CAPÍTULO
II: ZODIACCÍA
Cuando
los volvió abrir, vio que se encontraba en una sala de doce
paredes. En cada una de ellas había dibujado un Signo Zodiacal.
En el centro de la estancia había una mesa dorada con forma
de dodecágono, dividida en doce po¬ciones, como si fuera
un pastel, por doce ranuras. Cada una de estas ranuras iba del centro
de la mesa a un vértice del dodecágono. En cada una
de las doce porciones había grabado un Signo Zodiacal.
La habitación estaba iluminada con una luz violácea.
Aurora se recostó en su silla y siguió observando atentamente
la estancia. Había una silla en cada uno de los lados de la
mesa. Se dio cuenta de que ella estaba sentada en la silla que tenía
delante la porción de PISCIS. Tras ella estaba también
la pared de PISCIS. Cada lado de la mesa era paralelo a una pared,
y Aurora se percató de que el Signo de una pared y el de la
porción de mesa que tuviera enfrente coincidían siempre.
Apoyó los codos en la parte de mesa que se hallaba frente a
ella, y observó largo rato los dos peces grabados. Trató
de descifrar los signos que rodeaban los peces, pero eran pa-labras
escritas en una lengua extraña.
Estaba aún en esta operación cuando una voz la sobresaltó.
- Bienvenida a la Casa del Zodíaco, Princesa Auren; te estaba
esperando.
Aurora vio que, cuatro sillas a su izquierda, en la pared de SAGITARIO,
se sentaba un anciano de largas barbas y cabellos de plata. Llevaba
una túnica que constantemente cambiaba de color, y un cinturón
rojo le ceñía la cintura.
- Soy Bhepcilus, Maestro y Guardián de ZODIACCÍA, del
Signo SAGITARIO -se autopresentó-. PISCIS te ha llamado porque
necesitamos tu ayuda.
- ¿Qué puedo hacer yo, si ni siquiera sé dónde
estoy?
- Paciencia. Te lo explicaré todo -dijo Bhepcilus-. Te encuentras
en ZODIACCÍA, el país de los Horóscopos. Aquí
todo se rige mediante el Orden Zodiacal. Existen doce Medallones,
uno para cada signo de Zodíaco. Son poderosos, mucho, pues
contienen lo poco que quede de Magia en el mundo. Por ello se guardaban
celosamente aquí... hasta hace poco. Porque tu predecesora,
la Princesa Petilay, quiso un día poseerlo todo y se rebeló
contra ZODIACCÍA y su Gobierno. Por eso atacó este lugar,
la Casa del Zodíaco. Afortunadamente, May y yo logramos repeler
la ofensiva, y expulsar a Petilay de nuestro país. No obstante
la Princesa, furiosa, logró consumar su venganza ante el fracaso
de su Traición: robó los Doce Medallones y, luego, con
Magia Negra, arrojó una Maldición sobre los habitantes
de ZODIACCÍA. La Magia Negra tan sólo se puede contrarrestar
con los Medallones y al ser indestructibles, Petilay no podía
acabar con ellos para que nadie deshiciera su Sortilegio. Entonces
los ocultó, rodeándolos de trampas y engaños.
Se dice que sólo la sucesora de la Princesa puede hallarlos
de nuevo. Pero la Nueva Princesa estaba en el Mundo Exterior... había
que ir a buscarla. PISCIS, Duodécimo Medallón, escapó
de las garras de Petilay para emprender la búsqueda de una
Princesa. Salió al Exterior para buscarte, y te encontró.
Sólo la Princesa Auren puede encontrar de nuevo los Medallones,
y devolver el Orden a ZODIACCÍA.
- Y... ¿soy yo? ¿Yo, la Princesa Auren?
- Eso parece. Si has escuchado la llamada de PISCIS ya no hay lugar
a dudas. ¿Conoces la Canción de PISCIS?
