CAPÍTULO XI: "CAPRICORNIO"
Penetraron
en su interior, caminando al azar. Después de subir penosamente
una colina, se encontraron con algo que les dejó helados.
Entre varias montañas había un gran agujero. May se
había puesto pálida.
- Esto antes fue un algo, ¿sabéis? - dijo a sus amigos.
Todos comprendieron el por qué de su preocupación. Los
capricornios eran mitad pez, parte de su cuerpo pertenecía
al elemento líquido. Si no había, ¿qué
iba a suceder?
Además ...si no había agua ...¿quién mandaría
de noche, en el lago?
Pensando en esto, fueron bajando por la ladera hasta que unas voces
que discutían airadamente atrajeron su atención. Se
aproximaron, con curiosidad.
- Ahora me toca gobernar a mí - decía una voz, con decisión
-. Ya se ha puesto el sol, es de noche. Así lo acordamos desde
los Tiempos Remotos. No tienes derecho a sostener lo contrario.
- ¿Que no? - replicaba la otra -. Tú lo has dicho, así
está acordado desde los Tiempos Remotos, pero en el Pacto entre
nuestros clanes dice que tú reinas en el agua, y... no hay
agua ahora. No tienes derecho a gobernar.
Repitieron lo menos una docena de veces el "no tienes derecho"
en su disputa, hasta que Auren, Mágic, May y Tigris se acercaron
y vieron que se trataba de dos capricornios, enzarzados en una pelea,
mientras que algunos más trataban de separarlos.
- ¡Basta! - gritó Auren.
Los dos se inmovilizaron, y miraron interrogantes al cuarteto.
- ¿Qué pasa? - inquirió May.
Los capricornios dieron la explicación exigida cuando Auren
les explicó quiénes eran, y a qué habían
venido:
Resultaba que Rhances-Rhix era el jefe durante el día cuando
todos estaban en la montaña, y Merthe-Ghru gobernaba cuando
anochecía, en el lago.
Estaban peleándose desde que los lagos se secaron, porque Rhances-Rhix
decía que cuando no estaban en el agua el liderato era de él,
incluso de noche. Merthe-Ghru sostenía lo contrario.
A consecuencia de que ya no hubiera lagos se les habían caído
las escamas de la cola, y les era muy difícil moverse por las
piedras de la montaña sin hacerse daño. Antes las escamas
los protegían. Ahora estaban sin coraza.
-¿Sabéis en dónde puede estar CAPRICORNIO, el
Décimo Medallón? - interrogó May.
Los capricornios se miraron unos a otros. Rhances-Rhix tomó
la palabra:
- Dicen que se encuentra en la Cueva de Cristal, pero es sólo
un rumor. Es una cueva que cobija en su interior un laberinto de cristal.
Sus muros son de cristal de roca, como el que forma las rocas transparentes.
- ¿Dónde podemos encontrar ese laberinto?
Rhances-Rhix soltó una carcajada.
- No podéis encontrarlo. Nadie sabe dónde está.
Es solo una leyenda. Pocos lo han encontrado, nadie lo encuentra ni
nadie lo encontrará.
- Yo sí - replicó Auren, decidida.
- "Leyenda" en ZODIACCÍA, es sinónimo de "Realidad"
- le recordó May a Rhances-Rhix.
- ¿Cómo pensáis encontrarla? - quiso saber Merthe-Ghru
-. CAPRICORNIO es muy grande, y todos los que han ido a buscar la
Cueva de Cristal han vuelto con las manos vacías. Y nadie sabe
dónde está. En realidad, es tan sólo un mito.
- De todas formas la encontraremos - dijo Mágic -. Tenemos
muchos ases ocultos en la manga. Muchos ases que tú no conoces.
- Si tú lo dices...- dijo Rhances-Rhix con una mueca.
- Pues sí - intervino May -, la encontraremos. E iremos mañana
a buscarla.
Auren la miró con sorpresa.
- Vamos ahora - protestó - Tengo prisa por encontrar a CAPRICORNIO.
- No creo que tengas más prisa que yo - replicó May
secamente -. Pero precisamente por eso, debemos ir mañana,
y no ahora, que está anocheciendo. Toda nuestra Misión
podría fracasar. Las montañas de esta región
son muy escarpadas y podríamos despeñarnos de intentarlo
en la oscuridad. Es mucho mejor que vayamos a la luz del día,
que no ahora.
Auren le dio la razón, pensando qué podría ser
de ellos si no estuviera May. Era la única que tenía
dos dedos de frente en el grupo. Era ella la más sensata, y
la sensatez, en su Misión, era algo muy importante.
Los capricornios les ofrecieron cama aquella noche, en el clan de
los Ghru. Al día siguiente se despidieron de ellos y comenzaron
a comenzar al azar.
-¿Cómo vamos a encontrar la Cueva de Cristal, sin ningún
dato sobre su ubicación? No podemos buscarlo así, por
las buenas, sin ninguna pista - dijo Auren preocupada.
Una vez más May hizo gala de su sensatez, proponiendo una idea
que prometía mucho:
- Como los capricornios no tienen ni idea, podemos preguntar a los
animales. Tenemos la pluma del Ave Alba.
