policías de 1992 por detrás.
-Oiga... -le dije, tocándole en el brazo.
El hombre se volvió sorprendido y, cuando nos vio, dio un respingo.
-¿Qué hacéis vosotros aquí? -preguntó
nerviosamente-. ¡Esto es muy peligroso! ¡Marchaos!
-Pero es que... -protesté.
-Niña, ¿es que no ves que hay un tiroteo?
-Sabemos que hay un tiroteo -intervino Lucian, que empezaba a perder
la paciencia-. Y ustedes lo están estropeando todo. Llevamos
todo el fin de semana huyendo de esos de las gabardinas grises, y
cuando por fin vienen a ayudarnos, llegan ustedes y empiezan a disparar
a todo el mundo. ¡Ni siquiera saben qué está pasando!
Los de azul son policías, como ustedes, y los de gris son terroristas
muy peligrosos.., la única diferencia que hay es que éstos
vienen todos del año 2025.
-Anda, chico, no me tomes el pelo.
-¡Yo tengo una prueba! -se oyó la voz de Juanma.
Se acercó al “poli” y le tendió algo.
-No tengo tiempo de mirar tonte...
-¡Por favor, échele un vistazo! ¡Sólo un
momento! Esto es de uno de los policías del futuro.
El otro lo examinó atentamente y profirió un grito:
-¡Pero si éste es mi hijo! Mi hijo, con treinta y dos
años... Pero si nació el año pasado...
Nos miramos, confundidos.
-¿Qué le has dado? -le preguntó Nacho a su hermano
menor.
-El carnet de identidad y la placa de policía de uno de los
azules.
El aturdido policía del siglo XX leía en voz alta el
carnet de identidad.
-Gonzalo del Pozo Rodríguez, nacido el 28 de febrero de 1991,
hijo de Francisco y Mª Dolores, documento expedido... ¡el
7 de julio de 2023!
-¿Ve lo que le digo? -insistió Lucian-. ¡Estos
han venido del futuro en la máquina del tiempo de mi padre!
Sé que suena a novela de ciencia-ficción, pero es cierto.
Por aquel entonces ya había un policía del futuro razonando
con sus colegas del siglo XX. Pronto se pusieron de acuerdo y la policía
2025 contó con la ayuda adicional de la policía 1992.
Volvimos a nuestro refugio. Como los policías eran más
numerosos que los terroristas, sabíamos que aquello sería
cuestión de tiempo.
-Un momento -dijo Nacho, poniéndose tenso-. ¿Dónde
está Juanma?
Entonces oímos con claridad la voz de Morgan, gritando:
-¡Arrojen las armas y pongan las manos en alto! ¡Deprisa!
-¡Tiene un rehén! -gritó uno de los policías.
-Me temo que ya sé dónde está -gruñó
Lucian.
-Suelte al niño o... -se oyó una voz en la oscuridad.
-Me parece que no está usted en situación de amenazar,
¿no le parece? -rió Morgan-. ¡He dicho las manos
en alto!
-¿Qué es lo que pide?
-Sólo dos cosas y dejaré al niño en libertad.
-¿Qué cosas?
-La primera, exijo una garantía de que puedo regresar a 2025
sin que nadie me lo impida. La segunda, quiero a Lucian Beltrán.
-Ese tipo está loco -mascullé-. ¿Es que no se
rendirá nunca? Eh, ¿y Lucian?
Miramos a todos lados, desconcertados. Lucian había desaparecido.
Salí de nuestro escondite y pude verlo abriéndose paso
entre la barrera policial.
-¡Espera, Luc! -grité-. ¿A dónde vas?
Lucian se plantó frente a Morgan.
-¿Es que nunca se dará por vencido? -le increpó-.
Suelte al chico, ya sabe que no tiene ninguna oportunidad.
-Lucian, mi segunda petición no la retiro. Tengo una cuenta
pendiente contigo.
Lucian esbozó una sonrisa escéptica.
Mientras, Nacho estaba decidido a hacer algo por ayudar a su hermano.
Lo agarré por el cuello de la camisa cuando ya se iba.
-¿A dónde vas? -susurré-. No puedes hacerlo todo
tú solo. Tracemos un plan todos juntos. Veamos, hay ocho terroristas...
no, seis, que dos han caído. Y hay tres o cuatro heridos. Somos
seis; tocamos a gorila por cabeza. Atacaremos por detrás y...
Nacho sonrió.
-¿Qué te parece si atacamos a pedrada limpia? -dijo.
-¡Es exactamente lo que iba a decir! -salté-. Me has
quitado la palabra de la boca.
Nos pusimos a recoger piedras más o menos grandes, mientras
oíamos a Morgan decir:
-¡Contaré hasta diez! Uno... dos...
-Le encanta el número diez -mascullé-. ¡Diez mil
años que pasará en la cárcel!
Pronto tuvimos reunidas suficientes piedras como para darles una agradable
sorpresa.
-Siete... ocho...
-¡Ahora! -dio el grito de guerra Nacho.
