Título: En un futuro no lejano

Capítulo III:"Raquel se interesa demasiado"

Mientras tomábamos una coca-cola (Lucian comentó que en su tiempo la coca-cola era transparente), hacíamos planes.
-Dentro de una hora aproximadamente iremos a mi casa -dijo Toni-. Entonces ya habrán venido mis padres. Les diremos lo de Lucian, a ver si pueden arreglarlo.
-Pero Lucian no puede quedarse aquí para siempre -dijo Juanma.
-¿Por qué? -preguntamos los demás.
-Bueno, porque él no ha nacido aún. Ahora no existe, no está aquí. No estará hasta dentro de diecisiete años. Y entonces será un bebé recién nacido.
A mí me daba vueltas la cabeza.
-¿Cómo que no existe? Si está aquí, con nosotros.
-Pero no debería estar aquí -apuntó Lucian-. Me parece que no es muy bueno esto de los viajes en el tiempo.
-Es curioso-comentó Nacho-. Vienes del futuro y, sin embargo, pareces un chico normal, como nosotros.
Era cierto. Por su forma de comportarse parecía un muchacho del siglo XX, y no del siglo XXI. Además, ahora que iba vestido con ropa de Toni, nadie hubiera dicho que no era como nosotros.
-Es que soy un chico como vosotros. Los tiempos cambian, pero la naturaleza humana es siempre la misma, siempre ha sido la misma y siempre será la misma.
Además, me pareció muy sabio para su edad. Casi parecía un adulto.
-Bueno, chicos, vamos a pensar una manera de devolver a Lucian a su tiempo -dije.
-¿Qué tal si le damos una ametralladora? -sugirió Juanma-. Así cuando llegue a su casa podrá disparar a todos los que se le pongan por medio y avisar a su padre.
-No creo que con una ametralladora consiga librarme de todos los matones de Morgan -dijo Lucian-, pero tendré en cuenta tu sugerencia.
-¿Cómo funciona eso? -preguntó Ali, señalando el brazalete.
-No creo que lo sepa, Ali... -empecé, pero Lucian me cortó.
-Mira, desde allí controlan la máquina del tiempo. Pueden captar cuándo este trasto está activado. Si no lo está, no pueden devolverme a 2025. Fausto y los demás estarán al acecho. En cuanto le dé a este botón, que es el que activa el brazalete, podrán llevarme de nuevo a mi tiempo. Mientras esté desactivado, no pueden.
Le di una disimulada patada a Nacho por debajo de la mesa, y anuncié:
-Voy un momento al servicio.
Entré en el bar y esperé en un rincón que no se veía desde fuera. Tres minutos después entró Nacho.
-¿Qué pasa? -me preguntó-. ¿Qué querías decirme?
-Escucha, hay algo que no encaja. ¿Cómo puede ser que Lucian sepa tanto del Alfa-5 si no conocía el experimento?
Nacho se quedó callado un momento. Luego dijo:
-Es verdad, no lo había pensado.
-¿Crees que debemos confiar en él?
-¿Tú confiarías en alguien que no confía en ti?
-Me parece que, en cierto modo, hace bien. No nos conoce, y se encuentra en una situación muy delicada. No puede correr riesgos.
-De todas maneras le tendremos vigilado. Bueno, Volvamos ya. He dicho que iba a pedir la cuenta, y estoy tardando demasiado. ¿Quién va primero?
-Ve tú -respondí-, que yo tengo que ir al servicio de verdad.
Nacho se rió, y se acercó al camarero. Yo entré en el servicio.
Cuando salí de nuevo a la calle vi que alguien más se había sumado al piscolabis. Al sentarme capté la mirada desesperada de Ali, e intuí que algo no marchaba bien.
Pronto me di cuenta. La nueva invitada era Raquel, que había acaparado a Lucian, y ambos se encontraban enfrascados en una animada conversación.
-Anda que, como Lucian diga algo inconveniente, dentro de una hora lo sabrá todo el barrio -me susurró Ali al oído.
-Hay que impedirlo -respondí en el mismo tono-. Tenemos que advertirle de alguna manera.
Nacho, inteligente como siempre, dijo:
-¡Mira, Lucian! Por allí va mi hermano mayor. Ven, te lo presentaré.
Y agarrando del brazo al muchacho del futuro, lo arrastró tras de sí hasta que doblaron una esquina y dejamos de verlos.
Raquel iba a levantarse para seguirlos, pero la cogí de la chaqueta y la hice sentarse de nuevo.
-Espera, que no me has contado qué tal te han ido las notas de la evaluación...
-No me apetece hablar ahora del colegio -rechazó Raquel-. ¿Cómo es que no me habíais presentado antes a Lucian? ¡Es tan simpático... y tan guapo!
Ali y yo cruzamos una mirada significativa. Aquello quería decir que Lucian tendría a Raquel pegada a sus talones hasta el día del Juicio Final.
