CAPÍTULO
VI : GÉMINIS
Caminaron
por GÉMINIS hacia el Oeste, sin encontrarse con nadie. May
tenía interés en llegar hasta el arroyo central antes
de que anocheciera, porque allí iban por la tarde los zogímenes
a sacar agua. Les convenía tener refugio para aquella noche,
pues si no podían perderse en el bosque.
A veces veían monumentos en forma de "H", rocas verticales
como menhires unidas por otro trozo de roca horizontal.
- Son Áigonas - dijo May-. Representan a los zogímenes.
Cuando una pareja de zogímenes muere (todo lo hacen a la vez)
desaparece su roca. Si nacen gemelos aparecen dos Áigonas con
sus nombres inscritos y de su tamaño cerca del lugar del nacimiento.
Las rocas y los zogímenes cre¬cen al mismo tiempo. Pero,
es curioso - añadió -. No recuerdo que tuvieran la parte
horizontal. Eran dos rocas verticales, una junto a otra. Qué
extraño...
Era casi de noche cuando llegaron al río.
- Tengo ganas de mojarme los pies - dijo Auren al verlo -. Los tengo
ardiendo de tanto caminar.
Se quitó las zapatillas, se remangó un poco los pantalones
y se metió en el agua.
- ¡Qué fresquita! - exclamó.
May también se había animado y nadaba a favor de la
corriente. Auren se sentó en una piedra que emergía
del agua y cerró los ojos, escuchando el murmullo del arroyo.
- ¡Sal de la frontera, humana! - exigió una voz.
- ¿De qué parte estás? - inquirió otra.
Auren abrió los ojos y vió delante suyo, en la otra
orilla, una pareja de zogímenes que la miraban enfadados desde
la parte del Bosque del Este. No habían reparado en May, que
se limitaba a seguir la escena con interés, sin intervenir.
Eran de cola verde-esmeralda, pero lo que más llamó
la atención de Auren eran sus manos. El brazo derecho de uno,
a la altura de la muñeca, se fusionaba con la muñeca
izquierda del otro, formando una sola mano. "Cuando May dijo
que eran inseparables, no me imaginé que se refiriera a esto",
pensó Auren. Mas casi enseguida comprendió que aquello
debía de ser sin duda su Maldición, y que tenía
que ver con la deformación de los Áigonas que había
apreciado May poco antes.
- No sabía que hubiera frontera en GÉMINIS - protestó
la chica -. Yo soy la Princesa Auren, ¿qué demonios
pasa aquí?.
La expresión de los dos zogimenes cambió por completo
tornándose apesadumbrada.
- Hay guerra - susurró el primero, bajando la vista.
- GÉMINIS se ha dividido en dos partes, y el río es
su frontera, Princesa - añadió el segundo.
- ¿Guerra? - dijeron a la vez Auren y May. - Es por culpa de
Cáster...
-Y de Castor - terminó el segundo.
- Los del Bosque del Oeste - continuó el primero-, aseguran
que mi esposa Shila tiene escondido el Tercer Medallón,. y
no es verdad.
- Y también acusan a mi esposa Shala - añadió
el segundo
- ¿En qué se basan para sostener eso? - quiso saber
Auren.
- Te lo explicaremos gustosamente, Princesa - dijo una voz socarrona.
Auren se volvió. En la orilla del Bosque del Oeste había
dos zogímenes de cola de color rojo fuego.
- Somos Cáster y Cástor - dijo uno.
- Y esos dos - concluyó el otro-, son Siro y Saro, maridos
y cómplices de las que han robado a GÉMINIS.
Siro y Saro iban a protestar, pero May se les adelantó:
- ¿Qué pruebas tenéis? - inquirió.
- Un manuscrito de Petilay - contestó Cáster desafiante
-. En él aparecen como una clara muestra de culpabilidad los
nombres de Shila y Shala .
- Debía de ser un mensaje de Petilay para ellas- terminó
Castor -, porque eran aliadas. Lo tenemos en el árbol-biblioteca
del Bosque del Oeste.
- ¡Eso es mentira! - saltó Siro.
- ¡Shila y Shala son inocentes! - protestó Saro. Cáster
hizo caso omiso de sus rivales y se volvió a Auren y May
- Así que debéis decidir de qué parte estáis
- dijo.
- Yo, personalmente - dijo Auren -, prefiriría que nos uniéramos
todos para descubrir la verdad, ¡porque esta enemistad es absurda!
Acabo de volver de la región de TAURO, y allí he aprendido
que lo más importante para lograr nuestros propósitos
es la solidaridad, la amistad y la colaboración en equipo...
- Pero yo sigo opinando que debes decidir - interrumpió Cástor.
Auren suspiró, e hizo una seña a May. Ambas se reunieron
sobre una roca en el centro del río para deliberar. . Lo hicieron
en voz baja; no querían que los zogímenes las oyesen.
- Yo creo - dijo Auren - que Siro y Saro llevan la razón y
que Shila y Shala son inocentes.
- ¡Pero qué dices! - se escandalizó May -. ¿No
te conté antes que los zogímenes tenían una pista?
¡A eso me re¬fería! Es un indicio muy claro del paradero
de GÉMINIS.
- Pero es que no tiene ni pies ni cabeza. ¿Per que iban a robar
el Medallón?
- ¡Aliadas de Petilay! ¡No cabe duda!
- ¡Qué tontería!
- ¡Vamos, Auren, no seas cabezota! Te digo que está bien
claro quién tiene a GÉMINIS.
- No puedes darlo todo por sentado, así, sin investigar. En
realidad tus argumentos tienen menos peso que una pluma.
- ¿Y los tuyos? ¡Aún no conoces a Shila y Shala
v ya dices que son inocentes!
- Lo que oído me basta para saberlo, May.
- Pues lo mismo te digo yo.
- Exacto, sólo que tú estás equivocada y yo no.
- ¿Yo? ¿Por qué no puedes ser tú la que
está equivocada?
Sin darse cuenta habían levantado el tono de voz v comenzado
a discutir.
Tras unos momentos más de disputa verbal Auren, roja de ira,
gritó:
- ¡Pues, digas lo que digas, me pongo de parte de los del Bosque
del Este!
- Es el bando de los perdedores, Auren - dijo May con una carcajada
-. Nosotros tenemos el manuscrito. No vas a poder demostrar nada,
y menos tu errónea teoría.
- ¿Qué has querido decir con "nosotros"? ¿
Te pones en contra de mí?
- Eres tú la que se pone en contra de mí y de la evidencia.
- ¿Evidencia de qué? ¿De un viejo pedazo de papel
escrito por una bruja traicionera?
May había conservado la calma hasta ese momento, pero Auren
había ido ya demasiado lejos, de forma que le dijo:
- Di lo que quieras, pero, si cruzas la frontera, no me hago responsable
de mis actos, ya te lo advertí. Te lo permito todo, pero en
tu terreno.
Y, dicho esto, se volvió muy dignamente hacia el Bosque del
Oeste y, saliendo del río, se reunió con Caster y Castor.
- ¡May! - gritó Auren, sintiendo que perdía a
su mano dere¬cha -. ¿No ves que si ellas tuvieran a GÉMINIS
ya lo habrían utilizado en su propio beneficio?
-¡Eso no lo dudo, porque es exactamente lo que han hecho! -
intervino Cáster deseoso de atraer de su parte también
a Auren.
- ¿Qué quieres decir?
- ¡Hace tiempo que a Shila y Shala no se les ve el pelo en el
arroyo! En su lugar vienen Siro y Saro.
- ¿Y por qué? - siguió Cástor -. ¡Pues
porque no tienen la Maldición y no quieren que nos enteremos!
Entonces Siro y Saro soltaron una carcajada ante aquella idea y explicaron,
entre risas, que aquello sucedía porque Shila y Shala iban
a ser madres. Estaban en estado desde ha¬cía ya casi nueve
meses.
-Eso lo explica todo - le soltó Auren a May.
Pero ésta no replicó y, con Caster y Castor se adentró
en el Bosque del Oeste. Auren se hundió. Llegó hasta
la orilla opuesta y, con Siro y Saro, se perdió en las sombras
del Bosque del Este.
Poco después llegaban a la casa de Siro y Saro, un gran árbol
gigante... un baobab.
- Ahí viven Shila y Shala - dijo Siro, señalándo
otro árbol cercano.
-Tenemos que vivir separados porque no cabemos los cuatro en un sólo
árbol - añadió Saro.
Auren les metió prisa porque ya era muy tarde, y penetraron
el el árbol por un gran agujero que hacía las veces
de puerta.
Era un árbol muy grande, con dos pisos. En el de abajo estaba
la sala, donde había una mesa y dos sillas, y una alacena adosada
a la pared de madera. En la otra pared había unos escalones
que llevaban al piso de arriba, más pequeño; allí
sólo había una gran cama de hierba. Auren decidió
poner las cosas claras:
- ¿Es importante el manuscrito del que hablan los de la otra
orilla?
Siro contestó:
- Es un papel en blanco. Cuando se pronuncia frente a él la
palabra "Bhepcilus" aparecen escritos los nombres de Shila
y Shala.
- ¡Pero eso no prueba nada! - saltó Auren -. Creo que
May está chiflada si piensa que puede sacar algo de ahí.
- Es la única pista que hay.
- Sí, pero lo que me extraña es que haya esa pista.
-¿...?