Auren volvió a admirar la capacidad de dirigir de su compañera,
percatándose de que cuando la conoció era distinta,
más alegre y despreocupada, tal vez porque no quería
darse a cono cer. Pero, tras haber confesado su identidad en LEO,
había cambiado, comportándose como lo que realmente
era: la sobrina de Bhepcilus, la hija de una ninfa marina, la Guardiana
de ZODIACCÍA y una chica con la sabiduría de una mujer
adulta.
- Dime, May - dijo Auren de repente - ¿En qué me dijiste
que trabajaba tu padre?
- Era capitán de un barco - respondió May -. ¿Por
qué lo preguntas?
- Oh, por nada.
Pero en realidad pensaba: "Ya sé de quién ha heredado
esa capacidad que tiene para dirigir con tanto acierto y prudencia".
Volvió a la realidad gracias a un empujón de May, que
le indicaba que no podían perder ya más tiempo.
- Allí hay un jilguero - dijo Mágic, señalando
un pájaro.
- Es una tórtola - rió Auren.
Antes que el avecilla emprendiera el vuelo al advertir la presencia
de extraños, cantó:
"Oh, hermosa Ave Alba
bella hija del Sauce Albino
acude ahora en mi llamada
y entrégame tus dones escondidos".
El Ave Alba hizo su aparición y, a petición de Auren,
les entregó una pluma de bronce. Apenas le quedaban ya.
- ¡Buenos días, tortolilla! - saludó Auren con
voz amable. La tórtola se aproximó, de rama en rama,
curiosa. He aquí lo que Auren entendió:
- ¡Vaya!- trinó la tórtola -. ¿Comprendes
mi lenguaje, de verdad? ¡Qué divertido! Una humana que
comprenda la Lengua de los Animales. ¿Quién eres?
- Soy la Princesa Auren, la Elegida del Signo PISCIS. Necesito que
me hagas un favor.
- Tú dirás. No trato todos los días con gente
de la realeza que comprenda lo que digo.
- ¿Has oído hablar de La Cueva de Cristal?
- ¿Y quién no?
- ¿Y sabes dónde está situada?
- Siento decirte que no - respondió la tórtola con gesto
triste. De pronto su expresión se iluminó con una sonrisa
y dijo:
-Sin embargo, creo que el viejo topo conoce a alguien que sí
sabe dónde se encuentra.
- ¿Dónde puedo encontrarle?
- ¿Ves aquel árbol de allí? Bajo él está
la madriguera del topo. Un consejo: háblale con educación
y respeto, no te tomes confianzas con él o se enfadará.
Es muy susceptible. Ahora, adiós. Un placer conocerte, pero
debo ir a cuidar de mis huevos.
- Adiós y gracias por todo.
- ¡De nada! ¡De nada! ¡Adiós! ¡Adiós!
- gritó la tórtola mientras se alejaba volando.
- ¿Qué te ha dicho? - quiso saber Mágic cuando
la tórtola se perdió de vista.
Auren se lo explicó, y los tres, junto con Tigris, se acercaron
al gran roble que la tórtola les había indicado. Pero
no había nadie.
El topo llegó algo más tarde, pero la pluma ya había
desaparecido, por lo que Auren tuvo que volver a llamar al Ave Alba.
- Buenos días, señor - dijo Auren.
- Buenos días, buenos días - gruñó el
topo. La miró bizqueando - ¿Quién eres tú?
Mis ojos ya no ven muy bien.
- Soy la Princesa Auren, Elegida de PISCIS. Quisiera saber si...
- Se pide por favor. ¿A dónde iremos a parar si hoy
en día la juventud ya no tiene educación ni respeto
por los adultos?
- Lo siento. Naturalmente, usted tiene toda la razón. Debería
habérselo pedido con más amabilidad y con el respeto
que se debe guardar hacia una persona tan venerable.
Al topo le gustó lo que había dicho Auren.
- Claro, claro - dijo satisfecho -. Pídeme lo que quieras,
que si está en mi mano te ayudaré... siempre y cuando
lo pidas con educación, por supuesto.
- Bien, gracias. Querría pedirle, por favor, si usted sería
tan amable de decirme dónde está la Cueva de Cristal,
si lo sabe...
- Yo no lo sé - reconoció el topo - pero apostaría
a que Yarlen sí lo sabe. Es el más anciano de la manada
de Alces de las Muchos intentaron encontrar la Cueva de Cristal y
pocos lo lograron. No preguntaron a Yarlen. Pero si quieres acercarte
a la manada tendrás que tener cuidado con una especie de orangután
gigante que la vigila - Se rió -. Los capricornios no se atreven
a acercarse. Kirkon los mantiene a raya. No me mires así -
añadió molesto -. Kirkon el el orangután, el
monstruo ése. Guarda a los Alces de las Cumbres, ¿cuántas
veces te lo tengo que decir? Son blancos, blancos como la nieve, y
su cornamenta es de plata. Y, si eso es todo lo que quieres saber,
me voy.
- No, espere, por favor. No es todo.
El topo asomó el hocico por el agujero de su madriguera.
- Dígame, ¿dónde puedo encontrar el rebaño
de Alces de las Cumbres? - dijo Auren.