-Además -prosiguió Raquel-, tampoco me dijisteis que ibais a quedar hoy. A veces me parece que queréis deshaceros de mí.
Ali me miró con cara de apuro, esperando que fuera yo quien dijera algo.
-A propósito -añadió Raquel, pensativa-, no sabía que Nacho tuviera un hermano mayor...
En aquel momento llegaron Nacho y Lucian corriendo. Lucian parecía muy alarmado.
-¡Mis padres han tenido un accidente! -exclamó-. ¡Se los llevan al hospital!
-¡Oh, no! -dije yo, siguiéndole el juego-. ¿Y cómo ha pasado?
Lucian negó con la cabeza. Tenía los ojos llenos de lágrimas.
-No lo sé -respondió-, pero tengo que ir inmediatamente al hospital.
-¡Te acompañamos! -decidió Ali.
Lucian se volvió hacia Raquel.
-¿Podrías hacerme un gran favor?
-¡Claro que sí!
-Vete a tu casa entonces, y llama a los padres de Toni, Nacho, Isa y Ali. Cuéntales lo que ha pasado, y diles que llegarán un poco tarde.
-¡Oh! -se limitó a decir Raquel, desencantada-. ¿No puedo...?
-¡No hay tiempo! -corté-. ¡Nos vamos al hospital! Y gracias por tu ayuda, Raquel.
Nos marchamos corriendo, dejando a la pobre Raquel plantada en el bar.
Nos fuimos a nuestro refugio preferido los fines de semana y vacaciones: el instituto de los chicos, que los días festivos estaba cerrado y, por lo tanto, no había nadie allí. Nosotros conocíamos una manera de colarnos allí, y lo hacíamos a menudo, en busca de un sitio tranquilo donde poder hablar de nuestras cosas sin ser molestados.
Así que entramos dentro, escalando el muro por un sitio en donde tenía una brecha donde se podía apoyar el pie y saltar al otro lado.
Cuando estuvimos dentro nos sentamos en unos bancos a recuperar el aliento.
-Apunta esto, Isa -me susurró Nacho-. Nuestro personaje de la semana es un magnífico actor. Cuidado con lo que dice, ¿vale?
Asentí.
-Pobre Raquel -se compadeció Ali-. ¿Qué les dirá a nuestros padres?
-Es posible que crean que somos nosotros los accidentados -rió Toni-. Y entonces sí que se llevarán un susto de muerte.
-No me gusta esto -declaró Nacho-. ¿Qué tripa se le habrá roto a esa chica?
-Ferviente admiración -sentencié-. Está loca por Lucian. ¡Y yo que no creía en el amor a primera vista!
-Pues sí que estamos apañados -suspiró Juanma-. ¿Y ahora qué hacemos? Con lo tozuda que es, seguro que estará pegada a nosotros siempre, y terminará por descubrirlo todo.
Nos miramos unos a otros. Era un caso muy complicado.
-Raquel se interesa demasiado -concluyó Nacho-. ¿Qué hacemos con ella? Ése es el quid de la cuestión.
-Si llegara un príncipe azul interesado por ella, seguro que dejaba en paz a Lucian -gruñí.
-¡Gran idea! -saltó Nacho-. ¿Y si Toni o yo simulamos...?
-No me gusta la idea -corté, ceñuda. ¿Pues no me habría fastidiado ver a Nacho detrás de Raquel?-. Me parece sencillamente inhumano engañarla de ese modo.
Nos quedamos callados un momento. Por casualidad miré el reloj y vi que eran aproximadamente las doce.
-Aún nos sobra tiempo -dije-. Si vamos ahora a casa de Toni nos dirán que qué rápido hemos vuelto del hospital.
-Me parece que os estoy creando demasiadas complicaciones -declaró Lucian-. Lo mejor será que nos separemos aquí. Y gracias por haberme ayudado.
Y sin darnos tiempo a reaccionar se levantó, saltó el muro y se perdió de vista. Nos quedamos parados en el sitio.
-¡Eh, no podemos dejar que se vaya! -dijo Toni-. Tendrá problemas si no le ayudamos.
Nos apresuramos a saltar el muro, pero no había ni rastro de Lucian.
-Rápido, organicemos una batida -dijo Nacho-. Ali, ve por la zona del polideportivo. Tú, Toni, recorre la Avenida de Andalucía de arriba a abajo. Isa, la plaza de Argentina. Juanma y yo iremos al bar Carrión y alrededores. Dentro de media hora nos encontraremos aquí. ¡Deprisa!
Acatamos la orden sin rechistar, y cada uno se fue por su lado.
La plaza de Argentina no quedaba lejos, pero ni rastro de Lucian. Me senté en un portal a reflexionar.
Lucian se había ido. No quería causarnos problemas. O quizá éramos nosotros los que le causábamos problemas a él. Tal vez tenía que hacer algo importante y no quería que supiéramos qué era. Era posible que quisiera regresar a su tiempo...
