Título: La Puerta

Capítulo V: "La experiencia de los Siete Magos"

Y Anabel comenzó su historia:
-Fue en la Edad Antigua cuando algunos hombres, entre los que se contaban los primeros filósofos, decidieron buscar dentro de sí mismos las respuestas a las preguntas que la vida les planteaba. Algunos no pasaron de la filosofía, pero otros llegaron a desarrollar su mente hasta extremos insospechados. Se dice que el tiempo que duraba una vida humana no era suficiente como para desarrollar la inteligencia tanto como ellos lo hicieron, y que, por lo tanto, ese desarrollo mental debió de ser hereditario. Y, por tanto, generación tras generación, los primeros "magos" fueron haciéndose cada vez más poderosos.
»Con la caída del Imperio Romano llegó la dominación bárbara. Aquellos años debieron de ser terriblemente confusos. Chocaba la cultura bárbara con el Imperio Romano de Oriente que aún se mantenía en pie y con la semilla del cristianismo, que iba extendiéndose cada vez más.
»No es extraño que aquellos que se dedicaban a desarrollar su poder mental se cerraran al caos exterior, incluida la luz cristiana, y se centraran en sí mismos más todavía.
»En el siglo seis los visigodos de España se reunificaron bajo la religión cristiana católica con la conversión del rey Recaredo. La "magia" fue condenada por ser considerada obra del diablo.
»Pero la "magia" o lo que ellos denominaban magia, no era nada sobrenatural, sino el poder mental utilizado hasta la mitad de su capacidad. Aquellos magos poseían telepatía, telequinesia, levitación, premoniciones, etcétera. El hombre actual sólo utiliza un 10% de su capacidad mental. Ellos llegaron al 50 o 60%. La mente es pura energía, y ellos aprendieron a controlarla y dirigirla hacia donde ellos querían.
»Sin embargo, aparte de esos magos, hubo personas, que nada tenían que ver con ellos, que se declararon a sí mismas poseedoras de la magia tal como ellos lo entendían. Así apareció la imagen del "mago" que tenemos ahora: un viejo con túnica blanca que revuelve un caldero humeante y recita fórmulas parecidas al "Abracadabra, pata de cabra". La gente de la época confundió a estos pseudobrujos charlatanes con los verdaderos, los que utilizaban el poder de la mente.
»La gente no los comprendía y, por eso, los temía y odiaba. Y los magos, que consideraban su poder un don y no una maldición, ofendidos, se apartaron del mundo y se olvidaron de él.
»En cierta ocasión, siete de los más poderosos hechiceros se reunieron y formaron el Consejo de los Siete Magos. Juntos resolvieron muchos de sus problemas, pero, en un momento de crisis, decidieron crear un mundo donde la hermandad de los magos pudiera vivir lejos de la maldad humana que no los comprendía.
»Las cosas materiales que ellos utilizaban para realizar su magia eran meramente representativas y por eso esquematizaron la realidad que habían experimentado en un círculo de colores que llamaron el Círculo del Poder. En realidad cada uno de los siete círculos representa a uno de los magos. Se tocan entre sí porque seguramente para poner en común sus mentes, los Siete se cogían de las manos. Y el polvo dorado simboliza la magia que fluía entre ellos.
-¿Quieres decir que se colocaban cada uno en el centro de un círculo y se cogían de las manos? -preguntó Aurelio.
Anabel asintió, y prosiguió.
-Utilizando la técnica del Círculo del Poder, los Siete unieron sus mentes y concentraron su energía en un solo punto. Y debió de ser potentísima, puesto que fue capaz de crear, aunque no otro mundo, sí una brecha a la que dieron el nombre de la Puerta. Por muy poderosos que fueran, sus mentes tenían unos límites, y ellos habían tropezado con ellos. No crearon otro mundo, pero la Puerta los llevó a... otra dimensión.
-Otra dimensión -repitió César-. ¿Por dónde se coge eso?
-Bueno, todos conocemos la primera dimensión: la línea, la segunda que es el plano, la tercera que es el espacio, la hipotética cuarta dimensión que es el tiempo... pero podría haber una quinta, sexta, infinitas dimensiones. Me refiero a otros espacios, otros tiempos. Me refiero a mundos paralelos al nuestro.
»En realidad, no sabemos cómo era el mundo al que llegaron los Siete del Consejo. Por el manuscrito de Aurelius sabemos que esa dimensión está habitada, porque dice que allí los adoraron como a dioses. Sabemos también que era, según él, "un mundo maravilloso". Pero no sabemos nada más.
»Por lo que dice ahí, cada uno fue adorado como una divinidad diferente. Aurelius era el dios del Bien, su hermano Arcadius el dios del Mal, y luego estaban el de la Imparcialidad o la Justicia, el del Fuego, el del Aire, el del Agua, y el de la Tierra.
-Típico -comentó César desdeñosamente.
-No crees ni una palabra de lo que te estoy diciendo, ¿verdad, chaval? -observó Anabel-. Pues esto va muy en serio. Espera a que termine y no opinarás así.
