Título: El desafío de Zhur

3– Acto 1: La Torre de los Sortilegios

 

–Habéis sido llamados por el Señor de la Torre del Norte, también llamada Torre de los Sortilegios –empezó Chimo–, y habéis acudido allí para hablar con él. No os conocéis entre vosotros; sólo sabéis que habéis sido elegidos para una misión, pero nada más.
>> Os hacen esperar en una sala. Como es natural, os observáis los unos a los otros. De entrada, ni al caballero ni a la sacerdotisa les hace gracia la maga.
–Un momento –interrumpió Víctor–. ¿Sabemos quién es el Señor de la Torre del Norte?
–El jefazo de la Orden Mágica. El más poderoso Archimago de los que viven en la tierra.
–Y, si no nos caen bien los magos, ¿qué hacemos allí?
–Ahora mismo estamos en un momento de paz y colaboración entre la Orden Mágica y las Iglesias. Os han ordenado vuestros superiores que acudáis a la llamada, y eso vais a hacer.
>> En cuanto a Huril, el bardo truhán… lo capturaron las autoridades de la ciudad donde hacía de las suyas y lo metieron en la cárcel. Pero él también ha recibido la llamada del Archimago –aunque no entiende muy bien por qué–, así que lo sacaron de la prisión y lo han traído hasta aquí.
–Mejor la Torre que la cárcel, ¿no? –comentó Alex, que era quien jugaba con el bardo.
–Exacto. Pronto os llaman y os hacen pasar a otra sala. El Archimago y dos de sus compañeros, la Señora de la Torre del Sur y el Señor de la Torre del Este, os estaban esperando. Se nota que todo esto es muy, muy importante: la crème de la Orden Mágica está reunida para hablar con vosotros.
>>Ante el asombro de la sacerdotisa Tamina, también hay otra persona allí: el Padre de la Iglesia de los Tres Soles, una de las máximas autoridades religiosas de los ocho reinos.
–¿Hay algún representante de la Iglesia de las Tres Lunas? –preguntó Eva.
–No, pero eso no es extraño: todos saben que la Madre de la Iglesia de las Tres Lunas es ya muy anciana, y está muy enferma.
>> Tomáis asiento donde se os indica y os preparáis para escuchar lo que tienen que deciros.
–Vale –dijo Alex–. Escuchamos. ¿Hay algo que robar?
–Nada. –Víctor le dirigió una mirada amenazadora–. No empieces a sacar de quicio tu personaje, Alex.
–El Archimago os cuenta que estáis allí para formar parte del equipo que aceptará el Desafío de Zhur.
–¿Y qué o quién es Zhur? –preguntó Fabio.
–Zhur es un mago muy poderoso que se rebeló contra el poder de los seis dioses y fue expulsado de la Orden Mágica. Y ahora se ha aliado con el Séptimo y ha lanzado un desafío a los adoradores de los Seis.
–¿El Séptimo? –repitió Víctor.
–¿Te refieres a un séptimo dios? –intentó concretar Fabio.
–Exactamente –dijo Chimo–. El Séptimo es llamado así porque nadie que siga a los Seis ha de pronunciar su nombre. Su origen no está claro, pero lo que sí se sabe con demasiada certeza es que es un dios oscuro que desde el principio de los tiempos ha querido derrotar a los otros Seis.
–Pues está en minoría –comentó Alex.
–Sí, está en minoría, pero es muy, muy poderoso, tanto que ha podido enfrentarse a ellos más de una vez sin salir demasiado malparado. El Séptimo, como los otros Seis, tiene sus seguidores; y Zhur es uno de ellos.
>> En la dimensión de los dioses, el dios oscuro ha lanzado un desafío a los Seis; es como un juego, como una partida de ajedrez, que se jugará en la dimensión mortal. Zhur es su pieza, y vosotros sois los elegidos por los Seis para jugar por ellos. Quien venza en este duelo se hará con el poder en el mundo. Así que, chicos, depende de vosotros.
–Eh –dijo Alex–, corta el rollo. Ningún dios elegiría por héroe a un bardo ladrón que, además, no cree en nada.
