Capítulo
VII: "El Círculo se cierra"
Angela se enderezó
y se enfrentó a ella.
-No me das miedo -declaró.
Elíe no dijo nada. Se la quedó mirando.
-¿A qué esperas? -preguntó Angela, desconcertada.
-Te cedo el honor de atacar primero.
Angela sabía que se estaba burlando de ella, pero decidió
aprovechar la oportunidad. Vio que Elíe estaba colocada al
pie de una pared rocosa. En lo alto había una roca que parecía
bastante suelta. Si pudiera concentrar en esa roca su energía
para que se moviera y cayera encima de Elíe...
Angela lo intentó. Sabía que aquello no detendría
a Elíe pero al menos la distraería y ella podría
dedicarse a intentar liberar la mente de Algor.
Pero no pudo. Estaba demasiado preocupada en sus compañeros
y en los dragones como para que aquella roca ocupara por completo
su mente.
Elíe alzó la mano y la roca que Angela había
querido mover se elevó en el aire y se dirigió hacia
la muchacha que, con los ojos cerrados, no se había dado
cuenta de nada.
-¡¡Angela!!
Con un salvaje grito César salió de la retaguardia
y empujó a su amiga. La roca se estrelló en el suelo
cerca de ellos.
-Vaya, gracias -murmuró Angela-. ¿He hecho yo eso?
-Tú no, cabeza de chorlito. Elíe te ha leído
el pensamiento, así que la próxima vez procura que
no se te note demasiado lo que quieres hacer, ¿de acuerdo?
Angela asintió. César se puso en pie.
-¡Escúchame bien,. bruja! -le gritó a Elíe-.
¡Si se te ocurre tocarle un solo pelo a mi amiga te las verás
conmigo!
-¡Estás loco, César! -susurró Angela,
parapetada detrás del muchacho. Y añadió en
voz más baja todavía-: Por eso me gustas.
-¿Eh? -César se volvió hacia ella, desconcertado.
-Conmovedor -rió Elíe-. Y ahora dime, ¿qué
piensas hacer para salvarla? César extendió un brazo
por delante de Angela, en ademán protector.
-¡Ay! -suspiró Varkin-. ¡Todavía quedan
valientes en este mundo!
-¡Cierra tu bocaza! -gruñó Rhenn-. ¡No
oigo!
Elíe había cerrado los ojos. Estaba concentrando toda
su energía para asestar un golpe mortal.
Entonces Eva echó a correr y se plantó delante de
César.
-¡Es mi hermano! -gritó-. ¡Así que déjale
en paz!
-¡Eva, quítate de en medio! -protestó César.
Pero a la belicosa Eva no le daba miedo Elíe. No soportaba
estar inactiva y tampoco le gustaba perderse la fiesta quedándose
en retaguardia. Iba a decirle algo más a la Señora
de las Tinieblas cuando alguien se colocó delante de ella
y le impidió ver nada.
-¡Aurelio! -se quejó la chica-. ¡Apártate
de ahí!
-¿Y dejarte a ti sola frente a ella? -preguntó Aurelio
suavemente-. No, Eva, ni hablar.
Eva, para pasmo y asombro de todos los presentes, se calló.
-Eso es lo mejor que has dicho en toda tu vida, Aurelio -murmuró.
-¿¡Me estáis tomando el pelo o qué!?
-gritó Anabel.
Renqueando, se colocó frente a los chicos y le espetó
a Elíe:
-¡Métete con alguien de tu tamaño y deja a los
chicos en paz!
Elíe abrió los ojos. Su aura se había extendido.
Los dragones retrocedieron unos pasos entre murmullos aterrorizados.
-Todos en fila -dijo lentamente-. Caeréis como piezas de
dominó. Y dime, Anabel, ¿qué piensas hacer
para evitarlo?
-Déjalo, Anabel -dijo inesperadamente una voz-. Yo empecé
este asunto y es justo que sea yo quien lo termine.
Angela avanzaba pálida pero serena hacia Elíe.
-¿Tú, mocosa? -rió Elíe-. ¿Y
qué vas a hacer tú?
-Irsa me enseñó que el secreto del poder mental es
creer en algo. Yo creo en el amor, la justicia y la amistad.