»Arcadius, que fue llamado dios del Mal debido a su ansia de poder y su ambición, reunió un ejército que fue llamado, tal como dice el pergamino, el Ejército de las Sombras. No sé qué tipo de guerreros serían, pero el Consejo les tenía mucho miedo. Arcadius se proponía cruzar la Puerta con su ejército para conquistar el mundo.
-Más típico todavía -dijo César.
Anabel hizo caso omiso de la interrupción y continuó:
-Aurelius se enfrentó a su hermano, y debió de ser una batalla terrible, porque no emplearon la fuerza física sino su poder mental. De cualquier modo, Arcadius fue vencido y con él su plan de invasión. Los seis restantes abandonaron su "creación" y cruzaron la Puerta de nuevo. Luego, ya en su mundo de origen, quisieron hacerla desaparecer, sellarla para siempre, pero no pudieron porque les faltaba uno para completar el Círculo del Poder. Es como si la Puerta estuviera cerrada con llave. Y entonces sólo aquél que tiene la llave la puede abrir. Pero un día a la llave, que tiene siete dientes, se le rompe uno. Y ya no funciona. Entonces la Puerta se queda abierta. Lo que hicieron los magos fue cerrarla pero sin llave.
»Para abrir una puerta cerrada con llave se necesita la llave. Para abrir una puerta cerrada normalmente no se necesita nada. Cualquiera puede hacerlo, basta con apoyar la mano en el pomo y girarlo.
»Con la brecha interdimensional pasaba algo parecido. Estaba allí, pero cualquiera podría abrirla porque no habían podido hacerla desaparecer. Por eso lo que quedaba del Consejo decidió hacer un pacto de silencio que Aure¬lius, por alguna razón, rompió.
-¿Y ahí termina la historia? -preguntó Eva.
-No, la historia se prolonga hasta nuestros días. Como podéis comprobar, Aurelius escribió un manuscrito. Sin embargo, nunca salió a la luz. Aurelius murió sin haberlo enseñado a nadie, pero sin haberlo destruido tampoco.
“Su hijo heredó dicho manuscrito y, consciente de su importancia, lo guardó celosamente y lo legó a su primogénito, dándole unas instrucciones que nunca se desobedecieron.
“El pergamino se transmitió de generación en generación como un secreto de familia. Y debía de ser secreto porque en aquella época su contenido era herético. Tened en cuenta que los primeros descendientes de Aurelius creían de veras que el mundo visitado por los del Consejo fue creado por ellos. Y más adelante, cuando apareció la Inquisición, tuvieron aún más motivos para que aquel sorprendente manuscrito quedara en familia.
»De hecho en la Edad Media pocos eran los que sabían leer, así que es probable que muchos de los que fueron depositarios de la herencia de Aurelius ni siquiera supieran lo que ponía en ese pedazo de pergamino. El caso es que, por increíble que parezca dadas las circunstancias -la incultura general, la invasión musulmana, la Reconquista, la Inquisición-, el pergamino no se desvió de la línea hereditaria de Aurelius.
»En el siglo quince, además de aparecer la imprenta, la gente se interesó por la cultura clásica: era el Renacimiento. Uno de los descendientes de Aurelius tradujo el manuscrito a varios idiomas, aunque estas traducciones no llegaron a salir de su biblioteca, y escribió algunas consideraciones suyas acerca de lo que él llamó "la experiencia de los Siete Magos" y sobre el Círculo del Poder.
»A partir de entonces, los que le sucedieron comenzaron a coleccionar libros y pergaminos que trataban de magia y temas parecidos. También escribían tratados, e incluso publicaron algún que otro libro sobre el Círculo del Poder, aunque el verdadero contenido del manuscrito de Aurelius nunca salió a la luz.
»Poco a poco fue formándose una biblioteca de libros y tratados de magia, y más adelante ciencias ocultas y parapsicología. El secreto dejó de transmitirse de padres a hijos, aunque lo que sí siguió la línea hereditaria fue la biblioteca, que se convirtió en el mayor tesoro familiar.
»Lo siguiente es fácil de adivinar: Los que entraban en posesión de la biblioteca y no estaban interesados en el tema, se limitaron a dejarla en herencia a su primogénito y no le hicieron el menor caso. Por el contrario, los que estudiaron los libros de la biblioteca encontraron el manuscrito de Aurelius o una de sus traducciones, y lo descifraron. Y siguieron escribiéndose cosas, como el libro que os he enseñado antes, sobre el Círculo del Poder, e incluso sobre la Puerta.
»Los estudiosos más actuales de la biblioteca fueron dejando sus opiniones y sus interpretaciones particulares del manuscrito... y así surgió la idea de que el mundo que visitó el Consejo no fue creado por ellos, o que la magia de los magos era poder mental.
»La biblioteca fue creciendo. Algunos libros se perdieron y muchos más fueron añadidos hasta configurar lo que es hoy.
-¿Y quieres decir que esa biblioteca...? -empezó Eva, pero no terminó la frase. Anabel, por toda respuesta, hizo un amplio gesto con el brazo señalando a su alrededor.
-Te encuentras en ella, Eva -murmuró Aurelio.