–Sí, si ese dios es Yohavir, el dios del aire, que tiene fama de alegre y pacífico. La raza que él creó son los celestes, criaturas bondadosas que no saben lo que es la lucha ni la violencia. Por eso él no podía elegir a ningún celeste para el Desafío. A Yohavir le gustan los chistes y las buenas historias, y los tipos libres como el viento. Es decir: como Huril. Porque, a pesar de las apariencias, Yohavir sabe lo que tú has dicho antes: que, en el fondo, Huril es un buen tío.
–Supongo que la sacerdotisa ha sido elegida por la diosa de la luz –dedujo Fabio–, y la maga, por la diosa del mar. ¿Y los demás?
–El caballero Althon es el elegido por Aldun, el dios del fuego. Este dios creó a los yan, los habitantes del desierto de Kash-Tar. Pero son tipos que sólo se preocupan por su supervivencia, y no harían algo tan altruista como ser los peones de los dioses en un juego contra el Séptimo… porque, aunque para los dioses es sólo un juego, no hace falta que os diga que para los mortales es bastante peligroso…
–No hace falta que lo digas –replicó Alex rápidamente.
–Algo parecido pasa con Nelier, la diosa del mar, cuyas criaturas, los varun, no pueden vivir fuera del agua. Por eso tuvo que elegir a un terrestre para el viaje: la maga Kali.
>> Wina, la diosa de la tierra, fue la que, según las leyendas, creó a los humanos. Pero, curiosamente, no ha encontrado a una sola mujer humana que cuide tanto su obra y ame tanto su mundo como un elfo montaraz que siempre la ha adorado en su corazón, aunque no sea muy religioso. Es decir, tu personaje. –Y miró a Fabio, que asintió–. Y, por último –concluyó–, nos falta el elegido de Karevan, dios de la piedra y señor de los enanos. Y hay un pequeño problema…
–El sexto jugador –adivinó Eva–. ¿Qué es lo que pasa?
–El Padre de la Iglesia de los Tres Soles os explica que Karevan todavía no ha designado a su elegido. Por lo que parece, los sacerdotes de Karevan dicen que han convocado una competición de lucha en las praderas de Shur-Ikail, cerca del reino de los enanos. Allí pueden acudir guerreros y luchadores de todo el mundo. El mejor será el elegido de Karevan, el orgulloso dios de la piedra. Hasta saber el resultado de la competición, no tendréis un sexto compañero.
–¿Y va a ganar esta guerrera? –preguntó Alicia–. ¡Qué gracia!
Alex le disparó una mirada de reproche:
–Eso tú no lo sabes.
–¿Cómo que no? Éste es el sexto personaje, ¿no?
Chimo, generosamente, acudió en rescate de la novata:
–Alex quiere decir que tú, Alicia, sí que lo sabes; pero Tamina, tu personaje, no; porque la sacerdotisa nunca ha visto a la guerrera, y porque estamos en un momento de la historia en que aún no se sabe el resultado de la competición de lucha.
–Así que de momento somos cinco –resumió Fabio–. Y, bueno, si no es mucho preguntar, ¿en qué consiste exactamente el Desafío?
–El Archimago os dice: “Tenéis que acudir al encuentro de Zhur, que os espera en el Límite del Mundo, más allá de Awinor, la Tierra de los Dragones. Es un viaje largo y tenéis que realizarlo vosotros solos; nosotros no podemos ayudaros. Zhur os tenderá trampas y os enviará todo tipo de enemigos a los que tendréis que vencer antes de enfrentaros a él”… si llegáis a enfrentaros a él, claro.
–Pues vaya ánimos nos da el mago éste.
–Ehem, lo siento. La última frase ha sido un comentario mío, como master. Se supone que el Archimago os da todo su apoyo y todos los ánimos que hagan falta… como le va la vida en ello…
–Vale, y, exactamente, ¿dónde está el Límite del Mundo?
Chimo desplegó ante ellos un mapa que había dibujado él mismo.
–Estáis aquí. –Y señaló un punto en el norte–. Esto es la región de Nandelf, que ocupa toda la parte norte del continente. Al oeste de Nandelf, en Daminon, viven los humanos, y, al este, en Raheld, los enanos. La parte norte de Nandelf es Kazlunn, la tierra de los magos. Y ésta es la Torre de los Sortilegios, principal centro de la Orden Mágica.
>> El Límite del Mundo al que se refiere el Archimago es la frontera sur del continente. El camino más corto es atravesando todo Nandelf, cruzando la cordillera de Daminon… después, a través de la zona centro, es decir, la Llanura Celeste…
–Allí no tendremos problemas, ¿verdad? –dijo Víctor–. ¿No viven allí los celestes, esa raza pacífica que… ?
