CAPÍTULO X: "LIBRA,
ESCORPIO Y SAGITARIO"
En ZODIACCÍA
era en aquel momento la hora del alba. Avanzaron hacia el norte, hasta
que se toparon con una colina cuya cima parecía estar sembrada
de hierros retorcidos que se recortaban contra el sol naciente.
Mágic y Tigris subieron a trompicones por la falda de la colina,
y, al llegar arriba, tropezaron con una escena curiosa. Allí
había como una decena de librinzomas, diseminados sobre la
hierba sin orden ni concierto, de cualquier manera. Sus brazos estaban
colocados uno hacia arriba y otro hacia abajo, en línea recta,
en diagonal. Parecían dormidos.
- ¡Pues vaya equilibrio! - exclamó Mágic.
Se acercó a ellos. Cuando se disponía a despertar a
uno, éste abrió los ojos y retrocedió sobresaltado.
Luego, llevado por la curiosidad, se aproximó un poco a Mágic
y, tras mirarlo de arriba a abajo, le preguntó:
- ¿Eres quién tú?
Mágic lo miró sin comprender.
- ¿Qué has dicho? - interrogó extrañado.
El librinzoma lo miró cohibido.
- Perdona - se disculpó -. Es que por culpa de la Maldición
todo está desordenado. Hasta mis ideas. Todo lo decimos al
revés. Te perguntaba... er, quiero decir, preguntaba... quién
eres tú.
Pareció muy satisfecho de haber formulado la pregunta correctamente.
Pero esperaba una respuesta, y Mágic se la dio.
- Soy el Príncipe Mágic, Elegido de Cáncer. Y
ella - señaló a la pantera - es Tigris, hija de la Reina
de las Panteras de LEO, Mirya. Hemos venido para buscar el Séptimo
Medallón.
El librinzoma parecía estar bastante confundido.
- Habéis venido a buscar el Séptimo Medallón
- repitió -. Pero ¿dónde está?
- Eso tenemos que averiguarlo. Pero... ¿qué ha pasado
aquí?
El librinzoma paseó la mirada por donde se encontraban los
demás y dijo con tono resignado:
- Ves lo ya... - se interrumpió y, como disculpándose,
aclaró:- O sea, ya lo ves. Nuestros brazos andan desequilibrados,
y con ellos, demás lo todo ...hem, quiero decir, todo lo demás.
Mágic analizó mentalmente la situación. Era evidente
que iba a sudar la gota gorda si quería contar con la ayuda
de los librinzomas, pues no parecían aclararse en absoluto.
Si pensaba en la posibilidad de que le orientaran, primero debía
imponer orden. Si no, estaba claro que nada conseguiría. Por
fin le dijo al librinzoma:
-Despierta a los demás, a ver si alguien tiene algo que decir
con respecto al Medallón; necesito una sugerencia. Después
iremos buscar el resto de los grupos.
El librinzoma satisfecho, contestó:
-¡Orden al fin! Orden capitán a, la...- miró a
Mágic confundido y rectificó -. ¡No, no, perdón!
Quería decir: A la orden, capitán.
Y se puso a despertar al resto - con bastante poco orden -, dando
explicaciones atropelladamente, con lo cual lo único que conseguía
era confundir a sus compañeros más de lo que estaban.
Se supone
que LIBRA es la región del Equilibrio - comentó Aurora
-, pero allí ahora no hay nada que parezca tener pies y cabeza.
May asintió.
- Mágic se va a ver en apuros si no consigue poner orden y
organizar a los librinzomas - dijo -. Porque, por lo visto, sin orden
no llegará a ningún sitio.
- Y los librinzomas están deseando organización - dijo
Aurora-. Supongo que ahora verán en Mágic algo así
como al jefe superior.
Ambas rieron, y volvieron a fijarse en el Medallón.
Todos los librinzomas se hallaban ya en torno a Mágic y Tigris.
- Id a buscar a los demás - ordenó el niño.
Los librinzomas lo intentaron, pero no lograban ponerse de acuerdo
en la dirección a tomar. Fue Mágic quien tuvo que poner
orden, pues allí no había quien se aclarara. Indicó
a cada uno hacia dónde debía de ir, y los librinzomas,
muy satisfechos del arreglo realizado, acataron sus órdenes.
Al cabo de una hora comenzaron a llegar librinzomas que, de cualquier
manera, se arremolinaron en torno a Mágic, hablando todos a
la vez.
-¿Ya estamos todos? -inquirió éste.
Después de varios intentos infructuosos de contarlos a todos,
contestaron afirmativamente.
-Bien. En primer lugar, necesito saber dónde puedo encontrarse
LIBRA.
-Bajo nuestros pies - informó un librinzoma distraído.
-Me refiero al Medallón - gruñó Mágic.
-¡Ah!
-Descripción una Medallón del necesitamos - dijo uno.
A pesar de que lo había dicho todo al revés, Mágic
comprendió que lo que quería pedirle era una descripción.
Se rascó la cabeza tratando de pensar.
-Es..., es redondo, dorado... tiene un espejo dentro... y tiene grabado
el símbolo de la Balanza.
Los librinzomas se miraban unos a otros y se encogían de hombros.
-Está finamente engarzado en oro - prosiguió Mágic,
utilizando a expresión que oyera a su hermana Aurora -. Petilay
suele esconder los Medallones en lugares de donde es muy difícil
salir con vida.
Al ver que los librinzomas no tenían idea, añadió,
ya a punto perder la paciencia:
-Bueno, sugerid sitios.
-El Bosque de Abedules - dijo uno-. El Bosque de Abedules que riega
el Arroyo Principal cuando sale de LIBRA, por el sur.
Los otros lo miraron con gesto de rechazo.
- Cualquiera puede llegar allí - dijeron -. Si al menos fuera
un bosque donde es sencillo perderse... pero el Bosque de Abedules
que dices no entraña ningún peligro.
- El Manantial que hay entre la Tercera y la Cuarta punta de la Cordillera
- dijo otro -. Allí donde nace el Arroyo Principal.
- ¿Por qué razón habría de estar allí?
-contestaron los demás. El librinzoma se ruborizó, avergonzado.
- Bueno, está muy bien oculto rocas entre las - se excusó,
diciéndolo todo al revés -. No es fácil de encontrar.
- Pero yo lo conozco - dijeron muchos.