- Quiero decir que es raro que Petilay dejase tan claro eso. Si hubiera
querido que nosotros no supiéramos que Shila y Shala tienen
el Medallón, lo habría impedido de alguna manera. Como
no lo ha hecho, es que no le importa, v ello prueba más la
inocencia de Shila y Shala.
- Bueno, y entonces, ¿ qué vamos a hacer?
Auren miró a Siro, y se sorprendió al leer en sus ojos
que tenía una fe ciega en ella. No podía fallarle, ni
a él ni a Saro.
- Pues tengo una idea - dijo -. Pero me temo que va a resultar algo
peligrosa.
- No importa, haremos lo que sea - dijo Saro.
Auren, angustiada, pensó al percibir en su voz el mismo tono
que antes había empleado Siro: "Pero, ¿por qué
confiarán tanto en mí?. Ya sé que soy su Princesa,
pero... ¿y si les fallo? Esto es muy delicado porque ya sé
que Shila y Shala no han hecho nada... y no puedo dejar que las acusen
injustamente. Tengo un plan, pero no sé si va a resultar, y
si será el adecuado en este caso. ¿Y si me equivoco?".
Y entonces creyó escuchar la burlona voz de Pleyk que le contestaba
a su pregunta, como en el Monte Piscazul: "¡Pues te equivocaste!".
Recordó entonces que el Ermitaño le había enseñado
a no tener dudas y vacilaciones y a obrar según se lo decía
su corazón. Por vez primera, Auren se dio cuenta de que mucha
gente confiaba en ella y no podía defraudarla. Tenía
que encontrar los Medallones, pero para eso antes debía hallar
a GÉMINIS. "Y lo haré, aunque tenga que pasar por
encima de May", pensó.
- Me hubiera gustado aliarme con May para descubrir dónde está
GÉMINIS - declaró -, pues la unión hace la fuerza,
pero como por el momento es imposible, no me queda más remedio
que intentarlo yo sola. En verdad será ahora un obstáculo
en nuestro viaje hacia la verdad y llegaré hasta el final aunque
tenga que estar en contra de May.
- ¿Qué vas a hacer entonces?
- Ellos juegan con ventaja ... Por lo tanto, esta misma noche pasaré
el Arroyo Divisorio y traeré ese papel. Quizá con él
logremos sacar algo en limpio.
- Pero May y los otros no te dejarán. Recuerda que dijo que
si te pescaba en su territorio no sería responsable de sus
actos.
- ¡Qué miedo! No me importa lo que diga May, es una bravuconada.
No quiere que me lleve el papel porque no le conviene que yo descubra
que se ha equivocado estrepitosamente. Ellos tienen algo en que basarse
y nosotros no. He dicho.
- ¿Y si te descubren?
Auren pensó en las palabras de Pleyk y concluyó decidida:
- ¡Pues me descubrieron!
Los gemelos se miraron. Sabían que May era muy irascible y
cabezota, y además muy severa. El problema no era lo que hiciera
si encontraba a Auren en el Bosque del Oeste, sino en lo que pensaría
entonces. Podría malinterpretar el robo de Auren, creyendo
que lo que ella pretendía era destruir las pruebas.
Sin embargo, Auren estaba dispuesta a pasar por todo; no le importaba
nada que May le cogiera in fraganti. También ella había
pensado en la posibilidad de que May no entendiera que iba a coger
el manuscrito para demostrar que tenía razón. Pero no
le importaba. Su lógica se basaba en lo siguiente: ¿Cómo
demostrar la inocencia de Shila y Shala si no demostraba antes que
las pruebas en contra de ellas eran falsas? ¿Y cómo
iba a demostrar que esas pruebas eran falsas si antes no las estudiaba
para encontrar algún error? Por eso necesita ba el papel. Y
pensaba ir a buscarlo cuanto antes... aquella misma noche.
- Y ahora...- dijo, tratando de animar el ambiente general -, vamos
a ver a las futuras mamás.
A esa misma hora, en el Bosque del Oeste, May hablaba así a
Cáster y Cástor:
- Esta noche iremos al árbol-biblioteca y montaremos guardia.
No me fío de la Princesa... podría estar aliada con
Petilay. Es una idea alocada, pero conozco a Petilay. Estuvo a punto
de convencerme a mí de que me pasara a su bando, y no se¬ría
nada raro de que haya persuadido a Auren también. Podría
estar aquí enviada por ella para evitar que encontremos los
Medallones. De cualquier forma, tengo la seguridad de que esta noche
vendrá a llevarse el manuscrito. Si lo hace, ya no habrá
duda de que Shila y Shala son culpables. Intentará acabar con
la única prueba que tenemos, porque esas dos están de
su lado.
Y Cáster y Cástor vieron un brillo de decisión
en la mirada de May..
- ¿Cómo? ¿Que piensas cruzar el Arroyo Divisorio
después de las amenazas de May? - dijo Shila, incrédula.
- May y sus fanfarronadas no me dan miedo - declaró Auren -.
Hasta puede que esté de parte de Petilay.
- Eso es completamente imposible.
- ¿Por qué? En realidad, no sé nada de ella.
- Porque ella es...
- ¿Es qué? ¿Quién es?
- Es... muy fiel a ZODIACCÍA, - intervino Saro, tartamu¬deando.
"Me ocultan algo", pensó Auren. Pero no insistió.
Shila y Shala eran dos bonitas zogímenes de cola azul claro.
Vestían con una túnica de hierbas trenzadas, como todas
Las zogímenes con la diferencia de que las demás llevaban
un cinturón trenzado que ellas se habían quitado debido
a su embarazo). Los hombres llevaban un pantalón de hierbas
trenzadas largo por toda vestimenta.
- Ahora sólo queda que me digáis cuál es el árbol-biblioteca
- dijo Auren señalando el mapa de GÉMINIS que Siro había
extendido sobre la mesa.
Se lo indicaron y decidió ponerse en camino inmediatamente.
Aquella noche, a la titilante luz de las estrellas y bajo la custodia
de la Luna Creciente, una sombra se deslizó sigilosamente por
el Bosque del Este y vaciló un instante antes de cruzar el
Puente de Piedra. Luego pasó el Arroyo Divisorio decididamente.
Una vez en el Bosque del Oeste avanzó rápida y cautelosamente
hacia el árbol-biblioteca: Era Auren.
Cuando por fin llegó a su destino, entró en el árbol.
Bajo la suave luz de la luna pudo ver dentro muchos libros en estanterías
adosadas a la pared. En el centro de la es tancia había una
vitrina con un papel enrollado con una cinta roja. Auren entonces
levantó con papel el cristal y cogió el manuscrito.
Lo tenía en la mano cuando oyó un rumor afuera. "¡Es
una trampa!", pensó. Tenía el tiempo justo. Se
colocó el papel bajo la camiseta y tomó uno en blanco
de la estantería, atándolo con la cinta roja que le
recogía el pelo.
- ¡Ajajá! - May entró, llevando consigo un candil
de los que usan los zogímenes para alumbrarse -. Me lo imaginaba.
Por suerte, te hemos pillado con las manos en la masa.
Si llegamos a venir un poco más tarde, ya habrías acabado
con la única prueba que tenemos.
Auren no tuvo tiempo de protestar, porque se aproximaran Cáster
y Cástor con una cuerda y May, con semblante furibundo, ordenó:
- ¡Atadla!
- ¡Eh! ¡No me toques! - dijo Auren, rechazando a Cástor.
- No has jugado limpio - dijo May, observando a Auren for¬cejear
-. Has querido destruir la prueba.
Auren se detuvo un momento y miró estupefacta a May, cosa que
permitió a los gemelos atarla a la silla.
- ¿De qué prueba me hablas?
May señaló con gesto de evidencia el falso papel.
- Eso no es una prueba - protestó Auren.
- Ahí dice "Shila y Shala", ¿no?
- Bien, ¿y qué? No significa que se refiera al Medallón.
Además, ¿qué te dice a ti que yo hay querido
destruir el papel ese?
- Déjate de tonterías. Has hecho trampa porque querías
el papel, ¿no?
- No lo niego. Pero no lo quería para acabar con él,
créeme, sino para ver si encontraba alguna pista. Ahora se
cambian los papeles, May. Soy yo la que te pide una prueba... ¡porque
quiero que me demuestres que ese manuscrito lo escribió Petilay,
y también que se refería al Tercer Medallón!
- Yo en esto tengo más experiencia que tú. Sé
que es magia Negra, de Petilay. ¡Ella lo borró! Era una
carta para sus cómplices y luego la borró para que nadie
se enterara de quién tenía el Tercer Medallón.
- Magnífica teoría, May me has asombrado. Ahora resulta
que tienes algo dentro de la cabeza, que no está hueca como
creía. Pero te has saltado un detalle muy importante: Si Petilay
lo borró, era porque no quería que supiéramos
lo de Shila y Shala, es verdad, pero entonces... ¿por qué
no lo destruyó? Si este mensaje fuera indestructible, ¿para
qué iba yo a tratar de acabar con él? Y si ella podía
borrarlo, ¿por qué no lo hizo del todo para evitar que
leyésemos los nombres de Shila y Shala? Si se te ocurre usar
la materia gris, te darás cuenta de que todo esto no concuerda...
- Lo que no concuerdan son las células de tu cerebro. En el
manuscrito ponen los nombres de Shila y Shala... Eso lo prueba todo.
-¡Eso no prueba nada! Además, tú me has obligado
a venir aquí, porque con el manuscrito jugabas con ventaja.