Y una lluvia de meteoros no precisamente blandos comenzó a
caer sobre los terroristas del siglo XXI. Dejamos a más de
uno inconsciente. Nacho, Pablo y yo nos ensañábamos
sobre todo con Félix Morgan quien, a pesar de todo, no permitió
que ninguna piedra le impactara en la cabeza, con lo cual no tuvimos
la suerte de que él fuera uno de los derribados.
Juanma, que es el chaval más espabilado que conozco, había
conseguido zafarse de las garras del líder del R.A.P., y así
los policías pudieron volver a coger sus armas y apuntar a
los gángsters.
-¡No se muevan! -gritó el jefe de policía de 1992.
Todos alzaron las manos, sabedores de que ya no tenían nada
que hacer. Pero Morgan, aunque arrojó el arma, en lugar de
rendirse, echó a correr y se perdió en la oscuridad
del parque, entre los disparos de los policías.
-Demasiado tarde -murmuré al ver cómo salían
corriendo tras Morgan-. Ya estará muy lejos.
Súbitamente oímos un disparo. Todos nos quedamos quietos.
Cinco minutos después dos figuras surgieron de la espesura.
Vimos que la primera era Morgan. Se sujetaba un brazo sangrante y
nos miraba a todos con una expresión de animal acorralado,
con los ojos cargados de odio.
Tras él apareció... ¡Lucian! Apuntaba a Morgan
con una pistola y, a pesar de todo, conservaba ese aire de escepticismo
y autosuficiencia que le caracterizaba.
-¡Luc! -grité-. ¿Cómo lo has hecho?
Él se encogió de hombros y sonrió con la sonrisa
de aquel que se ha hecho dueño de la situación.
-Dejaré que lo descubras por ti misma, Sherlock -dijo-. Te
daré una pista: como dijo Morgan, teníamos... una cuenta
pendiente.
Se llenó en un acto reflejo la mano al brazo izquierdo, y le
oí murmurar para sí mismo: “Ojo por ojo y diente
por diente”.
Los policías se apresuraron a esposar a Morgan y los suyos.
Policías del presente y del futuro se pusieron a hablar entre
ellos.
-¿Tú crees que será bueno que dos generaciones
diferentes de policías cambien impresiones? -le pregúnté
a Lucian.
-No lo sé - respondió-, pero me parece que hay muchas
cosas que cambiarán a partir de ahora con respecto al Alfa-5.
-¿Tú eres el hijo del profesor Beltrán? -le preguntó
a Lucian uno de los policías del siglo XXI-. La máquina
del tiempo está a salvo. Tengo algo para ti... espera, que
me parece que lo tiene Jiménez...
Mientras volvía, nos pusimos a comentar la aventura vivida.
-¿Sabéis qué hora es? -murmuró Pablo-.
¡Casi las once! Nuestros padres estarán preocupadísimos
por nosotros.
-Y cuando llegue la hora de contarles lo que ha pasado, no nos creerán
-suspiró Ali.
-No puedo más -dije yo entonces-. ¿Os dais cuenta? Todo
ha terminado, y no sé si reir o llorar.
-A mí me pasa lo mismo -dijo Ali-. Ha sido un fin de semana
terrible. ¡Sólo dos días, y parece una eternidad!
Lucian cerró los ojos y apoyó la espalda contra la pared,
con un suspiro.
-Terrible, sí esa es la palabra -dijo-. Pero todo ha terminado.
-Ha tenido que venir la “poli” para salvarnos -comentó
Juanma-. Pero hasta entonces, nos hemos defendido bastante bien, ¿eh?
-Me cuesta creer que hayamos podido con una banda de terroristas armados
del siglo XXI -dijo Raquel.
-Sí; pero eso era porque tenían prohibido matar a nadie
-respondió Pablo-. Aunque es alucinante la manera en que les
hemos tomado el pelo durante todo el fin de semana.
-El golpe final lo ha dado Lucian -sentó Nacho-, a pesar de
lo que se diga luego.
Entonces se acercó el policía, sonriente, y le dio algo
a Lucian. Todos nos arremolinamos en torno a él, y dimos un
grito de sorpresa.
Era la nuez mecánica. Estaba un poco mohosa y oxidada, y abierta
de par en par. Dentro había un papel muy viejo. Lucian lo leyó
y, con una sonrisa, me lo pasó. Ponía: “Papá,
estoy en el año 1992. El Alfa-5 funciona, y el R.A.P. está
aliado con Fausto. No confíes en él. Y ten cuidado,
el 19 de diciembre de 2025 a las 17:30 horas estallará la bomba
que llevas en el portafolios. Deshazte de él antes de que sea
demasiado tarde. Fausto controla el Alfa-5 desde el laboratorio; debes
detenerle y enviar refuerzos a 1992: me llevé tu libreta de
apuntes conmigo para que no cayera en manos del R.A.P., y el propio
Félix Morgan ha venido tras de mí con un grupo de sus
terroristas para recuperarla. Date prisa, no sé por cuánto
tiempo podré esquivarle. Lucian.”
Y un poco más abajo, escrito con tinta mucho más reciente,
decía: “Gracias, hijo; me has salvado la vida”.
Y firmaba Enrique Beltrán.
Se lo devolví.
-Mi padre está vivo, Isa -murmuró Lucian-. Nuestro mensaje
ha desafiado al tiempo... y ha salido vencedor.