El topo se lo indicó con un gruñido, y desapareció
en su madriguera.
Auren explicó a los demás lo que le había contado
el topo acerca de los Alces de las Cumbres y de Kirkon, su Vigilante.
- Ese viejo topo te ha engañado - declaró Mágic
rotundamente -. No existen los monstruos, trata de asustarnos.
- Nunca digas "no existe" - le reprendió May -, porque
todo existe, en un rincón de la imaginación.
Se pusieron en camino hacia el lugar señalado por el topo,
un valle entre montañas.
Cuando llegaron, era ya la hora de comer. Lo hicieron rápidamente,
y se asomaron cautelosamente ocultos tras una gran roca.
- Kirkon no nos dejará acercarnos - dijo Auren, repasando sus
posibilidades.
- Pues ese mono peludo se las verá conmigo - dijo Mágic
amenazadoramente.
Pero cambió de idea rápidamente cuando se asomó
y vio a Kirkon, que tenía un aspecto feroz.
- No creo que vaya a dejarnos acercar - reflexionó May -. Pensará
que traemos malas intenciones, así que lo mejor es utilizar
el don de las invisibilidad. Llama al Ave alba y pídele una
pluma de plata. Es la única posibilidad que tenemos de hablar
con Yarlen.
Auren así lo hizo. Cuando tuvo la pluma de plata en su poder,
sus compañeros dejaron de verla. Se aproximó entonces
a los Alces, cautelosamente, pasando frente a Kirkon con precaución.
Mas el monstruo no se enteró.
Cuando llegó hasta el rebaño se sacó otra pluma
del bolsillo: una de bronce, que le había entregado el Ave
Alba junto con la de plata, para poder comunicarse con los Alces.
- ¿Dónde está Yarlen? - preguntó a un
Alce que pastaba por allí.
El pobre animal no vio a nadie, y creyó que lo había
soñado, pues sacudió la cabeza, perplejo y continuó
pastando.
- ¿Quién de todos es Yarlen? - insistió Auren.
Ahora el Alce estaba tan asustado que salió corriendo como
si cien perros lo persiguieran; debió de pensar que eran espíritus
malignos o algo por el estilo.
Auren comenzó a vagar entre la manada con un suspiro de resignación,
hasta que vio a un Alce que parecía tener más edad que
los demás. Confiando en la suerte, se aproximó.
- ¿Eres Yarlen? - le preguntó.
- Sí - respondió el Alce, levantando la cabeza y mirando
a su alrededor.
"Por suerte, éste no se asusta", pensó Auren.
- No puedo verte - prosiguió Yarlen - ¿Quién
eres?
- Soy la Princesa Auren, elegida de PISCIS. No puedes verme porque
por un cuarto de hora soy invisible, gracias a una pluma del Ave Alba.
Estoy buscando a CAPRICORNIO. Me han dicho que se encuentra en la
Cueva de Cristal, pero los capricornios creen que se trata sólo
de un mito. Hablé con el viejo topo, el que vive bajo el roble
grande, y me dijo que tú conocías el lugar exacto de
su ubicación. ¿Podrías ayudarme?
- Efectivamente, sé dónde está - asintió
Yarlen-. Te lo diré a cambio de un favor. Verás, esta
hierba no es muy buena para comer. Kirkon no nos entiende, y no deja
que nos alejemos a otro lugar mejor. ¿Podrías mirar
tú si en aquel claro las propiedades de la hierba son mejores
que las de ésta?
Auren volvió junto con sus compañeros y, con una pluma
de cobre del Ave Alba, comprobó que, efectivamente, la hierba
del claro que decía Yarlen era mucho mejor que la del prado,
y así se lo comunicó al viejo Alce. Para volver con
el tuvo que utilizar una pluma de plata más, y otra de bronce,
pues el efecto de las plumas que tenía antes se había
agotado mientras iba al claro.
Yarlen pareció satisfecho con la confirmación y le dijo
a Auren:
- Cumpliré mi promesa, y ten confiaré el secreto del
lugar en donde se encuentra la Cueva de Cristal. Pero no se lo digo
a mucha gente. Sin embargo, tú quieres llegar allí por
una causa noble. Por eso te lo diré. Mira - Yarlen alzó
su plateada cornamenta hacia lo alto de una montaña cercana,
que parecía altísima -. Allí, en lo alto, entre
escarpados riscos y crestas de piedra, oculta tras una gran roca,
se halla la Cueva de Cristal. No se puede apreciar a simple vista;
hasta que no estás frente a ella no la ves. Ésa es la
razón por la cual pocos han logrado franquear sus umbrales.
Pero además también es muy difícil subir hasta
allí si no se conoce el camino. Al pie de la montaña,
cerca del lugar en donde ésta se une con ese otro pico, comienza
una escarpada senda. Está algo oculta, pero con buena voluntad
y si se conoce su existencia se puede hallar. Es un camino muy intrincado,
por lo que te advierto que tengas cuidado de no despeñarte.
- Gracias - le dijo Auren al Alce.
Pero estaba preocupada. Por lo visto les sería muy difícil
llegar hasta allí arriba, era peligroso.
