CAPÍTULO
V: TAURO
Después,
cruzaron la senda. Detrás había muchas montañas
y picos. May dijo que aquello eran los Grandes Picos de Henn. Allí
vivían muchos minotauros, pero al que May quería ver
era a Tracor, el Rey.
Los minotauros, según May, eran los habitantes de TAURO. Tenían
cabeza de toro y cuerpo de hombre, y se alimentaban de carne humana.
Pero, estando con ella, Auren no tenía nada que temer. Era
del signo TAURO y, además, gozaba de cierta reputación
entre los habitantes de ZODIACCÍA.
Cuando alcanzaron la ladera de los Grandes Picos hallaron una cueva.
- Puede ser un acceso al interior -dijo May-. Hay un valle entre los
Grandes Picos, rodeado de montañas. Allí hay muchas
cuevas, y allí viven muchos minotauros... y también
el Rey Tracor. Tengo mucho interés en verle porque hay quien
dice que él sabe dónde está el Segundo Medallón.
Se disponían a entrar cuando una voz muy profunda y ate¬rradora
que parecía de ultratumba las detuvo:
- ¡Atrás! ¡Marchaos! Si no los hacéis, extranjeros,
¡os co¬meré!
- Soy May - dijo May -. Vengo con La Princesa Auren para encontrar
a TAURO.
-¡La Princesa... atjo atjo! -La voz comenzó a toser desa¬foradamente;
continuó, con una voz mucho más aguda-. ¿Es verdad,
atjo, lo que dices?... ¡Atjo, atjo, atjo!
- Me temo que está resfriado - susurró Auren a May.
- Nada de eso -le respondió ésta-. Lo único que
ocurre es que los minotauros fingen una voz cavernosa para asustar
a los intrusos. Pero está claro que éste es novato.
- ¡Atjo, atjo! - seguía tosiendo la voz.
- ¡Sal! Necesitamos que nos guíes hasta el Rey Tracor.
- ¡No!
- Vamos, sé razonable. Venimos a buscar a TAURO.
-¡No! ¡N... atjo,atjo! Bueno... ¡de acuerdo, atjo!
Salió el minotauro de detrás de la roca y Auren y May
comprobaron sorprendidas que en lugar de cuernos tenía sendos
ramos de flores en la cabeza. Auren trató de que no se le notara
que estaba a punto de romper a reír. "¡Qué
pintas!" pensó. Pero se controló al ver la cara
seria de May, y que el minotauro estaba tan avergonzado que quería
salir corriendo. Llevaba, por toda vestimenta, una piel que le ceñía
la cintura, a modo de taparrabos.
- Mira -Le enseñó a PISCIS-. Es el Duodécimo
Medallón. Soy la Princesa Auren. ¿Cómo te llamas?
- Vultran -gruñó el minotauro-. Seguidme.
Las condujo hasta el interior de la cueva. Hacía mucho calor
allí, y había varios huesos en el suelo. Auren se estremeció
cuando Vultran las llevó pasadizo adelante.
Estaba iluminado con antorchas. Más adelante había un
minotauro grande y fuerte guardando la entrada. También tenía
flores en la cabeza, por lo que Auren dedujo que aquélla era
su Maldición.
- ¿Por qué has traído a estas humanas, Vultran?
¿Son para la despensa? -inquirió el minotauro.
- ¿No reconoces a May ? -le replicó el otro-. El haber
nacido bajo el signo TAURO la protege, y a todos los que van con ella,
Forcam... Además... -Bajó la voz-. No te olvides de
QUIÉN es..
"Pues... ¿quién es ella?", se preguntó
Auren.
- Y esta muchacha -prosiguió Vultran-, es la Princesa Auren.
Han venido a buscar a TAURO.
- Les va a ser difícil -dijo Forcam en tono resignado con un
suspiro-. En fin, seguidme.
Forcam caminó por el pasadizo seguido de Vultran, May y Auren.
Al cabo de un rato, las antorchas disminuyeron en cantidad y todos
notaron una claridad. El túnel terminaba en una llanura en
mitad de las montañas, al aire libre. Allí había
muchos minotauros. Todos se volvieron hacia los recién llegados
con extrañeza. Forcam les explicó quiénes eran
Auren y May y para qué habían venido, y seguidamente
anunció que iban a hablar con el Rey Tracor.
Penetraron en una cueva más grande que las demás. Siguieron
por un túnel hasta llegar a una habitación que tenía
varias ventanas excavadas en la roca que daban al exterior, permitiendo
así que estuviera bien iluminada. Había una cama de
paja en un rincón y varios libros en una estantería
adosada a la pared.
Vultran se sentó en la cama y preguntó a Forcam:
- ¿Dónde está el Rey? Vive aquí, ¿no?
Forcam no respondió inmediatamente. Se asomó a una de
las ventanas y, después de contemplar unos instantes el paisaje
le señaló a Auren una montaña a lo lejos.
- Aquella es la Montaña Vencalat -le dijo- Allí se encuentra
una prueba que nadie ha logrado superar: la Cueva de Mil Trampas.
- ¿Qué tiene que ver eso con TAURO? -preguntó
May exas¬perada-. ¡Te hemos pedido que nos conduzcas ante
Tracor Llévanos hasta él..
- ¡Pero es que no podemos -casi gritó Forcam.
En aquel momento reinó la confusión entre los que estaban
allí.
- Pero... ¿por qué no? -preguntó Vultran, que
no entendía la negativa de su amigo.
A Forcam le costaba mucho decirlo.