- No creo que seas digna de ser la Princesa de ZODIACCÍA -
dijo May, mirándola de arriba a abajo -. Otra traicionera como
Petilay. Últimamente no tenemos mucha suerte con las princesas
en este país. Y, naturalmente, no tienes ningún derecho
sobre PISCIS, al igual que, después de lo que hizo, Petilay
no lo tenía sobre CAPRICORNIO. Así que, dámelo,
que volverá al Mosaico Zodiacal. -Y le quitó el Medallón
rompiendo la cadena -. Voy a comunicarme con Bhepcilus para decirle
que mande al Exterior a ARIES y TAURO para que busquen otro Príncipe
Elegido, porque tú no nos sirves.
Auren sintió de pronto que el papel estaba muy caliente, y
recordó que Siro Y Saro le habían dicho que cuando se
pronunciaba la palabra "Bhepcilus" frente al manuscrito,
aparecían escritos los nombres de Shila y Shala. May lo había
hecho...
Se alegró secretamente de haber engañado a May conservando
el papel original. La despertaron de sus reflexiones los gritos de
enfado de May:
- ¡Se niega a mantener contacto conmigo! ¿O es que el
Medallón no funciona? Aunque, ahora recuerdo que los Medallones
sólo los pueden usar los miembros de la Familia Real Zodiáccica.
- ¿Y tú? - dijo Cástor -. ¿No eres de
esa Familia?
- Antes. Ahora ya no soy la de otros tiempos. Soy May.
Una mueca de descontento se pintó en las bocas de todos menos
en la de Auren.
- ¿Lo ves? - dijo triunfal -. Yo soy la Elegida, la verdade¬ra
Princesa. Y si estuviera de parte de Petilay, no me habría
jugado el pellejo en la Cueva de las Mil Trampas.
- Necesitabas disimular, ¿no? Si nos hubiéramos dado
cuenta de que no querías entrar, habríamos descubierto
que no tienes intención de hacer nada por ZODIACCÍA.
- ¿Que yo qué? - Auren abrió la boca, pasmada.
May hizo caso omiso y se volvió a Cáster y Cástor:
- Id a dormir, que yo me quedo vigilándola.
- ¿Y si te duermes? - interrogó Cástor.
- Me colocaré sobre la vitrina y, si intenta llevarse el manuscrito
me despertaré.
- ¿Y si se escapa? - quiso saber Cáster.
- Si se escapa, no importa. Lo principal ahora es que no se lleve
el papel.
-Pues entonces podrías soltarme -sugirió Auren.
- No me fío de ti, ricura - replicó May, con guasa.
Se volvió a los gemelos y les dijo:
- Mañana iremos al Bosque del Este y obligaremos a Shila y
Shala a que nos devuelvan el Medallón, aunque sea a la fuerza.
- ¡No puedes hacer eso! - saltó Auren -. Están
a punto de dar a luz, un disgusto ahora para ellas puede traer comlicaciones...
May le dirigió una mirada glacial. "Tiene el corazón
de piedra", se estremeció Auren. "¿No será
ella misma Petilay, que ha vuelto?"
De todas formas, se rió entre dientes, pensando en la cara
que pondría May de saber que su famosa y convincente "prueba"
no era más que un papel normal y corriente.
Cáster y Cástor se marcharon, llevándose la luz.
El árbol-biblioteca estaba ahora a oscuras. Auren trató
de deshacerse los nudos, sin resultado. Estaba además en una
posición muy incómoda. Oyó la suave y a la vez
fría voz de May que le decía desde la vitrina:
- No intentes nada, no podrás escapar.
Auren suspiró. "Ya lo veremos", pensó.
Pasó una hora. Auren gimió. No podía dormir,
le dolían todos los huesos, y, encima, tener que escuchar los
ronquidos de May, que se había hecho una cómoda cama
sobre la vitrina con su chaqueta, era como para desesperar a cualquiera.
Hubiera deseado tener su chaqueta en esos momentos porque tenía
frío. May se la había podido quitar fácilmente
porque antes la llevaba atada a la cintura. Murmuró por enésima
vez la palabra "Bhepcilus", para que el manuscrito, que
aún conservaba bajo la camiseta, se calentase v así
no sentir frío. Llevaba haciéndolo bastante rato, pero
a los pocos minutos siempre volvía a sentirse helada.
Oyó un murmullo fuera. Unos ojos que Auren no vió centellearon
en la oscuridad. Súbitamente, desaparecieron.
Al cabo de dos horas sintió que algo le rozaba las manos, que
tenía atadas a la espalda; algo duro y frío.
- ¡Sssssssssshhhhhhh!
Auren estuvo a punto de chillar de alegría: ¡era la voz
de Siro! Empero, se contuvo y esperó a que éste , que
lle¬vaba a rastras a Saro, acabara de cortarle las ataduras con
la navaja. No tardó mucho en terminar. Salieron del árbol¬biblioteca,
con Auren frotándose las muñecas, y se dirigieron al
Puente de Pied.ra para cruzar luego el Arroyo Divi¬sorio y adentrarse
en el Bosque del Este.
May se despertó, sobresaltada. Vió tras la silla de
Auren unos ojos que la miraban centelleantes... ¿O creyó
verlos? Se dijo que simplemente serían algunos rayos de luz
de luna y volvió a dormirse.
La criatura era alta y bella, pero malvada. Con los dientes, cogió
a May por la chaqueta en la que estaba envuelta y la depositó
cautelosamente en la silla de Auren, ahora vacía.
May se removió entre sueños. La criatura halló
una pequeña portezuela en la vitrina y la abrió, sacando
de su interior un papel en blanco. Cuando lo tuvo entre los dientes,
se detuvo un instante, perplejo, porque no percibía en él,
la Magia Negra de su ama. Se percató entonces de que era falso
y de que alguien se le había adelantado. Sus ojos volvieron
a brillar entonces, pero esta vez de furia. Volvió a dejarlo
todo como estaba, y a la dormida May encima. No había conseguido
hacer lo que se propusiera para mantener oculto el paradero de GÉMINIS,
pero aún quedaba tiempo... lo haría entonces por las
malas, mas antes tenía que encontrar a la nueva Elegida, pues
estaba convencido de que ella tenía algo que ver con la desaparición
del manuscrito. Pensó satisfecho que tenía un punto
a su favor: May estaba obrando como si fuera una de los suyos. Emitió
un sordo gruñido y salió al exterior, alzando la cabeza
al cielo nocturno, plantándose orgulloso como si desafiara
a las estrellas. La luz de la luna iluminó la alta figura de
un Unicornio.
-¡Bhepcilus! - dijo Auren, ya en casa de Siro y Saro.
El papel se tornó rojo. Unos caracteres escritos en letras
antiguas aparecieron. Todos pudieron leer entonces los nombres de
Shila y Shala.
- ¡Es una infame acusación! - gritó Siro.
- Calma, Siro - le tranquilizó Auren -. No las están
acusando de nada. Me parece que esto era un mensaje para alguien,
que Petilay no quería que llegara a su destino. Tal vez lo
interceptó y lo borró, pero utilizó algo que
consiguió que esas palabras que ella quería que todos
leyésemos para confundirnos, quedaran más al descubierto.
Por eso, al ser Magia Negra, el nombre de Bhepcilus la ataca.
- Entonces hay que decir el nombre de alguien más poderoso
que Bhepcilus para que aparezca entero el mensaje -opinó Saro.
Cuatro ojos se clavaron en Auren, y los gemelos dijeron su nombre:
- Auren.
El papel brilló de una forma extraña, retorciéndose,
y apareció entonces el mensaje completo:
"Palacio
de Carey, LIBRA.
A Bhepcilus, Maestro y Guardián de ZODIACCÍA:
Bienamado Maestro:
Mi nombre es Talen el Magno, Zogímen Real de la Princesa
Petilay, y debo avisaros antes de que sea demasiado tarde.
Es una lástima, mas tristeza y amargas lágrimas residen
en esta carta. Se trata del anuncio de la traición de nuestra
amada princesa Petilay, que pretende efectuar un ataque por sorpresa
a la Casa del Zodíaco, y, si algo saliese mal, lo pagarían
los habitantes de ZODIACCÍA, pues arrojaría una maldición
sobre todos nosotros, que no se puede deshacer sino con los Doce
Medallones Zodiacales. Por tal motivo, piensa robarlos y ocultarlos
donde nadie pueda hallarlos jamás. Desconozco ciál
será su paradero en este caso, mas sé que la clave
para encontrar a GÉMINIS la poseerán dos zogímenes
llamadas Shila y Shala. Os lo ruego, debéis detener a la
princesa antes de que sea demasiado tar.......... "
(por detrás
ponía):
Poema
del Triste destino:
Desde
mi encierro escondido
Canto aquel tan triste destino
De mi hermano Talen el Magno,
A quien por una carta asesinaron.
Talen, yo sé que desde allí
Tú velarás siempre por mí.
Destinado estoy a no ver más el sol.
Condenado estoy, por una traición.
Mañana al amanecer
Voy a desaparecer
La princesa me matará
Y mi vida acabará.
Pero más triste es saber
Que él, al cumplir su deber
Murió asesinado por un puñal
Y que nadie lo pudo evitar.
Esta carta Petilay no podrá encontrar;
Hecha de trsiteza y lágrimas, es inmortal.
Tan solo la futura princesa la hallará
Y a ZODIACCÍA algún día liberará.
Pero Talon el Magnánimo fallecerá
Sin conseguir advertir a los demás
Que el día veintidós de junio han de evitar
Que el Tercer Medallón no volvamos a encontrar.