Sin embargo, el efecto de la pluma cesó, y Kirkon la vio, tomándola
por extraño que pretendía atacar su rebaño.
- ¡Grrr! - gruñó, y se lanzó sobre ella.
Mas Tigris lo impidió, luchando contra el monstruo, mientras
los otros escapaban.
Cuando vio que ya estaban a salvo, se batió en retirada, dejando
a Kirkon plantado en mitad de la lid.
- Si no llega a ser por Tigris, no lo cuento - comentó Auren,
con un suspiro de alivio -. Ese bicho se toma muy en serio su papel
de Guardián, por lo visto.
- - Y que lo digas - admitió Mágic, apesadumbrado -
Por su culpa hemos malgastado nada menos que cinco plumas del Ave
Alba. Bueno, ¿qué te dijo Yarlen?
Auren se lo explicó. Fueron al lugar indicado por el Alce y,
tras media hora de búsqueda, hallaron el serpenteante y escarpado
camino que subía hacia arriba.
Comenzaron el difícil ascenso, con prudencia y precaución.
Al cabo de dos horas, cuando la altura ya era considerable, trepaban
a duras penas por la senda, que parecía hecha para cabras.
Discurría al borde de un precipicio, y era muy estrecha en
un tramo. Cuando pasaban por este tramo, con dificultades, entre el
barranco y la pared, Mágic resbaló...
- ¡Mágic!
Tigris lo había cogido con los dientes por el cuello de la
camisa. Pero pesaba mucho, y no podía levantarlo. El niño
se cogió a un saliente con todas sus fuerzas, y Tigris lo soltó.
-¡Resiste, Mágic! - gritó Auren, mientras rebuscaba
en el fondo de su mochila a la caza de una cuerda.
- ¡Que no puedo más, Auren! - chilló el niño.
- No pierdas el tiempo, Auren - dijo May, decidida -. Mágic
se va a soltar antes de que tú desenrolles la soga. Date prisa
y llama al Ave Alba.
- ¿Para qué? - inquirió Auren desorientada.
- ¡No hagas preguntas estúpidas! ¡Para pedirle
una pluma de oro!
Auren comprendió al fin a dónde quería parar
May, e hizo lo que le ordenaba.
En cuanto tuvo la dorada pluma entre sus manos, se arrojó temerariamente
al vacío.
Pero no cayó. Flotaba.
Mágic no aguantó más y se soltó. Mas Auren
lo recogió al vuelo, salvándolo del peligro. Sin embargo,
la pluma de oro resbaló de su mano. Ambos hermanos cayeron.
Y entonces May actuó. Tomó una pluma de oro del ala
del Ave Alba y se lanzó para coger al vuelo a Mágic
y Auren.
Y lo hizo. Pero su peso era demasiado para ella, por eso le pasó
la pluma a Auren, y se elevaron de nuevo hasta el sendero en donde
les esperaba Tigris.
- ¡Arriba, arriba, allá vamos! - gritó Mágic,
excitado. Cuando estuvieron otra vez junto a la pantera en lugar seguro,
respiraron aliviados.
Y, tras muchas penalidades, llegaron a la Cueva de Cristal. Cuando
la senda ya no tenía continuación, buscaron afanosamente
y hallaron, muy bien oculta, la caverna que buscaban, y penetraron
en su interior.
Allí no estaba oscuro. Aquello parecía tener luz propia.
Todo relucía con centelleos de todos los colores del arcoiris,
formando un conjunto único, insuperable.
Mágic avanzó, admirado, pero se dio de narices contra
algo. Todos miraron lo que era, asombrados.
- Es una pared de cristal - dijo May, dando un par de golpecitos en
el aire, aparentemente.
Los cristales que formaban las paredes del laberinto eran tan trasparentes
que apenas se veían.
-¡Qué duro! - exclamó Auren, que había
intentado romperlo. Comenzaron a avanzar, con cuidado. Pero no por
donde quiera que fuesen se topaban con algún cristal. Aquello
era desesperante. Por fin vieron, al fondo de la cueva, un pedestal
con un cofre de madera encima.
- ¡Bien! - chilló Mágic -. ¡Lo hemos encontrado!
- No cantes victoria - advirtió Auren -. Todavía tenemos
que llegar hasta él.
Mágic no le escuchó y avanzó decidido.
- ¡Ufff! - dijo, deteniéndose bruscamente y cayendo al
suelo. Auren y May se habían imaginado qué le había
ocurrido.
La explicación era muy sencilla: en su ímpetu, no se
había dado cuenta de que había un cristal delante suyo,
y había chocado estrepitosamente.
Reanudaron la marcha, con cuidado. A pesar de que encontraban muy
cerca de su objetivo, tardaron tres horas en llegar hasta allí,
pues siempre que creían estar a dos pasos, un nuevo cris tal
les impedía el paso, y debían dar un rodeo.
Mas al fin lograron llegar. Sólo había un cristal entre
ellos y el Medallón. No tenían más que rodearlo.
Sin embargo, Auren tenía un presentimiento. No todo iba a ser
tan fácil. Sería raro que no hubiera una dificultad
final. Con estos pensamientos posó sus manos sobre el cristal
y
lo fue recorriendo lentamente. Cuando llegó al punto de partida,
no había encontrado ninguna abertura que les permitiese pasar.