- La cueva de la Tercera Punta de la Cor - sugirió otro-. Es
difícil llegar hasta allí. Muy subida escarpada la es.
-Mágic comprendió, tras dar muchas vuelta en su cabeza
a las palabras, que había querido decir "la subida es
muy escarpada".
- Pero yo he subido allí -anunciaron varios.
- Se puede si se tiene cuidado - añadió otro.
-El sótano de las ruinas del Palacio de Carey - apuntó
otro,-. Sigue habiendo restos de Magia Negra allí.
-Pero el Salón del Trono posee más - le replicó
otro.
-Respecto al Palacio de Carey - dijo Mágic -, prefiero registrarlo
de arriba a abajo. No podemos descartarlo.
Todos los librinzomas guardaron un silencio que daba a entender que
temían al Palacio de Carey.
-Bueno, será difícil - concluyó Mágic
-, no tenemos ninguna pista.Un cofre de madera se puede ocultar en
cualquier sitio.
Entonces un librinzoma, sobresaltado, se acercó a Mágic,
hablando tan deprisa que apenas se le comprendía.
-¡Detente! - ordenó Mágic -. Habla despacio, y
con orden -Dio una especial entonación a sus dos últimas
palabras, que hizo que el librinzoma bajase la vista, cohibido.
-Yo estuve en la Fosa - dijo, ya relajado -. En la Fosa que hay al
sur, donde desemboca una de las dos ramas en que se divide el Arroyo
Principal. Está al este del Bosque de Abedules. Es una Fosa
de unos doce metros de diámetro. Agua con dentro, hem, con
agua dentro.
Los otros le taladraron con la mirada.
-Ya la conocemos - protestaron -. ¿Qué tiene que ver
la Fosa con LIBRA?
-Yo estuve la semana pasada - explicó el librinzoma -. Vi algo
allí. ¿Mirásteis en el fondo?
Los librinzomas reconocieron que no se habían asomado demasiado
al fondo de la Fosa.
-Había un cofre - prosiguió el librinzoma -. Un cofre
de madera. El agua estaba muy limpia, y se ve el suelo. Y allí
estaba el cofre.
-¿Y por qué no lo dijiste antes? - se impacientó
Mágic.
-Es que no pensé que aquello fuera el cofre en donde se guarda
LIBRA - se excusó el librinzoma -. Además, tú
preguntaste por el Medallón, no por el cofre. Sabía
cofre que yo Medallón el no un en estuviera.
-Por favor - pidió Mágic - ¿serías tan
amable de repetir la última frase del derecho?
Todos los demás rieron a carcajadas, y el librinzoma que decía
haber visto el cofre de LIBRA repitió, sonrojándose:
-Quería decir ...yo no sabía que el Medallón
estuviera en un cofre.
-Bueno basta - cortó Mágic -. Al menos tenemos una pista.
Pero - añadió mirando severamente al librinzoma despistado
- Podríamos haberla tenido mucho antes.
El librinzoma captó la indirecta, y desvió la vista,
compungido.
-En fin , no importa - dijo Mágic con voz amable, pensando
que se había mostrado demasiado duro con él -, gracias
a ti sabemos dónde está el Medallón. ¿Cómo
te llamas?
-Quasicops -fue la respuesta.
-A ver, primero... que veinte librinzomas vayan al Palacio de Carey,
a investigar allí.
Pero los librinzomas, temerosos de lo que en su día fuera el
Castillo de Petilay, se negaron.
-Está repleto de Magia Negra - dijo uno -. Lo noté en
cuanto entré. Desde entonces no he vuelto a traspasar sus umbrales.
Todos eran de la misma opinión. Decían que la mitad
de ellos habían entrado allí, pero habían notado
un ambiente maligno. Nadie había entrado por dos veces.
- Bueno pues iré yo - gruñó Mágic -. Pero
primero quiero re¬gistrar la Fosa, a ver si es cierto lo que dice
Quasicops. Tigris, él y yo iremos allí ahora mismo.
Todos los demás, esperadnos aquí.
Llamaron a la puerta y Aurora cerró apresuradamente el Medallón,
en tanto que May se ocultaba entre las sábanas.
La muchacha tomó el libro de "El Misterio de la Isla de
Tökland" y simuló que lo había estado leyendo
atentamente, cuando dijo:
- Adelante...
Entró Sofía, que nada sospechó. Sonriendo con
picardía le dijo:
- Tienes un par de visitas.
- ¿Ah, sí? - dijo Aurora gratamente sorprendida -. ¿Quienes
son?
- ¡Ah!. Ya lo verás.
- ¡Sofía, por favor, dímelo! Me muero de curiosidad.
- Ya lo verás, paciencia. Es una sorpresa. Bueno, ¿las
hago pasar o no?
- Pues claro. Me encanta que vengan a visitarme, al menos hay alguien
que se acuerda de mí.
Sofía se marchó. Al cabo de unos momentos la puerta
se volvió a abrir y entraron varios amigos suyos del colegio.
Aurora, encantada, dijo:
- No me lo esperaba.
Allí estaban Leonor (la encargada de la clase), Sara, Mónica,
Silvia, María y Diana. Entre los chicos se encontraban Javier,
Fernando, Ángel, Chema, Rafa y, por supuesto, Víctor.
- ¿Con que "algo que comí me sentó mal"?
- dijo este último festivamente.
Estuvieron un rato hablando y por ellos se enteró Aurora de
que aquel año sólo vendría una alumna nueva llamada
Raquel. Cuando se marcharon entró la segunda visita.
- ¡Fanny! - gritó Aurora.
Estefanía, a quien todos llamaban Fanny, la saludó cariño¬samente.
Era la hermana mayor de Aurora y Miguel. Su marido, Daniel, su hijita
Teresa (Terry) de tres años y ella vivían en una ciudad
lejos de la de Aurora.
- Me alegra mucho que hayas venido - dijo Aurora -. Pero no deberías
haberlo hecho en estas condiciones.
Miró el abultado vientre de Fanny.
- Tonterías - replicó Fanny, con un gesto despreocupado
-. No estamos tan lejos.
- Entonces, ¿por qué no viniste a hacernos una visita
en Navi¬dad?
- No pude, Terry cogió la varicela. Lo dije por teléfono.
- Oh, lo olvidé. Y el próximo ...¿será
niño, o niña?
- No lo sé; Preferiría tener la parejita, pero una niña
tampoco estaría mal.
