Título: Zodiaccía, un mundo diferente


CAPÍTULO VI : GÉMINIS

Caminaron por GÉMINIS hacia el Oeste, sin encontrarse con nadie. May tenía interés en llegar hasta el arroyo central antes de que anocheciera, porque allí iban por la tarde los zogímenes a sacar agua. Les convenía tener refugio para aquella noche, pues si no podían perderse en el bosque.
A veces veían monumentos en forma de "H", rocas verticales como menhires unidas por otro trozo de roca horizontal.
- Son Áigonas - dijo May-. Representan a los zogímenes. Cuando una pareja de zogímenes muere (todo lo hacen a la vez) desaparece su roca. Si nacen gemelos aparecen dos Áigonas con sus nombres inscritos y de su tamaño cerca del lugar del nacimiento. Las rocas y los zogímenes cre¬cen al mismo tiempo. Pero, es curioso - añadió -. No recuerdo que tuvieran la parte horizontal. Eran dos rocas verticales, una junto a otra. Qué extraño...
Era casi de noche cuando llegaron al río.
- Tengo ganas de mojarme los pies - dijo Auren al verlo -. Los tengo ardiendo de tanto caminar.
Se quitó las zapatillas, se remangó un poco los pantalones y se metió en el agua.
- ¡Qué fresquita! - exclamó.
May también se había animado y nadaba a favor de la corriente. Auren se sentó en una piedra que emergía del agua y cerró los ojos, escuchando el murmullo del arroyo.
- ¡Sal de la frontera, humana! - exigió una voz.
- ¿De qué parte estás? - inquirió otra.
Auren abrió los ojos y vió delante suyo, en la otra orilla, una pareja de zogímenes que la miraban enfadados desde la parte del Bosque del Este. No habían reparado en May, que se limitaba a seguir la escena con interés, sin intervenir.
Eran de cola verde-esmeralda, pero lo que más llamó la atención de Auren eran sus manos. El brazo derecho de uno, a la altura de la muñeca, se fusionaba con la muñeca izquierda del otro, formando una sola mano. "Cuando May dijo que eran inseparables, no me imaginé que se refiriera a esto", pensó Auren. Mas casi enseguida comprendió que aquello debía de ser sin duda su Maldición, y que tenía que ver con la deformación de los Áigonas que había apreciado May poco antes.
- No sabía que hubiera frontera en GÉMINIS - protestó la chica -. Yo soy la Princesa Auren, ¿qué demonios pasa aquí?.
La expresión de los dos zogimenes cambió por completo tornándose apesadumbrada.
- Hay guerra - susurró el primero, bajando la vista.
- GÉMINIS se ha dividido en dos partes, y el río es su frontera, Princesa - añadió el segundo.
- ¿Guerra? - dijeron a la vez Auren y May. - Es por culpa de Cáster...
-Y de Castor - terminó el segundo.
- Los del Bosque del Oeste - continuó el primero-, aseguran que mi esposa Shila tiene escondido el Tercer Medallón,. y no es verdad.
- Y también acusan a mi esposa Shala - añadió el segundo
- ¿En qué se basan para sostener eso? - quiso saber Auren.
- Te lo explicaremos gustosamente, Princesa - dijo una voz socarrona.
Auren se volvió. En la orilla del Bosque del Oeste había dos zogímenes de cola de color rojo fuego.
- Somos Cáster y Cástor - dijo uno.
- Y esos dos - concluyó el otro-, son Siro y Saro, maridos y cómplices de las que han robado a GÉMINIS.
Siro y Saro iban a protestar, pero May se les adelantó:
- ¿Qué pruebas tenéis? - inquirió.
- Un manuscrito de Petilay - contestó Cáster desafiante -. En él aparecen como una clara muestra de culpabilidad los nombres de Shila y Shala .
- Debía de ser un mensaje de Petilay para ellas- terminó Castor -, porque eran aliadas. Lo tenemos en el árbol-biblioteca del Bosque del Oeste.
- ¡Eso es mentira! - saltó Siro.
- ¡Shila y Shala son inocentes! - protestó Saro. Cáster hizo caso omiso de sus rivales y se volvió a Auren y May
- Así que debéis decidir de qué parte estáis - dijo.
- Yo, personalmente - dijo Auren -, prefiriría que nos uniéramos todos para descubrir la verdad, ¡porque esta enemistad es absurda! Acabo de volver de la región de TAURO, y allí he aprendido que lo más importante para lograr nuestros propósitos es la solidaridad, la amistad y la colaboración en equipo...
- Pero yo sigo opinando que debes decidir - interrumpió Cástor.
Auren suspiró, e hizo una seña a May. Ambas se reunieron sobre una roca en el centro del río para deliberar. . Lo hicieron en voz baja; no querían que los zogímenes las oyesen.
- Yo creo - dijo Auren - que Siro y Saro llevan la razón y que Shila y Shala son inocentes.
- ¡Pero qué dices! - se escandalizó May -. ¿No te conté antes que los zogímenes tenían una pista? ¡A eso me re¬fería! Es un indicio muy claro del paradero de GÉMINIS.
- Pero es que no tiene ni pies ni cabeza. ¿Per que iban a robar el Medallón?
- ¡Aliadas de Petilay! ¡No cabe duda!
- ¡Qué tontería!
- ¡Vamos, Auren, no seas cabezota! Te digo que está bien claro quién tiene a GÉMINIS.
- No puedes darlo todo por sentado, así, sin investigar. En realidad tus argumentos tienen menos peso que una pluma.
- ¿Y los tuyos? ¡Aún no conoces a Shila y Shala v ya dices que son inocentes!
- Lo que oído me basta para saberlo, May.
- Pues lo mismo te digo yo.
- Exacto, sólo que tú estás equivocada y yo no.
- ¿Yo? ¿Por qué no puedes ser tú la que está equivocada?
Sin darse cuenta habían levantado el tono de voz v comenzado a discutir.
Tras unos momentos más de disputa verbal Auren, roja de ira, gritó:
- ¡Pues, digas lo que digas, me pongo de parte de los del Bosque del Este!
- Es el bando de los perdedores, Auren - dijo May con una carcajada -. Nosotros tenemos el manuscrito. No vas a poder demostrar nada, y menos tu errónea teoría.
- ¿Qué has querido decir con "nosotros"? ¿ Te pones en contra de mí?
- Eres tú la que se pone en contra de mí y de la evidencia.
- ¿Evidencia de qué? ¿De un viejo pedazo de papel escrito por una bruja traicionera?
May había conservado la calma hasta ese momento, pero Auren había ido ya demasiado lejos, de forma que le dijo:
- Di lo que quieras, pero, si cruzas la frontera, no me hago responsable de mis actos, ya te lo advertí. Te lo permito todo, pero en tu terreno.
Y, dicho esto, se volvió muy dignamente hacia el Bosque del Oeste y, saliendo del río, se reunió con Caster y Castor.
- ¡May! - gritó Auren, sintiendo que perdía a su mano dere¬cha -. ¿No ves que si ellas tuvieran a GÉMINIS ya lo habrían utilizado en su propio beneficio?
-¡Eso no lo dudo, porque es exactamente lo que han hecho! - intervino Cáster deseoso de atraer de su parte también a Auren.
- ¿Qué quieres decir?
- ¡Hace tiempo que a Shila y Shala no se les ve el pelo en el arroyo! En su lugar vienen Siro y Saro.
- ¿Y por qué? - siguió Cástor -. ¡Pues porque no tienen la Maldición y no quieren que nos enteremos!
Entonces Siro y Saro soltaron una carcajada ante aquella idea y explicaron, entre risas, que aquello sucedía porque Shila y Shala iban a ser madres. Estaban en estado desde ha¬cía ya casi nueve meses.
-Eso lo explica todo - le soltó Auren a May.
Pero ésta no replicó y, con Caster y Castor se adentró en el Bosque del Oeste. Auren se hundió. Llegó hasta la orilla opuesta y, con Siro y Saro, se perdió en las sombras del Bosque del Este.
Poco después llegaban a la casa de Siro y Saro, un gran árbol gigante... un baobab.
- Ahí viven Shila y Shala - dijo Siro, señalándo otro árbol cercano.
-Tenemos que vivir separados porque no cabemos los cuatro en un sólo árbol - añadió Saro.
Auren les metió prisa porque ya era muy tarde, y penetraron el el árbol por un gran agujero que hacía las veces de puerta.
Era un árbol muy grande, con dos pisos. En el de abajo estaba la sala, donde había una mesa y dos sillas, y una alacena adosada a la pared de madera. En la otra pared había unos escalones que llevaban al piso de arriba, más pequeño; allí sólo había una gran cama de hierba. Auren decidió poner las cosas claras:
- ¿Es importante el manuscrito del que hablan los de la otra orilla?
Siro contestó:
- Es un papel en blanco. Cuando se pronuncia frente a él la palabra "Bhepcilus" aparecen escritos los nombres de Shila y Shala.
- ¡Pero eso no prueba nada! - saltó Auren -. Creo que May está chiflada si piensa que puede sacar algo de ahí.
- Es la única pista que hay.
- Sí, pero lo que me extraña es que haya esa pista.
-¿...?
- Quiero decir que es raro que Petilay dejase tan claro eso. Si hubiera querido que nosotros no supiéramos que Shila y Shala tienen el Medallón, lo habría impedido de alguna manera. Como no lo ha hecho, es que no le importa, v ello prueba más la inocencia de Shila y Shala.
- Bueno, y entonces, ¿ qué vamos a hacer?
Auren miró a Siro, y se sorprendió al leer en sus ojos que tenía una fe ciega en ella. No podía fallarle, ni a él ni a Saro.
- Pues tengo una idea - dijo -. Pero me temo que va a resultar algo peligrosa.
- No importa, haremos lo que sea - dijo Saro.
Auren, angustiada, pensó al percibir en su voz el mismo tono que antes había empleado Siro: "Pero, ¿por qué confiarán tanto en mí?. Ya sé que soy su Princesa, pero... ¿y si les fallo? Esto es muy delicado porque ya sé que Shila y Shala no han hecho nada... y no puedo dejar que las acusen injustamente. Tengo un plan, pero no sé si va a resultar, y si será el adecuado en este caso. ¿Y si me equivoco?".
Y entonces creyó escuchar la burlona voz de Pleyk que le contestaba a su pregunta, como en el Monte Piscazul: "¡Pues te equivocaste!". Recordó entonces que el Ermitaño le había enseñado a no tener dudas y vacilaciones y a obrar según se lo decía su corazón. Por vez primera, Auren se dio cuenta de que mucha gente confiaba en ella y no podía defraudarla. Tenía que encontrar los Medallones, pero para eso antes debía hallar a GÉMINIS. "Y lo haré, aunque tenga que pasar por encima de May", pensó.
- Me hubiera gustado aliarme con May para descubrir dónde está GÉMINIS - declaró -, pues la unión hace la fuerza, pero como por el momento es imposible, no me queda más remedio que intentarlo yo sola. En verdad será ahora un obstáculo en nuestro viaje hacia la verdad y llegaré hasta el final aunque tenga que estar en contra de May.
- ¿Qué vas a hacer entonces?
- Ellos juegan con ventaja ... Por lo tanto, esta misma noche pasaré el Arroyo Divisorio y traeré ese papel. Quizá con él logremos sacar algo en limpio.
- Pero May y los otros no te dejarán. Recuerda que dijo que si te pescaba en su territorio no sería responsable de sus actos.
- ¡Qué miedo! No me importa lo que diga May, es una bravuconada. No quiere que me lleve el papel porque no le conviene que yo descubra que se ha equivocado estrepitosamente. Ellos tienen algo en que basarse y nosotros no. He dicho.
- ¿Y si te descubren?
Auren pensó en las palabras de Pleyk y concluyó decidida:
- ¡Pues me descubrieron!
Los gemelos se miraron. Sabían que May era muy irascible y cabezota, y además muy severa. El problema no era lo que hiciera si encontraba a Auren en el Bosque del Oeste, sino en lo que pensaría entonces. Podría malinterpretar el robo de Auren, creyendo que lo que ella pretendía era destruir las pruebas.
Sin embargo, Auren estaba dispuesta a pasar por todo; no le importaba nada que May le cogiera in fraganti. También ella había pensado en la posibilidad de que May no entendiera que iba a coger el manuscrito para demostrar que tenía razón. Pero no le importaba. Su lógica se basaba en lo siguiente: ¿Cómo demostrar la inocencia de Shila y Shala si no demostraba antes que las pruebas en contra de ellas eran falsas? ¿Y cómo iba a demostrar que esas pruebas eran falsas si antes no las estudiaba para encontrar algún error? Por eso necesita ba el papel. Y pensaba ir a buscarlo cuanto antes... aquella misma noche.
- Y ahora...- dijo, tratando de animar el ambiente general -, vamos a ver a las futuras mamás.