- Es un cuadrado completamente cerrado - informó a los otros.
Trataron de romper la pared, pero no lo lograron. Se detuvieron, jadeantes.
¿Cómo iban a entrar en esa cámara de vidrio sin
puertas ni ventanas que encerraba el Décimo Medallón?
- Así no conseguiremos nada - dijo May, resumiendo los pensamientos
de todos -. Es cristal de roca, el mismo material de que están
hechas las rocas transparentes. Ya nos advirtieron de que es irrompible...
Se interrumpió y observó con curiosidad el suelo. Le
dio un par de puntapiés y luego su cara se iluminó con
una amplia sonrisa.
- Fallo técnico, Petilay - murmuró, como para sí
misma -. Craso error.
Ante las miradas atónitas de los demás, explicó:
- El suelo. Mirad y lo comprenderéis.
Pero solo Auren comprendió.
- ¡El suelo! - dijo -. Claro, May, tienes razón.
Mágic las miró sin comprender.
- ¿El suelo? ¿Qué le pasa al suelo?
Auren lo señaló con gesto de evidencia.
- No es de roca - explicó - Es de blanda arena. ¿No
es formidable? Todo ahora será coser y cantar.
Mágic seguía sin entenderlo.
- Pero yo sola no lo ruedo hacer - dijo May -, necesitaré la
ayuda de Tigris.
La pantera ya sabía lo que pretendía hacer May, y se
negó rotundamente.
- Vamos, Tigris - dijo ésta, acercándose al cristal
-. No seas así, ayúdame...
La pantera accedió al fin y con un gruñido de resignación,
se colocó junto a May.
- ¿Qué piensan hacer? - preguntó Mágic,
que todavía no lo había cogido, a Auren.
- Ya lo verás - fue la respuesta.
Y, efectivamente, Mágic lo entendió todo de golpe y
porrazo cuando vio que May y Tigris comenzaban a cavar bajo el cristal.
Al cabo de una hora, el agujero era lo suficientemente grande para
que May pasara por debajo, deslizándose bajo el cristal. Entró
en el cerco de cristal y cogió el cofre. Antes de salir, lo
abrió para comprobar si no estaría vacío, como
lo que le había ocurrido a Mágic en LIBRA, pero no:
allí estaba el dorado Décimo Medallón, con el
Símbolo de CAPRICORNIO.
Salió de la prisión de cristal.
Desde allí, los cuatro amigos dieron una mirada circular, hasta
que localizaron a los lejos la salida de la Cueva de Cristal. Y emprendieron
el regreso.
Tras cuatro horas de intentos infructuosos y choques contra los cristales,
se encontraron por fin al aire libre.
Mágic bostezó.
- Auren, ¿qué hora es? Ya ha anochecido, y me muero
de sueño. Auren echó una mirada a su reloj.
- No me extraña - dijo -. Son ya las dos de la madrugada. Perdimos
la noción del tiempo allá adentro, por lo visto.
- No creo prudente que iniciemos ahora el descenso - dijo May, observando
el sombrío sendero -. Si ya Mágic se despeñó
a plena luz del día, ahora de noche, será mucho más
peligroso. No se ve nada. Propongo que acampemos en los umbrales de
la Cueva de Cristal, estaremos resguardados de la intemperie.
Su sugerencia fue aceptada. Sacaron las mantas y lo dispusieron todo
para pasar la noche.
Al día siguiente, con las primeras luces del alba, descendieron
por el intrincado vericueto, con precaución. Pero no habían
dormido mucho, y deseaban con toda su alma llegar hasta el pie de
la montaña para poder dormir.
Tardaron mucho en llegar abajo, en un retorno repleto de sustos e
incidentes. Pero al fin lo lograron.
Cuando estuvieron en el valle, se miraron unos a otros. Estaban llenos
de arañazos y magulladuras, por no mencionar las ojeras de
una noche sin dormir, pues nadie había podido pegar ojo.
Por el prado se aproximaba (con bastantes dificultades ) un capricornio.
- Soy Hercral-Trenk – se presentó cuando llegó
junto a ellos -. ¿Habéis logrado encontrar a CAPRICORNIO?
Auren asintió, exhausta. El capricornio abrió mucho
los ojos y preguntó con curiosidad:
- ¿De veras? ¿Y dónde estaba?
- En la Cueva de Cristal, naturalmente.
- ¡Entonces no es un mito! ¿Dónde se encuentra?
Auren iba a decírselo, mas recordó las palabras de Yarlen:
"no se lo digo a mucha gente, pero tú quieres llegar allí
por una causa noble; por eso te lo diré". No quería
desvelar el secreto de Yarlen.
- Por ahí - respondió evasivamente - Si la buscas de
todo corazón y por una causa noble, la hallarás. Pero
tenemos el Décimo Medallón, y vamos a utilizarlo. Ve
a buscar a todos los demás. Los necesito a TODOS. No debe faltar
ni un solo capricornio. Hercral-Trenk se marchó, dispuesto
a cumplir lo que Auren le había ordenado.
En cuanto se hubo alejado, el cuarteto vencedor se tendió en
la hierba para dormir.