- ¿Y Daniel?
- Ha pescado un catarro monumental. Por eso he venido yo sola en tren,
para verte. Ah, ¿está Miguel en casa de los abuelos?
Me dijo mamá por teléfono que ella había ido
a cuidar a tía Ester.
- Sí, y papá ha ido de maniobras. Pero hoy Miguel no
está con los abuelos. Me dijo por teléfono que pasaría
el día con unos amigos.
- Lástima. Me hubiera gustado ir a verle, pero no tengo tiempo.
He dejado a Terry con una vecina... a saber la de trastadas que le
habrá hecho ya.
Aurora rió.
- Que va, si Terry es muy buena... - Se nata que adoras a tu sobrina.
- Cómo no, es la única que tengo. Pero pronto tendré
dos - añadió con una sonrisa.
- Me marcho ya. Que te mejores, y da de mi parte recuerdos a Miguel.
Se despidieron y, cuando Fanny se marchó, May salió
de su escondite y ambas continuaron mirando el Medallón.
-¡Vez otra inténtalo! - gritó Quasicops, animando
a Mágic. El niño se encontraba en el agua de la Fosa,
y él y Tigris miraban desde arriba.
¿Qué haces'?" oyó Mágic. Era Aurora.
"He dejado de mirar el Medallón prosiguió la voz,
"porque he tenido un par de vis¡¬as. Vinieron primero
unos de la clase y luego Fanny... vino sola, no se trajo a Terry ni
la acompañaba Andrés. Bueno, al grano. ¿Estás
en la Fosa?"
"Claro", contestó Mágic, no sin cierto esfuerzo.
"Hay un cofre en el fondo, tal y como decía Quasicops.
Es idéntico al que guardaba LEO. Pero parece que los grabados
son diferentes. De todas formas, está muy hondo, y me falta
aire para llegar hasta abajo. Esto es muy profundo. No llego para
coger el arca"
"Si el verano pasado hubieras venido al campamento con no¬sotros",
retransmitió Aurora, con un tono de reproche, "habrías
buceado en el lago, y no te verías en semejante apuro".
"Pongamos las cosas claras, hermanita; porque fuiste tú
la que no me permitió ir"
"Porque la última vez que viniste, además de vomitar
en el autobús, berrear por la noche que tenías miedo
y arrancar las orquídeas del señor García, por
poco te ahogas en un charco de agua que no te llegaba a la rodilla
...pero ahora trata de recuperar el Medallón, ¿de acuerdo?"
Mágic, con un suspiro de resignación, se sumergió
de nuevo. El agua de la Fosa estaba muy limpia, y se podía
ver claramente en el fondo una pequeña arca. La tenía
al alcance de la mano, mas no lograba cogerla. Le faltaban unos centímetros,
tan sólo unos centímetros, pero siempre se le terminaba
el aire justo cuando estaba a punto de alcanzar su objetivo.
Fuera de la Fosa, una flor de un árbol cercano fue arrancada
de entre el follaje por el viento. Después de vagar unos momen¬tos
por el aire, mecida por la brisa, cayó sobre el agua de la
Fosa, formando ondulaciones en la superficie, frente a Mágic.
Éste la cogió.
- Mensaje de Liana - dijo, ya cansado de la telepatía, que
le producía dolor de cabeza, y consciente de que Aurora le
podía oír perfectamente gracias a PISCIS.
Pronto recibió la respuesta de su hermana, desde el hospital:
"Es una flor de samán. Significa Auxilio"
Mágic comprendió.
- Liana quiere decirme que debo solicitar ayuda - murmuró.
Alzó la vista y lo primero que vio fue a Quasicops y a Tigris
mirando desde arriba. No podía pedir ayuda a nadie más
que a ellos.
- ¿Sabes nadar, Quasicops? - le preguntó al librinzoma,
con intención.
Quasicops se dio cuenta de lo que quería decir Mágic
y se excusó:
- Los nadamos librinzomas no...- se dio cuenta de que le había
dado la vuelta a la frase, y rectificó -: eh, quiero decir...
que los librinzomas no nadamos. Nuestro cuerpo no está hecho
para adaptarse a la natación.
Los ojos de Mágic se posaron entonces en Tigris, que captó
su mirada y retrocedió un tanto, por si acaso.
- ¡Al agua, Tigris! - ordenó Mágic. La pantera
se negó rotundamente. "A los felinos no les gusta el agua
, Mágic”. le transmitió Aurora.
Mágic gruñó algo, pensando que, al fin y al cabo,
a él tampoco le entusiasmaba estar en el interior de la Fosa,
que tenía un agua helada.
- Siento mucho que no te guste el agua - dijo a Tigris -, pero hay
que sacrificarse un poco por ZODIACCÍA, ¿no? De lo contra¬rio,
yo tampoco estaría aquí, mojándome.
Pero poco le importaban a Tigris los motivos de Mágic. No estaba
dispuesta, ni mucho menos, a entrar en un agua tan fría. Entonces
Quasicops entró en acción. El librinzoma empujó
a la pantera, que perdió el equilibrio y cayó con un
fuerte chapo¬teo al agua.
Cuando asomó la cabeza, tiritó y le gruñó
a Mágic, dando a entender que no iba a tolerar una ofensa semejante.
Pero el niño le dijo muy serio:
- No digas palabrotas, Tigris.
Tigris se resignó, y Mágic le indicó con un gesto
que debía sumergirse para coger el cofre. La pantera inspiró
profundamente y lo hizo. Al cabo de unos momentos emergió de
nuevo, con el arca entre los dientes, gruñendo por lo bajo.
- ¿Ves?
- la reprendió Mágic -. Podías cogerla perfectamente.
Hemos perdido mucho tiempo por tu cabezonería.
Pero a Tigris le daba igual. Su amiga May no se encontraba allí,
y ella no estaba dispuesta a recibir órdenes de un niño
que no hacía otra cosa que importunarle. Pero si quería
que May volviera a ser Amaya, tenía que obedecerle. Así
que se resignó y no replicó, pese a que sabía
que sacando las uñas y mostrando los dientes con un rugido
amenazador lo tendría a raya. Quasicops, entretanto, estaba
trajinando por allá fuera con una cuerda. Echó un extremo
al agua. Mas cuando Mágic tiró de ella para subir, la
cuerda cayó suavemente.