A esa misma hora, en el Bosque del Oeste, May hablaba así a Cáster y Cástor:
- Esta noche iremos al árbol-biblioteca y montaremos guardia. No me fío de la Princesa... podría estar aliada con Petilay. Es una idea alocada, pero conozco a Petilay. Estuvo a punto de convencerme a mí de que me pasara a su bando, y no se¬ría nada raro de que haya persuadido a Auren también. Podría estar aquí enviada por ella para evitar que encontremos los Medallones. De cualquier forma, tengo la seguridad de que esta noche vendrá a llevarse el manuscrito. Si lo hace, ya no habrá duda de que Shila y Shala son culpables. Intentará acabar con la única prueba que tenemos, porque esas dos están de su lado.
Y Cáster y Cástor vieron un brillo de decisión en la mirada de May..


- ¿Cómo? ¿Que piensas cruzar el Arroyo Divisorio después de las amenazas de May? - dijo Shila, incrédula.
- May y sus fanfarronadas no me dan miedo - declaró Auren -. Hasta puede que esté de parte de Petilay.
- Eso es completamente imposible.
- ¿Por qué? En realidad, no sé nada de ella.
- Porque ella es...
- ¿Es qué? ¿Quién es?
- Es... muy fiel a ZODIACCÍA, - intervino Saro, tartamu¬deando.
"Me ocultan algo", pensó Auren. Pero no insistió.
Shila y Shala eran dos bonitas zogímenes de cola azul claro. Vestían con una túnica de hierbas trenzadas, como todas Las zogímenes con la diferencia de que las demás llevaban un cinturón trenzado que ellas se habían quitado debido a su embarazo). Los hombres llevaban un pantalón de hierbas trenzadas largo por toda vestimenta.
- Ahora sólo queda que me digáis cuál es el árbol-biblioteca - dijo Auren señalando el mapa de GÉMINIS que Siro había extendido sobre la mesa.
Se lo indicaron y decidió ponerse en camino inmediatamente.


