Título: En un futuro no lejano

Capítulo II: "La historia de Lucian"

-Mi padre es el doctor Beltrán -comenzó-, un eminente científico de mi tiempo. Estaba trabajando en un proyecto secreto, que sólo conocían él y Fausto, su ayudante. Se trata de una máquina del tiempo, que él llama “Alfa-5”, tal vez porque es la quinta vez que intenta construir una.
-¿Y tú no sabías nada de esa máquina? -preguntó Ali.
-No, ya he dicho que era un proyecto secreto. Me enteré esta mañana, cuando escuché por casualidad una conversación telefónica de Fausto con un tal “señor Morgan”.
-Eso suena a americano -comenté.
-Bueno, es que en el siglo XXI hay muchos americanos refugiados aquí. Ese tal Morgan tenía raíces norteamericanas.
-¿Por qué sabes tanto de él?
-Al principio no lo comprendí, pero luego, a medida que iba escuchando la conversación, me di cuenta de que aquél no era un Morgan cualquiera. Era Félix Morgan, el terrorista más buscado del siglo XXI.
-¿Y qué hacía hablando con Fausto?
-Déjale terminar, Isa -protestó Nacho.
-Veréis, yo estaba escuchando aquel diálogo por el otro teléfono. Fausto siempre me había dado mala espina, y, como hablaban de no se qué proyecto secreto, sentí curiosidad. Y me quedé de piedra. Decía Fausto que la máquina del tiempo funcionaba, pero mi padre no lo sabía.
-¿Y dónde estaba tu padre? -quise saber.
-Estaba en Viena, en una conferencia. Morgan le dijo a Fausto que no había por qué preocuparse por él. Que le había puesto una bomba en el portafolios que estallaría a las 17:30. Y que, sin el profesor Beltrán en medio, no tendrían problemas para hacerse con los secretos del Alfa-5.
-¿Quieres decir que planeaban un atentado contra tu padre? -preguntó Nacho. Lucian asintió.
-Entonces fue cuando me enteré de que el Proyecto Alfa-5 consistía en una máquina para viajar en el tiempo, y que Fausto pretendía entregarla a Félix Morgan, a quien buscaba la policía de casi todos los países del mundo.
-¿Qué hiciste entonces?
-Pues la verdad es que nada. Todo lo hizo Fausto. De pronto la voz de Morgan dijo que había alguien en el otro teléfono. ¡Me quedé de piedra! Llegó Fausto desde el laboratorio y me pilló con las manos en la masa. Y entonces, ¡uff!, la que se armó. Me persiguió por todo el laboratorio, derribando mesas, tirando botellas y probetas... Y cuando sacó una pistola de un cajón me di cuenta de que aquel tipo iba en serio. Vi una puerta y me colé dentro. Pero era una habitación... sin salida. En el centro había un bulto de unos dos metros y medio de alto, enorme, cubierto con una lona. Era la máquina Alfa-5, aunque yo no lo sabía. Entonces Fausto entró en el cuarto... ¡estaba acorralado! Sólo se me ocurrió ocultarme tras el trasto aquel y, como Fausto bajó la pistola, pensé que era para no dañarlo, luego debía de ser algo importante. Lo destapé, y entré dentro por una escotilla que tenía por la parte de detrás. La atranqué como pude. Había allí dentro varios brazaletes, con un letrero donde ponía "Úsese para volver al punto de partida”, así que cogí uno y me lo puse.
Nos mostró uno que llevaba puesto, una especie de aro metálico lleno de botones.
-Como Fausto seguía golpeando la puerta intentando entrar -prosiguió Lucian-, comencé a oprimir botones y a mover palancas... y me encontré aquí.
-¿Y no sabes cómo volver a tu casa? -pregunté.
-Supongo que con esto -respondió Lucian, alzando el brazalete-. Pero por el momento no me parece buena idea. ¡Fausto estará esperándome para cerrarme la boca!
De pronto alzó la cabeza como si se acabara de acordar de algo, se levantó y salió corriendo. Nosotros nos quedamos quietos en el sitio.
-¿Vosotros creéis que es verdad todo eso? -pudo decir al final Ali-. Parece tan increíble...
-No, no es su historia lo más increíble -dijo Toni-. Lo más increíble es que me lo creo todo.
-¿A dónde habrá ido? -murmuró Juanma.
Lucian volvió cinco minutos después. Traía una libreta negra consigo, y la cogía fuertemente, apretándola contra su pecho, como si fuera su más preciado tesoro.