- ¿Por qué no la has atado, Quasicops? - le gritó
al librinzoma.
- Eso iba a hacer ahora - le contestó el otro desde arriba.
- Primero tenías que atarla a un árbol, y luego echarla
a la fosa - explicó Mágic, irritado.
- Lo he hecho al revés - se disculpó Quasicops - No
con orden. El orden ya no existe aquí desde que LIBRA desapareció.
Lo hizo correctamente con otra cuerda, y Mágic y Tigris (con
serias dificultades esta última) treparon por ella. Cuando
estuvieron afuera, la pantera se sacudió junto a Quasicops,
para vengarse, y lo dejó completamente empapado. Mágic
abrió el cofre, mas... estaba VACÍO.
- ¡No puede ser! - exclamó -. Petilay nos ha tomado el
pelo, esto es una broma que no tiene ninguna gracia. En fin, ahora
tendremos que buscar por toda la región sin una maldita pista...
Sofía asomó la cabeza por la puerta, y Aurora cerró
el Medallón.
- Por tu cara deduzco que traes buenas noticias - le dijo a la enfermera.
- Seguro.
- Pues cuenta, anda. ¿Se trata de otra visita?
- No, es una niña de tu edad. Padece de hepatitis, y lleva
aquí dos meses y medio. Saldrá cuando comience el colegio.
- ¿Y...?
- He conseguido permiso para traerla aquí. Sé que así
no os sentiréis solas, ni ella ni tú -Mientras hablaba
iba arreglando la cama contigua a la de Aurora -, la traerán
aquí enseguida.
Aurora consiguió a duras penas dominar una mueca de fastidio.
Con otra chica en la habitación, ¿cómo iba a
observar los movi¬mientos de Mágic en ZODIACCÍA?
Pero se dijo que debía mostrarse amable con ella.
Al cabo de cinco minutos una camilla con una niña algo pálida
pero sonriente entraba en el cuarto. Tenía el cabello muy largo,
castaño claro. Unos ojos azules como el mar espiaban bajo los
rebeldes cabellos del flequillo.
A Aurora le gustó. Simpatizó con ella desde el primer
momento. Sofía las dejó solas.
- -Hola - dijo la chica - ¿Cómo te llamas?
- Aurora. ¿Y tú?
- Raquel.
- ¿A qué colegio vas?
- Iba a uno femenino, pero ahora voy a ingresar en uno mixto.
Una duda asaltó la mente de Aurora. ¿No sería
aquélla la chica de quien la habían hablado sus compañeros
de clase? La nueva alumna, Raquel. Y quiso comprobarlo. Se lo preguntó:
- Tu nuevo colegio... ¿va a ser por casualidad el "Santa
María de Lourdes?"
- Sí, e iré a la clase de 8°- B. ¿Eres de
allí?
- Sí, y pertenezco a la clase de 8° B, también.
Es una auténti¬ca casualidad. ¿Dónde vives?
- Calle Marina, n° 10
- Yo vivo en la calle de al lado.
- Aurora, tango un problema. Aparte de que soy muy tímida,
he perdido las últimas semanas de clase con lo de la hepatitis.
Me da miedo meter la pata..
- La meterás - aseguró Aurora, muy convencida - Todos
lo hacen la primera vez, pero no le importará a nadie, es la
cosa más normal del mundo. Según me han dicho, eres
la única nueva este año... pero yo te lo enseñaré
todo, si quieres. Y te presentaré a los de la clase. Son todos
muy simpáticos, ya verás como te lo pasas bien.
Aurora le habló del colegio y sus compañeros. Le pasó
disi¬muladamente el Medallón a May, que estaba oculta entre
las sábanas, para que viera qué tal iba el asunto.
Al cabo de un rato Raquel anunció que estaba muy cansada y
que, si no le importaba, quería dormir un rato. En cuanto lo
hizo, Aurora se abalanzó sobre el Medallón. Miró
interro-gantemente a May.
- Nada - susurró ésta -. Han registrado la región
de arriba a abajo, y han inspeccionado el Palacio de Carey hasta los
cimientos, sin resultado. Mágic ya no sabe qué hacer.
Mágic estaba al borde de un camino. Suspiró. "He
fracasado", se dijo, quizá demasiado melodramáticamente.
Había revuelto toda la región de LIBRA, y ni rastro
del Medallón. Ya no había esperanzas. "A lo mejor
Aurora lo habría hecho mejor que yo", pensó.
pronto vio una gran polvareda que se acercaba a toda velocidad por
el sendero. Inmediatamente olvidó su melancolía y lo
miró con curiosidad. La polvareda se detuvo frente a él.
Mágic vio entonces un caballo negro con un cuerno en mitad
de la frente y crines rojas como el fuego. Lo reconoció al
instante. Aurora le había hablado mucho de él. "Debe
de haberse escapado de la vigilancia de los cangricaces", pensó
el niño. "De todas formas, no parece muy peligroso. Un
Unicornio siempre es un Unicornio, y los Unicornios no hacen daño
a nadie, ya sean blancos o negros..."
Y decidió comprobar si era tan terrible el león como
lo pintaban.
- ¡Ahí va! - dijo con insolencia, con la intención
de provo¬carle -. Un caballo con complejo de rinoceronte.
Al oírse llamar "caballo" Eclipse se enfureció,
pero a la vez le divertía aquel enano que osaba desafiarle.
- Oye, niño - gruñó -, ¿es que eres tan
necio que no sabes diferenciar un caballo de un Unicornio?
Mágic fingió que se sorprendía mucho.
- ¿Eres un Unicornio?
- Sí, y a mucha honra - respondió Eclipse, orgulloso.
Levantó la cabeza, esperando oír algún comentario
de admi¬ración ante su noble porte, pero lo que oyó
fue un comentario escéptico:
- No te creo. Los Unicornios son blancos como la nieve y muy delicados;
no como tú.
Ahora Eclipse ya no se andaba con contemplaciones. Aquel niño
se burlaba de él, y quería averiguar quién era
para hacerlo.
-¿Quién eres tú entonces, pavito real? - preguntó
con guasa. Mágic se dijo que cuando le respondiera tendría
ganada aquella batalla verbal. Y lo hizo:
- Soy el Príncipe Mágic, Elegido de CÁNCER, hermano
de la Princesa Auren.
