Título: En un futuro no lejano

Capítulo XIV: "Y se fue como el viento"

-Ahora todo está bien -dijo el policía-. Volveremos al año 2025 y el R.A.P. desaparecerá. Paulatinamente, la delincuencia juvenil irá disminuyendo también. A propósito, tu padre me dijo que le dieras las gracias de su parte a una chica que no sabía cómo abrir cierto artilugio japonés...
Y entonces me eché a reír. ¿O tal vez lloraba? No lo sabía.
-¡Treinta y tres años y todavía se acuerda! -dije-. Si queréis que os confiese la verdad, nunca esperé que diera resultado.
Lucian me guiñó un ojo, y dijo:
-Hay que tener fe, ¿no? Pero mi padre tiene razón, tengo que darte las gracias. A ti y a todos los demás. En el fondo, estábais en lo cierto: necesitaba ayuda.
-Para eso están los amigos -sonrió Ali, dándole una palmadita en la espalda.
-Podrías buscarnos en el año 2025 -sugirió Juanma-. Yo tendré entonces unos cuarenta y cinco años. ¡Seré todo un señor!
-No, me parece que no lo voy a hacer -dijo Lucian, pensativo-. Prefiero recordaros tal y como sois ahora.
-¡Isa! ¡Pablo!
Nos volvimos rápidamente.
-¡Ay, mis padres! -exclamé, pasmada.
-¡Y los míos! -dijo Ali, no menos desconcertada.
No sólo ellos. También aparecieron por allí los padres de Toni, los de Raquel y los de Nacho y Juanma.
-¿Quién los ha llamado? -preguntó Toni.
-Yo lo hice -dijo de pronto Nacho, acercándose-. Les avisé por el teléfono del coche-patrulla.
-Piensas en todo -murmuré, como de costumbre.
Pero no estaba tan entusiasmada como otras veces.
“Prefiero recordaros tal y como sois ahora...”
Mientras nuestras madres nos asfixiaban con sus agobiantes abrazos, nuestros padres nos amonestaban y nosostros repetíamos la historia una y otra vez porque no la entendían, Lucian estaba de pie algo más alejado, con aire pensativo y ausente.
Me separé de mis padre y me acerqué a él.
-Qué, ¿cansado?
-Bueno...
Y ahora no sabía que decir. Porque sabía que si hablaba empezaríamos con las despedidas que, lo confieso, es algo que detesto.
Habló él, de todas maneras:
-Al final resultó que mi padre sí guardó la nuez mecánica hasta 2025. Me cuesta creerlo, pero así fue.
-Por suerte, ya se ha arreglado todo. Me alegro.
-Siento haberte metido en esto.
-Bah. Ha sido una experiencia... digamos, interesante.
Lucian rió.
-Conque “una experiencia interesante”, ¿eh? Menuda respuesta. ¿Es ésa la conclusión que sacas?
Me encogí de hombros.
-¿Qué esperabas?
-Algo más, la verdad.
-Escucha, no sé qué te pasa. No pareces contento, y deberías estarlo.
-Mira quién habla. Tampoco tú pareces contenta.
-Mira, tú vuelves a tu tiempo, con tu padre. ¿Y qué gano yo con todo esto? La pérdida de un buen amigo. Además, se me ha terminado la aventura.
-Conque era eso, ¿eh? La sed de aventuras.Escucha, algún día volveré y nos iremos todos juntos al antiguo Egipto, a la Roma de los Césares, a la época del descubrimiento de América, a la Prehistoria, a la Segunda Guerra Mundial, al lejano Oeste o incluso al futuro... ¡el Alfa-5 tiene tantas posibilidades como la propia Historia!
-No lo dirás en serio.
-Pocas veces he hablado tan en serio como ahora, Isa. Aunque no puedo prometerte que mi padre me permita utilizar su máquina del tiempo para hacer viajes de placer.
-Ése es el fallo que tiene tu plan. Bueno, tú dile que será educativo.
-Nos vamos ya, Lucian -dijo entonces un policía del 2025, acercándose-. Tu padre te estará esperando.
Se aproximaron todos los demás.
-¿Te vas ya? -preguntó Ali-. Te vamos a echar de menos.
Nacho le tendió la mano, y Luc se la estrechó.
-Buena suerte, Lucian -le dijo. Y no te olvides de nosotros.
-No creo que pueda, Nacho.