Hizo una pausa y después preguntó en voz baja:
-¿En qué crees tú?
-Te diré en lo que creo, niña. Creo en el poder y
en la fuerza. Y tú siempre te cruzas en mi camino y ya estoy
harta de ti, ¿sabes?
-Es una lástima, porque estás sola.
"Cree en ti misma", oyó la voz de Irsa en su mente.
"Confía en tus posibilidades. La magia es tuya. Concéntrate
y olvídate de todo. Y ataca. Ataca".
Angela cerró los ojos, y se concentró. Sintió
el apoyo de la mente de Irsa pero no pensó en ello. Se olvidó
de Elíe y de todos los dragones excepto de uno.
Elíe se dio cuenta de que ahora Angela tenía el apoyo
de Irsa y que su mente joven podía hacerle mucho daño.
Se dispuso a lanzar sobre Angela, ajena a todo, el golpe mortal.
Entonces Rhenn, el dragón rojo, levantó el vuelo con
un poderoso chillido y se lanzó en picado sobre Elíe.
Algor rugió con furia, pero Elíe lo detuvo con un
gesto. Quería torturar ella misma a aquel dragón que
osaba estropearle el momento. Rhenn se detuvo en el aire con un
grito de dolor. La mente de Elíe jugueteó con la suya
como el gato con el ratón. Rhenn cayó al suelo y se
retorció chillando de pura agonía.
Angela no se dio cuenta. Dejó que todos los rincones de su
mente fueran ocupados por el Gran Dragón.
Sintió que alguien le cogía de la mano. Como en sueños,
oyó muy lejana la voz de César:
-Estoy aquí, te ayudaré. Dos mentes pueden más
que una.
Percibió vagamente que Eva le cogía la otra mano y
que Aurelio se unía a la cadena.
Rhenn se debatía en el suelo. Elíe le estaba haciendo
ver terribles imágenes en su mente, y el dragón se
veía a sí mismo muriendo de cien formas diferentes,
a cual más horrible.
Ninguno de los dragones se atrevió a socorrerlo. Cuando Varkin
se disponía a acudir en ayuda de su compañero, Irsa
lo detuvo:
-Espera, Varkin. El sacrificio de Rhenn dará fruto. Mira.
Y señaló a los cuatro jóvenes que acumulaban
energía lentamente. Elíe, entretenida con Rhenn, se
había olvidado de ellos.
"Un círculo...".
La voz de Angela llenó las mentes de los otros tres. Aurelio
alargó la mano y tomó la de César. La cadena
se cerró. Los cuatro jóvenes, apoyándose unos
en otros, unieron lentamente sus mentes en una sola.
Entonces Elíe se dio cuenta de que estaban acumulando energía
y se volvió hacia ellos. Rhenn se derrumbó inmóvil.
Elíe, al verlos alzarse desafiantes frente a ella decidió
barrerlos de un solo golpe. Juntó sus manos y cerró
los ojos.
Angela. César, Eva y Aurelio se olvidaron de todo. Los pensamientos
de los cuatro se confundieron en uno solo.
"Objetivo..."
"La bruja..."
"No, ella no. No serviría de nada."
"¿Entonces...?"
"El dragón. El Gran Dragón"
"Pensemos en el dragón. El es la clave"
"Sí, pensemos en el dragón"
"Mantengámonos unidos. Sólo así..."
"...Venceremos"
El aura de los cuatro se fundió en una sola que comenzó
a girar en espiral a una velocidad de vértigo.
"Estamos haciendo... magia"
"No pienses en eso ahora. El dragón"
"Sí, el dragón"
"La unión hace la fuerza"
El cielo se había encapotado, los truenos retumbaban y el
viento les azotaba el rostro, pero ellos no se dieron cuenta. La
energía que brotaba de sus mentes tomó la forma de
un brillante rayo de luz que avanzó en línea recta,
sin desviarse un ápice, hacia el Gran Dragón. Algor
quiso apartarse de su camino pero el terror lo paralizó y
el rayo le acertó de lleno en la cabeza. El dragón
lanzó un bramido de dolor. En su cerebro se libraba una terrible
batalla. La magia de los cuatro chicos encontró otra mucho
más poderosa en oposición a ellos. Elíe olvidó
a los cuatro amigos. Si no se concentraba en el dragón perdería
su mente para siempre.