Pero no causó en Eclipse el efecto que él esperaba,
pues el Unicornio creía haber reconocido en él la insolencia
que caracterizaba a Aurora, y que tanto le molestaba. Y no se había
equivocado. Ya esperaba una respuesta así.
- ¿Ah, sí? - se mofó -. ¿Y que le ha pasado
a nuestra querida Princesa Auren? ¿Se ha batido en vergonzosa
retirada?
Con su tono despectivo disimuló muy bien que se moría
de curiosidad.
Pero Mágic le contestó calmosamente, con un tono de
insolencia y arrogancia que sacó a Eclipse de sus casillas.
-Lo que esté haciendo mi hermana no es asunto tuyo, gallito.
No merece la pena perder el tiempo contigo.
Eclipse ya no lo soportó más. Bajó la cabeza,
apuntó el cuerno en dirección a Mágic, escarbó
en la tierra con la pata delantera derecha, como si de un toro se
tratara, y se abalanzó hacia Mágic.
-¡Estúpido! - soltó Aurora, aterrada -. ¿Qué
has hecho?
Enmudeció al ver que May le señalaba la cama en donde
Raquel dormía. Mas la muchacha se limitó a variar su
posición, continuando dormida. Afortunadamente, no llegó
a despertarse.
Pero un relámpago negro se arrojó sobre Eclipse, con
un rugido aterrador, desde la rama de un árbol. Tras una breve
lucha, consiguió, mordiendo y arañando, poner al Unicornio
en fuga. Era Tigris.
- Gracias, Tigris - dijo Mágic -. Creo que lo subestimé
demasiado.
La pantera no quería reconocer que comenzaba a caerle bien
aquel niño, a pesar de sus constantes mangoneos. Por eso se
limitó a gruñir, como diciendo: "Lo he hecho porque
era mi obligación". Sin embargo, se dejó rascar
la cabeza por Mágic, que reía ante la evidencia de que
Tigris no estaba allí por casualidad.
Aurora y May dieron un suspiro de alivio: el peligro se había
alejado, gracias a Tigris.
- Pero no cambia las cosas , Tigris - suspiró Mágic-.
Eclipse se ha escapado. No he encontrado a LIBRA, ni tampoco puedo
buscar los demás. Todo ha sido inútil.
Se inclinó y acarició a Tigris, que lo contemplaba indiferente.
Disimulaba muy bien que ella también se sentía apesadum
brada, pero no quería que Mágic se diera cuenta de que
no le gustaba verle así. Seguía queriendo demostrar
que no le caía bien el niño... y con bastante éxito.
Desde lo de la Fosa estaba enfadada con él.
Mágic miró la región que tenía enfrente.
Era el desierto de ESCORPIO.
- Ya no voy a poder buscar allí el Octavo Medallón -
dijo -. Habrá que explicárselo a los de ESCORPIO. Ven,
Tigris.
La pantera, rebelde, se quedó donde estaba.
Mágic no le hizo caso, y miró a su alrededor. Se encontraba
en el cruce entre las regiones de LIBRA, ESCORPIO y SAGITARIO. Se
encaminó hacia ESCORPIO, tan ensimismado en sus pensamientos
que tropezó con una roca y cayó de bruces.
- Dichosa piedra - murmuró y le dio una patada a la causante
de la caída. Inmediatamente se cogió el pie y comenzó
a dar saltos a la pata coja, pues había visto las estrellas.
Tigris se reía entre dientes. Pero de pronto Mágic dejó
de saltar y miró estupefacto al suelo. Allí había
una cruz marcada en el suelo, justo donde antes había estado
la piedra. Mágic se inclinó, con curiosidad.
- ¡Mira esto, Tigris!
La pantera se acercó, y observó con interés la
marca. Mágic estaba excitadísimo.
- ¡A lo mejor es un tesoro! Anda, Tigris, rasca un poquito...
Lo único que le faltaba a Tigris era estropearse sus bien afiladas
uñas. Así se lo indicó a Mágic con un
gruñido de fastidio. Pero al final, ante las súplicas
del niño, accedió, más que nada porque ella también
sentía curiosidad.
Se puso a cavar, y al cabo de un rato, se detuvo. Con un gruñido
indicó a Mágic que había encontrado algo.
Mágic metió la mano, rebuscó un poco y sacó
una cadena dorada. Tiró de ella y, siguiendo a la cadena, apareció
un Medallón. Mágic lo estudió con atención,
y luego profirió un silbido de admiración y un grito:
- ¡Pero si es LIBRA!
En efecto. De la cadena colgaba un amuleto que brillaba al sol, con
el símbolo de la Balanza.
Tigris atrajo su atención hacia el hoyo. Algo más relucía
al fondo.
Mágic volvió a introducir la mano en el agujero, y,
con gran asombro por su parte, la sacó con dos Medallones:
ESCORPIO y SAGITARIO.
¡Vaya giro había tenido su suerte! Lágrimas de
alegría surcaban el rostro del Príncipe de ZODIACCÍA.
Tres de una vez. La cosa se hacía más sencilla ahora,
pue no cabía duda. Eran el Octavo y el Noveno Medallón.
En uno de ellos estaba el Signo del Escorpión, y en el otro,
el del Centauro.
Mágic se incorporó, y miró a su alrededor. Entonces
fue cuando comprobó que los Medallones estaban ocultos en el
punto en que las tres regiones (LIBRA, ESCORPIO y SAGITARIO) distaban
lo mismo unas de otras.
- ¡Yuuuuuuppppiiiiiii! - chilló Aurora, eufórica.
Raquel se despertó, sorprendida.
- ¿Te ha dado la locura, así de repente? - inquirió.
Aurora trató de encontrar una explicación que resultase
algo lógica a su "locura".
- Es que...- tartamudeó - Es que el libro termina muy bien.
Y le mostró "El Misterio de la Isla de Tökland”...
a pesar de sus palabras, no había pasado del primer capítulo.
Raquel examinó el libro.
- También lo he leído yo - dijo - y la verdad es que
podía haber terminado mejor.
Estuvieron comentando los libros que habían leído cada
una durante un cuarto de hora más, hasta que Raquel dijo:
- Bueno, voy a seguir durmiendo. Anoche casi no pude. Cuando Sofía
traiga la comida me avisas, ¿vale?
Aurora le contestó con su acostumbrado:
- Okey.
Cuando Raquel se durmió por fin, May soltó una risita.