Aquella noche, a la titilante luz de las estrellas y bajo la custodia de la Luna Creciente, una sombra se deslizó sigilosamente por el Bosque del Este y vaciló un instante antes de cruzar el Puente de Piedra. Luego pasó el Arroyo Divisorio decididamente. Una vez en el Bosque del Oeste avanzó rápida y cautelosamente hacia el árbol-biblioteca: Era Auren.
Cuando por fin llegó a su destino, entró en el árbol. Bajo la suave luz de la luna pudo ver dentro muchos libros en estanterías adosadas a la pared. En el centro de la es tancia había una vitrina con un papel enrollado con una cinta roja. Auren entonces levantó con papel el cristal y cogió el manuscrito. Lo tenía en la mano cuando oyó un rumor afuera. "¡Es una trampa!", pensó. Tenía el tiempo justo. Se colocó el papel bajo la camiseta y tomó uno en blanco de la estantería, atándolo con la cinta roja que le recogía el pelo.
- ¡Ajajá! - May entró, llevando consigo un candil de los que usan los zogímenes para alumbrarse -. Me lo imaginaba. Por suerte, te hemos pillado con las manos en la masa.
Si llegamos a venir un poco más tarde, ya habrías acabado con la única prueba que tenemos.
Auren no tuvo tiempo de protestar, porque se aproximaran Cáster y Cástor con una cuerda y May, con semblante furibundo, ordenó:
- ¡Atadla!
- ¡Eh! ¡No me toques! - dijo Auren, rechazando a Cástor.
- No has jugado limpio - dijo May, observando a Auren for¬cejear -. Has querido destruir la prueba.
Auren se detuvo un momento y miró estupefacta a May, cosa que permitió a los gemelos atarla a la silla.
- ¿De qué prueba me hablas?
May señaló con gesto de evidencia el falso papel.
- Eso no es una prueba - protestó Auren.
- Ahí dice "Shila y Shala", ¿no?
- Bien, ¿y qué? No significa que se refiera al Medallón. Además, ¿qué te dice a ti que yo hay querido destruir el papel ese?
- Déjate de tonterías. Has hecho trampa porque querías el papel, ¿no?
- No lo niego. Pero no lo quería para acabar con él, créeme, sino para ver si encontraba alguna pista. Ahora se cambian los papeles, May. Soy yo la que te pide una prueba... ¡porque quiero que me demuestres que ese manuscrito lo escribió Petilay, y también que se refería al Tercer Medallón!
- Yo en esto tengo más experiencia que tú. Sé que es magia Negra, de Petilay. ¡Ella lo borró! Era una carta para sus cómplices y luego la borró para que nadie se enterara de quién tenía el Tercer Medallón.
- Magnífica teoría, May me has asombrado. Ahora resulta que tienes algo dentro de la cabeza, que no está hueca como creía. Pero te has saltado un detalle muy importante: Si Petilay lo borró, era porque no quería que supiéramos lo de Shila y Shala, es verdad, pero entonces... ¿por qué no lo destruyó? Si este mensaje fuera indestructible, ¿para qué iba yo a tratar de acabar con él? Y si ella podía borrarlo, ¿por qué no lo hizo del todo para evitar que leyésemos los nombres de Shila y Shala? Si se te ocurre usar la materia gris, te darás cuenta de que todo esto no concuerda...
- Lo que no concuerdan son las células de tu cerebro. En el manuscrito ponen los nombres de Shila y Shala... Eso lo prueba todo.
-¡Eso no prueba nada! Además, tú me has obligado a venir aquí, porque con el manuscrito jugabas con ventaja.
- No creo que seas digna de ser la Princesa de ZODIACCÍA - dijo May, mirándola de arriba a abajo -. Otra traicionera como Petilay. Últimamente no tenemos mucha suerte con las princesas en este país. Y, naturalmente, no tienes ningún derecho sobre PISCIS, al igual que, después de lo que hizo, Petilay no lo tenía sobre CAPRICORNIO. Así que, dámelo, que volverá al Mosaico Zodiacal. -Y le quitó el Medallón rompiendo la cadena -. Voy a comunicarme con Bhepcilus para decirle que mande al Exterior a ARIES y TAURO para que busquen otro Príncipe Elegido, porque tú no nos sirves.
Auren sintió de pronto que el papel estaba muy caliente, y recordó que Siro Y Saro le habían dicho que cuando se pronunciaba la palabra "Bhepcilus" frente al manuscrito, aparecían escritos los nombres de Shila y Shala. May lo había hecho...
Se alegró secretamente de haber engañado a May conservando el papel original. La despertaron de sus reflexiones los gritos de enfado de May:
- ¡Se niega a mantener contacto conmigo! ¿O es que el Medallón no funciona? Aunque, ahora recuerdo que los Medallones sólo los pueden usar los miembros de la Familia Real Zodiáccica.
- ¿Y tú? - dijo Cástor -. ¿No eres de esa Familia?
- Antes. Ahora ya no soy la de otros tiempos. Soy May.
Una mueca de descontento se pintó en las bocas de todos menos en la de Auren.
- ¿Lo ves? - dijo triunfal -. Yo soy la Elegida, la verdade¬ra Princesa. Y si estuviera de parte de Petilay, no me habría jugado el pellejo en la Cueva de las Mil Trampas.
- Necesitabas disimular, ¿no? Si nos hubiéramos dado cuenta de que no querías entrar, habríamos descubierto que no tienes intención de hacer nada por ZODIACCÍA.
- ¿Que yo qué? - Auren abrió la boca, pasmada.
May hizo caso omiso y se volvió a Cáster y Cástor:
- Id a dormir, que yo me quedo vigilándola.
- ¿Y si te duermes? - interrogó Cástor.
- Me colocaré sobre la vitrina y, si intenta llevarse el manuscrito me despertaré.
- ¿Y si se escapa? - quiso saber Cáster.
- Si se escapa, no importa. Lo principal ahora es que no se lleve el papel.
-Pues entonces podrías soltarme -sugirió Auren.
- No me fío de ti, ricura - replicó May, con guasa. Se volvió a los gemelos y les dijo:
- Mañana iremos al Bosque del Este y obligaremos a Shila y Shala a que nos devuelvan el Medallón, aunque sea a la fuerza.
- ¡No puedes hacer eso! - saltó Auren -. Están a punto de dar a luz, un disgusto ahora para ellas puede traer comlicaciones...
May le dirigió una mirada glacial. "Tiene el corazón de piedra", se estremeció Auren. "¿No será ella misma Petilay, que ha vuelto?"
De todas formas, se rió entre dientes, pensando en la cara que pondría May de saber que su famosa y convincente "prueba" no era más que un papel normal y corriente.
Cáster y Cástor se marcharon, llevándose la luz. El árbol-biblioteca estaba ahora a oscuras. Auren trató de deshacerse los nudos, sin resultado. Estaba además en una posición muy incómoda. Oyó la suave y a la vez fría voz de May que le decía desde la vitrina:
- No intentes nada, no podrás escapar.
Auren suspiró. "Ya lo veremos", pensó.
Pasó una hora. Auren gimió. No podía dormir, le dolían todos los huesos, y, encima, tener que escuchar los ronquidos de May, que se había hecho una cómoda cama sobre la vitrina con su chaqueta, era como para desesperar a cualquiera. Hubiera deseado tener su chaqueta en esos momentos porque tenía frío. May se la había podido quitar fácilmente porque antes la llevaba atada a la cintura. Murmuró por enésima vez la palabra "Bhepcilus", para que el manuscrito, que aún conservaba bajo la camiseta, se calentase v así no sentir frío. Llevaba haciéndolo bastante rato, pero a los pocos minutos siempre volvía a sentirse helada.
Oyó un murmullo fuera. Unos ojos que Auren no vió centellearon en la oscuridad. Súbitamente, desaparecieron.
Al cabo de dos horas sintió que algo le rozaba las manos, que tenía atadas a la espalda; algo duro y frío.
- ¡Sssssssssshhhhhhh!
Auren estuvo a punto de chillar de alegría: ¡era la voz de Siro! Empero, se contuvo y esperó a que éste , que lle¬vaba a rastras a Saro, acabara de cortarle las ataduras con la navaja. No tardó mucho en terminar. Salieron del árbol¬biblioteca, con Auren frotándose las muñecas, y se dirigieron al Puente de Pied.ra para cruzar luego el Arroyo Divi¬sorio y adentrarse en el Bosque del Este.


May se despertó, sobresaltada. Vió tras la silla de Auren unos ojos que la miraban centelleantes... ¿O creyó verlos? Se dijo que simplemente serían algunos rayos de luz de luna y volvió a dormirse.
La criatura era alta y bella, pero malvada. Con los dientes, cogió a May por la chaqueta en la que estaba envuelta y la depositó cautelosamente en la silla de Auren, ahora vacía.
May se removió entre sueños. La criatura halló una pequeña portezuela en la vitrina y la abrió, sacando de su interior un papel en blanco. Cuando lo tuvo entre los dientes, se detuvo un instante, perplejo, porque no percibía en él, la Magia Negra de su ama. Se percató entonces de que era falso y de que alguien se le había adelantado. Sus ojos volvieron a brillar entonces, pero esta vez de furia. Volvió a dejarlo todo como estaba, y a la dormida May encima. No había conseguido hacer lo que se propusiera para mantener oculto el paradero de GÉMINIS, pero aún quedaba tiempo... lo haría entonces por las malas, mas antes tenía que encontrar a la nueva Elegida, pues estaba convencido de que ella tenía algo que ver con la desaparición del manuscrito. Pensó satisfecho que tenía un punto a su favor: May estaba obrando como si fuera una de los suyos. Emitió un sordo gruñido y salió al exterior, alzando la cabeza al cielo nocturno, plantándose orgulloso como si desafiara a las estrellas. La luz de la luna iluminó la alta figura de un Unicornio.


-¡Bhepcilus! - dijo Auren, ya en casa de Siro y Saro.
El papel se tornó rojo. Unos caracteres escritos en letras antiguas aparecieron. Todos pudieron leer entonces los nombres de Shila y Shala.
- ¡Es una infame acusación! - gritó Siro.
- Calma, Siro - le tranquilizó Auren -. No las están acusando de nada. Me parece que esto era un mensaje para alguien, que Petilay no quería que llegara a su destino. Tal vez lo interceptó y lo borró, pero utilizó algo que consiguió que esas palabras que ella quería que todos leyésemos para confundirnos, quedaran más al descubierto. Por eso, al ser Magia Negra, el nombre de Bhepcilus la ataca.
- Entonces hay que decir el nombre de alguien más poderoso que Bhepcilus para que aparezca entero el mensaje -opinó Saro.
Cuatro ojos se clavaron en Auren, y los gemelos dijeron su nombre:
- Auren.
El papel brilló de una forma extraña, retorciéndose, y apareció entonces el mensaje completo:

"Palacio de Carey, LIBRA.
A Bhepcilus, Maestro y Guardián de ZODIACCÍA:
Bienamado Maestro:
Mi nombre es Talen el Magno, Zogímen Real de la Princesa Petilay, y debo avisaros antes de que sea demasiado tarde.
Es una lástima, mas tristeza y amargas lágrimas residen en esta carta. Se trata del anuncio de la traición de nuestra amada princesa Petilay, que pretende efectuar un ataque por sorpresa a la Casa del Zodíaco, y, si algo saliese mal, lo pagarían los habitantes de ZODIACCÍA, pues arrojaría una maldición sobre todos nosotros, que no se puede deshacer sino con los Doce Medallones Zodiacales. Por tal motivo, piensa robarlos y ocultarlos donde nadie pueda hallarlos jamás. Desconozco ciál será su paradero en este caso, mas sé que la clave para encontrar a GÉMINIS la poseerán dos zogímenes llamadas Shila y Shala. Os lo ruego, debéis detener a la princesa antes de que sea demasiado tar.......... "

(por detrás ponía):

Poema del Triste destino:

Desde mi encierro escondido
Canto aquel tan triste destino
De mi hermano Talen el Magno,
A quien por una carta asesinaron.
Talen, yo sé que desde allí
Tú velarás siempre por mí.
Destinado estoy a no ver más el sol.
Condenado estoy, por una traición.
Mañana al amanecer
Voy a desaparecer
La princesa me matará
Y mi vida acabará.
Pero más triste es saber
Que él, al cumplir su deber
Murió asesinado por un puñal
Y que nadie lo pudo evitar.
Esta carta Petilay no podrá encontrar;
Hecha de trsiteza y lágrimas, es inmortal.
Tan solo la futura princesa la hallará
Y a ZODIACCÍA algún día liberará.
Pero Talon el Magnánimo fallecerá
Sin conseguir advertir a los demás
Que el día veintidós de junio han de evitar
Que el Tercer Medallón no volvamos a encontrar.