Aurora asintió y recitó:
"Doce éramos mis hermanos y yo y de los Doce sólo
uno quedó;
Once ocultos aguardan en silencio que una Princesa llegue a socorrerlos"
- Efectivamente. Todo ello prueba que tú eres la Nueva Princesa,
Auren.
- ¿Y qué debo hacer?
- Con PISCIS puedes deshacer la Maldición de los habitantes
de la región de PISCIS. Luego tendrás que ir a la región
de ARIES para buscar allí el Primer Medallón, esto es,
ARIES. Con él lograrás acabar con el Hechizo de los
de allí. Después ve a TAURO, y así sucesivamente.
- ¿Ha de ser por orden?
- Sí. No debes olvidar seguir estrictamente el Orden Zodia¬cal.
De lo contrario, de nada servirá todo lo que hayamos hecho.
- Otra cosa... ¿quién esa May que mencionaste hace un
rato?
- Soy yo -dijo suavemente una voz-. Yo soy May.
Auren vio que, dos sillones a su derecha, estaba sentada una conejita
de rosadas orejas y semblante grave. Había llegado sigilosamente
mientras Bhepcilus y Auren hablaban, y se había colocado en
la parte de TAURO.
-En caso de que aceptes irá contigo en la Misión, Auren
-dijo Bhepcilus.
- Exacto -apoyó May, mientras ella y Auren se observaban mutuamente-,
porque nadie te obliga. Tú eres quien debe decidir si quieres
ayudarnos a encontrar los Doce o prefie¬res no correr riesgos,
y volver entonces a tu casa. En ese caso, te llevaremos nosotros y
tendrás que olvidar que una vez nos conocimos, porque no volveremos
a encontrarnos. La elección está en tus manos.
Bhepcilus y May miraron fijamente a Auren. Ésta se remo¬vió
en su silla, inquieta. Sabía que no podía dejar a ZODIACCÍA
en la estacada. Bhepcilus y May confiaban en ella para hallar los
medallones y salvar su país. Pero, por otra parte, podría
ser peligroso. Sabía que aquello no iba en broma. Se jugaba
mucho, tal vez también la vida. Auren se encontraba entre la
espada y la pared. No era una cobarde. Jamás había sido
una cobarde. Se atrevía con todo. Miró el Medallón,
que todavía conservaba colgado del cuello, y vio con asombro
que ya no estaba viejo ni abollado. Parecía en verdad una joya
valiosísima, finamente engarzada. Tuvo por un instante la sensación
de que PISCIS la animaba a aceptar....
Auren era una muchacha que no solía echarse atrás ante
nada y, probablemente, gracias a este rasgo de su carácter,
su parte soñadora venció de nuevo.
- De acuerdo, acepto -dijo al fin-. ¿Cuándo nos vamos?
Bhepcilus y May sonrieron, relajándose así un tanto
el ambiente tenso que se respiraba en la estancia.
- Ahora mismo -dijo May-. Partiremos inmediatamente.
- Auren, cierra los ojos, abre a PISCIS y di su nombre -ordenó
Bhepcilus.
Auren cogió a May en brazos e hizo lo que le había dicho
el Maestro y Guardián de ZODIACCÍA.
Abrió de nuevo los ojos y se encontró con May en la
orilla de un gran lago.
- Es el lago PISCIS -dijo May-. Aquí viven los piscos. Son
peces con aspecto algo humano, y con unas antenas en la cabeza dotadas
de una sensibilidad increíble. Pueden percibir muchas cosas
que a un humano le pasarían inadvertidas. Suelen ser de tu
tamaño, más o menos.
- Hay otra cosa que quiero saber. ¿Dónde está
situada ZODIACCÍA? No figura en los mapas, ni nadie ha oído
nunca hablar de ella.
- ZODIACCÍA es una isla. Una isla en el Caribe. No la conoce
nadie porque nadie puede traspasar la barrera de rocas que la rodea.
Esto es debido a que ésas no son rocas corrientes. Son transparentes,
y no se aprecian a simple vista. Hay que acercarse mucho para lograr
verlas. Pero aunque sean diáfanas como el cristal, son tan
duras como el hierro.
