Título: La Puerta

Capítulo VI: "La teoría de Aurelio"

-Antes de explicaros lo que se me ha ocurrido -empezó Aurelio-, tengo una pregunta. En el manuscrito dice que Aurelius derrotó a su hermano, pero... ¿lo mató?
Anabel se quedó en silencio un momento. Luego dijo:
-Nunca me lo he planteado. No tengo ni idea.
-Bueno. Supongamos que no lo mató, pero que quedó tan débil que no pudo volver a utilizar su poder mental para abrir la Puerta y volver a buscar el Ejército de las Sombras. En tal caso, Aurelius no tendría razón para hablar de esa "terrible amenaza" de la que habla en su manuscrito.
»Los dos magos se enfrentaron con su poder mental. Debieron de terminar agotados, y especialmente el perdedor. Es posible que no pudiera volver a enfrentarse al Consejo. Por tanto, no era a él a quien temía Aurelius.
»Aurelius dice "proteger la Puerta". ¿De qué? En mi opinión esa brecha se hallaba en un lugar determinado. Como Aurelius no dijo dónde, está claro que ninguno de sus descendientes pudo acceder a ella. Entonces, ¿por qué ha utilizado alguien el Círculo del Poder? Dudo mucho que hoy en día alguien posea el poder suficiente como para abrir una Puerta nueva, pero cualquiera, con algo de esfuerzo, podría provocar la reapertura de aquella que creó el Consejo.
»Desde luego, no ha sido un descendiente de Aurelius quien ha empleado el Círculo del Poder, porque los descendientes de Aurelius no saben dónde está la Puerta. Él no lo dijo. Y dudo mucho que algún otro del Consejo se atreviera a romper el pacto de silencio. Pero, sin embargo, hubo uno que no tenía por qué callarse.
ȃse era Arcadius.
-Es verdad -admitió Anabel-. Todos han dado por hecho que Arcadius murió en el combate, pero cabe la posibilidad de que Aurelius, como dios del Bien que él creía que era, se apiadara de su hermano.
-Bueno, supongamos ahora -prosiguió Aurelio-, que también él dejara un mensaje revelando la existencia de la Puerta, su situación exacta, y del mundo que el Consejo visitó. Tal vez se lo comunicó a su hijo, o a alguien de su confianza. A lo mejor también su secreto se ha transmitido de generación en generación, como el de Aurelius. Y puede que ése fuera el peligro al que éste se refería; puede que fuera esto lo que le obligara a romper el pacto de silencio y a advertir al mundo.
»Si aceptamos que el manuscrito de Aurelius no salió de su familia resulta extraño, pero sería demasiada casualidad que hubiera sucedido lo mismo con Arcadius. Y, sin embargo, resulta probable. El pergamino de Aurelius contiene una Advertencia, una prohibición, algo que no debe hacerse. Pero seguramente Arcadius hablaría de un poder que te permitiría controlar el mundo. Hablaría de un lugar donde él era el dios. Hablaría del Ejército de las Sombras, y, lo que es más importante, daría instrucciones concretas y la situación exacta de la Puerta.
-¿Y si Arcadius hubiera muerto en el combate? -preguntó César.
-Podría ser -admitió Aurelio-, pero entonces nadie habría podido abrir la Puerta porque Aurelius no se preocupó de revelar dónde estaba. Y yo personalmente pienso que alguien ha abierto la Puerta.
-¿Y dónde se supone que está esa Puerta? -preguntó Eva.
-¿Aún no lo habéis adivinado? ¡En el sótano del colegio de Angela y Eva!
-¡Cáspita! -pudo decir César-. ¿Quieres decir que construyeron el colegio donde hace tanto tiempo los Siete realizaron su experimento?
-Justamente.
-Eso lo explica todo -murmuró Eva pensativa.
-Aún no he terminado -anunció Aurelio-. Ahora puedo deciros qué sucedió la tarde en que desapareció Angela.
Todos se acercaron más, interesados.
-Veréis, primero tendremos que centrarnos en esa mujer de la limpieza, esa Leticia... Supongamos que conoce el secreto de la Puerta porque de alguna manera ha encontrado lo revelado por Arcadius. La ambición le ciega. ¡Llegar a dominar el mundo! Supongo que lo descubrió hace mucho tiempo. Y que hasta ahora se ha dedicado a potenciar su poder mental para que le resultara más fácil abrir la Puerta cuando llegara el momento. Si es descendiente directa de Arcadius, tal vez no le resulte muy difícil.