Angela, César, Eva y Aurelio sintieron que la mente les estallaba.
Elíe gritó. Algor rugió. Entonces Irsa, que
hacía rato que les había retirado su apoyo mental,
concentró su energía en la mente del Gran Dragón.
A pesar de estar fuera del círculo, su ayuda resultó
decisiva.
La mente de Elíe se retiró de la del dragón.
La señora de las Tinieblas, exhausta, se desplomó
en el suelo. Algor miró a su alrededor desconcertado cuando
los cuatro amigos apartaron sus consciencias de él.
Un tímido rayo de sol acarició el rostro del Angela.
La muchacha abrió los ojos.
-Hemos vencido, chicos -murmuró.
Los otros volvieron a la realidad. Aún estaban cogidos de
la mano, formando el círculo. Miraron a su alrededor.
Y vieron a Elíe en el suelo, inconsciente. Vieron a Anabel,
qua los miraba sin poder creerlo. Vieron a Irsa levantándose
apoyada en un bastón. Vieron a los dragones, que celebraban
su victoria con bramidos de júbilo.
-Eso es el Círculo del Poder -dijo Irsa.
-¡¡Tú!!
Todos volvieron la cabeza. Algor, el Gran Dragón, furioso,
se dirigía a Elíe haciendo temblar la tierra con su
ira.
-¡Tú, bruja! Me has tenido hipnotizado, me has obligado
a matar a mis propios congéneres... ¡pagarás
por ello!
-¡Espera!
Angela se había colocado frente a la yaciente Elíe.
Algor la miró inquisitivamente.
El Gran Dragón resoplaba con furia.
-En nombre del amor, la justicia y la amistad -añadió
ella.
Algor se relajó, y asintió.
-En nombre del amor, la justicia y la amistad -repitió.
Se volvió hacia los demás dragones.
-¡Escuchadme! Los dragones hemos sido calificados de monstruos
y bestias. Hemos tenido que soportar que se nos acusara de crueles
y sanguinarios por culpa de los magos malvados, ¡pero ahora
ha llegado la hora de demostrar que no queremos hacer daño
a nadie! Señora... -añadió, inclinando la cabeza
ante Angela para que ésta pudiera subir a su lomo.
-Si no te importa -dijo Angela, preferiría montar sobre Rhenn...
si no se encuentra demasiado mal.
-¡Por supuesto que no! -se apresuró a responder el
aludido, que estaba siendo ayudado por Varkin.
-Ése sí que es un dragón valiente -comentó
Algor, admirado.
-¡Dragones! -gritó entonces Elíe, poniéndose
en pie tambaleante-. ¡Yo soy vuestra señora!
Los dragones rieron despectivamente.
-Tú eres la Señora de las Tinieblas -dijo uno-. Y
nosotros no somos seres tenebrosos. Si quieres oscuridad, ve al
Gran Abismo y piérdete en su fondo.
-Te dije que estabas sola -murmuró Angela-. No quisiste creerme
o, si lo hiciste, no te importó.
-Ha llegado la hora de devolver a Nevateria lo que tenía
-dijo Irsa-. Si no te importa, Algor, yo montaré sobre tu
lomo... junto con Elíe y Anabel. El Gran Dragón observó
a Elíe con desconfianza.
-No te hará daño -dijo Irsa-. Es inofensiva ahora...
esos cuatro chicos le han dado un buen repaso, tardará en
recobrarse.
César y Angela montaron sobre Rhenn. Varkin se acercó
a Eva y Aurelio y les guiñó un ojo:
-¡Arriba, valientes! Vamos a disfrutar de un pequeño
paseo.
-¡A Nebulur! -ordenó-. ¡Ha llegado la hora de
los dragones!
Algor, flanqueado por Rhenn y Varkin, alzó el vuelo, seguido
por el resto de sus compañeros.
-¡Eva! -gritó Angela desde el lomo de Rhenn-. ¿Aún
tienes las semillas mágicas que te dieron los infros de la
tierra de Varalda?
-¡Haz que las Tierras Arrasadas dejen de serlo! -añadió
Irsa.