»Los barcos que se aproximaban a ZODIACCÍA chocaban contra
esta barrera; era como una fuerza invisible que los hundía.
Por tal motivo esta zona se consideró un misterio, y ahora
la llaman "El mortal Triángulo de las Bermudas".
Tampoco los aviones tuvieron mejor suerte. Las rocas transparentes
son tan elevadas que no pueden sobrevolarlas, y se estrellan contra
ellas al igual que los navíos. Hoy en día, muchos dan
un rodeo para no pasar por aquí.
»De este modo el País de los Horóscopos está
a salvo de cualquier invasión del mundo real exterior. Este
sitio es Magia. Por eso nada de lo que hay aquí es completamente
igual a lo de fuera. Tanto en el tiempo (pues aquí las horas
pasan muchísimo más deprisa) como en el clima, ZODIACCÍA
es diferente. "Los hombre no tienen mala intención; pero
no pueden vivir junto a la Magia. La destruirían casi sin darse
cuenta. Debido a esto ZODIACCÍA está con los hombres,
pero a la vez se¬parada de ellos.
-¿Por qué? A mí me gusta mucho la Magia. Dragones,
sirenas, brujas... ¿a quién no le atrae todo esto?
- Tú eres una Elegida. Aquí, en el País de los
Horóscopos, necesitamos seres humanos. Al fin y al cabo, la
Magia la crearon ellos. Pero la mayoría prefieren tener los
pies en el suelo. Por tal motivo necesitamos Príncipes y princesas;
personas escogidas entre una Humanidad prosaica como gente que aún
posee imaginación y que cree en la Magia. Y esos son los Doce
Elegidos.
»A ti te atrae la Magia porque eres una de ellos, la Elegida
del Signo PISCIS. Pero a los demás no. Los Elegidos tienen
la misión de recordar al resto de los humanos que existimos,
y que seguiremos existiendo mientras haya gente que crea en nosotros".
»Este es el último vestigio de Magia que queda en el
mundo. La Magia debe seguir junto a los hombres, pero, a la vez, estar
separada de ellos, pues Magia y Realidad no pueden convivir juntas.
Aún así, la Ilusión es necesaria en la vida del
hombre. Por eso ZODIACCÍA está dentro del mundo de la
Realidad, pero sólo pueden entrar en ella los que poseen imaginación;
porque la Magia debe salir fuera del País de los Horóscopos
(gracias a los Elegidos), pero la Realidad no puede entrar aquí.
Por lo tanto sólo los Doce Elegidos pueden entrar y salir,
pero siempre para llevar la Magia a los hombres; nunca para traer
la Realidad a los zodiáccicos.
-¿Cómo se sabe quiénes son los Elegidos?
- Los Doce Medallones lo saben. Siempre hay un Elegido gobernando
ZODIACCÍA, y ése es el Príncipe. Pero si por
lo que sea no puede seguir reinando, los Doce Medallones salen al
Exterior para encontrar a los otros, que nada saben de su condición
de Elegidos. Porque, al fin y al cabo, tú no lo supiste hasta
que PISCIS te encontró, ¿no?
»Cada uno de los Medallones sólo puede buscar a 1a persona
Elegida de su Signo. Como son Doce, no tardan mucho en hacerlo, aunque
los Elegidos están repartidos por todo el mundo.
»Pero en esta ocasión estaba PISCIS solo. No podía
buscar a cualquier Elegido; sólo podía ser el del Signo
PISCIS. Le costó mucho, pero al fin lo logró.
- Comencemos ya -propuso Auren-. Pero ¿cómo vamos a
investigar dentro del lago? Yo no puedo respirar bajo el agua.
- ¡Qué ingenua eres! -sonrió May-. Estamos protegidas
por un encantamiento de Bhepcilus. Podremos respirar bajo el agua,
hablar y no nos mojaremos.
-¡Estupendo! Comencemos, pues.
Caía la tarde sobre ZODIACCÍA cuando ambas amigas se
zambulleron en el lago.