Talon el Magnánimo.

Se acerca Eclipse, este poema termina aquí
Pues la sentencia se cumple, y él será mi fin.
Es rojo y negro, malvado y hermoso a la vez.
Pero yo nunca más lo podré ver. "


Auren lo tomó y, tras leerlo, lo pasó a Siro y Saro. Luego preguntó:
- ¿Qué es el Palacio de Carey?
- Es el antiguo palacio y sede de Petilay Hubo una batalla allí. Sus ruinas están en LIBRA.
Auren volvió a mirar el manuscrito mientras Siro preguntaba ingenuamente:
- Y la mancha roja, ¿qué es?
Auren tardó unos instantes en responder, y luego dijo con voz grave:
- Sangre.
Los tres leyeron atentamente el manuscrito de nuevo. Después, Auren dijo:
- No sé si os habréis dado cuenta, pero esto aclara el enigma de la desaparición de Talen el Magno y Talon el Magnánimo. Por lo que sé, y por lo que dice aquí puedo hacer una versión de lo que sucedió el día en que éste mensaje fue escrito Talen el Magno se da cuenta de que Petilay prepara una Traición ...¿qué hace? No se asusta, sino que, con sangre fría, se lo cuenta a su hermano Talón el Magnánimo, y juntos comienzan a investigar. Así consiguen conocer los pla¬nes de su Princesa de principio a fin. Lo único de lo que no se enteraron fue de donde pensaba Petilay ocultar los Medallones. Sólo se enteraron del futuro paradero de GEMINIS. Y, como el día de la ofensiva se acercaba, Talen decidió comunicar a Bhepcilus los planes de su Princesa: no podía esperar más. Y así lo hizo, pero Petilay le sorprendió y como dice el poema, lo apuñaló.
»De momento su secreto estaba a salvo, pero... ¿por cuanto tiempo? Por si acaso, mas le valía destruir el mensaje. Pero cuando lo busca, no lo encuentra por ningún sitio... Porque Talon el Magnánimo lo había escondido, esperando mandarlo en el momento propicio. Adivinando que Talon estaba también enterado de sus planes, lo encierra en un calabozo. Y en ese tiempo escribe el Magnánimo su "Poema del Triste Destino". Como estaba triste y dolido por la muerte de su hermano, pensó en defender lo que había costado la vida a Talen; con sus lágrimas consiguió volver indestructible el mensaje. El caso es que Petilay no pudo terminar con él. Lo intentó, creo, porque el papel está quemado por los bordes. Debió de utilizar sus artes para terminar con él, pero no lo logró. Sus encantamientos no pasaron de quemar los bordes.
»Entonces se las apañó para conseguir que los nombres de Shila y Shala fueran lo único que apareciera al pronunciar el nombre de Bhepcilus. Luego traería el papel a GÉMINIS y lo demás sería fácil. Todo sucedió como ella había pre¬visto. Nos equivocamos, tal y como ella esperaba.
- ¿Y Shila y Shala?
- Aquí dice que tienen la clave, mas no que tengan a GÉMIN...
- ¡Ayyyyyyy! - un gemido prolongado alertó a los tres amigos, interrumpiendo a Auren.
-¡Es la voz de Shila! - gritó Siro fuera de sí. Se oyó entonces otro grito.
- ¡ La voz de Shala! - se desesperó Saro.
Los tres corrieron raudos al árbol de las mellizas, asustados, mas Auren tenía otra pregunta pendiente:
-¿Sabe alguien quién es ese Eclipse?
Pero no le contestaron.
Entraron corriendo en el árbol y subieron a la habitación de arriba. Shila y Shala estaban tumbadas en la cama de hierbas, sudorosas.
-¿Ya? - preguntaron Siro y Saro a la vez, nerviosos.
Shila y Shala se encogieron de hombros. De pronto, los dolores aumentaron. Siro y Saro no sabían qué hacer, y Auren trató de remediar la situación.
- ¡Voy a buscar un médico! - dijo.
- Los tres que había se fueron al Bosque del Oeste cuando acusaron a Shila y Shala... -le contestó Siro.
- No importa, ¡voy a buscarlos!
- ¡No! No dará tiempo.
-De pronto, Auren recordó las palabras del poema: "... Que el día veintidós de Junio han de evitar que el Tercer Medallón no volvamos a encontrar..."
- ¡Es hoy! -gritó-. ¡Hoy es el día en qué tenemos que evitar que se pierda el Medallón!
Los gemelos no le hicieron caso. Iban a nacer sus hijos y no había un médico en la habitación. Estaban tan preocupados que lo que sucediera con GÉMINIS les daba lo mismo. Mira¬ron a Auren suplicando ayuda.
- ¡Pero es que van a ser gemelos! - dijo ella, moviendo la cabeza -. ¡No puedo ocuparme de los cuatro a la vez! Además, yo esto no lo he hecho en mi vida.
Mas era urgente, de modo que, en vista de que no podía hacer otra cosa mejor, se dispuso a atender el parto lo mejor que supo, según había oído decir que se hacía.
Ordenó a Siro que calentará agua y se puso a ayudar a Shila. Saro comenzó a hacer lo mismo con Shala. Auren no llegó nunca a comprender cómo se las había arreglado para conseguir traer al mundo a cuatro preciosos bebés. Nunca en su vida lo había hecho y, sin embargo...
Ni ella, ni Siro ni Saro recordarían con exactitud cómo sucedió todo. Pero esa noche la recordarían como la más confusa de su vida.
- Ni siquiera sé lo que hice -diría más tarde Auren-. De pronto me encontré con que tenla a cuatro zogímenes recién nacidos entre mis brazo:. Ni cómo los traje ni cómo llegaron ... No lo sé.
Eran dos niñas, hijas de Siro y dos niños, hijos de Saro. Pero volvamos a los acontecimientos de la noche del parto, pues no todo fue tan bien...
En efecto, cuando Auren se dio cuenta de que los recién nacidos estaban bien y durmiendo, con Siro y Saro se puso a atender a las desfallecidas mamás. Enseguida se percataron de que el asunto estaba muy mal. Shila y Shala no reaccio naban, a pesar de todos los esfuerzos por hacer que recobra¬ran el conocimiento. La pobre Auren no sabía qué hacer. Y entonces lo vio. Por la ventana del árbol, con las mortecinas luces del amanecer, vió que los Áigonas de las dos madres comenzaban a desaparecer.
-¡No!- gritó.
Se precipitó escaleras abajo y, al salir como un rayo al exterior, casi tropezó con dos Áigonas que no le llegaban a la rodilla. Más allá había otra pareja. Fijó su vista en los Áigonas de Shila y Shala a punto de desaparecer y de pronto lo comprendió todo. Frases como "Shila y Shala tienen la clave" y "el día veintidós de Junio han de evitar que el Tercer Medallón no volvamos a encontrar" le vinieron a la memoria. Sacando fuerzas de flaqueza cogió un garrote del suelo y, rezando para que no se hubiera equivocado, le asestó un golpe con toda su alma a la parte horizontal de la Áigona que se desvanecía. Y el mágico monumento desapareció. Auren, casi sin saber lo que hacía pensó: "Ya está". Destrozada, dejó caer el garrote y se dijo que ella allí ya había hecho lo que tenía que hacer. Tras un leve titubeo bajó la vista al suelo y miró casi sin verlo el cofre que acababa de extraer del Áigona.
Se sintió cansada de pronto, muy cansada. La muerte de Shila y Shala llenaba por completo su corazón, sin importarle para nada que hubiera encontrado a GÉMINIS. Y luego estaba May. No tardaría mucho en aparecer, después de que se hubiera dado cuenta de que ella no estaba ya. Sintió de pronto asco de sí misma. Sí, había conseguido encontrar el Tercer Medallón, mas... ¿a qué precio? ¿La vida de Shila y Shala, la amistad de May?
Contempló cómo iba desapareciendo la bruma matinal, al igual que su alegría.
Echando una última mirada al lugar que antes ocupaban las Áigonas, se volvió a Siro y Saro, que estaban en la puerta del árbol-casa contemplándola silenciosos.
Al ver sus rostros crispados por el dolor y la tristeza, no pudo soportarlo más y, con un sollozo, salió corriendo.
A su memoria acudió el recuerdo de Buddy, un osito de peluche que su hermana Fanny le había roto sin querer cuando ambas eran muy pequeñas. Ahora entendía a Fanny. Lloró más que ella la pérdida del muñeco, que no era suyo, porque se sentía culpable. Naturalmente, Shila y Shala no eran de peluche, y por eso Auren se sentía ahora tan culpable que sentía ganas de marcharse de ZODIACCÍA y no volver nunca más. No quería ver a May, ni a Vultran, ni a Sen, ni a Sol... a nadie.
Seguía corriendo, sintiendo cómo las lágrimas le corrían por la cara. Ahora ya no era la Princesa de ZODIACCÍA, sino una chica normal y corriente que se creía causante de la muerte de dos zogímenes que acababan de dar a luz.
Así lo entendió May cuando, momentos más tarde, Auren tropezó con ella y con Cáster y Cástor. Éste la sujeto por los brazos, mientras ella, llorando desesperadamente, decía:
- ¡No pude hacer nada, nada! Hay ahora cuatro, pero tendría que haber seis... Shila y Shala tuv... tuvieron hijos, pero las Áigonas de ellas des...desaparecieron. Encontré a GÉMINIS, pero... ¿de qué sirve?
Auren cayó de rodillas en el suelo, llorando.
- Princesa...-murmuró Caster .
- ¡No, yo no soy la Princesa, no soy Auren! Soy Aurora, y ahora me despertaré y veré que todo esto no es más que una pesadilla.
- Auren, tranquila - dijo May con voz suave -. Dime, ¿qué ha pasado?
Auren lo contó todo entre sollozos.
- ¡Qué tontería! - soltó May, indignada -. ¿Quién te ha metido en la cabeza que tú tienes la culpa?
- Buddy - sonrió Auren, ya más tranquila.
- ¿Quién?
- No, no te preocupes, May. Vuelvo a ser la de siempre... y ahora reconocerás que yo tengo razón.
- ¿Ya empezamos?
- Espera a que te enseñe el manuscrito.
Volvieron al árbol, dónde Siro y Saro los esperaban muy preocupados.
- Estabas tan rara - comentó Saro -. Cuando saliste corriendo no sabíamos qué hacer.