Talon
el Magnánimo.
Se
acerca Eclipse, este poema termina aquí
Pues la sentencia se cumple, y él será mi fin.
Es rojo y negro, malvado y hermoso a la vez.
Pero yo nunca más lo podré ver. "
Auren lo tomó y, tras leerlo, lo pasó a Siro y Saro.
Luego preguntó:
- ¿Qué es el Palacio de Carey?
- Es el antiguo palacio y sede de Petilay Hubo una batalla allí.
Sus ruinas están en LIBRA.
Auren volvió a mirar el manuscrito mientras Siro preguntaba
ingenuamente:
- Y la mancha roja, ¿qué es?
Auren tardó unos instantes en responder, y luego dijo con voz
grave:
- Sangre.
Los tres leyeron atentamente el manuscrito de nuevo. Después,
Auren dijo:
- No sé si os habréis dado cuenta, pero esto aclara
el enigma de la desaparición de Talen el Magno y Talon el Magnánimo.
Por lo que sé, y por lo que dice aquí puedo hacer una
versión de lo que sucedió el día en que éste
mensaje fue escrito Talen el Magno se da cuenta de que Petilay prepara
una Traición ...¿qué hace? No se asusta, sino
que, con sangre fría, se lo cuenta a su hermano Talón
el Magnánimo, y juntos comienzan a investigar. Así consiguen
conocer los pla¬nes de su Princesa de principio a fin. Lo único
de lo que no se enteraron fue de donde pensaba Petilay ocultar los
Medallones. Sólo se enteraron del futuro paradero de GEMINIS.
Y, como el día de la ofensiva se acercaba, Talen decidió
comunicar a Bhepcilus los planes de su Princesa: no podía esperar
más. Y así lo hizo, pero Petilay le sorprendió
y como dice el poema, lo apuñaló.
»De momento su secreto estaba a salvo, pero... ¿por cuanto
tiempo? Por si acaso, mas le valía destruir el mensaje. Pero
cuando lo busca, no lo encuentra por ningún sitio... Porque
Talon el Magnánimo lo había escondido, esperando mandarlo
en el momento propicio. Adivinando que Talon estaba también
enterado de sus planes, lo encierra en un calabozo. Y en ese tiempo
escribe el Magnánimo su "Poema del Triste Destino".
Como estaba triste y dolido por la muerte de su hermano, pensó
en defender lo que había costado la vida a Talen; con sus lágrimas
consiguió volver indestructible el mensaje. El caso es que
Petilay no pudo terminar con él. Lo intentó, creo, porque
el papel está quemado por los bordes. Debió de utilizar
sus artes para terminar con él, pero no lo logró. Sus
encantamientos no pasaron de quemar los bordes.
»Entonces se las apañó para conseguir que los
nombres de Shila y Shala fueran lo único que apareciera al
pronunciar el nombre de Bhepcilus. Luego traería el papel a
GÉMINIS y lo demás sería fácil. Todo sucedió
como ella había pre¬visto. Nos equivocamos, tal y como
ella esperaba.
- ¿Y Shila y Shala?
- Aquí dice que tienen la clave, mas no que tengan a GÉMIN...
- ¡Ayyyyyyy! - un gemido prolongado alertó a los tres
amigos, interrumpiendo a Auren.
-¡Es la voz de Shila! - gritó Siro fuera de sí.
Se oyó entonces otro grito.
- ¡ La voz de Shala! - se desesperó Saro.
Los tres corrieron raudos al árbol de las mellizas, asustados,
mas Auren tenía otra pregunta pendiente:
-¿Sabe alguien quién es ese Eclipse?
Pero no le contestaron.
Entraron corriendo en el árbol y subieron a la habitación
de arriba. Shila y Shala estaban tumbadas en la cama de hierbas, sudorosas.
-¿Ya? - preguntaron Siro y Saro a la vez, nerviosos.
Shila y Shala se encogieron de hombros. De pronto, los dolores aumentaron.
Siro y Saro no sabían qué hacer, y Auren trató
de remediar la situación.
- ¡Voy a buscar un médico! - dijo.
- Los tres que había se fueron al Bosque del Oeste cuando acusaron
a Shila y Shala... -le contestó Siro.
- No importa, ¡voy a buscarlos!
- ¡No! No dará tiempo.
-De pronto, Auren recordó las palabras del poema: "...
Que el día veintidós de Junio han de evitar que el Tercer
Medallón no volvamos a encontrar..."
- ¡Es hoy! -gritó-. ¡Hoy es el día en qué
tenemos que evitar que se pierda el Medallón!
Los gemelos no le hicieron caso. Iban a nacer sus hijos y no había
un médico en la habitación. Estaban tan preocupados
que lo que sucediera con GÉMINIS les daba lo mismo. Mira¬ron
a Auren suplicando ayuda.
- ¡Pero es que van a ser gemelos! - dijo ella, moviendo la cabeza
-. ¡No puedo ocuparme de los cuatro a la vez! Además,
yo esto no lo he hecho en mi vida.
Mas era urgente, de modo que, en vista de que no podía hacer
otra cosa mejor, se dispuso a atender el parto lo mejor que supo,
según había oído decir que se hacía.
Ordenó a Siro que calentará agua y se puso a ayudar
a Shila. Saro comenzó a hacer lo mismo con Shala. Auren no
llegó nunca a comprender cómo se las había arreglado
para conseguir traer al mundo a cuatro preciosos bebés. Nunca
en su vida lo había hecho y, sin embargo...
Ni ella, ni Siro ni Saro recordarían con exactitud cómo
sucedió todo. Pero esa noche la recordarían como la
más confusa de su vida.
- Ni siquiera sé lo que hice -diría más tarde
Auren-. De pronto me encontré con que tenla a cuatro zogímenes
recién nacidos entre mis brazo:. Ni cómo los traje ni
cómo llegaron ... No lo sé.
Eran dos niñas, hijas de Siro y dos niños, hijos de
Saro. Pero volvamos a los acontecimientos de la noche del parto, pues
no todo fue tan bien...
En efecto, cuando Auren se dio cuenta de que los recién nacidos
estaban bien y durmiendo, con Siro y Saro se puso a atender a las
desfallecidas mamás. Enseguida se percataron de que el asunto
estaba muy mal. Shila y Shala no reaccio naban, a pesar de todos los
esfuerzos por hacer que recobra¬ran el conocimiento. La pobre
Auren no sabía qué hacer. Y entonces lo vio. Por la
ventana del árbol, con las mortecinas luces del amanecer, vió
que los Áigonas de las dos madres comenzaban a desaparecer.
-¡No!- gritó.
Se precipitó escaleras abajo y, al salir como un rayo al exterior,
casi tropezó con dos Áigonas que no le llegaban a la
rodilla. Más allá había otra pareja. Fijó
su vista en los Áigonas de Shila y Shala a punto de desaparecer
y de pronto lo comprendió todo. Frases como "Shila y Shala
tienen la clave" y "el día veintidós de Junio
han de evitar que el Tercer Medallón no volvamos a encontrar"
le vinieron a la memoria. Sacando fuerzas de flaqueza cogió
un garrote del suelo y, rezando para que no se hubiera equivocado,
le asestó un golpe con toda su alma a la parte horizontal de
la Áigona que se desvanecía. Y el mágico monumento
desapareció. Auren, casi sin saber lo que hacía pensó:
"Ya está". Destrozada, dejó caer el garrote
y se dijo que ella allí ya había hecho lo que tenía
que hacer. Tras un leve titubeo bajó la vista al suelo y miró
casi sin verlo el cofre que acababa de extraer del Áigona.
Se sintió cansada de pronto, muy cansada. La muerte de Shila
y Shala llenaba por completo su corazón, sin importarle para
nada que hubiera encontrado a GÉMINIS. Y luego estaba May.
No tardaría mucho en aparecer, después de que se hubiera
dado cuenta de que ella no estaba ya. Sintió de pronto asco
de sí misma. Sí, había conseguido encontrar el
Tercer Medallón, mas... ¿a qué precio? ¿La
vida de Shila y Shala, la amistad de May?
Contempló cómo iba desapareciendo la bruma matinal,
al igual que su alegría.
Echando una última mirada al lugar que antes ocupaban las Áigonas,
se volvió a Siro y Saro, que estaban en la puerta del árbol-casa
contemplándola silenciosos.
Al ver sus rostros crispados por el dolor y la tristeza, no pudo soportarlo
más y, con un sollozo, salió corriendo.
A su memoria acudió el recuerdo de Buddy, un osito de peluche
que su hermana Fanny le había roto sin querer cuando ambas
eran muy pequeñas. Ahora entendía a Fanny. Lloró
más que ella la pérdida del muñeco, que no era
suyo, porque se sentía culpable. Naturalmente, Shila y Shala
no eran de peluche, y por eso Auren se sentía ahora tan culpable
que sentía ganas de marcharse de ZODIACCÍA y no volver
nunca más. No quería ver a May, ni a Vultran, ni a Sen,
ni a Sol... a nadie.
Seguía corriendo, sintiendo cómo las lágrimas
le corrían por la cara. Ahora ya no era la Princesa de ZODIACCÍA,
sino una chica normal y corriente que se creía causante de
la muerte de dos zogímenes que acababan de dar a luz.
Así lo entendió May cuando, momentos más tarde,
Auren tropezó con ella y con Cáster y Cástor.