Eva vació el contenido de una bolsita de cuero que se sacó
del bolsillo y lanzó las semillas al viento, que se encargó
de esparcirlas.
-Estas crecen muy deprisa -dijo-, si tienen agua.
-Los dragones se encargarán de eso -aseguró Algor-.
Empujaremos las nubes desde el mar hasta las Tierras Arrasadas.
-¿De verdad podéis hacer eso? -preguntó César.
Algor rió alegremente.
-Podemos hacer eso y mucho más, amigo. Somos dragones.
-¡Muy cierto! -asintió Varkin.
Pronto divisaron las cúpulas irisadas de Nebulur. Los infros
del aire, al ver a los dragones, huyeron despavoridos.
Pero la voz de Irsa llenó las mentes de todos, dragones,
humanos e infros de todos los rincones de Nevateria. En todas partes
resonó su parlamento telepático:
»Mi nombre es Irsa, Presidenta de lo que fue el Consejo de
los Siete Magos. Debo hacer una confesión ahora que lo peor
ha pasado.
»Mis compañeros y yo procedíamos de un mundo
donde viven las criaturas de nuestra especie, llamados humanos.
Todos los humanos, y algo me dice que los infros también,
poseemos un poder que no sabemos utilizar. El mérito del
Consejo fue aprender a emplearlo hace mucho tiempo. Quisimos crear
un mundo nuevo pero lo que hicimos fue llegar a éste, que
existía desde siempre. Con esto quiero decir dos cosas: ni
somos dioses ni creamos Nevateria.
»Pero no os engañamos ni os utilizamos. Nosotros creíamos
que lo éramos. Ahora que hemos descubierto la verdad, esperamos
contar con todo vuestro apoyo y comprensión. Nunca más
tendréis que preocuparos por los humanos porque vamos a hacer
desaparecer la Puerta para siempre y ambos mundos quedarán
separados para que cada uno siga el curso de lo que deba ser."
Entonces todos sintieron el clamor de las mentes de los infros,
que bullían de preguntas. Y todos las entendieron porque
al formar el círculo lo que sabía cada uno de los
cuatro muchachos se transmitió a los demás, incluido
el conocimiento que Angela poseía de la lengua de los infros.
La principal pregunta que se hacían era: "Si vosotros
no sois los verdaderos dioses, ¿en qué debemos creer?"
La voz de Irsa se dejó oír de nuevo: "Creed en
vosotros mismos y en la naturaleza que os rodea. Todo lo que veis
en ella es fruto de la misma energía que hace girar el mundo.
Allí encontraréis todas las respuestas a todas las
preguntas."
La voz de Irsa se apagó.
Pero no habían terminado con su misión. Montados en
los dragones, los humanos recorrieron toda Nevateria reconstruyendo
con el poder de sus mentes todo lo que Elíe había
destrozado: Nebulur, la Ciudad de los Dioses y varios asentamientos
más. Lo único que no levantaron de nuevo fue el Templo
del Saber; Irsa ordenó a Algor que lo derribara con unos
golpes de su poderosa cola.
-No más templos en nuestro honor -dijo-. No más estatuas
representándonos.
Después de descansar unos días, los visitantes decidieron
que ya era hora de volver a su mundo. Como para crear la Puerta
el Círculo del Poder había sido formado por siete,
siete tendrían que formarlo otra vez para hacerla desaparecer.
Elíe accedió a ayudarles, puesto que ya nada la retenía
en aquel mundo, según dijo. Pero en el fondo estaba arrepentida.
El Círculo estaba completo.
La Puerta se ubicaba en el aire, a varios centenares de metros del
suelo. Los dragones los llevaron allá y, como Irsa podía
percibir dónde estaba gracias a la energía que despedía,
no les fue difícil encontrarla. Una vez allí, los
dragones se marcharon y ellos, ayudados por Irsa y Elíe,
se mantuvieron en el aire con el poder de sus mentes.
Formaron el Círculo del Poder y, después de la práctica
adquirida y gracias al apoyo de Irsa y Elíe, pudieron abrir
la Puerta fácilmente.
Uno tras otro, la cruzaron.
Se encontraron de nuevo en el sótano donde había empezado
todo. La Puerta estaba suspendida mágicamente sobre ellos.