- Es que...
- ¿Qué?
Se decidió por fin y dijo, adoptando un tono oficial:
- Como Capitán de la Guardia, considero mi deber decíroslo:
el Rey Tracor murió hace cinco meses.
Todos se quedaron de piedra.
- ¿Y todo este tiempo ha estado TAURO sin Rey? - dijoVultran,
incrédulo.
Forcam asintió.
- Es un secreto entre los componentes de la Guardia del difunto Rey.
Hace tiempo, cuando el Rey vivía, nos reunió a los Guardianes
y nos dijo que iba a morir... pero que no quería que nadie
lo supiera, porque no había dejado des¬cendencia y habría
muchas batallas por el Trono. Así que, cuando murió,
lo mantuvimos en secreto hasta ahora. Como no había decisiones
importantes que tomar, no importaba que no hubiera Rey. Todo seguía
su curso, no sucedía nada anormal y los demás minotauros
no hacían preguntas.
May entonces estalló:
- ¿Y por qué no lo dijiste a Bhepcilus? ¡Él
es el Maestro y Guardián de ZODIACCÍA y tendría
que estar enterado! No puedes permitir que se muera un Rey ante sus
mismas narices y mantenerlo como si fuera un secreto de estado...
Forcam bajó la cabeza.
- Es cierto -musitó -. Pero fue la última voluntad del
Rey el que nadie se enterara de que él había muerto.
Y yo opino igual que él. Si mantenemos el secreto, nadie reclamará
el Trono de TAURO... sí, ¿por qué no dejar las
cosas como están?
- ¿Qué sabes del Segundo ¡Medallón?
Forcam señaló la Montaña Vencalat que se veía
desde ventana.
- Está allí - dijo-. En la Cueva de las Mil Trampas.
Luego les dio un papel que cogió de la estantería.
- Me lo dio Tracor, antes de morir - aclaró.
May y Auren lo leyeron. Decía:
"Mi
nombre es Tracor, Rey de TAURO. Quiero dejar un mensaje antes de morir
a Auren, Princesa de ZODIACCÍA: Conozco el lugar donde Petilay
ocultó el Segundo Meda¬llón. Es la Cueva de las
Mil Trampas de la Montaña Vencalat. Se divide en tres ramas:
Cueva del Laberinto, Cueva del Tiempo y Cueva del Silencio. Una última
advertencia: no vayas sola, porque contra la Cueva de las Mil Trampas
la mejor arma es la colaboración y el trabajo en equipo. Si
alguien tiene problemas, los otros lo ayudarán, porque el lema
en la Cueva de las Mil Tram¬pas tiene que ser "Ayudar a tus
compañeros antes que a tí mismo". Mucho cuidado,
y buena suerte,
Tracor”
- Bueno
- dijo Auren, cuando acabó de leerlo -. No hay duda de que
tendremos que ir tres por lo menos. Y eso de las ramas... en la Cueva
del Laberinto habrá un laberinto, pero ...¿y en las
otras?
- Ya sé -dijo May-. En la Cueva del Silencio habrá que
ca¬minar sin hacer ruido para no provocar un desprendimiento,
y en la del Tiempo habrá una Puerta Temporal que te enviará
al futuro o al pasado.
- Pues entonces vamos ya. ¿Quién va a acompañarnos
a May y a mí?
Vultran y Forcam se ofrecieron, pero Auren se negó a que éste
participase en la expedición, diciendo que debía permanecer
en los Grandes Picos por sí los minotauros pregunta¬ban
por ellos; así, de paso, si cuando anocheciera no habían
vuelto, podía ir a buscarlos.
- Tened mucho cuidado- advirtió Forcam -. Esa Cueva maldita
es muy peligrosa.
Se despidieron y Auren, May y Vultran salieron de la gruta y fueron
hasta donde estaban los minotauros. Desde allí bor¬dearon
los Grandes Picos de Henn y llegaron por fin a la Montaña Vencalat.
Forcam seguía en la gruta de Tracor. No se había movido
desde que los otros se marcharan. Estaba todo el rato en la misma
posición, mirando casi sin verlo el lecho de paja donde hacía
cinco meses agonizara su Rey. Luego volvió a la realidad, y
se encaminó a donde estaban los demás. Había
tomado una decisión. Se dijo que él, como Capitán
de la Guardia, debía ser el encargado de tomar las medidas
oportunas. "No puedo seguir mintiendo", se dijo.
Cuando llegaron a la Cueva de las Mil Trampas, buscaron ramas largas
y gruesas y las encendieron a modo de antorchas. No querían
entrar en la gruta sin una luz; cualquiera sabía lo que les
esperaba allá dentro, y debían saber siempre lo que
tenían delante.
Penetraron por fin en el interior, y con paso vacilante, caminaron
por el pasadizo que se abría ante sus ojos.
May, mirando a las paredes, pisó una piedra del suelo e inmediatamente
sintió que algo pasaba silbando por encima de su cabeza.
Todos miraron hacia la pared. Una flecha parecida más bien
a un dardo aparecía clavada allí, en una hendidura de
la roca. Había salido de la pared contraria, sin duda activada
por la piedra que May acababa de pisar.
- Vaya, May -comentó jocosamente Auren, para que no se le notara
que estaba muerta de miedo y a la vez para que sus compañeros
no se asustaran-. Si llegas a ser más alta no lo cuentas...
Todos sonrieron, pero había que estar alerta, pues ya sabían
cómo se las gastaba la Cueva de las Mil Trampas. Aquello no
era una broma, ni mucho menos.