-¿Qué es eso? -preguntó Ali.
-Algo muy importante -fue la escueta respuesta.
Nos miramos unos a otros. Con el mal genio que tenía, más valía no insistir sobre el tema.
-En resumen -dijo Nacho-, que no puedes volver a tu tiempo porque Fausto y ese tal Morgan te estarán esperando, ¿no?
-Eso es.
-¿Y qué vas a hacer ahora?
-No lo sé. Seguro que, a estas horas, además de Fausto, estarán en el laboratorio todos los gángsters de Morgan, preparados para dejarme como un colador.
-Háblanos del futuro -pidió Toni-. ¿Qué será del mundo en el 2025? ¿Sigue habiendo hambre en Somalia? ¿Y la capa de ozono? ¿Y la guerra en Yugoslavia?
-El nivel de vida es óptimo en todo el planeta -respondió Lucian-. Muy poca gente pasa hambre, la capa de ozono está bien y hemos destruido todas las armas nucleares.
-¿Y el SIDA? ¿Y el cáncer?
-El cáncer ya está casi controlado, y, como han desaparecido las drogas, el SIDA está disminuyendo a pasos agigantados.
-¿Qué ha sido de aquellas dos naves de exploración espacial? -pregunté-. Me refiero al Voyager I y al Voyager II...
-El Voyager I se ha perdido. No se recibe ninguna señal suya. Sin embargo, el Voyager II está entrando en un nuevo sistema solar. Los científicos no descartan que pueda haber vida en alguno de los planetas de dicho sistema...
-¡Qué futuro tan estupendo nos espera! -comenté-. Todo es casi perfecto.
-No -me contradijo Lucian-. No es perfecto. Nada es perfecto. La violencia en las ciudades es terrible. Nadie se atreve a salir de su casa cuando anochece. La policía no consigue detener a a las bandas de adolescentes, que se han transformado en ladrones y asesinos de la peor calaña que existe. Tienen aterrorizados a todos los adultos. La delincuencia juvenil es tan abundante que nadie confía en un adolescente. Se escapan de sus casas, tienen armas y no les importa matar para conseguir sus propósitos. Siembran el caos y la muerte allá donde vayan, y viven en casas abandonadas que ellos llaman “refugios”.
-¿Pero qué quieren? -preguntó Nacho.
-Aspiran a un mundo gobernado por los jóvenes, donde nadie les dé órdenes, donde ellos sean los que manden. Sostienen que no necesitan a sus padres, y que ya es hora de que len dejen hacer lo que les dé la gana. Quieren sentir el mundo en sus manos... y esto sucede en todas las ciudades del mundo.
-¿Tú no eres como ellos? -inquirió Ali.
-No. Hubo una época en que estuvieron a punto de convencerme pero, cuando mataron a mi madre, me di cuenta de que ése no era mi ideal, ni mucho menos.
-Y si los adolescentes son los más criminales... ¿qué pinta la banda de Morgan en todo esto? -pregunté.
-Son ellos los causantes de este revuelo. Al finales de la primera década del siglo XXI apareció un nuevo movimiento, el R.A.P., liderado por Morgan. este decía que había que organizar una especie de “revolución adolescente”, para “acabar con la tiranía de los adultos”, o algo así. Logró de esta manera un ejército de adolescentes sanguinarios bajo sus órdenes. El R.A.P. es el nombre de esta organización internacional, a la que pertenecen la mayoría de los jóvenes del mundo.
-¿Qué significa R.A.P.?
-Son las siglas del lema de su organización, “Rebeldes Al Poder”.
Nos quedamos en silencio un momento, y luego Ali dijo, tímidamente:
-¿Creéis que es bueno que conozcamos el futuro por adelantado? No deberíamos saber todo esto.
-Tienes razón -dijo Nacho-. No tendríamos que habernos enterado de lo que pasará en el futuro.
-Además, no falta tanto para eso -dijo Toni-. Treinta y tres años. Aún estaremos vivos.
-Mi situación no es muy buena, que digamos -murmuró Lucian como para sí mismo-. Mi padre tiene una bomba en el portafolios, Fausto y Morgan tienen la máquina del tiempo y yo estoy atrapado aquí. Y es posible que...
-¿Qué podemos hacer para ayudarte? -le pregunté.
-Escucha -dijo entonces Ali-, no puedes ir así por la calle. Llevas una ropa un tanto extraña. Lo primero es encontrarte ropa decente, y un sitio donde puedas dormir.