- Y te dejaste esto - añadió Siro, tendiéndole el cofre.
- "Esto," como tú lo llamas, es... -y Auren abrió el arca y sacó el Medallón.
-... GÉMINIS, el Tercer Medallón - concluyó May satisfecha, en tanto que los zogímenes lanzaban un "oh" de asombro.
- ¿En dónde lo encontraste? - quiso saber Cáster -. ¿Se lo quitaste a Shila y Shala?
Siro, Saro y Auren le lanzaron una mirada de enojo.
- No - gruñó ésta última -. Ellas no lo tenían, ya os lo dije. Se lo quité a sus Áigonas.
Siro tendió el papel a los del Bosque del Oeste, que lo leyeron con interés. Luego, Auren narró todo lo que no sabían.
- Sólo queda por resolver una cosa - dijo -. ¿Quién es Eclipse?
Los zogímenes miraron a May, en espera de que fuese ella quien contestara a la pregunta.
- Hablando de Eclipse, hay un pequeño problema - dijo ella -. lo he visto en el Bosque del Oeste. Nos sigue los pasos, sin duda con el propósito de hacer fracasar nuestra Misión. Él es el Leal Servidor de Petilay... El último Unicornio. Antes era amigo de ZODIACCÍA y era blanco como la nieve. Había otro Unicornio más, pero murió. Juntos podrían haber devuelto al mundo la raza de los Unicornios, pero murió. Entonces Eclipse se volvió medio loco y se convirtió en el Unicornio negro de crines rojas que ahora conozco. Se hizo malvado, y se puso de parte de Petilay.
- Bueno, ahora que todo está aclarado, devuélveme a PISCIS.
May lo hizo, con una generosa disculpa:
- Reconozco que eras tú la que tenía razón, y siento de veras haber dudado de tí. En vez de pelearnos como colegialas, deberíamos haber devuelto la unidad a GÉMINIS.
Entre tanto, zogímenes curiosos se habían ido apiñando en torno a ellas; también había del Bosque del Oeste, que habían seguido a sus líderes hasta el otro lado de la frontera. Auren y May, entonces, se dieron pacíficamente la mano, y lo mismo hicieron Cáster y Cástor, y Siro y Saro. A su alrededor los zogímenes rompieron en vítores y aplausos.
- Debo deciros a todos - declaró May -, que, además de haber encontrado a GÉMINIS, hemos aclarado el enigma de la desaparición de Talen el Magno y Talón el Magnánimo y el del manuscrito del árbol-biblioteca.
Ella y Auren se miraron con ojos brillantes. En aquel momento ninguna se acordaba de los momentos de discusión que protagonizaron al llegar a la región. May se arrepen tía secretamente de haber llegado a romper el hilo de la amistad que las unía, y recordó algo que había olvidado desde que discutiera con Auren el día anterior: que la colaboración y la amistad son lo más importante. Lo había aprendido en TAURO y, pese a que se había hecho allí el propósito de no olvidarlo se le fue de la mente cuando más lo necesitaba.
Pero ahora todo estaba arreglado. Auren dio orden de ir a buscar a todos los zogímenes y, seguidamente, se introdujo en el árbol de Siro Y Saro para descansar.
Dentro, Siro y Saro la esperaban
- Se llamarán Iris y Aris - dijo el primero, mostrándole a sus hijas -. Quería que fueses tú la primera en saberlo. Hiciste lo que pudiste y, sin ti, probablemente los bebés tampoco estarían aquí.
Auren hizo un gesto negativo.
- Hice lo que pude -repitió-, pero a veces no es suficiente, y entonces...
- Y entonces piensas que podrías haber hecho más - terminó Saro -. Pero al menos algo conseguiste. Vial y Viel te lo agradecen también. Ahora grabaré sus nombres en sus Áigonas.
- Yo haré lo mismo - dijo Siro.
Ambos salieron afuera. Auren, tras un instante de duda, fue tras ellos y les ayudó en la ardua tarea de rascar en la roca.
Al cabo de un rato, Siro se llevó a parte a Auren y le habló así:
- No debes guardar rencor a ...- se interrumpió -. A May - dijo por fin -. Ha sufrido mucho con la Traición de Petilay, pues antaño fue su mejor amiga ...ahora no se fía de nadie. No pudo soportar que la muchacha dulce y amable que ella conoció se volviera contra ella. May ama esta tierra, es su obligación cuidar de ella junto con Bhepcilus... lo de Petilay se quedó grabado en lo más profundo de su ser. Pero lo que más le impresionó fue que ella le intentó convencer para que se pusiera de su parte. Desde entonces, no se deja convencer por nadie hasta que no se demuestra que tiene razón.
- Pero, ¿quién es ella, en realidad? - preguntó Auren, confusa.
- Lo sabrás con el tiempo - fue la enigmática respuesta.
Auren se resignó. Se moría de ganas por saber de una vez dónde encajaba May en ZODIACCÍA, pero, por lo visto, habría de esperar más tiempo para enterarse
Luego, ya con May, comentó:
- No sabes el frío que pasé en el árbol-biblioteca. Eres una sádica, May.
- Lo siento. Pero, ahora que lo dices, no era PISCIS lo único que te tenía que devolver.
Y con una misteriosa sonrisa le entregó algo que Auren reconoció al instante:
- ¡Mi chaqueta! La verdad es que me alegro de que mi madre me la hiciera traer. Al fin y al cabo, tenía razón en eso de que la necesitaría.
- Ya ves.
Y entonces, Auren recordó una cosa:
-¡Mi madre! Se supone que hace tiempo que yo debía estar en casa.
- Ya te dije que aquí el tiempo pasa mucho más deprisa que en el Exterior. De momento no te echarán de menos. Auren entonces bostezó ruidosamente, se arrebujó en su chaqueta y se tumbó en el suelo.
- Buenas noches - dijo -. Despiértame cuando sea de día.
-¿No prefieres dormir en el árbol?
Un gruñido fue la única respuesta que obtuvo May. "Debe de estar muy cansada", pensó.
-¡Cuidado, Auren! - gritó una voz.
Auren abrió los ojos y miró el reloj. Era ya mediodía.
"He dormido mucho", se dijo. Pero la voz... ¿lo había soñado?
- ¡Auren, cuidado! - repitió la voz.
Provenía del bosque: era la voz de May, sin duda alguna. Auren miró hacia allí. Nada. La luz se filtraba entre las hojas de los árboles. Se incorporó, parpadeando.
- ¿Qué pasa? - preguntó al silencio del bosque.
Pronto tuvo la respuesta. Un trueno, un ruido muy fuerte de cascos resonó entre la espesura. "¿Será un ejército?", se pre¬guntó. Pero no. No era un ejército. Y, por fin, vio lo que tanto había ansiado ver cuando soñaba de pequeña (aunque no lo vio en las condiciones que hubiera deseado): un Unicornio. Pero no era blanco ni delicado. Era negro como el azabache con crines y cola rojo fuego, y se dirigía hacia ella con el cuerno inclinado. Su piel era tersa y fuerte, yhacia ella con furia salvaje, y sus crines y cola de fuego estaban alborotadas: era Eclipse, el último Unicornio. Auren dejó a GÉMINIS bien envuelto en su chaqueta en el suelo, y se incorporó de un salto.
-¡May, ayúdame! - chilló a la espesura -. ¡Creía que tú no te rendías ante las dificultades!
La voz de May le llegó, lejana:
- ¡Esto es una excepción! ¡Es una dificultad muy puntiaguda!
A Auren le extrañó la actitud de May y se consoló pensan do que a lo mejor tenía un plan. No le dió tiempo de reflexionar demasiado sobre ello, porque, cuando se quiso dar cuenta, Eclipse estaba frente a ella, con su largo y reluciente cuerno apuntando hacia su corazón. Quiso huir, quiso gritar, mas no llegó a moverse del sitio. Cuando se tranquilizó, preguntó lentamente:
-¿Qué quieres de mí?
"Pregunta estúpida" se dijo. "En caso de que me entienda... no creo que sepa hablar". Pero lo menospreciaba, pues sí sa¬bía.
- A GÉMINIS. - La voz de Eclipse sorprendió a Auren, pese a que en su interior, estaba convencida de que los Unicornios hablaban -. Dámelo.
-¡Porque tú lo digas! - replicó Auren, sorprendida de su pro¬pia osadía.
Eclipse se enfureció.
- ¡Dámelo! - repitió.
Auren iba retrocediendo, siempre con el cuerno de Eclipse en el pecho ...hasta que su espalda tropezó con un inoportuno árbol. "Vaya", pensó. "Ahora sé lo que es estar entre la espada y la pared". Y entonces decidió jugarse el todo por el todo y cambió de táctica.
- ¡Qué piel más suave tienes! - dijo, y le acarició el lomo. Al Unicornio no pareció gustarle, porque dio un respingo y su cuerno se clavó más aún en el pecho de Auren. Ésta retiró la mano.
- ¿Qué te pasa? - preguntó, tratando de poner su más dulce voz -. Yo sólo trato de ser tu amiga.
Se calló al ver que los ojos de Eclipse, escépticos, parecían decir: "¿A quién pretendes engañar así?". De todas formas, continuó:
- Nunca había visto un Unicornio, y lo siento; sois muy bellos.
Durante un instante fugaz los ojos de Eclipse se suavizaron (o al menos eso creyó Auren), y su voz tenía un ciertomatiz nostálgico y triste cuando dijo:
- Éramos.
El cuerno se apartó apenas un milímetro, y Auren pudo respirar mejor. "Vaya, ésto da resultado", pensó. "Sigamos, pues...".
- Entonces...- se atrevió a decir -, ¿es verdad que tú eres el Último?
El Unicornio asintió. Sus ojos reflejaban odio ahora.
- Los humanos asesinaron a todos los de mi raza - dijo fríamente-. Querían nuestros cuernos y nos persiguieron y maltrataron, terminando con los últimos cruelmente.
Auren bajó la cabeza, mas no pudo más y preguntó:
- ¿Por qué mataste a Talon el Magno? Él no te había hecho nada.
Entonces el cuerno se clavó más, y Auren creyó oír que murmuraba algo cómo "Vega tampoco había hecho nada". Sus ojos ahora volvían a ser los de antes.
- Eso no te incumbe - respondió fríamente.