- Qué metedura de pata, ¿verdad?
Mágic se había dado prisa; ya tenía todos los
librinzomas reu¬nidos en torno a él, y estaba impartiendo
instrucciones.
- Cuando yo diga ¡ya!, contestáis gritando todos a la
vez ¡LIBRA!
Los librinzomas asintieron:
- ¡Ya!
- ¡LIBRA!
Pero nada ocurrió. Mágic estaba desconcertado.
"Pregunta si se encuentran todos allí", le transmitió
Aurora.
- ¿Estamos todos? - preguntó Mágic.
Los librinzomas se miraron sin aclararse unos a otros.
-¡Orden! -dijo Mágic-. Colocaos por grupos.
Mas seguían igual. Mágic tuvo una idea.
- Tú mismo - Y señaló a uno - Colócate
allí y todos los que sean de tu grupo, que te sigan.
Por este sistema pronto estuvieron hechos los grupos, que eran más
o menos veinte.
- ¿A algún grupo le falta alguno? - preguntó
Mágic.
Uno de los grupos se acercó armando un montón de escándalo
y hablando todos a la vez.
- ¡Ya basta! - interrumpió Mágic - A ver, tú
- y señaló a uno - ¿Qué pasa?
- Cuatro nos grupo el en faltan - respondió el interpelado
, trastocando la frase -. Hem, quería decir ...que nos faltan
cuatro en el grupo.
Mágic dio un suspiro de alivio, pues había temido en
un principio que aquél no fuera el verdadero Medallón.
- Así se explica - dijo, e impartió ordenes para que
fueran a buscarlos.
Al cabo de un rato volvió un grupo con cuatro librinzomas de
aspecto despistado.
- ¡Vosotros! - chilló Mágic, que comenzaba a perder
la pacien¬cia - ¿En dónde os habíais metido?
Se pusieron a explicárselo los cuatro a la vez, montando un
guirigay de mil demonios.
- Bueno, ya basta - cortó Mágic, mareado -. Ahora sí.
Cuando yo lo avise, cerráis los ojos y decís ¡LIBRA!
¿De acuerdo?
Mágic abrió el Medallón.
-Sí, pues ahora ...¡ya!
- ¡LIBRA!
Mas se hubo de repetir pues un librinzoma se había despistado
y no había participado con los demás.
A la tercera fue la vencida. La región entera relumbró.
Cuando los librinzomas abrieron los ojos, vieron cómo sus brazos
se iban equilibrando lentamente, hasta quedar en hori¬zontal.
Perfectamente ordenados, con exactitud metódica, le dieron
las gracias por grupos.
Tigris le tiró del pantalón, indicándole que
había mucho que hacer y no podía entretenerse, de forma
que se despidieron de los librinzomas y caminaron hacia el oeste,
hacia la región de ESCORPIO.
- ¡Somos grandes, Tigris! - exclamó Mágic -. ¡Hemos
encontrado tres a la vez!
Pero percibió que un árbol que crecía por allí
era un mensaje de Liana, y así lo dijo en voz alta. Aurora
le retransmitió por telepatía:
"Es un abeto. Significa Fortuna, Mágic" Mágic
comprendió.
- Lo he entendido, Liana - dijo -. Quieres decirme que todo ha sido
pura suerte. Tienes razón, como siempre.
Mágic y Tigris llegaron por fin al camino que separaba LIBRA
de ESCORPIO.
Y en dos saltos lo cruzaron.
- La comida - dijo Sofía.
- Raquel, ya es la hora de comer - anunció Aurora a su dormida
compañera.
Raquel abrió los ojos.
Ambas comieron bastante deprisa.
"Dime cómo son los de ESCORPIO", oyó Aurora
mientras atacaba un plato de macarrones.
"Luego", le respondió. "Ahora estoy comiendo"
Cuando acabó y vio que Raquel volvía a dormirse, consultó
May con la mirada. Ésta le dio la información que necesitaba,
: Aurora la transmitió mentalmente a Mágic:
"La región de ESCORPIO es un desierto, pero tiene un oasis
al noroeste, porque por allí pasa el Río Terz de LEO,
antes -e llegar a CÁNCER. Pero eso no importa, pues no vas
a tener que buscar el Medallón. Los habitantes de allí
se llaman scranings. Son como escorpiones, sólo que van erguidos
como las personas...botando su pinza trasera, que es como un muelle.
Son del tamaño de los humanos. Viven bajo las piedras, para
resguardarse del sol. No creo que necesites saber nada más,
lo que tienen que hacer es muy sencillo". "Bien".
Raquel entonces abrió los ojos.
- Buenos días - le dijo Aurora alegremente - Qué poco
has dormido.
- Es que no he dormido - respondió ella - No he podido. Voy
a leer un rato.
Y, tomando un libro que había en su mesilla de noche, unió
la acción a la palabra.
- Buena idea - aprobó Aurora -. Yo también voy a leer.
Raquel preguntó extrañada cuando le vio coger el libro
de "El Misterio de la Isla de Tökland":
- ¿No lo habías acabado ya?
Aurora se reprochó mentalmente su lamentable metedura de pata.
- Es que lo voy a empezar otra vez - mintió -. Me ha gustado
mucho.
Aurora se recostó de espaldas a Raquel y fingió que
leía atentamente, mas tras sus páginas puso el Medallón.
Cogió a May en brazos (ya le había dicho a Raquel que
era de peluche) y la colocó a su lado, pues tenía orden
de no moverse mientras Raquel mirara, de forma que era Aurora quien
tenía que hacerlo. Abrió el Medallón y observó
atentamente la escena.
Mágic conversaba con un scraning. Su Maldición consistía
en que les había desaparecido la pinza botadora y debían
caminar sobre sus patas delanteras, arrastrándose por el suelo.
El scraning le comunicó que habían hallado el cofre
de ESCORPIO en el oasis, pero que se encontraba vacío. Entonces
Mágic le dijo dónde y cómo había encontrado
él a ESCORPIO,
y le pidió que fuera a buscar a los demás. El scraning
se marchó para hacer lo que el niño le había
dicho.
- Ese conejo
se ha movido , Aurora - declaró Raquel - Lo he visto.
Aurora le echó a May una mirada de reproche. Ésta se
encogió de hombros, y le indicó con un gesto casi impercepti¬ble
que Raquel exigía una explicación. Aurora decidió
llevar el engaño hasta el final.