»El momento ha llegado. Se coloca en el servicio de limpieza del colegio para poder acceder al sótano. Se apropia de la llave del sótano y comienza a hacer sus preparativos allá abajo, entre otros, dibujar el Círculo del Poder para que le marque la situación exacta de la Puerta, que tardaría unos días en localizar.
»Cuando todo está listo, debe esperar a que todo el mundo se vaya para que no la sorprendan. Y eso estaba haciendo cuando surge un imprevisto...
-La lluvia -completó Eva.
-Exactamente: la lluvia. Si se inunda el sótano, se borrarán los círculos de tiza y tendrá que retrasar su viaje al Otro Lado hasta que encuentre la Puerta otra vez. Así que decide arriesgarse e intentarlo ya. Pero entonces surge otro imprevisto.
-Angela -adivinó Eva.
César la miró fastidiado.
-Déjale continuar, ¿quieres? -protestó.
-Pues para otra vez piensa un poco, pardillo -se burló Eva.
Aurelio continuó:
-Seguramente Angela, que en ese momento salía de su clase extra de latín, la vio bajar por las escaleras que llevaban al sótano. Como todas, sentía curiosidad por saber cómo era, así que, añadiendo a eso el hecho de que no tenía paraguas ni ganas de mojarse, tenemos que bajó las escaleras detrás de la mujer de la limpieza.
»Imagino que estaría oscuro ahí abajo. Tropezaría y se le caería el pasador de pelo. Y como todo estaba mojado y oscuro no se preocupó de recuperarlo.
»Entró en el sótano. Allí vio a Leticia abriendo la Puerta. Como es lógico, se asustó, aunque no sé qué vio porque no tengo la menor idea del aspecto que tiene. Pero de alguna manera la mujer descubrió su presencia demasiado tarde, así que lo único que pudo hacer para evitar que Angela diera el chivatazo, por así decirlo, fue agarrarla del brazo y llevársela con ella a otra dimensión.
Eva lanzó una exclamación ahogada.
-Si eso es verdad -dijo-, no me extraña que no la encuentren por ninguna parte.
-En realidad -continuó Aurelio-, llevarse a la chica consigo fue una idea genial... excepto en un detalle. Esa mujer no se dio cuenta de que su cartera quedaba olvidada en un rincón del sótano.
»Imaginaos qué habría pasado si Angela no hubiera dejado su pasador de pelo en la escalera y su cartera en el sótano. César y Eva habrían bajado allí y habrían visto los círculos, pero no los habrían relacionado con Angela. La policía habría seguido buscándola pero no en el colegio. Y nosotros cuatro no estaríamos aquí ahora.
-En resumen -concluyó Eva-, que Angela está en otra dimensión y tenemos que ir a buscarla.
-Pero eso no es lo más grave -dijo Anabel, inesperadamente; hacía un buen rato que no hablaba-. Si esa Leticia ha cruzado la Puerta por algo será, ¿no? Y desde luego no se ha enterado de su existencia por Aurelius.
-¿Quieres decir que planea encontrar ese Ejército de las Sombras y volver con él para lanzarse a la conquista de ambos mundos? -preguntó Eva. Anabel asintió gravemente.
-Eh-eh, un momento -protestó César-. Estamos dando por sentado que todo eso de la Puerta, el poder mental y la otra dimensión es cierto.
-Pues claro -replicó Eva-. Todo encaja, ¿no lo ves?
-¡Pero es ridículo!
-¡Es ridículo!¡Es ridículo! -lo imitó Eva con voz aflautada-. Sólo sabes decir eso. ¡Abre los ojos y mira! Hasta ahora la idea de Aurelio es la única con sentido...
-¡Sentido! ¿Qué sentido? ¡No lo tiene! Esa Leticia desapareció hace más de dos meses. Si hubiera ido a buscar ese... ese Ejército de las Sombras, sea lo que sea eso, ya habría vuelto. ¿Qué ha estado haciendo todo este tiempo, me lo puedes decir?
-Eso es lo que tenemos que averiguar.
-¡Averiguar! ¿Y por qué nosotros, eh? ¿Por qué no la policía?
-Porque no nos creerían, César.
-Ahí está. ¿Lo ves? No nos creerían porque es de locos.