May se despertó, sobresaltada, y vio lo que menos había
querido ver: Eclipse estaba junto a Auren enrollando su cuerno en
torno a la cadena de PISCIS.
- ¡Cuidado Auren, despierta! - chilló May.
Auren abrió los ojos y con ella Mágic. A Tigris no se
le veía por ningún sitio.
- ¿Qué quieres? - preguntó Auren amenazadoramente
a Eclipse -. Si no te vas enseguida, terminarás como la última
vez que nos vimos.
- Te recuerdo que fuiste tú la que se llevó las de perder
-. replicó el Unicornio.
Auren evocó las emociones de aquella lucha bajo la lluvia,
en CÁNCER.
- Tú tampoco saliste muy airoso - le recordó.
En aquel momento llegó Tigris, con un rollizo conejo entre
los dientes. Al ver que Auren estaba en peligro, lo soltó y
le gruñó a Eclipse, dispuesta a abalanzarse sobre él.
- Que no se mueva nadie - advirtió el Unicornio -, o acabo
con ella.
Tigris comprendió y se quedó quieta en el sitio, sintiéndose
impotente.
- Así me gusta - sonrió Eclipse - Ahora, dame a PISCIS
- añadió dirigiéndose a Auren - No te conviene
desobedecer.
Auren consideró la orden.
- Basta ya de palabrerías. Dame a PISCIS, y ahora.
- ¡Ni hablar! ¿Por qué habría de hacerlo?
El cuerno de Eclipse se clavó más en su pecho. Y Auren,
tragando saliva, se dijo que aquello era una buena razón.
Pero de pronto un eco lejano se oyó en la mente de May: "Altair,
adiós ...Yo...tengo que decirte ...una Traición ...Altair,
ya no aguantaré mucho tiempo ...se ganó día a
día nuestra confianza y ahora, mira lo que hizo, yo lo descubrí
hace poco ...adiós, Altair. Siento que por mi muerte tengas
que ser tú ahora el último Unicornio ...pero..."
Y otra voz, desesperada: "¡Vega, no! ¿Quién
te hizo esto?"
May recordó aquella escena, y de pronto comprendió hasta
qué punto Petilay podía mover hacia su bando a un corazón
deshecho por el dolor con dulces palabras ... todo embustes. ¿Podría
hacerle comprender a Eclipse que estaba equivocado? Ella esperaba
que sí.
- ¡Altair! - gritó. Eclipse alzó la cabeza.
- Yo no me llamo así- dijo - Soy Eclipse. Altair ya murió
hace tiempo.
- ¿Por qué? - preguntó May - ¿Por qué
murió Altair? ¿Por qué el bien murió en
ti?
- Fue Bhepcilus quien consiguió matar a Altair. Me enseñó
a odiarle, a odiarle a él y a todo lo que significa ZODIACCÍA.
- ¿Por qué? No fue él quien mató a Vega.
¿Quién te dijo que eso fue así?
- ¿Qué te importa?
- Quiero saber la verdad. Te volviste negro porque te hiciste malvado.
Querías vengar a Vega, ¿no es cierto? Bien, pues te
equivocaste de bando. Porque fue Petilay quien la mató.
- ¡Eso no es cierto! Bhepcilus está convirtiendo este
lugar en un país bajo su dominio. Vega quiso impedir que matara
a Petilay, y Bhepcilus la quitó de en medio. Bhepcilus no quería
que Petilay asumiera el poder, ella era la Princesa, y quería
matarla. Vega lo comprendió a tiempo y quiso advertirme pero
Bhepcilus no le dejó.
May lo miró con lástima.
- Eres algo besugo - dijo con voz amable - ¿Qué te habrá
dicho Petilay para que te creyeras todas sus mentiras? La historia
verdadera es la siguiente: Vega fue quien se dio cuenta antes que
nadie de la Traición de Petilay, antes que Talen el Magno.
Petilay quiso quitarla de enmedio, antes de que advirtiera a Bhepcilus.
Luego te convenció a ti, contándote una sarta de embustes
que no se los hubiera creído nadie. Pero estabas furioso, Altair,
furioso y dolido por la muerte de Vega. Necesitabas saber quién
le había quitado el cuerno a Vega, necesitabas palabras amables
y que alguien alimentara tu odio. Por eso cuando Petilay te dio todo
eso, no dudaste en ponerte de su parte.
- ¿Y qué me dice que eso sea cierto? ¿Por qué
habría de creerte?
Pero Auren descubrió algo. Entre las flamígeras crines
del Unicornio vio.... un mechón de cabellos blancos como la
nieve. ¡Eclipse estaba comenzando a creer en las palabras de
May!
Le hizo a ésta una seña para que prosiguiera, indicándole
con un gesto casi imperceptible lo que le estaba sucediendo a Eclipse.
May comprendió, y continuó:
- Tengo una prueba. Quiero que me respondas a esto, Altair... ¿de
dónde sacó Petilay la Magia que ahora posee? Un Elegido
normal no tiene tanto poder.
Eclipse inclinó la cabeza. Era evidente que no se había
parado a pensar en eso.
- La razón es muy sencilla - prosiguió May - La ha sacado
del cuerno de Vega, que seguramente aún tiene en su poder.