-Muy práctico, Ali -cortó Nacho-, pero nosotros el lunes tenemos colegio. ¿Qué hacemos con él?
-De momento, llevarle a mi casa -sugirió Toni-. No hay nadie ahora. Que se cambie de ropa, que descanse, que coma un poco y después, ya veremos.
-Mis padres se van de viaje -recordó Nacho-. En cuanto comiencen las vacaciones. Nos quedaremos solos mi hermana Mónica, Juanma y yo. Entonces no habrá problemas.
-Pero falta mucho para las vacaciones.
-No, hombre. Las vacaciones de Navidad comienzan el miércoles. Mis padres se van el martes.
-Y estamos a sábado. Y mientras tanto, ¿qué?
-Que se quede a dormir una noche en casa de cada uno, para que no se sospeche...
-Sí, hombre -cortó Ali-. Y yo llevo a un chico desconocido a mi casa y le digo a mi madre que si se puede quedar a dormir y me dice de todo.
-¡Espera, tengo una idea! -dije yo-. ¿Y si le decimos a la madre de Toni que los padres de Lucian han tenido un accidente de coche y están en el hospital, y no tiene dónde quedarse porque no es de aquí? ¡Seguro que le dice que se quede?
-Eso ya se verá. Hasta el martes, que se trasladará a casa de Nacho y Juanma. Le soltamos la misma bola a Mónica y ya está... esa es tu idea, ¿no? -dijo Toni-. Pues permite que te diga que es algo exagerada.
-A mí me parece buena idea -protesté.
Acabaron por ceder. Lucian no había dicho nada hasta el momento, pero entonces dijo:
-¿Qué habéis decidido por fin?
-Hemos decidido que ahora te vayas a casa de Toni, a cambiarte de ropa y comer algo -respondió Nacho-. Y cuando lleguen sus padres les diremos que no tienes dónde quedarte, porque tus padres han tenido un accidente y están en el hospital, a ver si te dejan quedarte allí.
Lucian se encogió de hombros.
-Bueno -fue todo lo que dijo.
-Sugiero que os vayáis todos a vuestras casas a cambiaros de ropa y ducharos un poco -dijo Toni-. Quedamos en el bar dentro de una hora, ¿vale?
Dijimos que de acuerdo, y cada uno se fue por su lado. Como Ali y yo vivíamos en la misma calle, nos marchamos juntas.
-No puedo creerlo -me comentó entonces Ali-. ¿Es un sueño o es cierto que hemos conocido a un chico que no ha nacido todavía?
-Es verdad -concedí-, es increíble. Seguro que en ninguno de los libros de ciencia-ficción que lee mi hermano Pablo hay una aventura más alucinante que la historia que nos acaba de contar Lucian.
-Isa, ¿tú crees que podemos cambiar el futuro? Por ejemplo, educando mejor a nuestros hijos...
La miré.
-Ali, olvida todo lo que nos ha contado Lucian. Porque no deberíamos saberlo. Lo que tenga que pasar, pasará.
-En el futuro quitarán el parque de ahí para construir el laboratorio del doctor Beltrán. Interesante, ¿verdad?
-En el futuro dirán que las Olimpiadas están pasadas de moda y las suprimirán. Curioso, ¿eh?
Nos miramos y nos echamos a reír. Pero era una risa un tanto nerviosa.
-No es bueno que lo sepamos -concedió Ali-. Lo olvidaremos.
-Podría preguntarle a Lucian quién ganará las próximas elecciones... o....
-Lo olvidaremos, Isa.
-De acuerdo -refunfuñé.
-Te recuerdo que fuiste tú quien lo dijo.
-Y ahora lamento no haberme mordido la lengua.
En aquel momento llegábamos a su portal.
-Dentro de tres cuartos de hora pasaré a buscarte -le dije a Ali-. No me hagas esperar, ¿eh?
-Y tú, sé puntual.
Nos despedimos y yo seguí calle arriba hasta mi casa. Me encontré con Pablo, mi hermano mayor, en el rellano.
-¿Hay alguien en casa? -le pregunté.
-No, han salido a pasear a Clarita -(Clara es mi hermana pequeña, de un año).
-¿Vas a salir luego?
-Sí, en cuanto me duche. ¿Te vas?
-Vendré sobre la una y media. Voy a casa de Salva.
-Vale. Pablo....
Se volvió.
-Qué.
Pensé que sería tremendamente injusta si no se lo contaba. A él le encantaba la ciencia-ficción. Pero...