- Con cuidado, con cuidado -advirtió Vultran antes de que prosiguieran
la marcha-. Petilay se tomó sus precauciones para impedir que
encontrásemos el Medallón. Ahora sabemos por qué
a este sitio se le llama la Cueva de las Mil Tram¬pas.
Auren no contestó. Estaba seguro de que aquello no era más
que una advertencia ...de que las verdaderas trampas comenzarían
más adelante.
Caminaron por el túnel con más precaución que
antes.
- ¡Aaaaah! - gritó de repente Auren.
Sus compañeros se volvieron y no la vieron por ningún
sitio.
- ¡Auren! - la llamaron.
-¡Estoy aquí! - les contestó una voz que parecía
centro de la tierra.
- ¿Dónde?
- ¡Aaaaaquíííí! ¡Cuidado al
acercaros, este agujero casino se ve!
- ¡Aquí está! - gritó May a Vultran - ¡He
descubierto el pozo!
En efecto, Auren había caído en un profundo agujero
excavado en el suelo.
Vultran se arrodilló al borde y le tendió la mano.
- ¡Cógete a mi mano!
Auren, alzó la mano todo lo que pudo, pero...
- ¡Ufff! ¡No llego!
E1 minotauro entonces se tumbó boca abajo, estirando el brazo
hacia Auren, pero ella seguía sin alcanzarlo.
- ¡Haz un esfuerzo!
May sujetaba entretanto las antorchas. Temblaba de nerviosismo e impaciencia,
mientras Vultran se estiraba todo lo que podía.
Allá abajo, en el fondo del pozo, Auren hizo un esfuerzo supremo.
Veía la mano de Vultran muy cerca, pero no la alcanzaba. La
mano se retiró un momento.
- ¡Auren! ¡Súbete a alguna roca grande e intenta
coger mi mano de nuevo!
Auren recorrió con la vista el fondo del pozo, mas aquello
estaba muy oscuro y no se veía absolutamente nada. Así
se lo comunicó a sus compañeros, tratando de poner humor
al asunto.
- ¡Eh, los de las alturas! ¡Que esto está más
negro que la boca de un lobo!
Arriba, Vultran y May se miraron y sonrieron. Lo que había
dicho Auren les hizo relajarse un poco. "Por lo menos no pierde
el sentido del humor", se dijo May.
Tendió a Vultran una antorcha y éste bajó la
mano con ella casi pegada a la pared del pozo.
Auren vio la antorcha que sostenía Vultran. Ahora, con algo
más de luz, miró a su alrededor.
- ¡Oh, no! - gritó aterrada.
El fondo del pozo era completamente liso, sin ninguna roca, mas lo
que hizo gritar a la Princesa de ZODIACCÍA fue ver que una
serpiente de cascabel salía enroscándose de una grieta,
mirándola con ojos llameantes, enfurecida sin duda por el resplandor
de la antorcha y por la intrusa que venía perturbar la paz
de su agujero.
Vultran, que del grito de Auren se había temido lo peor, se
asomó al pozo para ver lo que sucedía. Cuando vio a
la serpiente, con un grito, dejó caer la antorcha, asustado.
La antorcha encendida rebotó en las paredes del pozo v se precipitó
sobre el reptil, que ya estaba dispuesto a morder. La serpiente silbé
aterrada, mientras las llamas la consumían.
Todos suspiraron aliviados.
- Pero ... ¿cómo salgo yo de aquí?- dijo Auren.
Mientras Vultran intentaba en vano coger la mano de Auren, May se
apartó, buscando alguna roca para arrojar al pozo, para que
Auren se subiera sobre ella y así alcanzara el borde. Después
de escudriñar todos los rincones descu¬brió una
piedra de regular tamaño y se colocó encima para comprobar
que estaba suelta. Al instante, una pesada red cayó sobre ella.
- ¡Vultran, ayúdame! - se quejó.
Vultran dejó por un momento a Auren para correr en auxilio
de May. Tras muchos esfuerzos, logró quitarle la red de encima.
Cuando la tuvo entre sus manos, se le encendió el circuito
de las ideas luminosas. Y, poniendo en práctica su plan, echó
la red al agujero donde se encontraba Auren, sosteniendo fuertemente
uno de los extremos.
- ¡Hey, Auren! Trepa por la malla, si puedes...
Echando una última mirada de horror a la serpiente, que aún
ardía, Auren lo hizo y en cinco minutos se encontraba con los
demás.
Siguieron por el pasadizo con cuidado y tanteando el suelo con un
palo antes de dar un paso. Así evitaron más trampas,
como una reja con cuchillos que cayó del techo y que, de haber
estado alguien debajo, le hubiera acribillado. Luego sólo tuvieron
que pasar por encima, pues era como una cama de fakir cuyas puntas
se clavaron en el suelo.
Otra vez, al tocar Vultran con un palo una piedra, dos lanzas surgieron
de la pared, clavándose en la de enfrente. Muchas otras pruebas
y trampas tuvieron que superar hasta que llegaron a un riachuelo,
que pasaba frente a una gran pared de roca que les impedía
el paso. Decidieron entonces cruzar el río para ver de cerca
la pared, por si había algún sitio por donde pudieran
pasar al otro lado.
Así lo hicieron, y pronto pudieron comprobar su gran pro¬fundidad.
- ¡Glub! ¡Glub! ¡Grorogro! ¡Aha! ¡Blub,
blub! - se oyó en el silencio.
