Título: El desafío de Zhur

Epílogo

Kali y Sim contemplaban juntos un atardecer en Awinor. La cabeza de ella descansaba sobre el hombro de él.
Los dragones surcaban los cielos bajo los tres soles. Volaban en grupos numerosos, todos hacia los Montes de Fuego, donde se reunirían para conmemorar la nueva victoria de los Seis sobre el dios oscuro.
Era un espectáculo magnífico.
Kali suspiró.
–¿Qué tal sienta eso de ser héroe, eh? –le preguntó a Sim con ternura.
El elfo montaraz frunció el ceño.
–No me gusta nada –dijo–. Uno pierde la intimidad. Desde luego, prefiero el anonimato.
La maga sonrió.
Después de un breve silencio, ella volvió a hablar.
–La echo de menos –dijo.
Sim sabía perfectamente a quién se refería.
–La echo de menos –repitió Kali–. Cuando estaba conmigo apenas intuía su presencia, pero ahora soy demasiado consciente de que no está, y me siento… me siento…
–…Sola –la ayudó Sim.
–Sí. –Kali suspiró de nuevo–. Sola.
–¿Qué habrá sido de ellos y de su mundo, Kali?
–Seguirán con su vida, supongo. Igual que nosotros.
–Igual que nosotros… –repitió el elfo, pensativo–. ¿Volveremos a tener algún tipo de contacto con ellos?
Kali lo pensó un momento. Después, sacudió la cabeza.
–No. No, no lo creo. Fue Zhur quien puso en contacto ambos mundos, y Zhur ahora está muerto.
Sim calló un momento. Luego dijo:
–Pues, a pesar de todo… se lo agradezco.
–¿A Zhur? ¿Por qué?
–Porque ahora sé que no estoy solo, Kali.
–Nunca lo has estado, Sim.
–Sí, lo sé. Y es justamente eso lo que le agradezco a Zhur. A pesar de todo.
Sim no dijo más, pero no fue necesario. Kali comprendió.
En el cielo, un joven y osado dragón azul hizo una pirueta bajo la atenta mirada de los tres astros solares.
Kali y Sim no se dieron cuenta pero, desde la espesura, los ojos de un unicornio los contemplaban en silencio.