-Nada. déjalo. Hasta luego.
Pablo bajó corriendo la escalera. Yo había decidido consultarlo con Nacho antes de abrir la boca, porque se suponía que era un secreto. Entré en mi casa. Después de ducharme (no hay que olvidar que antes de que llegara Lucian habíamos estado corriendo) y ponerme un jersey y unos vaqueros me sentí mucho mejor. Como me sobraba tiempo (cosa insólita tratándose de mí), me tumbé en la cama para reflexionar. Era extraño. Toda la vida imaginando que algún día viviría una de las aventuras de la tele y ahora me sentía rara, como si aquello no fuera real. Como si fuera un producto de mi fantasía. Pero era verdad, Lucian era de carne y hueso, y había venido del año 2025. Era una locura. Era una locura y, sin embargo, tenía sentido. ¿Desde cuándo una locura puede tener sentido?
Llamaron al teléfono, y me levanté para cogerlo. Era Nacho.
-Escucha, ahora que no están los demás -me dijo-, me gustaría hablar contigo sobre Lucian.
-Adelante.
-¿Recuerdas lo que dijo sobre adolescentes criminales? Estaba pensando... ¿y si él fuera uno de ellos?
-Entonces no nos lo habría contado, Nacho, piensa un poco. Sólo nos lo ha contado porque no tiene de qué arrepentirse.
-¿Tú crees?
-A mí me parece un chico legal.
-Las apariencias engañan.
-¿Quieres decir que no te fías de él?
-Más o menos.
Hubo un silencio algo embarazoso.
-Escucha, tú y yo somos los “cerebros” del equipo -dijo entonces Nacho-. Cuando ponemos nuestras cabezas a trabajar juntas podemos maquinar lo increíble. Pero aquí hay algo que no encaja.
-Ya sé lo que quieres decir: Lucian no nos lo ha contado todo.
-Has pensado lo mismo que yo.
-¿A que tiene que ver con esa misteriosa libreta negra?
-Exactamente. Tú y yo deberíamos montar una agencia de detectives, ¿sabes?
-No bromees, Nacho. Esto va en serio.
-Vaya, el “mico” ya ha salido de la ducha. No puedo hablar más, habla tú.
-¿Crees que debemos decírselo a los demás?
-No, por el momento no.
-¿Tienes alguna idea?
-No, pero vendrá pronto.
-Bueno, pues ya hablaremos. No tardéis, hasta luego.
-Hasta luego, tía Elvira. Si quieres hablar con mamá, llama más tarde, ha ido a comprar el pan.
-¿Cómo que “tía Elvira”?
-Sí, le daré tu recado. Adiós.
Y colgó. Yo hice lo propio, retorciéndome de risa.
Pero Nacho tenía razón. Había algo que fallaba en la historia de Lucian. Aunque yo no creía que fuera mal chico, nos ocultaba algo, y eso siempre resulta sospechoso. Pensando en esto, cogí la cazadora, un poco de dinero, las llaves y salí de casa. Me encontré con Ali en la calle.
-¡Anda! -dijo-. Salimos al mismo tiempo.
-Que yo recuerde, es la primera vez que ocurre -reí.
-Y la primera vez que nos sobra tiempo -añadió Ali-. ¡Yo no recuerdo haberme duchado tan rápido en mi vida!
Fuimos dando un paseo hasta en bar donde habíamos quedado. Nacho y Juanma estaban allí. Nacho me guiñó un ojo disimuladamente, pero a Ali no se le escapaba una.
-¿Qué os traéis entre manos vosotros dos?
-¡Tía Elvira! -me saludó Juanma.
Vi cómo Nacho se quedaba tieso, y tuve muchos problemas para contener la risa.
Pero cuando llegaron Toni y Lucian se quedó más tieso todavía, y me miró. Y entonces lo capté... o eso creí. Me pregunté si lo que le pasaba era que estaba celoso de Lucian... aunque pronto deseché la idea. Tal vez mi romanticismo me llevaba demasiado lejos. Me propuse vigilarlos a los dos estrechamente.
-¡Hola! -saludé a Toni y Lucian, con la mayor indiferencia posible-. ¿Tomamos algo?
Nacho me dio una patada por debajo de la mesa, y entonces me di cuenta de que Lucian se había traído consigo la libreta negra. Le hice a aquél un gesto casi imperceptible de asentimiento.
No eran celos lo que le había hecho sospechar a Nacho de Lucian. Allí había un misterio de verdad.