-Ahora hay que hacerla desaparecer -dijo Irsa.
Los círculos seguían pintados en el suelo. Cada cual
ocupó su lugar. Angela y César sonrieron cuando se
cogieron de las manos. El círculo del fuego y el del agua
se tocaba levemente.
-Escuchadme -advirtió Irsa-. Tenéis que imaginar que
la Puerta no está ahí, que nunca ha estado ahí.
Que la línea que separa ambas dimensiones no se rompió
jamás. Que por más que nos concentremos no volveremos
a abrir la Puerta, porque no estará ahí.
Todos respiraron profundamente, cerraron los ojos y trataron de
imaginar que la Puerta desaparecía.
Fue necesario mucho tiempo y mucho esfuerzo para hacer desaparecer
la brecha interdimensional, pero poco a poco lo fueron consiguiendo.
Hasta que la luz de la Puerta se extinguió y dejó
de existir.
-¡Lo conseguimos! -exclamó Eva abriendo los ojos-.
Nevateria no será molestada nunca más por los humanos...
Un grito la interrumpió. Angela se había arrodillado
junto a Irsa. La vieja maga yacía en el suelo polvoriento.
Todos se acercaron rápidamente.
-Me voy, niña -susurró la anciana-. Mi espíritu
volará libre ahora. He vi¬vido durante demasiado tiempo...
-No, Irsa, por favor, no me dejes... -sollozó Angela.
-Muchacha, esto ha sido demasiado para mí. Superior a mis
fuerzas. Pero quiero que sepas que nunca estarás sola. Una
parte de mí permanecerá siempre contigo.
-Irsa...
-Has sido... una buena... alumna...
Irsa cerró los ojos.
Su corazón dejó de latir.
-¡Irsa, no!
César abrazó a Angela.
-Deja que se vaya -le dijo-. A nadie le gusta estar catorce siglos
encerrada en un cuerpo...
El cuerpo de Irsa brilló por un instante y después
se convirtió en un pequeño montón de polvo.
-Su espíritu ha abandonado su cuerpo -dijo Elíe-.Es
lo que la mantenía viva.
-La energía que hace girar el mundo -musitó Aurelio,
repitiendo las palabras de la propia Irsa.
-Estará siempre con nosotros -dijo Anabel, apretando con
fuerza la mano de Angela.
-Y ahora, ¿qué haremos? -preguntó César-.
No sé si fue buena idea despertar el poder de la mente.
-Por lo pronto, te servirá para sacar sobresaliente en todos
los exámenes- comentó Eva.
Aurelio sacudió la cabeza.
-Pero ahora podemos hacer tantas cosas -dijo-. Comprendo cómo
se sintieron los primeros magos.
-Lo que hagáis ahora depende únicamente de vosotros
-dijo Elíe inesperadamente-. Pero manteneos siempre unidos.
Todos la miraron sorprendidos.
-Gracias por el consejo, Elíe -sonrió Anabel.
-Leticia.
-¿Cómo?
-Que me llamo Leticia.
-Yo quiero seguir investigando para descubrir más cosas acerca
del poder de la mente -dijo Aurelio.
-Yo también -añadió César.
-Yo seguiré cuidando de la biblioteca -dijo Anabel-, hasta
que Aurelio la herede.
-Yo utilizaré mi poder para hacer cosas buenas -dijo Angela.
-¡Yo también! -exclamó Eva-. Podemos fundar
la Sociedad de las Brujas Buenas.
Leticia sonrió.
-Yo siempre he sido una solitaria -suspiró-. Y seguiré
siendo una solitaria. Viajaré por el mundo para encontrar
nuevas cosas. Algo me dice que en alguna parte sigue existiendo
magia, gente que domina el poder de la mente. Viajaré para
encontrarlos.
Todos se miraron. Se sentían reconfortados. Irsa se había
marchado, pero estaba con ellos de alguna manera.
Eran diferentes. Pero no les importaba.
Eran amigos.
Y en Nevateria, la tierra de los dragones y la magia, se les recordaría
durante mucho, mucho tiempo... aunque la Puerta interdimensional
ya no existiera y no volvieran a verlos nunca.
Eran amigos.
FIN