"Ya lo he fastidiado", pensó Auren, sintiendo cómo la cólera le subía al rostro. Se estaba dejando llevar por los sentimientos, pese a que sabía que con una criatura como Eclipse, más valía tener cuidado. Había jugado demasiado con él, y se había dado cuenta. Ahora debía mostrar su verdadero rostro.
- Claro que me incumbe - dijo de mala manera -. No en vano yo soy la Princesa de ZODIACCÍA.
El Unicornio sacudió la cabeza.
- Tú no eres la Princesa de ZODIACCÍA - replicó -. Eres una impostora. La verdadera Princesa es Petilay, y ya es hora de que te enteres.
Auren iba a responder cuando un grito rasgó el silencio:
- ¡Yímena Ástrondir! ¡Ástrondir kal Crónian!
Y May se arrojó al lomo de Eclipse desde la copa del árbol donde se estaba apoyando Auren. Ésta observó con agradecimiento y regocijo cómo el Unicornio se encabritaba y dejaba de apuntarla con el cuerno. May entonces cayó al suelo, y Eclipse se volvió hacia ella. "Craso error, amigo mío", pensó Auren. Le cogió fuertemente por el cuerno para evitar que escapase, mas el Unicornio levantó bruscamente la cabeza y Auren se elevó por los aires, yendo a aterrizar sobre su lomo. "¡Madre mía, qué fuerza tiene!", pensó la muchacha.
Pero sucedió lo imprevisto. Al ver que Auren no se caía al suelo con simples saltos, Eclipse echó a correr dando sacudidas para librarse de ella.
- ¡Eh, espera! - gritó May entonces -. ¿A dónde vas?
- ¡Y yo qué sé!
Pero Auren no iba a dejar así por las buenas que se saliese con la suya, así que continuó tozudamente montada sobre él.
Poco antes de llegar al Arroyo Divisorio, la chica pensó: "Ya va siendo hora de que esto se acabe".
Con cuidado alzó la mano y se asió al cuerno de Eclipse fuertemente. Después se sujetó con los talones al cuerpo del Unicornio y cogió su cuerno con ambas manos, procurando con servar el equilibrio. Saltó entonces de su lomo y, todavía sujetando firmemente su cuerno, corrió junto a él. Luego, haciendo acopio de fuerza, se detuvo bruscamente y obligó al Unicornio a detenerse junto a ella, ya en la ribera del Arroyo Divisorio. Haciendo un complicado movimiento con las muñecas, lo tiró al río. La corriente lo arrastró. Auren se quedó parada, viendo cómo se perdía en la lejanía. Le hizo volver a la realidad la voz de May que le decía:
- ¡Formamos un gran equipo!
Auren la miró de arriba a abajo.
- Creí que Eclipse te había dejado atrás - le dijo. May sonrió.
- Velocidad, chica, velocidad - aclaró -. Cuando vi que os alejabais salí corriendo detrás. Otra de las ventajas de ser conejo, ¿sabes?
- Ya. ¿Viste lo que hice con él?
- Sí, fue fantástico.
- Lo fantástico fue tu intervención. Ya me creía perdida. Creí que habías huido.
- Querida, yo no me rindo ante las dificultades. Fui de árbol en árbol hasta donde tú te encontrabas. Estaba esperando el momento propicio para atacar, pero lo que dijo de Petilay me hizo perder los estribos y entonces... bueno, pues salté.
- Sí, y entonces dijiste algo en otra lengua...
- Oh, ¿de veras? No me acordaba. Debía de ser Zodiáccico, la Lengua Antigua. Ya no se usa pero, a pesar de todo, yo quise aprenderla. Lo hice, y ahora a veces se me escapa alguna palabra.
- Volvamos donde el árbol-casa, porque acabo de recordar que me dejé a GÉMINIS en el suelo.
- Entonces, más vale que nos apresuremos.
Volvieron con paso rápido a la casa de Siro y Saro y, una vez allí ya con el cofre del Tercer Medallón entre las manos, Auren pidió:
- Háblame de CÁNCER.
May se quedó un rato pensativa, tomó luego aliento y co¬menzó:
- Sus habitantes se llaman cangricaces. Son como cangrejos de aspecto humanoide. Son bastante más altos que cualquier humano. Caminan a cuatro patas (aunque tienen diez). Mas cuando están parados permanecen de pie. De sus diez patas las superiores son pinzas y las de más abajo son como piernas cuando están erguidos.
- ¿Qué aspecto tienen?
- Pues... el de un gigante con ojos saltones, coraza y ocho brazos.
» Limita con GÉMINIS al Nordeste, con VIRGO al Norte, con ESCORPIO al este, con SAGITARIO al sureste y con el mar al sur y al oeste. Tiene una gran Bahía cercada por rocas transparentes y una gran playa también ...con decirte que con el trozo de mar de la Bahía, es la región más grande de ZODIACCÍA...
»Al norte tiene la Laguna Salada, al sur están las Dunas Rojas. Son unas dunas de arena roja. Al atardecer cuando les da el sol crepuscular ,presentan un aspecto magnífico.
» Respecto a los ríos, CÁNCER no tiene ninguno; sólo el Río Terz, que nace en LEO, desemboca allí, formando la Cascada Gird de los Siete Colores del Arcoiris. Es muy parecida a otra que hay en LIBRA, que se llama sencilla¬mente la Cascada de los Siete Colores. ¡Ah, se me olvidaba! El Arroyo Divisorio que tenemos aquí desemboca también en CÁNCER, en los Acantilados Rocosos, al igual que el río Terz.
- Pareces una enciclopedia.
- Ejem... - una tosecilla discreta les hizo volverse. Cáster y Cástor traían a todos los zogímenes. Auren se dió cuenta de que había llegado la hora. Trepó a una roca, para que todos la vieran, e impartió las instrucciones de costumbre. Cuando ya todos sabían lo que tenían que hacer, dijo:
-¡Ya!
-¡GÉMINIS! - dijeron todos.
De nuevo una Región Zodiacal se iluminó. Esta vez le había tocado el turno a la región de GÉMINIS.
Y, cuando todos abrieron los ojos, vieron que la Maldición ya había desaparecido. Los Áigonas eran como antes, y ya no estaban unidos los zogímenes. Por todos sitios se oían frases como éstas:
- Fue un placer estar tan cerca de tí, hermano, mas creo que prefiero la libertad.
- Bueno, ahora que ya no dependemos el uno del otro, espero que me dejes ir donde yo quiera y no donde tú quieras, hermano. .
- ¡Libre al fin! Lo siento, hermano, pero tenía ganas de decirlo.
Luego, tras estos jocosos comentarios, declararon que querían llevar en hombros a Auren y May por toda la región, cosa que ellas se apresuraron a rehusar. Auren entonces les hizo señas para que fueran en pos de ella, y les llevó al Arroyo Divisorio. Hecho esto, se colocó ceremoniosamente sobre el Puente de Piedra y gritó:
- ¡Declaro este puente abierto y la frontera inexistente!
Todos aplaudieron, conformes. Ya nadie se acordaba de los pasados días de inquietud y desacuerdo. Por fin todo estaba en orden y GÉMINIS volvía a ser una región unida, al igual que el pueblo de los zogímenes.
Cuando éstos se marcharon, Auren y May regresaron al árbol de Siro y Saro, que se habían quedado allí para atender a los bebés.
Allí, Auren devolvió el Tercer Medallón al Mosaico Zodia¬cal.
- ¡Arreglado! - dijo May, satisfecha, algo más tarde, mientras ambas estaban a la sombra de un árbol cercano.
- Hay algo que no está arreglado todavía - replicó Auren.
- ¿Qué es?
Auren gimió con aire patético:
- Yo. Mi estómago hace "gorlógorló". Ayer no cené, hoy no he desayunado y son casi las dos.
- ¡Hora de comer! Yo sí cené ayer y he desayunado hoy.
- ¡Carota! ¡Yo siempre me llevo la peor parte en nuestras aventuras!
Mas Siro y Saro no habían estado inactivos.
- ¡La comida! - anunciaron.
Auren no comió, devoró. Y después dijo, cuando ya se hubo quedado satisfecha:
- Ahora tenemos que ir a CÁNCER. Está aquí al lado.
Nada más decirlo, PISCIS empezó a emitir señales. Auren lo abrió y la imagen del Maestro y Guardián de ZODIACCÍA volvió a parecer en el espejito.
- Hola - saludó -. Ya veo que tienes éxito. Pero hay algo que debo deciros, y se trata de lo que aquí llamamos un Período Zodiacal Común.
Auren miró a May y sorprendió un gesto de fastidio en su rostro.
-¿De qué signo es? - preguntó.
- Ahora lo explico, May. Ten en cuenta que Auren no sabe lo que es.
- Díselo.
La imagen se volvió a Auren.
- En tu mundo son ahora las seis, la hora en que quedaste con tus padres. Pero allí es día veintidós de Junio, de manera que cuando por la noche vuelvas aquí, será más o menos la misma fecha que allí. Cuando en la noche del veintidós al veintitrés de Junio vuelvas a ZODIACCÍA, aquí será también esa fecha. Y precisamente el veintidós comienza el Período Zodiacal de CÁNCER. Cuando la fecha zodiacal de tu mundo y la de ZODIACCÍA coinciden, se dice que es un Período Zodiacal Común. Cuando tal cosa sucede, es imprescindible que el Medallón del Signo del Período se encuentre en el Mosaico Zodiacal antes de que el mes y el Período acaben en ZODIACCÍA; de lo contrario, el Medallón desaparecería. Eso significa que, antes del veintidós de Julio CÁNCER debe estar en el Mosaico Zodiacal... me refiero a la fecha en ZODIACCÍA. Y si no, el Cuarto Medallón desaparecerá, y entonces no podremos buscar los demás. Eso significa sólo un mes para buscar a CÁNCER.
- ¡Un mes! Pero si eso es mucho tiempo...
- Eso parece, mas las cosas se irán complicando... aparte de los escondites que pueda haber elegido Petilay y los guardianes que podría tener el Medallón, ahora tenéis a Eclipse pisándoos los talones. Él hará lo posible para evitar que vuestra misión se lleve a cabo con éxito.
- ¿Y qué hará May mientras yo me "escapo" de mis padres?
- Vendrá a la Casa del Zodíaco, naturalmente. Tú, esta noche, mientras todos duerman, ven a ZODIACCÍA.
- Bien, no tengo nada que objetar.
- Coge ahora a PISCIS; cierra los ojos totalmente, pase lo que pase y... ¡vuelve a casa!