La Magia que había en ese cuerno la transformó en Magia
Negra. Por eso es más poderosa que el resto de los Elegidos.
Vega quiso advertirte. Pero tú malinterpretaste sus palabras,
pensaste que se refería a Bhepcilus. Y te engañó
la persona que había matado a Vega.
»¿Por qué te volviste negro, Altair? Cuando escuché
la leyenda de las dos estrellas que me contó Auren comprendí
que era porqué querías vengar a Vega, pero, desgraciadamente...
cebaste tu odio sobre Bhepcilus, cuando fue Petilay quien tanto daño
te hizo...
Los ojos de Eclipse se llenaron de lágrimas.
- Yo ...lo siento - musitó.
Le salió del corazón, y por eso pasó lo que pasó.
Una gran luz se apoderó de él, y Auren, Mágic
y Tigris tuvieron que cerrar los ojos. Sólo May miraba, satisfecha.
Sabía que acababan de ganar un aliado, y que Eclipse había
comprendido su error. Cuando el resplandor cesó y todos volvieron
a abrir los s ojos, ya no vieron a Eclipse. En su lugar había
un delicado unicornio completa, inmaculadamente blanco: Altair.
Lo siento - repitió Altair -. Los Unicornios no sienten remordimientos.
Pero yo soy el último, soy distinto y me arrepiento.
- Aceptamos tus disculpas - dijo Auren, incorporándose -. Aunque
nos has causado bastantes problemas, eres bienvenido si decides unirte
a nuestro grupo.
- Sé que nunca podré reparar todos los crímenes
que cometí - dijo el Unicornio -. Sin embargo, me sentiría
muy honrado si me aceptarais entre los vuestros. Desgraciadamente,
ignoro dónde puso Petilay el Undécimo Medallón,
ACUARIO, pero... - Se interrumpió. Luego continuó, excitado
-: creo que sí. Petilay comentó que lo había
puesto en el interior de una ostra gigante, en el centro del lago.
- ¡Perfecto! - dijo Auren, animándose súbitamente
- Eso nos facilita mucho las cosas. Gracias, Altair.
Altair pidió a Auren que le narrase la leyenda a la que se
había referido May, y la muchacha lo hizo.
- Al menos ahí hay un final feliz - dijo cuando Auren concluyó
-, porque las dos estrellas se podían ver una vez al año.
- No - sonrió Auren, recordando las palabras que cruzaron su
mente cuando estaba en el hospital, viendo la despedida de Mágic
y Andrómeda por PISCIS -. No hubo un final feliz. En realidad,
nunca lo hay.
Los otros la miraron asombrados.
- No hay finales felices porque nada acaba... - explicó Auren.
En aquel momento llegaron los capricornios, que se quedaron muy sorprendidos
al ver a Altair.
Auren les refirió lo ocurrido, y todos se alegraron porque
Altair estaba de nuevo entre ellos.
- Pues ahora somos cinco - dijo May.
- ¡Los Cinco Magníficos! - gritó Mágic.
- Bueno - cortó Auren -, ¿estamos todos?
Le contestaron que sí, y Auren explicó lo que debían
hacer. Abrió entonces el Medallón y dio la señal:
- ¡Ahora!
- ¡CAPRICORNIO!
Altair contemplaba la escena con emoción. Sabía que
había hecho todo lo posible para que la Misión fracasara,
que se había puesto de parte de sus propios enemigos, atacando
a los que sólo habían tratado de ayudarle. "Metí
la pata", se dijo. "Pero intentaré repararlo de algún
modo".
Todo brilló. Pero cuando los capricornios abrieron los ojos,
no apreciaron ningún cambio.
- Pues...- empezó Merthe-Ghru, pero Tigris lo interrumpió,
indicándoles que miraran al cielo.
Se estaba nublando rápidamente. Las nubes aran negras como
el carbón, que no presagiaban nada bueno.
En la lejanía retumbó un trueno.
La tórtola
volaba por todo el bosque, advirtiendo a los animales:
-¡Tormenta, tormenta!
Un relámpago iluminó su rostro de pájaro y ella,
aterrada, murmuró:
- Parece que va a ser fuerte. No debo entretenerme más, hay
que asegurar el nido.
Y dio la vuelta, gritando de nuevo:
- ¡Tormenta, tormenta, tormenta!
El viejo topo asomó el hocico entre las raíces del gran
roble, en donde tenía su vivienda. También él
había oído el aviso de la tórtola.
- ¡Vaya! - gruñó-. Ahora se me inundarán
los túneles y las galerías. Habré de construirlo
todo de nuevo, pues parece que va a llover a cántaros. Pero
al menos me alegro por los capricornios; si esto ocurre los lagos
volverán a tener agua.
Kirkon
también estaba preocupado, pero no sólo por la tormenta.
a verdadera razón era que la manada de Alces de las Cumbres
se negaba a permanecer. en el prado, queriendo ir a una colina cercana.
Trató de impedir que se marcharan, pero luego dudó,
pensando si no sería mejor que ellos mismos eligieron la hierba
que querían comer.