-Tampoco a Leonardo da Vinci le creyeron cuando dijo que un día el hombre podría volar -intervino Anabel-. Ni a Copérnico cuando dijo que la Tierra giraba alrededor del Sol. Ni a Julio Verne cuando escribía cosas sobre submarinos, globos y viajes a la Luna. Y no estaban locos, ¿verdad?
-¿Qué sugieres que hagamos? -le preguntó Eva a Anabel, sin hacer más caso de su hermano mayor.
-No lo sé. Creo que deberíamos viajar al Otro Lado para rescatar a Angela. Al fin y al cabo, lo que dice César tiene sentido: es raro que tarde tanto en encontrar ese Ejército de las Sombras y regresar con él. Tal vez haya fracasado en su empeño. Recordad que el Consejo de los Siete Magos tuvo miedo de ese Ejército. Y eran muy poderosos. Esa Leticia debería de serio más para controlarlo, ¿no os parece?
-Pero si Leticia conoce la existencia de la Puerta -objetó Aurelio-, también sabrá qué es eso del Ejército de las Sombras y cómo controlarlo, porque de lo contrario, no iría allí.
-Dejad de discutir sobre si vamos o no -zanjó Eva-. Tenemos que ir, porque no vamos a dejar a Angela allí con esa bruja, y punto. Y, de paso, podríamos enterarnos de qué es eso del Ejército de las Sombras para poner en aviso a todo el mundo si Leticia puede controlarlo y para respirar tranquilos si vemos que ha fracasado.
-Sí -murmuró Anabel-. Está claro que si esa mujer tiene tanto poder como para realizar el deseo de venganza de Arcadius, nosotros no podremos hacer nada por detenerla. Pero tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados.
-Bueno, ¿y quiénes vamos? -preguntó Aurelio con cierto nerviosismo-. Está claro que yo tengo que ir. Pero voto por que Eva no vaya.
-¿Y eso por qué? -replicó la interesada, picada.
-Bueno, eres una... eres la más joven del grupo y...
-¡Ibas a decir que soy una chica! Por supuesto que iré, ¿qué te has creído? Vosotros no sabéis quién es Angela...
-Pero sabemos cómo es, hermanita -intervino César-. Hay carteles con su foto pegados por toda la ciudad. Es más, alguien debe de quedarse aquí para dar aviso a nuestros padres por si a nosotros nos pasa algo y tardamos mucho en volver...
-En tal caso, debo ser yo la que se quede -decidió Anabel-. Los únicos que podemos abrir la Puerta somos Aurelio y yo. Si veo que no volvéis en un período razonable de tiempo llamaría a la policía e iríamos a buscaros. Pero ahora no podemos avisarlos, porque, aparte de que no nos creerían, no sabemos lo que nos vamos a encontrar allí.
-Yo insisto en que Eva no debe ir -repitió Aurelio.
-¡Ni hablar, guapo! -se rebeló ella-. ¡A mí no me dejáis en tierra!
César y Aurelio cruzaron una mirada.
-Está bien -dijo César-. Ya eres mayorcita.
-Entonces -dijo Aurelio-, ¿qué se supone que debemos hacer?
-Mirad, si tenemos que entrar en el colegio ha de ser a una hora en la que no haya nadie -explicó Eva-. Sobre las ocho o las nueve de la tarde. Pero a esa hora está cerrado, así que tendré que conseguir la llave de alguna manera, lo cual me llevará tiempo porque la recepcionista no les quita la vista de encima. Propongo que quedemos el viernes que viene por la tarde.
-¿Estás segura de que podrás tomar prestada la llave sin que nadie se entere? -preguntó César.
Eva sonrió.
-Completamente -dijo-. No será muy difícil. He hecho cosas peores.
Y entonces César recordó que su hermana era el terror del colegio, y sonrió también.
-Cuento contigo -dijo.
-Escuchad -les llamó la atención Anabel-, quiero que, cuando estéis allí, os olvidéis de haceros los héroes. Buscad a Angela y volved con ella, pero no hagáis nada más. No intentéis meteros con Leticia ni con el Ejército de las Sombras, ¿está claro?
Todos asintieron.
-Ahora sólo queda que os explique lo que se sabe del Círculo del Poder -concluyó, y los chicos respiraron profundamente.
Aquello no era un juego. Incluso César, pese a sus palabras, se había convencido de que la historia era real, y de que pronto de enfrentarían a lo desconocido.
Y podía no ser muy agradable.