-Como dije antes -prosiguió Anabel-, ni el manuscrito ni la biblioteca han salido de la familia.
-¿Intentas hacernos creer que desciendes directamente de Aurelius? -preguntó Aurelio.
-No sólo yo -replicó Anabel-. También tú, mi querido sobrino. Como yo no tengo hijos, tú heredarás la biblioteca.
-Qué tontería! -dijo César-. Francamente veo muy difícil que ese manuscrito se haya mantenido en la misma familia durante quince siglos.
-Míralo de este modo. La Edad Media es la época en la que más fácilmente pudo perderse. Si no hubieran creído en su contenido, los descendientes de Aurelius habrían destruido el pergamino. No lo hicieron porque lo tenemos aquí, y, como os he dicho antes, no creo que se arriesgaran a entregarlo a una persona que no fuera de su confianza.
»Además, se han realizado investigaciones. Desde que se creó la biblioteca en el siglo quince siempre ha pertenecido a nuestra familia. Es cierto que el pergamino pudo cambiar de dueños, pero yo no lo creo, porque tenemos las anotaciones que hicieron las distintas generaciones de descendientes de Aurelius.
»Y tenemos el hecho de que mi sobrino ha heredado parte de la capacidad mental del gran hechicero, ¿no es así?
Aurelio dio un respingo.
-No exageres, tía -protestó-. Estoy de acuerdo contigo en que un super desarrollo mental tan enorme como el de los antiguos hechiceros tuvo que influir de algún modo en sus descendientes, pero dudo mucho que se siga manteniendo después de quince siglos.
-Yo no estoy tan segura -replicó Anabel pensativa-. En nuestra familia por vía paterna ha habido personas muy inteligentes. Además, eso de que el Consejo realizó su experimento en el siglo cinco o seis es una teoría, solamente. Pudo ser más tarde porque los testimonios escritos más antiguos que tenemos datan del siglo quince.
-Lo que yo no comprendo -dijo Eva-, es por qué, si eran tan inteligentes, no se dieron cuenta de que no creaban un nuevo mundo sino que llegaban a él.
-Eran humanos -los disculpó Aurelio-. Además, su primera intención fue crear un mundo. Y al atravesar la Puerta, los recibieron como si fueran dioses. No me extraña que con todo eso no cayeran en la cuenta de que no habían logrado su propósito.
Los tres se quedaron en silencio. Podrían haber seguido hablando de ello, pero estaban cansados y hambrientos, así que, cuando Anabel les propuso bajar a comer, salieron enseguida de la biblioteca.
Después de la comida subieron de nuevo.
-Tengo una pregunta para hacerte -dijo entonces César-. ¿Cómo puede ser que todos creyeran a pies juntillas lo que dice Aurelius? Quiero decir, ese hombre bien pudo estar loco.
-Supongo que su hijo lo conocería bien, y, de padres a hijos, quién no va a creerlo. Naturalmente, cada uno es libre de pensar lo que quiera, pero en mi opinión, no parece muy lógico que en la Edad Media se arriesgaran tanto por una mentira.
César no quedó demasiado satisfecho con la respuesta. Eva formuló otra pregunta:
-Esto es sólo curiosidad. ¿Por qué Aurelio tiene un nombre tan parecido al del autor del manuscrito?
Anabel se echó a reír, pero Aurelio apenas le prestó atención. Probablemente ni siquiera se había dado cuenta de que hablaban de él. Estaba sentado en su sitio, con la mirada perdida, el ceño fruncido y mordiéndose el labio inferior, como si estuviera reflexionando sobre algo.
-Fue algo muy curioso -explicó Anabel-. Verás, cuando mi hermana estaba embarazada de Aurelio, comentó un día que no sabía qué nombre ponerle. Yo acababa de descubrir en la biblioteca el manuscrito de Aurelius, y estaba tan obsesionada con el tema que, casi sin darme cuenta, le sugerí que le llamara Aurelio. Pensé que se reiría, pero dijo que le gustaba el nombre y que se llamaría Aurelio.
César se echó a reír.
-¿Has oído, compañero? -le dijo a Aurelio dándole una palmada en la espalda-. ¡Te pusieron el nombre de un loco del siglo sexto!
Aurelio volvió a la realidad.
-¿Eh? -preguntó despistado-. ¿Decías?
-Olvídalo -dijo César, pero añadió-: ¿Te pasa algo?
-Humn. Nada. Que ya he resuelto el misterio.
-¿Completamente? -preguntó Eva-. ¿Y la relación de Angela con todo esto?
Aurelio los miró a todos sonriendo animadamente.
-Sí -afirmó-, no es difícil. Pero mi solución al caso requiere dar por cierto lo que mi tía nos ha contado.
Aquello iba por César, y el chico se dio cuenta inmediatamente.
-Está bien -gruñó-. Partamos de esa base.
-¿Entonces quieres decir que alguien ha utilizado realmente el Círculo del Poder? -preguntó Anabel.
Aurelio asintió pesaroso.
-Eso me temo -murmuró-. Y se ha llevado a Angela consigo.