-¿Qué es eso? -se extrañó Auren.
- Ten por seguro que el río no es - dijo Vultran.
- ¡Sooooooocoooorrooo...!
Era May. Se la llevaba la corriente porque no hacía pie, y,
al ser tan pequeña... ¡le cubría tanto el agua!
Auren rescató a May.
- ¡Ufff! ¡Fuuu! - se desahogó ésta.
Continuaron caminando por el agua, que ya les cubría hasta
la cintura. Cuando llegaron al muro de roca, lo estudiaron por todas
partes, pero no hallaron el modo de pasar al otro lado. Entonces se
detuvieron un momento para descan sar y meditar sobre lo que debían
hacer. May salió del agua subiéndose a una roca que
sobresalía, Auren se apoyó en otra.
- ¡Cuidado, Auren!
Auren miró hacia arriba. Sobre ella un pedazo grande de ro
ca caía a toda velocidad.
Vultran se lanzó hacia ella y la empujó, alejándola
del peligro. Ambos cayeron en plancha al agua. No vieron á
May, que se había quedado en una hendidura de la roca.
- ¡May! -gritó Auren, que creía que la gran piedra
la había aplastado.
- Estooooyyy aquíííí...- dijo una voz
muy débil.
- ¡May! -dijo Auren por segunda vez.
Se acercó adonde estaba May y la llevó con Vultran.
Los tres contemplaron silenciosos la pared que les cerraba el paso.
- Y ahora, ¿qué hacemos? -preguntó Vultran, desolado.
Ninguno contestó. Era la pregunta que también se hacían
May y Auren.
Al ver las caras de sus compañeros, May dijo:
- No vamos a rendirnos ahora, ¿verdad?
- No sé -replicó Auren-. No me gustaría ser gafe,
pero no creo que pasemos al otro lado. No somos espíritus ni
fantasmas y no podemos atravesar un muro de sólida roca. Debo
reconocer que esta vez Petilay ha sido más fuerte que yo.
"Sospecho que tendré que andar con cuidado para no pisar
ningún ánimo", se dijo May.
- Vamos, chicos -trató de alegrarlos-. Nadie es perfecto. Algún
fallo tiene que haber aquí, no puede ser que Petilay lo hiciera
tan bien. ¡Arriba la moral!
- Yo opino que May tiene razón -intervino Vultran-. No de¬bemos
rendirnos ahora. Después de todo lo que hemos pasado juntos,
no podemos pensar en abandonar. Hemos llegado demasiado lejos como
para volvernos atrás.
Auren pensó que Vultran y May tenían razón. Habían
llegado hasta allí con muchos esfuerzos. Como dijo Vultran,
era demasiado lejos como para volverse atrás. Pero... ¿Cómo
pasarían?
Y en ese momento le pareció oír una voz que le decía
burlona: "No has podido contra mí, ¿eh? Me lo imaginaba.
¡Nadie debe retar jamás a la Cueva de las Mil Trampas!".
Auren se irguió y contempló las paredes de roca. Tuvo
de pronto la impresión de que la cueva se mofaba de ella. "No
has podido contra mí..." Esas cinco palabras se oían
cada vez más fuerte en su mente. Le pareció un reto...
y si había algo en el mundo que Auren no rechazara jamás
era un reto. "Acepto tu desafío, Cueva de las Mil Trampas
...¡todavía no me has vencido!".
- Bueno, chicos -les dijo a los otros-. Hay que ponerse a pensar la
forma de atravesar el muro, en vez de lamentarnos.
En ese punto, todos estaban de acuerdo, así que comenza¬ron
a cavilar, hasta que...
- ¡Idea! -Auren se puso en pie de un salto, sobresaltándolos
a todos.
- ¿Qué se te ha ocurrido?
- Aguardad un momento aquí.
Se sumergió en el agua y al rato volvió para informar
a los demás.
- Se puede pasar al otro lado buceando, por debajo de la roca. No
es muy difícil.
- Y yo, ¿qué hago? -preguntó la pobre May.
- Tú coge aire, que yo te llevo.
Los tres inspiraron profundamente y se metieron en el agua. Auren
iba delante, llevando a May con una mano y ayudándose de la
otra para avanzar. Detrás iba May, más muerta que viva
del susto, resistiendo todo lo que sus pulmones daban de sí.
Y, por fin, cerrando la marcha de submarinistas, Vultran, que creía
que no iba a caber por el estrecho orificio.
Cuando pensaban que ya no resistirían más, llegaron
a la superficie al otro lado de la pared de roca.
El túnel seguía hacia adelante. Después de secarse
un poco, continuaron. Ahora estaba iluminado por antorchas inextinguibles
(a cualquiera puede parecerle raro esto último, pero Auren
había visto ya tantas cosas raras en ZODIACCÍA que le
pareció lo más natural) y a los lados había estatuas
amenazadoras. Continuaron con el palo por si acaso.
Después evitaron varias trampas más, entre ellas una
que, al menor descuido, si se pisaba una piedra, una estatua caía
hacia delante. Más de una vez pasó eso.
Auren iba pensando: "Así que ya lo has visto, Cueva de
las Mil Trampas. No me dejaré atrapar por ti".
Al cabo de un rato llegaron a una amplia sala donde el túnel
se dividía en tres pasillos. Uno iba hacia la derecha, otro
hacia la izquierda y el tercero seguía recto.
- ¿Qué hacemos ahora? -preguntó alguien.