Cuando Aurora abrió de nuevo los ojos se encontró en el cuarto de baño de la feria. Se preguntó si habría sido un sueño, mas desechó esa idea al ver cómo el Mágico Medallón PISCIS relucía como (al menos eso le pareció a Aurora ) si le hiciera guiños de complicidad. Se miró al espejo; todo había vuelto a la normalidad, llevaba el lazo en el pelo y sus pantalones estaban menos desgastados. Miró el reloj: Eran las seis, tal y como había dicho Bhepcilus. Salió del cuarto de baño y se apresuró en llegar a la puerta de la feria. Por el camino se percató de que su Medallón volvía a ser la baratija que había comprado. Ya no era una joya de oro.
Cuando encontró a sus padres le pareció como si hubieran pasado varias semanas desde que los viera por última vez.

- Hola -dijo.
- Hola - contestaron sus padres -. ¿Qué tal te lo has pasado?
Aurora se detuvo, pensando sobre si debía contarles lo de ZODIACCÍA. "Sólo hay dos posibilidades", pensó. "O que me crean y entonces, como dijo May, la gente iría a colo¬nizar el País de los Horóscopos... o que no me crean, que sería lo más probable. Y si insisto, igual me internan en un manicomio".
De forma que no les habló de sus fantásticas aventuras. Sin embargo, les enseñó el Medallón. La madre se enfadó:
- ¿Cómo es posible que te hayas gastado tan tontamente el dinero?
"Si ella supiera", se dijo Aurora.
Cambió de tema, como era habitual en ella cuando quería evitar alguna pregunta comprometedora, y se dirigió a su hermano Miguel, que hasta entonces no había dicho esta boca es mía, y que estaba poniendo "morritos".
- No me has saludado.
Silencio.
- ¿Qué tal en la feria?
Silencio.
- ¿Subiste a la montaña rusa?
Silencio.
- ¿No te lo has pasado bien?
Silencio.
- ¿Pero qué te pasa?
Miguel estalló:
- ¡Quiero quedarme hasta las ocho! Todavía es muy temprano.
La madre susurró a Aurora:
- Prueba tú ahora a convencerlo. Siempre consigues que haga lo que tú quieres, Aurora.
Aurora rió:
- Eso es porque me sé al dedillo toda la programación de la tele.
- ¿Qué?
- Tú mira y aprende.
Y Aurora se acercó a su hermano y, rodeándolo por los hombros con su brazo con gesto amistoso, se arrimó más a él y le dijo:
- Te aconsejo que te des prisa, porque va a empezar "Robotech".
Entonces el gesto enfurruñado de Miguel se cambió por una expresión de urgencia y urgió a sus padres:
-¡Venga, moveos, que me lo pierdo!
Aurora hizo un gesto triunfal ante la mirada asombrada de sus padres.
Pero todo el viaje de vuelta lo hizo ensimismada, pensando en May, Bhepcilus y sus amigos de ZODIACCIA. La sacó de sus pensamientos la voz de su padre:
- ¿Estás en la luna, o qué...? Ya hemos llegado.
Subieron a la casa, en el cuarto piso. Al rato, Aurora y Miguel estaban tumbados en el sofá, pues se encontraban muy cansados. Aurora estaba viendo involuntariamente "Robotech", pues su hermano se había empeñado en que lo viera, con la excusa de que "se había quedado muy interesante". Se sintió tan cansada que de pronto vió la salvación.
- ¿Puedo ir a ducharme? Estoy agotada y...
- ¿Otra vez? Ya te duchaste esta mañana.
- ¿Ah, sí? No lo recordaba. Pero por favor, mamá.
- Bueno, pero no estés mucho rato, no es cosa de que ahora gastes mucha agua.
Bendiciendo interiormente a su madre por haberle dado permiso, Aurora se fue hasta el cuarto de baño, a pesar de las protestas de Miguel, quien todavía insistía en que se quedase. "De buena me he librado", pensó Aurora, pues no tenía ningún interés especial en ver "Robotech".
Así que Aurora se duchó y se quedó como nueva.
Llegó la hora de cenar; había tortilla de patata. A ella le encantaba, menos cuando llevaba cebolla; entonces la detestaba. Y aquella noche la tortilla tenía cebolla.
No rechistó, para asombro de todos, y se lo comió a toda velocidad. La verdad es que estaba pensando que ya era hora de comer algo que alimentase, que le iba a exigir Bhepcilus sus derechos como Princesa y otras patochadas por el estilo, cuando Miguel le preguntó:
- Cómo, ¿no te echas "Ketchup"? No lo comprendo... ¡Tú sin "Ketchup" no comes! Eso lo dices siempre.
Ya había terminado "Robotech" y ahora trataba de comer en un tiempo récord para llegar a ver "Enredos de familia".
- Pero si el "Ketchup" es una porquería que no alimenta nada y le quita el sabor a esta riquísima tortilla...- replicó Aurora.
Miguel abrió tanto la boca que cualquiera hubiera dudado que pudiera volver a cerrarla, y se le quedó mirando como si viera visiones.
- No me mires así - dijo Aurora, molesta -. No tengo monos en la cara.
Aquella noche se acostaron temprano, pues estaban muy cansados. Así que a las once ya estaban todos acostados.
- Zzzzzzzzz - se oía en el cuarto de Miguel.
- Zzzzzz, ronk, rooonk, jjjjzzzz - se oía en la habitación de los padres.
Y en la de Aurora...
- ( ). - Como se ve no se oye nada, porque ella era la única de la casa que estaba despierta y bien despierta, sentada en el borde de la cama, con el Medallón entre las manos, que brillaba como una llamada. Pero Aurora no se enteró, pues estaba mirando la luna, recordando a May... preguntándose por enésima vez dónde encajaba ella en ZODIACCÍA. Por casualidad fijó su vista en el Medallón y se dió cuenta, alarmada, que hacía ya rato que estaba titilando, titilando como aquella lejana estrella que se veía desde su ventana. Saltó de la cama de un brinco y abrió el Duodécimo Medallón.
- ¡Ya era hora! - la reprendió Bhepcilus, nerviosamente -. Llevo bastante rato tratando de mantener comunicación contigo, pero cualquiera diría que estás siempre en las nubes.
- Ya me lo habían dicho - confesó Aurora.
- Vayamos a lo que interesa. ¿Estás dispuesta a volver a ZODIACCÍA? Pues entonces...
Pero el pobre Bhepcilus se llevó el susto más grande de su vida cuando Aurora le interrumpió diciendo:
- No.
- Pero... ¿por qué? - preguntó Bhepcilus, confuso.
- Me gustaría dormir algo, mecachis, que estoy muerta de sueño...
- Ay, que me den a mí estos disgustos, a mi edad... Por eso te habías quedado dormida como un tronco cuando yo te llamaba, ¿no, Princesa?
- No estaba dormida.
- Pues entonces no protestes.
Pero Aurora protestó.
- Me niego a ir sin descansar. Es más, me niego rotundamente.
Bhepcilus rió.
- No te preocupes. Si vienes a ZODIACCÍA recobrarás fuerzas.
Aurora se quedó con la boca abierta.
- ¡Eso no vale! - dijo -. Te has estado burlando de mí todo el rato.
- ¿Vas a volver entonces a ZODIACCÍA?
- Qué remedio me queda...
- Pues cierra los ojos y... ¡retorna a ZODIACCÍA!
Aurora desapareció de allí.
Su hermano Miguel, que se había despertado creyendo oír voces en la habitación de Aurora, vio desde el pasillo cómo un destello de luz se colaba por debajo de la puerta del cuarto de su hermana y, extrañado, abrió la puerta.
La cama estaba hecha, y Aurora no estaba allí. "No voy a decir nada", pensó el chiquillo. "Le preguntaré mañana a Aurora dónde estaba por la noche y tendrá que decírmelo, porque estoy seguro de que está metida en alguna aventura emocionante". Y con estas intenciones, volvió a su cama y se durmió.