–Tendréis los problemas que os envíe Zhur, eso que lo tengas en cuenta. Los celestes son tíos muy majos, pero Zhur no lo es. Además, probablemente tengáis que atravesar el bosque de Awa antes de llegar a la Llanura.
–¿Y qué hay allí? –quiso saber Alex.
–Ya lo veréis.
–Jo, macho, ya nos podías adelantar algo…
–Tu personaje no tiene por qué saberlo –metió cizaña Alicia.
–Pues sí, listilla, porque mi personaje ha recorrido todo el mundo y…
–Vale ya, los dos. Prestadme atención, ¿queréis?
Volvieron a centrarse en el mapa.
–Luego, al sur de la Llanura Celeste, está el Desierto de Kash-Tar. Eso sí que va a ser chungo.
–Y al sur, Awinor, la tierra de los dragones –comentó Fabio, examinando el mapa–. Va a estar complicadillo, ¿eh?
–Después está el límite del mundo y… tachán, tachán…
–Zhur –completó Víctor–. Puede estar bien, sí. Veamos, volvamos a ponernos en situación: estamos en la Torre de los Sortilegios, y el Archimago nos ha dicho que seremos peones en una especie de juego entre divinidades. ¿Qué decimos?
–Yo haré lo que mi diosa me pida –dijo Alicia, muy en su papel.
–Y yo también, porque es mi deber –añadió Víctor.
–A mí me lo ordena mi superior, el Archimago –dijo Eva–. Es un gran honor.
–Yo, no sé –dijo Alex–. ¿Pagan bien?
–Pagan con tu vida, capullo –gruñó Chimo–. ¿Quieres jugar o no?
–Tengo que ser coherente con mi personaje –protestó Alex.
–Y si el Archimago amenaza a tu bardo con no salir vivo de la torre si no es con el grupo, ¿qué dices?
–Bueno, en tal caso…
Fabio no había dicho nada. Todos le miraron, y el chico habló por fin:
–Sim es libre y orgulloso, y no acepta órdenes de nadie. En cambio, como buen elfo, odia al dios oscuro, y, por tanto, pondrá su cimitarr… estoooo, su arco, al servicio de aquellos que luchen contra él.
–¡Bien dicho! –exclamó Víctor.
–Pues, ya que tenemos grupo –prosiguió Chimo–, sólo nos queda prepararos para el viaje. Como en la Torre del Norte sólo hay magos, no encontraréis muchas armas, así que os daremos dinero y vosotros vais al pueblo y os las apañáis, ¿vale?
–¿Qué pueblo? –preguntó Víctor, mirando el mapa–. ¿Te refieres a Gand?
–No; me refiero a Shurik. Os recuerdo que, antes de emprender el camino hacia el sur, tendréis que pasar por las praderas de Shur-Ikail a recoger al sexto miembro del grupo.
–Hum, es cierto. Praderas de Shur-Ikail… ¿dónde está eso?
–Aquí –señaló Fabio–. ¿Lo ves? Entre Kazzlunn y Raheld. Entre la tierra de los magos y el reino de los enanos.
Chimo miró a sus jugadores.
–Bueno –dijo–. El primer acto ha acabado ya.
–¿Ya? –protestó Alex–. ¡Pero si no hemos hecho nada!
–Es que no podemos seguir sin la guerrera. El segundo acto es la final de la competición. Vais al pueblo, merodeáis por allí, compráis cosas, os metéis en líos, veis cómo lucha Iona, todo eso. Esta primera parte era sólo de presentación, para que veáis de qué va la cosa.
–A mí me mola, de momento –opinó Víctor–. Es diferente de lo que hemos hecho hasta ahora. Lo que no me trago, Raist, es que lo hayas hecho todo en tan poco tiempo.
–Pues trágatelo, porque es verdad. Ha sido una absoluta inspiración, ya os digo.
–El problema está en que nosotros no conocemos el mundo en el que nos movemos –dijo Fabio–, y se supone que nuestros personajes sí.
Chimo sonrió.
–No te preocupes, querido Drizzt. Os iré contando cosas a medida que avance la historia. Os prometo que tendréis en todo momento toda la información necesaria. Y ahora, chicos, basta de cháchara: ¡a merendar!