Vultran se acercó al túnel de la izquierda y descubrió
en la pared, junto a él, una placa de piedra en la que decía:
"CUEVA DEL LABERINTO".
Tras mostrársela a Auren y a May, corrió hacia los otros
pasadizos. "CUEVA DEL TIEMPO", decía en el del centro
y "CUEVA DEL SILENCIO", decía en el de la derecha.
Se unió a las otras dos para deliberar.
- ¿Quién va por cada Cueva? –preguntó.
Eso era lo que tenían que decidir, porque estaba claro que
para acabar antes tendrían que separarse.
Al final todo quedó planificado: Vultran decía que tenía
un buen sentido de la orientación, y Auren sostenía
que ella se perdía enseguida, luego sería el minotauro
quien fuera por la CUEVA DEL LABERINTO. May era la más pequeña
y la que más sigilosamente caminaba, por lo tanto, resultaba
más seguro que fuera ella quien se aventurara por la CUEVA
DEL SILENCIO. Y, finalmente, Auren se adentraría en la CUEVA
DEL TIEMPO.
Decidieron además que quien hallara antes a TAURO fuera a buscar
a los demás.
Se separaron y cada uno se fue por el corredor que le habían
asignado.
Auren siguió el pasadizo, cautelosa, esperando Dios sabe qué...
si se iba a encontrar de pronto en una nave espacial o en la Corte
del Rey Arturo. No había dejado sus precauciones en la bifurcación,
sino que seguía palpando el suelo con un palo antes de dar
un paso. Así comprobó que en ese túnel también
había trampas como las que habían pasado. Pero con ese
procedimiento, se podían burlar todas sin ningún riesgo.
Llegó por fin a un sitio donde el pasillo se bifurcaba. En
el túnel de la derecha decía PASADO y en el de la izquierda,
FUTURO. Se detuvo tratando de adivinar en cuál estaría
TAURO. Mientras reflexionaba sobre esto pensó en algo en lo
que no quería pensar, y era que si viajaba en el tiempo luego
tal vez no sabría volver. Miró con atención lo
que había en los túneles y vio un tenue resplandor rojizo,
que parecía mágico. "Debe ser la Puerta Temporal
de la que habló May", se dijo. Sintió que se mareaba
y se sentó sobre una roca. "Por qué me habré
metido en esto", pensó. Luego recordó su duelo
con la Cueva de las Mil Trampas. Miró a PISCIS, como esperando
una respuesta a sus dudas. Éste pareció brillar pícaramente
y le devolvió la confianza en sí misma. Se apoyó
en la pared, tratando de pensar. Al hacerlo, ésta cedió
y Auren cayó hacia atrás. Vio ante sí un largo
túnel, que no había visto antes por hallarse oculto
entre las rocas. Se abría justo al pasadi¬zo del PASADO.
Auren lo siguió, sin acordarse para nada de la Puerta Temporal.
Vultran había ido por el túnel todo recto, esperando
encontrar el laberinto. También él llevaba un largo
palo para probar la seguridad del suelo que iba a pisar. Tras sortear
varias trampas, llegó a una arcada y tras ella vio el Laberinto.
Entró en él, mirando con atención las gruesas
paredes de piedra. Procuró caminar siempre recto, pero al final
había una pared que siempre se lo impedía. Después
de un cuarto de hora, y a pesar de su buen sentido de la orientación,
se encontró totalmente perdido. Se sentó sobre el húmedo
suelo, cansado de dar vueltas, para pensar en lo que debía
hacer. Miró con miedo los huesos de un minotauro que estaban
frente a él: otro que había intentado probar su valía
entrando en el Laberinto y luego no había sabido encontrar
la salida.
Habían visto muchos esqueletos según iban adentrándose
en la Cueva de las Mil Trampas, pero no les habían prestado
atención. Sin embargo, ahora Vultran temía no saber
salir del Laberinto y terminar como aquel pobre minotauro que tenía
enfrente.
Su mirada se posó entonces en un gran caracol que escalaba
valientemente el muro. "Ése sabe a dónde va, pero...
¿cómo lo sabe?", pensó Vultran. Y se le
ocurrió una idea.
Subió sobre una piedra y, tras muchos esfuerzos, logró
subir sobre el muro. Desde allí dio una mirada circular para
ver si encontraba algún habitáculo donde pudiera es
tar escondido TAURO, pero no lo vio. Divisó entonces la arcada
a lo lejos y, caminando sobre el muro, se dirigió a ella. De
vez en cuando tenía que saltar de una pared a otra, pero no
le fue difícil llegar por fin hasta la salida del Laberinto.
Saltó del muro y se disponía a regresar cuando vio un
murciélago que salía volando de una roca de la pared.
Vultran se acercó y descubrió un túnel tras aquella
roca, junto a la arcada. Lo siguió. El túnel iba a la
derecha y se perdía en la oscuridad.
May entró en la CUEVA DEL SILENCIO, haciendo el menor ruido
posible. Una vez rodó un guijarro bajo sus pies y unas piedras
pequeñas se desprendieron del techo. "Bufff", pensó.
"Si llego a hacer un ruido más fuerte, toda la bóveda
se haría añicos". Miró hacia arriba. Las
estalactitas se abrían en el techo, amenazadoras. Si se cayeran,
May quedaría como un colador. Trató de dominarse y continuó
su camino. Al cabo de un rato un montón de rocas, procedentes
sin duda de algún desprendimiento le cerró el paso.
Bajo las rocas descubrió el cráneo de un minotauro que
habría intentado cruzar la CUEVA DEL SILENCIO antes que ella.