Éste la sujeto por los brazos, mientras ella, llorando desesperadamente,
decía:
- ¡No pude hacer nada, nada! Hay ahora cuatro, pero tendría
que haber seis... Shila y Shala tuv... tuvieron hijos, pero las Áigonas
de ellas des...desaparecieron. Encontré a GÉMINIS, pero...
¿de qué sirve?
Auren cayó de rodillas en el suelo, llorando.
- Princesa...-murmuró Caster .
- ¡No, yo no soy la Princesa, no soy Auren! Soy Aurora, y ahora
me despertaré y veré que todo esto no es más
que una pesadilla.
- Auren, tranquila - dijo May con voz suave -. Dime, ¿qué
ha pasado?
Auren lo contó todo entre sollozos.
- ¡Qué tontería! - soltó May, indignada
-. ¿Quién te ha metido en la cabeza que tú tienes
la culpa?
- Buddy - sonrió Auren, ya más tranquila.
- ¿Quién?
- No, no te preocupes, May. Vuelvo a ser la de siempre... y ahora
reconocerás que yo tengo razón.
- ¿Ya empezamos?
- Espera a que te enseñe el manuscrito.
Volvieron al árbol, dónde Siro y Saro los esperaban
muy preocupados.
- Estabas tan rara - comentó Saro -. Cuando saliste corriendo
no sabíamos qué hacer.
- Y te dejaste esto - añadió Siro, tendiéndole
el cofre.
- "Esto," como tú lo llamas, es... -y Auren abrió
el arca y sacó el Medallón.
-... GÉMINIS, el Tercer Medallón - concluyó May
satisfecha, en tanto que los zogímenes lanzaban un "oh"
de asombro.
- ¿En dónde lo encontraste? - quiso saber Cáster
-. ¿Se lo quitaste a Shila y Shala?
Siro, Saro y Auren le lanzaron una mirada de enojo.
- No - gruñó ésta última -. Ellas no lo
tenían, ya os lo dije. Se lo quité a sus Áigonas.
Siro tendió el papel a los del Bosque del Oeste, que lo leyeron
con interés. Luego, Auren narró todo lo que no sabían.
- Sólo queda por resolver una cosa - dijo -. ¿Quién
es Eclipse?
Los zogímenes miraron a May, en espera de que fuese ella quien
contestara a la pregunta.
- Hablando de Eclipse, hay un pequeño problema - dijo ella
-. lo he visto en el Bosque del Oeste. Nos sigue los pasos, sin duda
con el propósito de hacer fracasar nuestra Misión. Él
es el Leal Servidor de Petilay... El último Unicornio. Antes
era amigo de ZODIACCÍA y era blanco como la nieve. Había
otro Unicornio más, pero murió. Juntos podrían
haber devuelto al mundo la raza de los Unicornios, pero murió.
Entonces Eclipse se volvió medio loco y se convirtió
en el Unicornio negro de crines rojas que ahora conozco. Se hizo malvado,
y se puso de parte de Petilay.
- Bueno, ahora que todo está aclarado, devuélveme a
PISCIS.
May lo hizo, con una generosa disculpa:
- Reconozco que eras tú la que tenía razón, y
siento de veras haber dudado de tí. En vez de pelearnos como
colegialas, deberíamos haber devuelto la unidad a GÉMINIS.
Entre tanto, zogímenes curiosos se habían ido apiñando
en torno a ellas; también había del Bosque del Oeste,
que habían seguido a sus líderes hasta el otro lado
de la frontera. Auren y May, entonces, se dieron pacíficamente
la mano, y lo mismo hicieron Cáster y Cástor, y Siro
y Saro. A su alrededor los zogímenes rompieron en vítores
y aplausos.
- Debo deciros a todos - declaró May -, que, además
de haber encontrado a GÉMINIS, hemos aclarado el enigma de
la desaparición de Talen el Magno y Talón el Magnánimo
y el del manuscrito del árbol-biblioteca.
Ella y Auren se miraron con ojos brillantes. En aquel momento ninguna
se acordaba de los momentos de discusión que protagonizaron
al llegar a la región. May se arrepen tía secretamente
de haber llegado a romper el hilo de la amistad que las unía,
y recordó algo que había olvidado desde que discutiera
con Auren el día anterior: que la colaboración y la
amistad son lo más importante. Lo había aprendido en
TAURO y, pese a que se había hecho allí el propósito
de no olvidarlo se le fue de la mente cuando más lo necesitaba.
Pero ahora todo estaba arreglado. Auren dio orden de ir a buscar a
todos los zogímenes y, seguidamente, se introdujo en el árbol
de Siro Y Saro para descansar.
Dentro, Siro y Saro la esperaban
- Se llamarán Iris y Aris - dijo el primero, mostrándole
a sus hijas -. Quería que fueses tú la primera en saberlo.
Hiciste lo que pudiste y, sin ti, probablemente los bebés tampoco
estarían aquí.
Auren hizo un gesto negativo.
- Hice lo que pude -repitió-, pero a veces no es suficiente,
y entonces...
- Y entonces piensas que podrías haber hecho más - terminó
Saro -. Pero al menos algo conseguiste. Vial y Viel te lo agradecen
también. Ahora grabaré sus nombres en sus Áigonas.
- Yo haré lo mismo - dijo Siro.
Ambos salieron afuera. Auren, tras un instante de duda, fue tras ellos
y les ayudó en la ardua tarea de rascar en la roca.
Al cabo de un rato, Siro se llevó a parte a Auren y le habló
así:
- No debes guardar rencor a ...- se interrumpió -. A May -
dijo por fin -. Ha sufrido mucho con la Traición de Petilay,
pues antaño fue su mejor amiga ...ahora no se fía de
nadie. No pudo soportar que la muchacha dulce y amable que ella conoció
se volviera contra ella. May ama esta tierra, es su obligación
cuidar de ella junto con Bhepcilus... lo de Petilay se quedó
grabado en lo más profundo de su ser. Pero lo que más
le impresionó fue que ella le intentó convencer para
que se pusiera de su parte. Desde entonces, no se deja convencer por
nadie hasta que no se demuestra que tiene razón.
- Pero, ¿quién es ella, en realidad? - preguntó
Auren, confusa.
- Lo sabrás con el tiempo - fue la enigmática respuesta.
Auren se resignó. Se moría de ganas por saber de una
vez dónde encajaba May en ZODIACCÍA, pero, por lo visto,
habría de esperar más tiempo para enterarse
Luego, ya con May, comentó:
- No sabes el frío que pasé en el árbol-biblioteca.
Eres una sádica, May.
- Lo siento. Pero, ahora que lo dices, no era PISCIS lo único
que te tenía que devolver.
Y con una misteriosa sonrisa le entregó algo que Auren reconoció
al instante:
- ¡Mi chaqueta! La verdad es que me alegro de que mi madre me
la hiciera traer. Al fin y al cabo, tenía razón en eso
de que la necesitaría.
- Ya ves.
Y entonces, Auren recordó una cosa:
-¡Mi madre! Se supone que hace tiempo que yo debía estar
en casa.
- Ya te dije que aquí el tiempo pasa mucho más deprisa
que en el Exterior. De momento no te echarán de menos. Auren
entonces bostezó ruidosamente, se arrebujó en su chaqueta
y se tumbó en el suelo.
- Buenas noches - dijo -. Despiértame cuando sea de día.
-¿No prefieres dormir en el árbol?
Un gruñido fue la única respuesta que obtuvo May. "Debe
de estar muy cansada", pensó.
-¡Cuidado, Auren! - gritó una voz.
Auren abrió los ojos y miró el reloj. Era ya mediodía.
"He dormido mucho", se dijo. Pero la voz... ¿lo había
soñado?
- ¡Auren, cuidado! - repitió la voz.
Provenía del bosque: era la voz de May, sin duda alguna. Auren
miró hacia allí. Nada. La luz se filtraba entre las
hojas de los árboles. Se incorporó, parpadeando.
- ¿Qué pasa? - preguntó al silencio del bosque.
Pronto tuvo la respuesta. Un trueno, un ruido muy fuerte de cascos
resonó entre la espesura. "¿Será un ejército?",
se pre¬guntó. Pero no. No era un ejército. Y, por
fin, vio lo que tanto había ansiado ver cuando soñaba
de pequeña (aunque no lo vio en las condiciones que hubiera
deseado): un Unicornio. Pero no era blanco ni delicado. Era negro
como el azabache con crines y cola rojo fuego, y se dirigía
hacia ella con el cuerno inclinado. Su piel era tersa y fuerte, yhacia
ella con furia salvaje, y sus crines y cola de fuego estaban alborotadas:
era Eclipse, el último Unicornio. Auren dejó a GÉMINIS
bien envuelto en su chaqueta en el suelo, y se incorporó de
un salto.
-¡May, ayúdame! - chilló a la espesura -. ¡Creía
que tú no te rendías ante las dificultades!
La voz de May le llegó, lejana:
- ¡Esto es una excepción! ¡Es una dificultad muy
puntiaguda!
A Auren le extrañó la actitud de May y se consoló
pensan do que a lo mejor tenía un plan. No le dió tiempo
de reflexionar demasiado sobre ello, porque, cuando se quiso dar cuenta,
Eclipse estaba frente a ella, con su largo y reluciente cuerno apuntando
hacia su corazón. Quiso huir, quiso gritar, mas no llegó
a moverse del sitio. Cuando se tranquilizó, preguntó
lentamente:
-¿Qué quieres de mí?