-¡El parque! -exclamé.
Y, aunque aquella zona no estaba en nuestra área de búsqueda, me dirigí allí lo más velozmente que pude.
Lo vi agazapado tras unos arbustos, en el lugar donde apareció. Parecía esperar algo... o a alguien. Me acerqué sigilosamente por detrás. De pronto se volvió bruscamente y, con una furia salvaje, me arrojó al suelo.
-Ah, eres tú -dijo luego, relajándose.
Me levanté como pude, y le lancé una mirada furibunda.
-Como dicen en las películas -mascullé-, primero disparas y después preguntas, ¿no? Eres un bruto. ¿Es ésa manera de tratar a los amigos?
-No te he pedido que vinieras -me atajó secamente-. Creí haber dicho que debíamos separarnos.
Me quedé callada, pensando. ¿Tal era la situación que se viviría en el futuro, que un muchacho de dieciséis años tenía que estar en alerta continua, dispuesto a saltar sobre cualquier cosa que se moviera?
-Escucha -le dije-, estamos preocupados por ti. Eres nuestro amigo, y queremos ayudarte.
-Pero no podéis.
-Mira que eres cabezota. Nosotros...
-Isa, tenéis problemas para alojarme, para justificar mi presencia aquí... creo que será mejor que continúe yo solo. Me las arreglaré mejor, ¿sabes? Las cosas se estaban poniendo muy cuesta arriba.
-Está bien -dije, conciliadora-. Lo comprendo. Pero al menos, explícame qué haces aquí. No nos lo has dicho todo.
-¿Por qué tendría que hacerlo?
-Lucian, definición: chico agresivo y brusco que no cree en nadie más que en sí mismo.
-Vete de una vez -insistió Lucian-. Es peligroso.
-¿Peligroso? -repetí-. ¿En qué sentido?
-Estoy seguro de que vendrán a cerrarme la boca.
-¿Es por eso por lo que estás aquí? ¿Por si vienen?
Lucian asintió.
-¡Pero eso es una locura!
-Mira, ya está bien. Vete. No estás preparada para enfrentarte contra ellos.
-Pero...
-¡Hazlo!
Respiré hondo.
-Lucian, esto es un jeroglífico, pero por eso me interesa. Me atraen los misterios. Y a Nacho las aventuras. Y a Toni la acción. Y a Ali las cosas raras. Y a Juanma todo lo que tenga que ver con nosotros. Así que me parece que no te vas a ver libre de nosotros de momento.
-No solicité vuestra ayuda. -Su voz era cortante como un cuchillo.
-Tampoco la rechazaste -le recordé.
-Ahora lo hago.
-Pero demasiado tarde.
Se volvió hacia mí exasperado.
-¿Qué tengo que hacer para librarme de vosotros? ¡Los chicos del siglo XX sois realmente irritantes!
-Dime qué hay en la libreta negra.
-Eres demasiado curiosa.
-Y tú demasiado desconfiado.
-¿Hay otra manera de ser?
Le miré fijamente.
-Lucian, ¿qué vas a hacer ahora? ¿Es esto lo que nos espera en el futuro?
-La culpa fue de Morgan. Sin él no existiría el R.A.P. y, cuando él caiga, las bandas criminales de adolescentes caerán con él. Porque cuando un ejército pierde a su cabecilla se transforma en caos, confusión y desorden.
-¡Quieres acabar con Morgan! -exclamé, comprendiéndolo al fin-. ¿Estás loco?
No contestó.
-Además, ¿cómo puedes estar tan seguro de que vendrá a 1992? -insistí-. ¿Cómo sabes que vendrá él en persona?
-Vendrá -afirmó Lucian-. Vendrá.
-No creo que esa sea la forma correcta de actuar.
-Sois tan moralistas -protestó Lucian-. En mi tiempo eso no ocurre.
-Sois tan materialistas -contraataqué-. En mi tiempo aún tenemos algo de ética.
No hubo respuesta.
-Oye, si quieres sacar algo en limpio sin meterte en líos tendrás que utilizar la astucia.
-¡Astucia! Ellos son más astutos que el zorro.
-¿Y tú, cómo eres?
-Yo actúo por instinto. El instinto de supervivencia que tienen los seres vivos; por eso sobreviven.
Yo no estaba muy de acuerdo con eso.
-El hombre es un lobo para el hombre, como dijo aquél -murmuré-. De todas maneras...
-Basta ya -me cortó Lucian-. Vete de una vez, aquí sobras.
-El parque es de todos y...
-¡Que te marches! ¡Que te largues con viento fresco! ¿Es que no entiendes el castellano?
Me levanté para marcharme.
-Está bien, pero, si tienes problemas, no dudes en buscarnos -terminé. “Y tendrá problemas”, pensé, “de seguir con esa actitud”.
Me alejé lentamente, preguntándome cuánto tardaría Lucian en acudir a nosotros.