"Ése no fue lo bastante sigiloso", pensó May
con tristeza.
Había un resquicio entre las rocas. Trepó por el montón
y se metió por él. Le costó bastante pero, como
era pequeña, al fin lo consiguió. Otro en su lugar no
habría podido seguir.
Después de un cuarto de hora de sorpresas y sobresaltos llegó
a una habitación iluminada tenuemente con antorchas inextinguibles.
May se alegró del cambio, porque había perdido la suya
al pasar el montón de piedras, y había tenido que proseguir
el viaje a oscuras.
Entró. En el centro de la cámara había un pedestal
con algo encima. May no lo alcanzaba, pero podía ver lo que
tenía encima empinándose mucho. No, no era el Segundo
Medallón. Más bien parecía un pedazo de papel.
Se dedicó a explorar la habitación y vio dos túneles
más. Uno continuaba por el lado opuesto de donde May había
entrado y el otro se abría a su izquierda. Mirando mejor, por
el de 1a izquierda se aproximaba un débil resplandor.
Vultran
vio una luz delante de él y se dispuso a seguirla cautelosamente.
Auren sintió
que la seguían y, aunque era sólo un presentimiento,
apretó el paso, sin volverse. Vio de pronto un resplandor frente
a ella y oyó una voz que la llamaba:
- ¡Auren, Auren! -Ésa sólo podía ser May.
Cuando llegó junto a ella, le susurró: - ¡Escucha,
May! He notado que me seguían.
- ¡Alucinaciones! -sentenció May.
Ambas observaron atentamente el pasillo que Auren acababa de abandonar.
Todo estaba oscuro. Nada se movía.
- Tengo que enseñarte lo que he descubierto -dijo May, lle¬vando
a Auren hasta la vitrina.
Vultran desembocó en un túnel perpendicular al suyo.
Vio que a su izquierda se bifurcaba el pasadizo, y ya no se preo cupó
de la luz. Se acercó a los túneles, y vio que en el
de la izquierda ponía "FUTURO" y en el de la derecha
"PASADO". Supo entonces dónde se encontraba: en la
CUEVA DEL TIEMPO.
Se percató entonces de que el pasillo por donde él había
ido para llegar allí continuaba en la pared opuesta, de manera
que siguió por él.
Veinte minutos después llegó a la sala de la vitrina
donde se encontraban Auren y May, que levantaron la cabeza sorprendidas
al sentirle entrar.
- Así que eras tú el que me seguía -dijo Auren.
- Y tú la que iba delante -replicó el minotauro.
Se aproximó a May, que estudiaba un pedazo de papel. Había
estado mirándolo junto con Auren cuando él llegó.
- ¿Qué es eso May? -interrogó.
- Estaba en la vitrina -informó Auren-. Lo encontró
May, es un viejo mapa de esta cueva.
Los tres observaron el mapa con atención. Aparte de las tres
ramificaciones, había un pasadizo que arrancaba de la entrada
de la el tramo antes de la CUEVA DEL TIEMPO y terminar por fin en
una cámara al final de la CUEVA DEL SILENCIO.
- Por aquí he venido yo -dijeron a la vez Vultran y Auren.
Todo quedaba aclarado entonces. Los tres narraron sus peripecias en
sus respectivas cuevas a los otros, y al terminar miraron de nuevo
el mapa, descubriendo que estaban en la Cámara Especial.
Estudiando el mapa llegaron a la conclusión de que TAURO sólo
podía estar en la Cámara Secreta, a la que se llegaba
por un túnel que partía de la misma habitación
en donde se encontraban. Ese pasadizo era la continuación del
que for¬maba la CUEVA DEL SILENCIO, que proseguía después
de la Cámara Especial.
Además, había una salida al exterior en la Cámara
Se¬creta, de modo que no haría falta volver a atravesar
la Cueva de las Mil Trampas.
Animados con esta perspectiva, los tres siguieron por el pasadizo
que aún no habían recorrido, llevando consigo el mapa,
dispuestos a explorar la Cámara Secreta.
Al cabo de un rato, llegaron a un sitio donde un montón de
piedras, procedentes sin duda de algún desprendimiento, les
cerró el paso junto antes de entrar en la cámara desea
da. No les quedó más remedio que apartarlas una por
una. Cuando terminaron, sudando a mares, se dieron cuenta de que ahora
un muro de sólida roca era el que les impedía pasar.
Estaban a punto de desmoralizarse de nuevo, cuando Auren alzó
la vista y descubrió una grieta en lo alto de la pared, mas
no cabían por ahí.
- Yo sí quepo -hizo notar May-. Este muro es artificial, y
tal vez dentro de la cámara haya un dispositivo para hacer
que se levante. Vultran, súbeme hasta la grieta y, una vez
dentro, encontraré la forma de abrir la puerta.
Así lo hicieron, y May se metió por el orificio con
increíble facilidad. Esperaron un rato, y cuando ya comenzaban
a impacientarse, se oyó un chirrido y el muro comen¬zó
a levantarse lentamente.
- ¡May lo ha conseguido! -dijo Auren.
Se apresuraron a introducirse en la habitación. May les esperaba.
- Vi una palanca y tiré de ella todo cuanto pude, chicos -explicó.
Se dedicaron entonces a recorrer la estancia, explorándola.
También ésta estaba iluminada con antorchas inextinguibles.
Todos descubrieron con desencanto que estaba completamente vacía.
Ni TAURO ni la salida aparecían por ningún sitio.