- Lo debes haber soñado - dijo a Raquel - Es un muñeco,
no puede moverse.
- Aurora, a mí no me engañas - protestó Raquel
- Puede que tenga hepatitis, pero no veo visiones ni tengo problemas
oculares. Sé lo que he visto, y ese conejo no es de peluche.
- En fin - suspiró Aurora - No se lo digas a nadie o me lo
quitan. Es May, mi mascota. Como no se permiten animales aquí,
me lo he traído de contrabando, ¿te gusta?
- Mucho. No te preocupes, no lo diré a nadie.
Aurora pasó a May a la cama de Raquel para que la viera, y
cuando ésta se la devolvió, continuaron mirando el Medallón.
- ¡ESCORPIO! - dijeron todos.
Todo brilló, otra vez. Cuando los scranings abrieron los ojos
comprobaron que las pinzas traseras les crecían lentamente.
Mágic no se entretuvo demasiado en escuchar ovaciones.
Tenía el Noveno Medallón en su poder y debía
ir a SAGITARIO -ara obrar en consecuencia.
Caía la tarde en ZODIACCÍA cuando llegó a SAGITARIO.
Por Aurora se enteró que los habitantes de allí eran
centauros, hombres de cintura para arriba y caballos de cintura para
abajo. Eran muy buenos tiradores de arco, y se alimentaban con lo
que cazaban.
Tigris se internó en la espesura y al cabo de un rato volvió
con un centauro hembra de largos cabellos.
- Vi a la pantera y la seguí - explicó -. Me extrañó,
pues no hay panteras en SAGITARIO.
- Es que viene de LEO - explicó Mágic - Me acompaña.
Soy el Príncipe Mágic, Elegido de CÁNCER. He
venido para deshacer la Maldición. Tengo el Noveno Medallón.
¿Cómo te llamas?
- Auriga. Aquí encontramos un cofre que parecía ser
el de SAGITARIO, en el fondo del Embalse Selgar. Nos costó
mucho sacarlo pero, cuando lo logramos, comprobamos que no tenía
nada dentro. Fue una tomadura de pelo.
Mágic explicó a Auriga el lugar en donde había
hallado los tres Medallones y, seguidamente, le preguntó:
- ¿Cuál es vuestra Maldición?
- ¡Auriga! - dijo una voz.
Los dos se volvieron. Era un centauro.
- Es Orión - dijo Auriga.
Le explicaron el asunto. Orión dijo:
- Se trata de nuestras flechas. La Maldición ha recaído
sobre ellas. Cada cosa que tocan las puntas de nuestras flechas se
desintegra. Así... ¿qué vamos a comer? ¿cómo
vamos a cazar? Ahora lo hacemos con trampas, pero no cogemos mucho,
pues no son nuestra especialidad.
- Nuestros hijos tienen tanta hambre...- suspiró Auriga -.
Y no podemos saciarlos.
Por orden de Mágic fueron a buscar a los otros centauros. Al
cabo de dos horas se encontraban todos allí.
Mágic explicó lo que debían hacer, y dio la señal:
- ¡Ya!
- ¡SAGITARIO!
El resplandor iluminó la región. Mas cuando los centauros
abrieron los ojos no apreciaron ningún cambio..
- A ver, Orión - dijo Mágic - Dispara una flecha contra
ese árbol.
El centauro lo hizo. La flecha, se clavé en el tronco del árbol,
que siguió donde estaba.
Todos los centauros aplaudieron, pero Mágic los urgió
para que fueran a cazar.
CÁNCER volvió a emitir señales, y cuando Mágic
lo abrió, Bhepcilus le dijo que debía volver a casa.
- ¿Por qué? - interrogó el niño -. En
casa aún no es de noche.
- Pero no voy a permitir que vayas solo a CAPRICORNIO - replicó
el mago -. Eclipse se ha escapado. Corres peligro, porque anda tras
de ti.
- No pasa nada. Tengo a Tigris y...
Mas la comunicación se cortó.
Miguel se encontró en la escalera de la casa de sus abuelos.
- ¡No me ha hecho caso! - se enfadó -. Ahora hasta que
Aurora no esté bien, no podemos irnos.
Subió las escaleras. Al llegar al rellano vio a la señora
Paqui y a la señora Vicenta discutir airadamente con la abuela.
- Le digo a usted, querida señora Lola - decía a la
abuela la señora Vicenta - que su nieto no ha pasado aquí
en toda la mañana.
- Hemos estado aquí hablando todo el rato - decía la
señora Pa¬qui - menos a las dos, que nos hemos ido a hacer
la comida. Y Miguel no ha salido de su casa:
- ¡Qué tontería! - se enfadaba la abuela - Yo
he oído el ruido de la puerta al cerrarse, y Miguel en casa
no está. Tiene que haber salido a la fuerza. Lo que ocurre
es que ustedes estaban tan ocupadas hablando que no se han dado cuenta.
Miguel decidió acudir en auxilio de su abuela y a la vez dar
una lección de modales a "la pareja de cotorras",
como les llamaba en su interior.
- ¡Hola abuela! - dijo entrando en el rellano.
- ¿Qué les dije? - dijo la abuela, triunfante. Las otras
dos no supieron qué contestar.
Con la victoria sobre sus vecinas, la abuela se olvidó por
completo de preguntar a Miguel la razón de que hubiera vuelto
tan temprano, pues eran sólo las cinco de la tarde, cosa que
le vino al. niño de maravilla.
Al día siguiente le levantaron los puntos de sutura a Aurora,
con lo cual Miguel y sus abuelos fueron a verla. Cuando Miguel conoció
a Raquel, le pareció muy simpática, pero no comprendía
cómo podía apañárselas su hermana para
mirar el Medallón con otra persona en la habitación.
¿Cómo evitaría las preguntas indiscretas? Se
lo preguntó con la mirada, y Aurora le guiñó
un ojo.
Cuatro o cinco días después le darían por fin
el alta. Cuando Miguel se acostó aquella noche, deseó
que nada ni nadie lo despertara a la mañana siguiente. Se sentía
cansadísimo, y hubiera sido capaz de tirarle una zapatilla
a la cabeza al que osara perturbar su sueño.
Al día siguiente era 30 de junio, mas Miguel ya había
perdido la noción del tiempo.
- ¡Riiiiiinnnnngggg, riiiinnnnngggg.... !