Retumbó un trueno y Kirkon, mirando al cielo con preocupación,
dijo que ese asunto ya lo resolvería más tarde; de momento
importante era que el rebaño se refugiase de la tormenta.
Llovía
a cántaros, pero sólo en la región de CAPRICORNIO.
Ocultos bajo un saliente, al pie de una montaña, los del grupo
de Auren contemplaban la tormenta, mientras comían algo, pues
ya era mediodía.
Por la tarde dejó de llover. Para entonces la nieve de las
cumbres habíase derretido ya y, bajando en torrentes, iba a
desembocar en los lagos que, gracias a esto, volvieron a ser lagos.
Las nubes se retiraron rápidamente, y pronto lució el
sol. Auren devolvió el Medallón al Mosaico Zodiacal,
y se pusieron en marcha para ir a rescatar el Undécimo Medallón.
- ¡Rumbo a ACUARIO! - dijo Mágic.
May parecía mucho más animada desde que Altair se había
unido al grupo. Efectivamente, sentía que había recuperado
a un buen amigo.
Por la noche llegaron a ARIES, y decidieron acampar.
Lo prepararon todo para pasar la noche, junto al camino que separaba
CAPRICORNIO de ARIES.
Al día siguiente una voz alegre despertó a Auren: -
¡Hola! ¿Qué hacéis vosotros aquí?
La muchacha abrió los ojos y vio ante sí a Sol y a Tar.
- ¡Vaya! - dijo, levantándose - No esperaba veros precisamente
a vosotros. ARIES es muy grande.
- ¿Hacia dónde vais? - quiso saber Sol. - Hacia el lago
ACUARIO.
- ¿Quieres decir con eso que ya están todos los Medallones
en el Mosaico Zodiacal, que sólo os falta uno? ¡Es maravilloso!
- Sí, y además Altair sabe dónde se encuentra.
- ¡Altair! - Sol miró al dormido Unicornio -. ¡Se
ha vuelto de nuevo de nuestra parte, ya no es negro! Esto es fantástico.
- La verdad es que ahora todo parece más sencillo. Bueno, ¿cómo
está Sen? ¿Se salió con la suya respecto a la
idea de que el concurso debía de ser trimestral?
- Sí. Sigue siendo el Jefe de Taminos.
- Pero ahora busca una melodía especial - dijo Tar -, dice
que va a ser mucho mejor que la Sinfonía Silvestre - Se arrimó
más a Auren y le susurró, adrede para que Sol lo oyera
-. Me ha dicho que es para declarársele a Sol.
La aludida se puso colorada.
- Pues si eso es verdad, pienso aceptar y si no, me da lo mismo -
replicó dignamente -. No conseguirás hacerme rabiar,
no te esfuerces, Tar.
Tar se puso serio.
- Es la pura verdad, Sol. Y no creo que Sen me lo dijera en broma,
sabes que jamás hace chistes sobre esas cosas.
Sol iba a replicar algo, cuando una voz los sacó de su conversación.
- ¡Sol, Tar...!
- Es mamá - suspiró Tar -. Querrá que preparemos
mi macuto, pues mañana me voy con papá a la montaña.
Me va a preparar para cuando Sen me declare mayor de edad.
En aquel momento se oyó una dulcísima melodía,
que Sol escuchó, extasiada.
- Es Sen - dijo-. ¿Verdad que toca bien?
"Hay que ver cómo han cambiado las cosas", se dijo
Auren recordando las peleas que Sen y Sol tenían cuando ella
llegó".
- Eso que está tocando es un ensayo para su nueva melodía
- informó Tar -. Dice que la llama "Melodía para
el Astro del Día". El astro del día es el Sol,
de forma que está clarísimo.
- Es bonito - comentó Auren -. Bueno, no le digáis a
Sen que estoy aquí. Quiero marcharme cuanto antes a ACUARIO,
y no me gustaría entretenerme. - Echó una ojeada a sus
dormidos compañeros -. Debo despertar a estos cuatro perezosos;
dentro de un par de horas estaremos allí.
- Ha crecido considerablemente el grupo - comentó Tar -. En
fin, buena suerte. Adiós, ¡Eh, Sol, estás en la
inopia! ¡Nos vamos, y ellos también!
- ¿Qué...? ¡Ah, sí! Lo siento, Auren, es
que estaba distraída. Que tengáis suerte.
- Mi hermana está insoportable últimamente - susurró
Tar a Auren -. Se le nota muchísimo que está loca por
Sen.
-Pues hacen muy buena pareja - dijo Auren.
- ¡Sol, Tar! - insistió la madre - ¿Queréis
venir ya de una vez?
Se despidieron precipitadamente. Auren miró cómo se
marchaban, y comenzó a despertar a los demás.
- ¿Pero ya es de día? - bostezó Mágic.
Volvieron a ponerse en camino después de desayunar. Auren les
contó a Mágic y May la conversación que había
tenido con Sol Tar.
- Sen y Sol terminarán casándose, como era de esperar
- dijo May
- O, como dice el dicho - comentó Mágic -," los
que se pelean se desean".
Auren lo conocía de memoria, pues ella también había
tenido que soportar las pullas de su hermano debido a sus constantes
peleas con su vecino Diego.
A mediodía llegaron al lago ACUARIO.