- ¿Se habrá equivocado Tracor? -dijo Vultran, perplejo.
- Yo más bien opino que es el mapa lo que está equivocado
-replicó May.
Se miraron confusos, sin saber qué hacer. Entonces May tuvo
una idea y oprimió un saliente de la pared. Entonces se abrió
una grieta en el suelo y, con un chirrido, un pedestal emergió
de su interior. Sobre él había un cofre. Vultran se
acercó y lo cogió, mas Auren lo apartó con rapidez.
Una roca cayó del techo sobre el pedestal, haciéndelo
añicos. Un segundo más tarde hubiera sido minotauro
muerto.
Con un suspiro de alivio, los tres contemplaron el arca, fruto de
sus esfuerzos. Auren lo abrió y dentro, brillando magníficamente
a la luz de las antorchas, estaba TAURO, el Segundo Medallón.
Exhausta, lo volvió a dejar en el cofre.
- Ya está -musitó-. Pero ahora tenemos que salir de
aquí.
Y buscó la salida junto con sus compañeros.
- Qué raro -gruñó Vultran-. Según el mapa,
debía de haber una salida en esta pared.
- Yo creo -intervino May-, que tendríamos que buscar algún
mecanismo que accione una puerta de salida. No estoy dispuesta a pasar
de nuevo por la Cueva de las Mil Trampas.
En este punto todos estaban de acuerdo, de manera que buscaron afanosamente.
May descubrió que en el suelo había una losa algo suelta,
y se colocó sobre ella por si activaba algún mecanismo.
- No sirve - comentó.
Auren se colocó sobre la roca, puesto que pesaba más,
para probar suerte. Pero tampoco pasó nada, y entonces lo hizo
Vultran... sin resultado positivo.
- Ya sé -dijo éste-, probemos a subir todos a la vez.
A lo mejor da resultado.
Así lo hicieron. Una roca de la pared se apartó entonces,
dejando al descubierto el exterior; un pedazo de cielo y un poco de
bosque. Bajaron de la losa y salieron afuera. Se alejaron entonces,
disfrutando del aire puro.
Auren se volvió hacia la Montaña Vencalat, que ya dejaban
atrás y pensó: "Conseguí superar tu máxima
prueba, Montaña. He vencido a la Cueva de las Mil Trampas".
Se pusieron en marcha hacia los Grandes Picos de Henn. Auren iba pensando:
"No puedo decir que he ganado en mi duelo con la Cueva de las
Mil Trampas porque, en muchas ocasiones, de no ser por May y Vultran,
no habría salido con vida de allí. La victoria es en
realidad de los tres".
Y May se decía: "El trabajo en equipo es algo primordial,
May, no lo olvides. Si queremos rescatar a los demás Medallones
debemos colaborar. Si no lo hacemos... no lo conseguiremos jamás.
O, como ponía en la misiva de Tracor, "si uno tiene problemas
los otros lo ayudarán”.
Por su parte, los pensamientos de Vultran eran: "En este poco
tiempo he aprendido muchas cosas. Ahora entiendo por qué Tracor
ponía en su carta que la mejor arma para combatir a la Cueva
de las Mil Trampas era la colaboración y el trabajo en equipo.
Sí, ya sé lo que significaba... la unión hace
la fuerza. Es así como tiene que ser. Ayuda mutua. De otro
modo, jamás lo habríamos conseguido".
Y, casi sin darse cuenta, los tres dijeron a la vez:
- ¡Ayuda a tus compañeros antes que a tí mismo!
Poco antes de llegar a las cavernas, una niña minotauro les
salió al encuentro. Era Layly, la hermana de Forcam.
- ¡Princesa, Vultran, May! -dijo alegremente a los recién
llegados-. ¡Venid a conocer al nuevo Rey!
Antes estas palabras se quedaron atónitos. Layly los condujo
hasta la entrada de la caverna del difunto Rey Tracor, a la entrada
de la cual había un trono de madera. Los minotauros aglomerados
alrededor se apartaron un poco al ver a Layly y sus acompañantes.
Vultran, Auren y May se quedaron mudos de la sorpresa, pues en el
trono sentado estaba... ¡el mismísimo Forcam!
- ¿Pero qué...? -empezó Auren, mas no pudo decir
nada más a causa del asombro.
Forcam entonces se levantó del trono y se los llevó
aparte para explicarles lo sucedido.
- Vultran, Auren, May -dijo-. Me alegro muchísimo de que estéis
bien...
- Nos fue difícil, debo reconocerlo -dijo May-. Hubo un momento
en que nos creíamos derrotados, y los ánimos es¬taban
por los suelos. Pero, ¿qué ha pasado aquí?
- Después de que os marcharais pensé que los habitantes
de TAURO tenían derecho a saber que ya no había Rey,
así que se lo dije a todos. Y pasó todo lo contrario
de lo que Tracor pensó que ocurriría. La verdad es que
nadie tenía ningún especial interés por reinar,
de modo que, como yo era el sirviente de confianza de nuestro Rey
y, además, el Capitán de la Guardia, me eligieron a
mí. Pero... ¿qué tal en la Cueva de las Mil Trampas?
Como estaba comenzando a anochecer y todavía no habíais
vuelto, estaba preocupado y Envié a Layly para ver si llegábais.
- ¡Tenemos a TAURO! -pudo decir al fin Auren-. ¡Está
en este cofre!
Cuando corrió la noticia, todo Grandes Picos de Henn estalló
en risas, cantos y alegría. Por orden de Forcam, fueron algunos
emisarios a todos los rincones de TAURO para realizar el Hechizo.