"Pregunta estúpida" se dijo. "En caso de que
me entienda... no creo que sepa hablar". Pero lo menospreciaba,
pues sí sa¬bía.
- A GÉMINIS. - La voz de Eclipse sorprendió a Auren,
pese a que en su interior, estaba convencida de que los Unicornios
hablaban -. Dámelo.
-¡Porque tú lo digas! - replicó Auren, sorprendida
de su pro¬pia osadía.
Eclipse se enfureció.
- ¡Dámelo! - repitió.
Auren iba retrocediendo, siempre con el cuerno de Eclipse en el pecho
...hasta que su espalda tropezó con un inoportuno árbol.
"Vaya", pensó. "Ahora sé lo que es estar
entre la espada y la pared". Y entonces decidió jugarse
el todo por el todo y cambió de táctica.
- ¡Qué piel más suave tienes! - dijo, y le acarició
el lomo. Al Unicornio no pareció gustarle, porque dio un respingo
y su cuerno se clavó más aún en el pecho de Auren.
Ésta retiró la mano.
- ¿Qué te pasa? - preguntó, tratando de poner
su más dulce voz -. Yo sólo trato de ser tu amiga.
Se calló al ver que los ojos de Eclipse, escépticos,
parecían decir: "¿A quién pretendes engañar
así?". De todas formas, continuó:
- Nunca había visto un Unicornio, y lo siento; sois muy bellos.
Durante un instante fugaz los ojos de Eclipse se suavizaron (o al
menos eso creyó Auren), y su voz tenía un ciertomatiz
nostálgico y triste cuando dijo:
- Éramos.
El cuerno se apartó apenas un milímetro, y Auren pudo
respirar mejor. "Vaya, ésto da resultado", pensó.
"Sigamos, pues...".
- Entonces...- se atrevió a decir -, ¿es verdad que
tú eres el Último?
El Unicornio asintió. Sus ojos reflejaban odio ahora.
- Los humanos asesinaron a todos los de mi raza - dijo fríamente-.
Querían nuestros cuernos y nos persiguieron y maltrataron,
terminando con los últimos cruelmente.
Auren bajó la cabeza, mas no pudo más y preguntó:
- ¿Por qué mataste a Talon el Magno? Él no te
había hecho nada.
Entonces el cuerno se clavó más, y Auren creyó
oír que murmuraba algo cómo "Vega tampoco había
hecho nada". Sus ojos ahora volvían a ser los de antes.
- Eso no te incumbe - respondió fríamente.
"Ya lo he fastidiado", pensó Auren, sintiendo cómo
la cólera le subía al rostro. Se estaba dejando llevar
por los sentimientos, pese a que sabía que con una criatura
como Eclipse, más valía tener cuidado. Había
jugado demasiado con él, y se había dado cuenta. Ahora
debía mostrar su verdadero rostro.
- Claro que me incumbe - dijo de mala manera -. No en vano yo soy
la Princesa de ZODIACCÍA.
El Unicornio sacudió la cabeza.
- Tú no eres la Princesa de ZODIACCÍA - replicó
-. Eres una impostora. La verdadera Princesa es Petilay, y ya es hora
de que te enteres.
Auren iba a responder cuando un grito rasgó el silencio:
- ¡Yímena Ástrondir! ¡Ástrondir kal
Crónian!
Y May se arrojó al lomo de Eclipse desde la copa del árbol
donde se estaba apoyando Auren. Ésta observó con agradecimiento
y regocijo cómo el Unicornio se encabritaba y dejaba de apuntarla
con el cuerno. May entonces cayó al suelo, y Eclipse se volvió
hacia ella. "Craso error, amigo mío", pensó
Auren. Le cogió fuertemente por el cuerno para evitar que escapase,
mas el Unicornio levantó bruscamente la cabeza y Auren se elevó
por los aires, yendo a aterrizar sobre su lomo. "¡Madre
mía, qué fuerza tiene!", pensó la muchacha.
Pero sucedió lo imprevisto. Al ver que Auren no se caía
al suelo con simples saltos, Eclipse echó a correr dando sacudidas
para librarse de ella.
- ¡Eh, espera! - gritó May entonces -. ¿A dónde
vas?
- ¡Y yo qué sé!
Pero Auren no iba a dejar así por las buenas que se saliese
con la suya, así que continuó tozudamente montada sobre
él.
Poco antes de llegar al Arroyo Divisorio, la chica pensó: "Ya
va siendo hora de que esto se acabe".
Con cuidado alzó la mano y se asió al cuerno de Eclipse
fuertemente. Después se sujetó con los talones al cuerpo
del Unicornio y cogió su cuerno con ambas manos, procurando
con servar el equilibrio. Saltó entonces de su lomo y, todavía
sujetando firmemente su cuerno, corrió junto a él. Luego,
haciendo acopio de fuerza, se detuvo bruscamente y obligó al
Unicornio a detenerse junto a ella, ya en la ribera del Arroyo Divisorio.
Haciendo un complicado movimiento con las muñecas, lo tiró
al río. La corriente lo arrastró. Auren se quedó
parada, viendo cómo se perdía en la lejanía.
Le hizo volver a la realidad la voz de May que le decía:
- ¡Formamos un gran equipo!
Auren la miró de arriba a abajo.
- Creí que Eclipse te había dejado atrás - le
dijo. May sonrió.
- Velocidad, chica, velocidad - aclaró -. Cuando vi que os
alejabais salí corriendo detrás. Otra de las ventajas
de ser conejo, ¿sabes?
- Ya. ¿Viste lo que hice con él?
- Sí, fue fantástico.
- Lo fantástico fue tu intervención. Ya me creía
perdida. Creí que habías huido.
- Querida, yo no me rindo ante las dificultades. Fui de árbol
en árbol hasta donde tú te encontrabas. Estaba esperando
el momento propicio para atacar, pero lo que dijo de Petilay me hizo
perder los estribos y entonces... bueno, pues salté.
- Sí, y entonces dijiste algo en otra lengua...
- Oh, ¿de veras? No me acordaba. Debía de ser Zodiáccico,
la Lengua Antigua. Ya no se usa pero, a pesar de todo, yo quise aprenderla.
Lo hice, y ahora a veces se me escapa alguna palabra.
- Volvamos donde el árbol-casa, porque acabo de recordar que
me dejé a GÉMINIS en el suelo.
- Entonces, más vale que nos apresuremos.
Volvieron con paso rápido a la casa de Siro y Saro y, una vez
allí ya con el cofre del Tercer Medallón entre las manos,
Auren pidió:
- Háblame de CÁNCER.
May se quedó un rato pensativa, tomó luego aliento y
co¬menzó:
- Sus habitantes se llaman cangricaces. Son como cangrejos de aspecto
humanoide. Son bastante más altos que cualquier humano. Caminan
a cuatro patas (aunque tienen diez). Mas cuando están parados
permanecen de pie. De sus diez patas las superiores son pinzas y las
de más abajo son como piernas cuando están erguidos.
- ¿Qué aspecto tienen?
- Pues... el de un gigante con ojos saltones, coraza y ocho brazos.
» Limita con GÉMINIS al Nordeste, con VIRGO al Norte,
con ESCORPIO al este, con SAGITARIO al sureste y con el mar al sur
y al oeste. Tiene una gran Bahía cercada por rocas transparentes
y una gran playa también ...con decirte que con el trozo de
mar de la Bahía, es la región más grande de ZODIACCÍA...
»Al norte tiene la Laguna Salada, al sur están las Dunas
Rojas. Son unas dunas de arena roja. Al atardecer cuando les da el
sol crepuscular ,presentan un aspecto magnífico.
» Respecto a los ríos, CÁNCER no tiene ninguno;
sólo el Río Terz, que nace en LEO, desemboca allí,
formando la Cascada Gird de los Siete Colores del Arcoiris. Es muy
parecida a otra que hay en LIBRA, que se llama sencilla¬mente
la Cascada de los Siete Colores. ¡Ah, se me olvidaba! El Arroyo
Divisorio que tenemos aquí desemboca también en CÁNCER,
en los Acantilados Rocosos, al igual que el río Terz.
- Pareces una enciclopedia.
- Ejem... - una tosecilla discreta les hizo volverse. Cáster
y Cástor traían a todos los zogímenes. Auren
se dió cuenta de que había llegado la hora. Trepó
a una roca, para que todos la vieran, e impartió las instrucciones
de costumbre. Cuando ya todos sabían lo que tenían que
hacer, dijo:
-¡Ya!
-¡GÉMINIS! - dijeron todos.
De nuevo una Región Zodiacal se iluminó. Esta vez le
había tocado el turno a la región de GÉMINIS.
Y, cuando todos abrieron los ojos, vieron que la Maldición
ya había desaparecido. Los Áigonas eran como antes,
y ya no estaban unidos los zogímenes. Por todos sitios se oían
frases como éstas:
- Fue un placer estar tan cerca de tí, hermano, mas creo que
prefiero la libertad.
- Bueno, ahora que ya no dependemos el uno del otro, espero que me
dejes ir donde yo quiera y no donde tú quieras, hermano. .
- ¡Libre al fin! Lo siento, hermano, pero tenía ganas
de decirlo.
Luego, tras estos jocosos comentarios, declararon que querían
llevar en hombros a Auren y May por toda la región, cosa que
ellas se apresuraron a rehusar. Auren entonces les hizo señas
para que fueran en pos de ella, y les llevó al Arroyo Divisorio.