Miguel gruñó algo y miró el reloj, mientras el
teléfono del despacho sonaba insistentemente. Su habitación
estaba justo al lado, así que oía las llamadas junto
a su cabeza.
- Las ocho - refunfuñó - ¿Quién puede
llamar a estas horas? Como sus abuelos estaban durmiendo y su habitación
se encontraba algo más alejada, tuvo que contestar él
mismo.
- ¿Quién se habrá atrevido a despertarme? - se
quejó mientras se ponía las zapatillas -. Se va a enterar.
- Sí, ¿quién es?
- ¡Hola Miguel! - era Aurora. Miguel estalló.
- ¿Te parecen estas horas de llamar?
- Chico, no pensé que te lo tomarías así. Sólo
llamaba para felicitarte.
- ¿Felicitarme? - repitió Miguel, pasmado.
- No sé quién decía que yo estaba en las nubes.
Hoy es día treinta de junio y...
- No me importa el día que sea -cortó Miguel - sólo
quiero dormir, ¿entiendes el significado de esa palabra?
Para su sorpresa, Aurora, al otro lado del hilo soltó una carcajada.
- ¡Qué burro! - rió —. Bien, te daré
una noticia: hoy a las nueve de la noche cumples ocho años.
Y ahora, puesto que quieres dormir, te dejo.
Miguel se quedó de piedra.
- ¡Eh, espera, no cuelgues! ¿Dices que hoy es mi cumpleaños?
- ¿Pero no querías dormir? - se burló Aurora.
- Er... bueno.. en cuanto pueda voy para allá y ya lo hablare¬mos.
Y colgó, desconcertado.
Cuando le contó a la abuela lo de la llamada telefónica
ésta rió, preguntándole cómo era posible
que no se acordara de su propio cumpleaños.
Miguel se encogió de hombros. Es que había pasado tanto
tiempo en ZODIACCÍA que su cumpleaños le parecía
a varios años- luz de distancia.
Habían pasado cuatro días desde el cumpleaños
de Miguel, y el cuatro de julio, jueves, le dieron el alta a Aurora.
Se despidió de Raquel, prometiéndole que iría
a verla.
Acababa de salir del hospital, de forma que no fue nada raro que su
madre, que ya había vuelto a casa, no la dejara salir aquel
día.
Pero a la mañana siguiente, Aurora se empeñó
en que su madre la dejara marcharse, y volvió a la carga. Su
mejor arma era, ella lo sabía, marear a su madre citando amigas
que ésta no conocía de nada.
- Adiós, mamá. Me voy con Miguel al cumpleaños
de María.
- ¿Qué María?
- María, ya sabes, la que vive en la calle de al lado. La her¬mana
pequeña de Carmen, la prima de Esperanza.
- No conozco a ninguna de las chicas que has dicho, Aurora.
Aurora fingió sorprenderse mucho.
- ¿Ah, no? ¡Pero si a María la conociste en la
Fiesta de Fin de Curso! ¿No te acuerdas? Aquella rubita con
pecas que hacía de payaso en la función. Y su hermana
Carmen es la que trabaja en la tintorería. Tiene diecisiete
años, está ganando un dinero extra ahora en verano ...¿no
la has visto? En cuanto a Esperanza...
- ¡Vale, vale! - cortó su madre, que ya comenzaba a tener
dolor de cabeza -. Me has convencido. Pero llévate a Miguel.
¿A qué hora volverás?
- Pues es a comer allí. Supongo que al atardecer.
- A las ocho y media, como máximo, os quiero a los dos en casa.
Y, Aurora, no hagas movimientos raros. Recuerda que acabas de tener
una apendicitis.
- Sí, mamá.
Aparecieron en el cruce en donde Mágic había encontrado
los Medallones. Auren gritó, eufórica:
- ¡Vuelta a la aventura, por fin! No soportaba la inactividad
del hospital.
Comenzaron a caminar hacia el norte cuando Tigris se les unió
procedente de la región de SAGITARIO. Mientras andaban, May
les explicó lo que sabía de CAPRICORNIO:
- Es una región montañosa, con muchísimos lagos.
Sus habitantes se llaman capricornios. Son mitad pez, mitad cabra.
Durante el día están en la montaña, pero por
la noche la pasan en los lagos, donde duermen.
»Cuando están en la montaña, de día, manda
un capricornio del clan de los Ghru, y por la noche en el lago uno
del clan de los Rhix. Viven en clanes, y los más importantes
son el de los Rhix y el de los Ghru.
»Ningún capricornio sabe cuáles son sus padres,
pues la madre, al nacer el niño, está obligada a dejarlo
cerca del clan que ella prefiera, donde lo recogen y lo cuidan sin
saber a quién pertenece. Lo entregan a la familia que más
ganas tenga de tener un hijo. Hay algunas madres que lo abandonan
cerca de su propio clan, para adoptarlo ellas mismas, aunque eso se
considera ilegal.
»Si una madre, por poner un ejemplo, abandona a su hijo en el
clan de los Rhix, siendo ella del clan de los Ghru, el niño,
automáticamente, pasa a pertenecer al de los Rhix.
- ¡Qué barbaridad! - se asombró Auren -. ¿Cómo
son capaces de abandonar a sus propios hijos?
- Eso es una prueba del amor que les tienen, y de la humildad de las
madres. Si una madre quiere a su hijo, deseará lo mejor para
él, y lo llevará a un clan más importante que
el suyo. Y los de allí lo recogen por consideración
a la madre. Eso en CAPRICORNIO es de lo más normal.
»Bueno, los capricornios son tan ágiles en tierra como
en el agua. Su origen no está muy claro. Ellos dicen que descienden
directamente de los faunos. Cuenta una leyenda que Pan, Pa¬triarca
de los Faunos, huyendo de sus enemigos, se sumergió en un río
hasta la cintura. Allí permaneció tres días y
tres noches. Cuando se encontró a salvo y salió, se
dio cuenta de que sus piernas se habían transformado en una
cola de pez.
»En CAPRICORNIO hay siete lagos mayores. Los otros son más
pequeños. Las cordilleras más importantes son la Cordillera
de Kram y los Picos de Aguja. Está situada entre VIRGO y ARIES,
y da al mar por el norte.
Era todo lo que May tenía que decir. Por la tarde llegaron
a CAPRICORNIO.