Cuando Auren abrió los ojos, vio que se encontraba de nuevo en la Casa del Zodíaco.
- Y ahora ... ¿qué hago yo en pijama? -se enfadó.
- Chicas, chicas - suspiró Bhepcilus -. Siempre con problemas. Tendré que usar la Magia. ¿Qué ropa quieres llevar?
- Zapatillas de suela gorda de deporte; pantalones vaqueros; una camiseta de manga corta; calcetines de deporte y una chaqueta de chándal impermeable, que abrigue, pero que no dé calor.
- ¡Exigente! - masculló Bhepcilus, mientras hacía un pase mágico con su mano derecha.
Al momento lo tenía todo puesto mientras May, en una esquina, se mondaba de risa.
- Procura no derrochar el tiempo - aconsejó Bhepcilus -. Recuerda que aquí es veintidós de Junio y sólo hay un mes. Si para el veintidós de Julio el Tercer Medallón no está en el Mosaico Zodiacal...
- Sí, lo sé. Seré prudente.
May se aproximó. Auren la tomó en brazos y dijo a Bhepcilus:
- Nos vamos ya, deséanos suerte.
Bhepcilus entonces, con ayuda del Medallón, las envió de vuelta a ZODIACCÍA.
Se encontraron en un bosque, ya conocido para ellas.
- ¡Todavía estamos en GÉMINIS! - se asombró May.
- Fallo técnico...- suspiró Auren -. Bueno, da lo mismo. No nos vamos a herniar por caminar un poco. Seguiremos el curso del Arroyo Divisorio, Y espabilemos, que sólo tenemos un mes.
- ¿Sólo? - preguntó May, irónicamente.
- Podemos tardar más tiempo del usual. Como dijo aquél... es difícil adivinar, sobre todo el futuro.
- ¿Piensas estudiar Filosofía, acaso?
- No, Biología. Pero, volviendo al tiempo que tardamos, te diré que no estoy segura de poder encontrar a CÁNCER a tiempo. La Tercera Región es muy grande. Además, supón que volvemos a tener problemas con Eclipse.
- Su nombre antes era Altair. No lo recordaba, pero...
- ¿Altair? Es el nombre de una estrella. De la constelación de Águila, creo. En cierta ocasión leí una leyenda japonesa sobre Altair.
May pareció muy interesada.
- ¿De veras? - dijo -. ¿Me la cuentas?
- En otro momento, PISCIS vuelve a brillar.
Auren lo abrió. Lo primero que dijo Bhepcilus fue:
- Mi memoria parece un baúl de trastos. Acabo de recordar que tengo algo para vosotras. Continuad y lo veréis.
La imagen desapareció. Auren miró a May, que se encogió de hombros.
Ambas, comidas por la curiosidad, siguieron el curso del Arroyo Divisorio más deprisa todavía. Así llegaron a un claro y vieron la sorpresa que el Maestro y Guardián de ZODIACCÍA les había preparado.
Había una mochila apoyada en un árbol. Auren corrió hacia ella, seguida de May, y la abrió. Dentro había un par de mantas, provisiones, cuerdas, linternas, una libreta y un lápiz y varias otras cosas más.
- ¡Maravilloso! - exclamaron Auren y May.
Auren hurgó en la mochila, encantada.
- Mejor será que no nos entretengamos más - dijo May. Continuaron por su camino, mientras May tarareaba una canción y Auren se colocaba la mochila bien.
Al cabo de un rato llegaron al camino que separaba CÁNCER de GÉMINIS. Se disponían a cruzarlo, cuando oyeron un estrepitoso ruido. Volvieron la cabeza.
- ¡Es Eclipse!
Corría derecho hacia ellas. Auren guardó cuidadosamente su chaqueta en la mochila, que depositó en el suelo, y se dispuso a hacerle frente.. Venía enfurecido. De todas formas, Auren ya sabía cómo reducirlo, y así se lo comunicó a May:
- Ya me conozco el truco.
May la miró estupefacta.
Cuando Eclipse casi la rozaba, Auren le cogió del cuerno y, tal como había hecho en una ocasión, con una finta lo tiró a tierra.
- ¡May, deprisa! Coge la mochila y dame una cuerda.
May lo hizo, mientras la muchacha se esforzaba en sujetar al Unicornio, tarea nada sencilla, por cierto. Entonces Auren, a toda prisa, ató como pudo a Eclipse, que se debatía furioso.
- ¿Qué hacemos con él? - preguntó a May una vez terminada su "obra".
La respuesta fue tajante:
- Mátalo.
Auren se quedó de piedra.
- Soy incapaz, May.
- No te pongas sentimental ahora - dijo May con un gesto de evidente fastidio -, ¿Es que te ha comido el coco? Quítale el cuerno y morirá. Debes hacerlo tú, pues yo soy ahora demasiado pequeña para siquiera intentarlo.
Auren se quedó quieta un instante y luego susurró a May, sin que la oyera Eclipse:
- En cierta ocasión leí que hay que darle una oportunidad a la gente que se equivoca, aunque no haya posibilidad de que cambien, pues cada uno juega un papel en la vida. Dos personas, en el pasaje del libro al que me refiero, discutían acerca de lo que había hecho un tal Bilbo, que había perdonado la vida a una criatura malvada llamada Gollum, cuando en su mano había estado la oportunidad de terminar con ella. Y decían: " - ¡Qué lástima que Bilbo no haya matado a esa vil criatura, cuando tuvo la oportunidad!" A lo que el otro le respondía:" - ¿Lástima? Si, fue lástima lo que detuvo la mano de Bilbo; lástima y misericordia. No matar sin necesidad.
»" - Pues yo no siento ninguna lástima por Gollum; merece la muerte.
»" - La merece, sin duda. Muchos de los que viven merecen la muerte, y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces, no te apresures en dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos...
La voz de Auren se extinguió. Ella no lo sabía, pero sus palabras dejarían una profunda huella en el corazón de May.
- Tienes razón - aprobó -. No tenemos ninguna necesidad de matarlo. Tal vez algún día vuelva a ser el que era, es cierto. A menudo lo he pensado, pero nunca he llegado a creérmelo del todo. Sin embargo, tal vez algún día...
- Soltémoslo.
Auren deshizo los nudos y Eclipse se levantó, desconfiadamente.
- ¿Qué significa esto? - preguntó ceñudo.
- ¡Lárgate! - chilló Auren, amenazadoramente -. Si no, te quito el cuerno.
Eclipse consideró que había perdido el enfrentamiento y que más le valía marcharse, de forma que se alejó a todo correr en dirección a ESCORPIO.
- Se bate en vergonzosa retirada - comentó Auren.
- Hagamos lo mismo, pero hacia CÁNCER - sugirió May. Auren asintió y se puso de nuevo la mochila sobre los hombros. En dos zancadas, las dos amigas entraron en...