Hecho esto, se colocó ceremoniosamente sobre el Puente de Piedra
y gritó:
- ¡Declaro este puente abierto y la frontera inexistente!
Todos aplaudieron, conformes. Ya nadie se acordaba de los pasados
días de inquietud y desacuerdo. Por fin todo estaba en orden
y GÉMINIS volvía a ser una región unida, al igual
que el pueblo de los zogímenes.
Cuando éstos se marcharon, Auren y May regresaron al árbol
de Siro y Saro, que se habían quedado allí para atender
a los bebés.
Allí, Auren devolvió el Tercer Medallón al Mosaico
Zodia¬cal.
- ¡Arreglado! - dijo May, satisfecha, algo más tarde,
mientras ambas estaban a la sombra de un árbol cercano.
- Hay algo que no está arreglado todavía - replicó
Auren.
- ¿Qué es?
Auren gimió con aire patético:
- Yo. Mi estómago hace "gorlógorló".
Ayer no cené, hoy no he desayunado y son casi las dos.
- ¡Hora de comer! Yo sí cené ayer y he desayunado
hoy.
- ¡Carota! ¡Yo siempre me llevo la peor parte en nuestras
aventuras!
Mas Siro y Saro no habían estado inactivos.
- ¡La comida! - anunciaron.
Auren no comió, devoró. Y después dijo, cuando
ya se hubo quedado satisfecha:
- Ahora tenemos que ir a CÁNCER. Está aquí al
lado.
Nada más decirlo, PISCIS empezó a emitir señales.
Auren lo abrió y la imagen del Maestro y Guardián de
ZODIACCÍA volvió a parecer en el espejito.
- Hola - saludó -. Ya veo que tienes éxito. Pero hay
algo que debo deciros, y se trata de lo que aquí llamamos un
Período Zodiacal Común.
Auren miró a May y sorprendió un gesto de fastidio en
su rostro.
-¿De qué signo es? - preguntó.
- Ahora lo explico, May. Ten en cuenta que Auren no sabe lo que es.
- Díselo.
La imagen se volvió a Auren.
- En tu mundo son ahora las seis, la hora en que quedaste con tus
padres. Pero allí es día veintidós de Junio,
de manera que cuando por la noche vuelvas aquí, será
más o menos la misma fecha que allí. Cuando en la noche
del veintidós al veintitrés de Junio vuelvas a ZODIACCÍA,
aquí será también esa fecha. Y precisamente el
veintidós comienza el Período Zodiacal de CÁNCER.
Cuando la fecha zodiacal de tu mundo y la de ZODIACCÍA coinciden,
se dice que es un Período Zodiacal Común. Cuando tal
cosa sucede, es imprescindible que el Medallón del Signo del
Período se encuentre en el Mosaico Zodiacal antes de que el
mes y el Período acaben en ZODIACCÍA; de lo contrario,
el Medallón desaparecería. Eso significa que, antes
del veintidós de Julio CÁNCER debe estar en el Mosaico
Zodiacal... me refiero a la fecha en ZODIACCÍA. Y si no, el
Cuarto Medallón desaparecerá, y entonces no podremos
buscar los demás. Eso significa sólo un mes para buscar
a CÁNCER.
- ¡Un mes! Pero si eso es mucho tiempo...
- Eso parece, mas las cosas se irán complicando... aparte de
los escondites que pueda haber elegido Petilay y los guardianes que
podría tener el Medallón, ahora tenéis a Eclipse
pisándoos los talones. Él hará lo posible para
evitar que vuestra misión se lleve a cabo con éxito.
- ¿Y qué hará May mientras yo me "escapo"
de mis padres?
- Vendrá a la Casa del Zodíaco, naturalmente. Tú,
esta noche, mientras todos duerman, ven a ZODIACCÍA.
- Bien, no tengo nada que objetar.
- Coge ahora a PISCIS; cierra los ojos totalmente, pase lo que pase
y... ¡vuelve a casa!
Cuando Aurora abrió de nuevo los ojos se encontró en
el cuarto de baño de la feria. Se preguntó si habría
sido un sueño, mas desechó esa idea al ver cómo
el Mágico Medallón PISCIS relucía como (al menos
eso le pareció a Aurora ) si le hiciera guiños de complicidad.
Se miró al espejo; todo había vuelto a la normalidad,
llevaba el lazo en el pelo y sus pantalones estaban menos desgastados.
Miró el reloj: Eran las seis, tal y como había dicho
Bhepcilus. Salió del cuarto de baño y se apresuró
en llegar a la puerta de la feria. Por el camino se percató
de que su Medallón volvía a ser la baratija que había
comprado. Ya no era una joya de oro.
Cuando encontró a sus padres le pareció como si hubieran
pasado varias semanas desde que los viera por última vez.
- Hola -dijo.
- Hola - contestaron sus padres -. ¿Qué tal te lo has
pasado?
Aurora se detuvo, pensando sobre si debía contarles lo de ZODIACCÍA.
"Sólo hay dos posibilidades", pensó. "O
que me crean y entonces, como dijo May, la gente iría a colo¬nizar
el País de los Horóscopos... o que no me crean, que
sería lo más probable. Y si insisto, igual me internan
en un manicomio".
De forma que no les habló de sus fantásticas aventuras.
Sin embargo, les enseñó el Medallón. La madre
se enfadó:
- ¿Cómo es posible que te hayas gastado tan tontamente
el dinero?
"Si ella supiera", se dijo Aurora.
Cambió de tema, como era habitual en ella cuando quería
evitar alguna pregunta comprometedora, y se dirigió a su hermano
Miguel, que hasta entonces no había dicho esta boca es mía,
y que estaba poniendo "morritos".
- No me has saludado.
Silencio.
- ¿Qué tal en la feria?
Silencio.
- ¿Subiste a la montaña rusa?
Silencio.
- ¿No te lo has pasado bien?
Silencio.
- ¿Pero qué te pasa?
Miguel estalló:
- ¡Quiero quedarme hasta las ocho! Todavía es muy temprano.
La madre susurró a Aurora:
- Prueba tú ahora a convencerlo. Siempre consigues que haga
lo que tú quieres, Aurora.
Aurora rió:
- Eso es porque me sé al dedillo toda la programación
de la tele.
- ¿Qué?
- Tú mira y aprende.
Y Aurora se acercó a su hermano y, rodeándolo por los
hombros con su brazo con gesto amistoso, se arrimó más
a él y le dijo:
- Te aconsejo que te des prisa, porque va a empezar "Robotech".
Entonces el gesto enfurruñado de Miguel se cambió por
una expresión de urgencia y urgió a sus padres:
-¡Venga, moveos, que me lo pierdo!
Aurora hizo un gesto triunfal ante la mirada asombrada de sus padres.
Pero todo el viaje de vuelta lo hizo ensimismada, pensando en May,
Bhepcilus y sus amigos de ZODIACCIA. La sacó de sus pensamientos
la voz de su padre:
- ¿Estás en la luna, o qué...? Ya hemos llegado.
Subieron a la casa, en el cuarto piso. Al rato, Aurora y Miguel estaban
tumbados en el sofá, pues se encontraban muy cansados. Aurora
estaba viendo involuntariamente "Robotech", pues su hermano
se había empeñado en que lo viera, con la excusa de
que "se había quedado muy interesante". Se sintió
tan cansada que de pronto vió la salvación.
- ¿Puedo ir a ducharme? Estoy agotada y...
- ¿Otra vez? Ya te duchaste esta mañana.
- ¿Ah, sí? No lo recordaba. Pero por favor, mamá.
- Bueno, pero no estés mucho rato, no es cosa de que ahora
gastes mucha agua.
Bendiciendo interiormente a su madre por haberle dado permiso, Aurora
se fue hasta el cuarto de baño, a pesar de las protestas de
Miguel, quien todavía insistía en que se quedase. "De
buena me he librado", pensó Aurora, pues no tenía
ningún interés especial en ver "Robotech".
Así que Aurora se duchó y se quedó como nueva.
Llegó la hora de cenar; había tortilla de patata. A
ella le encantaba, menos cuando llevaba cebolla; entonces la detestaba.
Y aquella noche la tortilla tenía cebolla.
No rechistó, para asombro de todos, y se lo comió a
toda velocidad. La verdad es que estaba pensando que ya era hora de
comer algo que alimentase, que le iba a exigir Bhepcilus sus derechos
como Princesa y otras patochadas por el estilo, cuando Miguel le preguntó:
- Cómo, ¿no te echas "Ketchup"? No lo comprendo...
¡Tú sin "Ketchup" no comes! Eso lo dices siempre.
Ya había terminado "Robotech" y ahora trataba de
comer en un tiempo récord para llegar a ver "Enredos de
familia".
- Pero si el "Ketchup" es una porquería que no alimenta
nada y le quita el sabor a esta riquísima tortilla...- replicó
Aurora.
Miguel abrió tanto la boca que cualquiera hubiera dudado que
pudiera volver a cerrarla, y se le quedó mirando como si viera
visiones.
- No me mires así - dijo Aurora, molesta -. No tengo monos
en la cara.
Aquella noche se acostaron temprano, pues estaban muy cansados. Así
que a las once ya estaban todos acostados.
- Zzzzzzzzz - se oía en el cuarto de Miguel.
- Zzzzzz, ronk, rooonk, jjjjzzzz - se oía en la habitación
de los padres.
Y en la de Aurora...