-Cuídate mucho, Luc -le dije yo, dándole un beso en la mejilla-. Y escribe una carta al rey de Grecia, para que vuelvan a celebrarse los Juegos Olímpicos. Porque, aunque tú no los has llegado a conocer, nosotros podemos asegurarte que es algo maravilloso.
-Tarde o temprano volverán a implantarse. La decisión de suprimirlos estuvo a cargo de un reducido número de personas, pero la inmensa mayoría no estaba de acuerdo. Bueno -añadió-, me voy ya-. Vuelvo a mi tiempo; y tened por seguro que no os olvidaré.
Dio media vuelta y se alejó hacia el grupo de policías. Corrí tras él al recordar una cosa.
-¡Espera, Lucian!
-¿Qué? -preguntó él, volviéndose.
-Lo prometido es deuda, ¿no? Escucha, ¿cuál era la clave?
Lucian sonrió y, viendo que los demás estaban a una respetable distancia, abrió la libreta por la primera página y me señaló una línea donde ponía: “La clave de la computadora de la máquina del tiempo Alfa-5 es: LUCIAN”.
Abrí mucho los ojos y miré a Lucian, muda de sorpresa. Él sonrió.
-No lo adivinaste, ¿eh? Tanto como te las das de lista...
Le miré con fingido enfado.
-Escucha, voy a darte una cosa para que no te olvides de mí -dijo Lucian, y me puso algo en la mano. Algo pequeño, duro y frío.
Cuando abrí la mano y miré lo que era, casi di un grito de asombro. Era aquella bala que le saqué en el gimnasio del instituto.
Se la devolví.
-Quédatela tú -le dije.
-No, yo me conformo con la herida que me hizo en el brazo. Tenías razón; creo que la cicatriz no se irá nunca del todo, pero al menos me servirá para recordar esta aventura.
Sonreí, y acepté el original regalo.
-No la pierdas, o volveré del futuro para ajustarte cuentas -me amenazó en broma.
-¡Lucian! -gritó uno de los policías-. ¿A qué esperas?
Lo abracé cariñosamente.
-Cuídate -le dije-. Y haz el favor de darte un corte de pelo, ¿quieres?
-Lo tendré en cuenta -rió Lucian, y, con un gesto de despedida, se reunió con los policías.
Todos llevaban un brazalete como el de Lucian, y como los que llegaban los del R.A.P. Oprimieron un botón de dichos brazaletes y veinte segundos después desaparecieron de allí intenso resplandor que nos cegó a todos durante un instante.
Sentí que alguien me pasaba un brazo por los hombros, y supe casi enseguida que se trataba de Nacho.
-Le echaré de menos -murmuré.
-Lo sé -asintió él-. Creo que yo también. Pero estoy seguro de que volverá.
-¿Por qué? ¿Cómo lo sabes?
-¿No vuelve siempre el viento?
Le miré sorprendida. Luego sonreí.
-Tienes razón -dije-. Lucian llegó de repente, como el viento, y se fue de repente, como el viento. Me parece que conseguirá hacer lo que dijo.
-¿Qué dijo?
-Que quería utilizar el Alfa-5 para recorrer la Historia. Y que tal vez nos llevara a todos con él.
-Sería fantástico, pero... ¿no dejarían nuestros padres?
-¿Por qué eres siempre tan aguafiestas, Nacho?
-De todas maneras, me parece que Lucian acabará convertido en una especie de viajero del tiempo. Nosotros, no sé. Pero él sí. Es como si estuviera predestinado.
-Tienes razón.
Y nos quedamos allí, en el parque a oscuras, mirando el lugar donde Lucian había vuelto a su tiempo. Se me llenaron los ojos de lágrimas que no intenté ocultar esta vez, porque no eran lágrimas de alegría ni de tristeza, sino de emoción. Pude sentir que Nacho estrechaba por un momento su abrazo en torno a mis hombros, y me dije a mí misma que, como había dicho Ali, las cosas siempre habían sido especiales entre nosotros dos. Y, de todas formas... ¿por qué tendrían que cambiar?
Sacudí la cabeza y me volví hacia los demás.
-Vámonos ya a casa, ¿no?
Todos asintieron.
Mientras salíamos del parque, Nacho y yo íbamos cogidos de la mano (aunque lo ocultábamos yendo los últimos, Ali se dio cuenta y me sonrió), pero yo iba pensando: “Llegó como el viento, y se fue como el viento; pero el viento siempre vuelve”.