Como la región era muy grande y tardarían bastante,
los minotauros ofrecieron a Auren y May el quedarse a dormir allí,
en los Grandes Picos, cosa que aceptaron enseguida, pues estaban muy
cansadas.
Los cuatro se reunieron para contarse sus aventuras y, al rato, Auren
preguntó:
- ¿Es cierto que coméis carne humana?
Vultran y Forcam se echaron a reír.
- No, es tan sólo una creencia -aclaró Forcam-. Nos
alimentamos de roca caliza y lava de volcán. Lo que ocurre
es que hace tiempo, cuando Petilay, vino a esconder a TAURO, trajo
su ejército porque nosotros no le dejábamos entrar.
Al no tener nuestros cuernos nos defendimos a mordiscos, y de ahí
comenzaron a pensar eso.
- ¿Ro... roca caliza y lava de vo... volcán? -tartamudeó
Auren.
- Bueno, si queréis cenar, creo que hay liebres en las cercanías.
- Sí, y yo sé dónde hay fresas silvestres -dijo
Layly, que estaba deseando intervenir.
Vultran se ofreció a salir a cazar y, media hora después,
volvía con una gran liebre. Layly volvía poco después
con un cestillo repleto de fresas, manzanas y moras.
Se acostaron en camas de paja, muy cómodas, y se durmieron
inmediatamente. Tras los peligros de la Cueva de las Mil Trampas,
la seguridad de los Grandes Picos las reconfortaba.
Al día siguiente, cuando Auren salió de la caverna,
se encontró con una multitud de minotauros aguardándola
silenciosos. Se dirigió hacia la tarima en donde estaba el
trono de Forcam, el cual estaba de pie. Subió y cogió
el cofre que le tendía Vultran. May llegó, silenciosa,
y se colocó junto a ella.
- ¡Minotauros de TAURO! -dijo la Princesa-. Yo soy la Princesa
Auren y en este cofre tengo el Segundo Medallón, TAURO.
Sacó el Medallón del cofre y lo enseñó
a la multitud. Luego prosiguió.
- Ahora quiero que cerréis los ojos y digáis "TAURO"
cuando yo os avise.
Los minotauros cerraron los ojos.
- ¡Ya!
- ¡TAURO!
El mismo resplandor de otras veces iluminó la región
de Tauro. Cuando Auren abrió los ojos ya no vió las
frágiles flores que antes adornara la cabeza de los minotauros,
sino fortísimos cuernos. Todos le dieron las gracias.
- No es mío todo el mérito -confesó Auren-. Reconozco
que, sin la ayuda de Vultran y May, jamás lo hubiera conseguido.
Si no hubiéramos permanecido todos unidos en los momentos difíciles,
TAURO no estaría aquí ahora.
Todos ovacionaron al trío vencedor. Al cabo de un rato, los
que más lejos vivían se marcharon a sus casas para llegar
antes del anochecer.
Auren devolvió el Segundo Medallón al Mosaico Zodiacal,
y con May se preparó para partir hacia la región de
GÉMINIS.
- Son las nueve –observó la muchacha-. Buena hora para
partir.
Vultran se ofreció para acompañarlas hasta la frontera,
cosa que aceptaron enseguida, pues procuraban retrasar lo más
posible la hora de las despedidas.
Por el camino charlaron animadamente para distraerse. Se separaron
en el cruce de caminos, entre ARIES, TAURO y LIBRA. Llegó entonces
el momento de los adioses, que se hicieron algo largos porque, tras
lo que habían pasado juntos en la cueva de las Mil Trampas,
se habían vuelto prác¬ticamente inseparables.
Al final Vultran se marchó, y Auren y May siguieron por el
camino que habían utilizado para ir de PISCIS a ARIES, sólo
que esta vez era en sentido contrario.
- ¿Cómo son los habitantes de GÉMINIS? -interrogó
Auren a May .
- Se llaman zogímenes... Siempre nacen gemelos. Y nunca un
niño y una niña, siempre dos niños o dos niñas.
Todo lo hacen a la vez. Tienen los ojos grandes, ni un solo pelo y
antenas parecidas a las de los piscos. Tienen el cuerpo verde y cola
de zorro. Cuando nacen gemelos tienen la cola del mismo color, pero
es imposible hallar en todo GÉMINIS otra pareja de gemelos
que tenga la cola del mismo color. Quiero decir que cada par de gemelos
tiene la cola de distinto color que los demás. Los gemelos
son prácticamente inseparables, rara vez se pelean y van juntos
a todas partes.
Hizo una pausa y prosiguió:
- Son omnívoros, como los humanos. Comen carne, pescado, frutas,
de todo.
- ¿Y la geografía de la región?
- Es bosque principalmente. Hay un arroyo que divide GÉMINIS
en dos partes, el Bosque del Este y el Bosque del Oeste, que se comunican
por el Puente de Piedra. Se puede vadear el río, claro, pero
ese puente está situado donde más peligroso es su cauce.
- ¿Qué se sabe del Tercer Medallón?
- Se dice que los zogímenes tienen una pista. Además,
ya te hablé de la desaparición de Talen el Magno y Talon
el Magnánimo. Cierto día, alguien preguntó por
ellos... y nadie los había visto, ni nadie los volvió
a ver.
- Tal vez estaban enterados de la Traición de Petilay y por
eso ella los quitó de enmedio -aventuró Auren.
- Sí, yo también opino que esa teoría es la acertada.