- ( ). - Como se ve no se oye nada, porque ella era la única
de la casa que estaba despierta y bien despierta, sentada en el borde
de la cama, con el Medallón entre las manos, que brillaba como
una llamada. Pero Aurora no se enteró, pues estaba mirando
la luna, recordando a May... preguntándose por enésima
vez dónde encajaba ella en ZODIACCÍA. Por casualidad
fijó su vista en el Medallón y se dió cuenta,
alarmada, que hacía ya rato que estaba titilando, titilando
como aquella lejana estrella que se veía desde su ventana.
Saltó de la cama de un brinco y abrió el Duodécimo
Medallón.
- ¡Ya era hora! - la reprendió Bhepcilus, nerviosamente
-. Llevo bastante rato tratando de mantener comunicación contigo,
pero cualquiera diría que estás siempre en las nubes.
- Ya me lo habían dicho - confesó Aurora.
- Vayamos a lo que interesa. ¿Estás dispuesta a volver
a ZODIACCÍA? Pues entonces...
Pero el pobre Bhepcilus se llevó el susto más grande
de su vida cuando Aurora le interrumpió diciendo:
- No.
- Pero... ¿por qué? - preguntó Bhepcilus, confuso.
- Me gustaría dormir algo, mecachis, que estoy muerta de sueño...
- Ay, que me den a mí estos disgustos, a mi edad... Por eso
te habías quedado dormida como un tronco cuando yo te llamaba,
¿no, Princesa?
- No estaba dormida.
- Pues entonces no protestes.
Pero Aurora protestó.
- Me niego a ir sin descansar. Es más, me niego rotundamente.
Bhepcilus rió.
- No te preocupes. Si vienes a ZODIACCÍA recobrarás
fuerzas.
Aurora se quedó con la boca abierta.
- ¡Eso no vale! - dijo -. Te has estado burlando de mí
todo el rato.
- ¿Vas a volver entonces a ZODIACCÍA?
- Qué remedio me queda...
- Pues cierra los ojos y... ¡retorna a ZODIACCÍA!
Aurora desapareció de allí.
Su hermano Miguel, que se había despertado creyendo oír
voces en la habitación de Aurora, vio desde el pasillo cómo
un destello de luz se colaba por debajo de la puerta del cuarto de
su hermana y, extrañado, abrió la puerta.
La cama estaba hecha, y Aurora no estaba allí. "No voy
a decir nada", pensó el chiquillo. "Le preguntaré
mañana a Aurora dónde estaba por la noche y tendrá
que decírmelo, porque estoy seguro de que está metida
en alguna aventura emocionante". Y con estas intenciones, volvió
a su cama y se durmió.
Cuando Auren abrió los ojos, vio que se encontraba de nuevo
en la Casa del Zodíaco.
- Y ahora ... ¿qué hago yo en pijama? -se enfadó.
- Chicas, chicas - suspiró Bhepcilus -. Siempre con problemas.
Tendré que usar la Magia. ¿Qué ropa quieres llevar?
- Zapatillas de suela gorda de deporte; pantalones vaqueros; una camiseta
de manga corta; calcetines de deporte y una chaqueta de chándal
impermeable, que abrigue, pero que no dé calor.
- ¡Exigente! - masculló Bhepcilus, mientras hacía
un pase mágico con su mano derecha.
Al momento lo tenía todo puesto mientras May, en una esquina,
se mondaba de risa.
- Procura no derrochar el tiempo - aconsejó Bhepcilus -. Recuerda
que aquí es veintidós de Junio y sólo hay un
mes. Si para el veintidós de Julio el Tercer Medallón
no está en el Mosaico Zodiacal...
- Sí, lo sé. Seré prudente.
May se aproximó. Auren la tomó en brazos y dijo a Bhepcilus:
- Nos vamos ya, deséanos suerte.
Bhepcilus entonces, con ayuda del Medallón, las envió
de vuelta a ZODIACCÍA.
Se encontraron en un bosque, ya conocido para ellas.
- ¡Todavía estamos en GÉMINIS! - se asombró
May.
- Fallo técnico...- suspiró Auren -. Bueno, da lo mismo.
No nos vamos a herniar por caminar un poco. Seguiremos el curso del
Arroyo Divisorio, Y espabilemos, que sólo tenemos un mes.
- ¿Sólo? - preguntó May, irónicamente.
- Podemos tardar más tiempo del usual. Como dijo aquél...
es difícil adivinar, sobre todo el futuro.
- ¿Piensas estudiar Filosofía, acaso?
- No, Biología. Pero, volviendo al tiempo que tardamos, te
diré que no estoy segura de poder encontrar a CÁNCER
a tiempo. La Tercera Región es muy grande. Además, supón
que volvemos a tener problemas con Eclipse.
- Su nombre antes era Altair. No lo recordaba, pero...
- ¿Altair? Es el nombre de una estrella. De la constelación
de Águila, creo. En cierta ocasión leí una leyenda
japonesa sobre Altair.
May pareció muy interesada.
- ¿De veras? - dijo -. ¿Me la cuentas?
- En otro momento, PISCIS vuelve a brillar.
Auren lo abrió. Lo primero que dijo Bhepcilus fue:
- Mi memoria parece un baúl de trastos. Acabo de recordar que
tengo algo para vosotras. Continuad y lo veréis.
La imagen desapareció. Auren miró a May, que se encogió
de hombros.
Ambas, comidas por la curiosidad, siguieron el curso del Arroyo Divisorio
más deprisa todavía. Así llegaron a un claro
y vieron la sorpresa que el Maestro y Guardián de ZODIACCÍA
les había preparado.
Había una mochila apoyada en un árbol. Auren corrió
hacia ella, seguida de May, y la abrió. Dentro había
un par de mantas, provisiones, cuerdas, linternas, una libreta y un
lápiz y varias otras cosas más.
- ¡Maravilloso! - exclamaron Auren y May.
Auren hurgó en la mochila, encantada.
- Mejor será que no nos entretengamos más - dijo May.
Continuaron por su camino, mientras May tarareaba una canción
y Auren se colocaba la mochila bien.
Al cabo de un rato llegaron al camino que separaba CÁNCER de
GÉMINIS. Se disponían a cruzarlo, cuando oyeron un estrepitoso
ruido. Volvieron la cabeza.
- ¡Es Eclipse!
Corría derecho hacia ellas. Auren guardó cuidadosamente
su chaqueta en la mochila, que depositó en el suelo, y se dispuso
a hacerle frente.. Venía enfurecido. De todas formas, Auren
ya sabía cómo reducirlo, y así se lo comunicó
a May:
- Ya me conozco el truco.
May la miró estupefacta.
Cuando Eclipse casi la rozaba, Auren le cogió del cuerno y,
tal como había hecho en una ocasión, con una finta lo
tiró a tierra.
- ¡May, deprisa! Coge la mochila y dame una cuerda.
May lo hizo, mientras la muchacha se esforzaba en sujetar al Unicornio,
tarea nada sencilla, por cierto. Entonces Auren, a toda prisa, ató
como pudo a Eclipse, que se debatía furioso.
- ¿Qué hacemos con él? - preguntó a May
una vez terminada su "obra".
La respuesta fue tajante:
- Mátalo.
Auren se quedó de piedra.
- Soy incapaz, May.
- No te pongas sentimental ahora - dijo May con un gesto de evidente
fastidio -, ¿Es que te ha comido el coco? Quítale el
cuerno y morirá. Debes hacerlo tú, pues yo soy ahora
demasiado pequeña para siquiera intentarlo.
Auren se quedó quieta un instante y luego susurró a
May, sin que la oyera Eclipse:
- En cierta ocasión leí que hay que darle una oportunidad
a la gente que se equivoca, aunque no haya posibilidad de que cambien,
pues cada uno juega un papel en la vida. Dos personas, en el pasaje
del libro al que me refiero, discutían acerca de lo que había
hecho un tal Bilbo, que había perdonado la vida a una criatura
malvada llamada Gollum, cuando en su mano había estado la oportunidad
de terminar con ella. Y decían: " - ¡Qué
lástima que Bilbo no haya matado a esa vil criatura, cuando
tuvo la oportunidad!" A lo que el otro le respondía:"
- ¿Lástima? Si, fue lástima lo que detuvo la
mano de Bilbo; lástima y misericordia. No matar sin necesidad.
»" - Pues yo no siento ninguna lástima por Gollum;
merece la muerte.
»" - La merece, sin duda. Muchos de los que viven merecen
la muerte, y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes
devolver la vida? Entonces, no te apresures en dispensar la muerte,
pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos...
La voz de Auren se extinguió. Ella no lo sabía, pero
sus palabras dejarían una profunda huella en el corazón
de May.
- Tienes razón - aprobó -. No tenemos ninguna necesidad
de matarlo. Tal vez algún día vuelva a ser el que era,
es cierto. A menudo lo he pensado, pero nunca he llegado a creérmelo
del todo. Sin embargo, tal vez algún día...
- Soltémoslo.
Auren deshizo los nudos y Eclipse se levantó, desconfiadamente.
- ¿Qué significa esto? - preguntó ceñudo.
- ¡Lárgate! - chilló Auren, amenazadoramente -.
Si no, te quito el cuerno.
Eclipse consideró que había perdido el enfrentamiento
y que más le valía marcharse, de forma que se alejó
a todo correr en dirección a ESCORPIO.
- Se bate en vergonzosa retirada - comentó Auren.
- Hagamos lo mismo, pero hacia CÁNCER - sugirió May.
Auren asintió y se puso de nuevo la mochila sobre los hombros.
En dos zancadas, las dos amigas entraron en...