Título: Zodiaccía, un mundo diferente


CAPÍTULO VII: CÁNCER

Había algunas filas de árboles junto al camino, pero más allá todo era arena, y más lejos todavía estaba la Bahía cercada por rocas transparentes.
Auren vio algo sorprendente:
- ¡Ahí fuera hay otro sol!
- Claro - dijo May -. Ya te dije que esto es un mundo aparte. Aquí todo es Magia, por eso es como otro planeta diferente al de fuera. Tenemos aquí nuestro sol y nuestra luna.
- Bueno, déjalo ya. Vamos a ver primero con tranquilidad lo que hay en la mochila.
Se sentaron sobre la arena, tras una gran roca, y comenzaron a revisar las provisiones.
- Tenemos comida para una semana - anunció Auren -, y un par de cantimploras repletas de agua.
- No será suficiente - objetó May -. Aquí la única que hay es la del mar, y la de la Laguna Salada.
- No, el Arroyo Div... estoooo, Ex-Arroyo Divisorio de GÉMINIS desemboca aquí, y creo que me dijiste que otro río de LEO también, formando no se qué cascada...
- Me refería al Río Terz y a la Cascada Gird.
- Pues cuando tengamos sed y no nos quede agua, vamos allí, llenamos las cantimploras y...
- ¡Silencio! - susurró May.
Auren enmudeció. Se oían voces. May y ella atisbaron por detrás de la roca. Había tres cangricaces allí. Uno estaba llorando, y los otros trataban de consolarlo. Era una hembra, por lo que pudieron apreciar Auren y May, ya que tenía muy largas las pestañas.
- Vamos, vamos - decía uno -. Tarde o temprano tenía que suceder. No llores.
- ¡Sí, pero...! ¿Por qué a mi padre? - dijo la cangricace mirando a sus compañeros.
- Crisits - intervino el otro -, también es mi padre. Procura ser fuerte.
Se sentó sobre la arena y los otros lo imitaron. Auren y May, tras la roca, se miraron y se encogieron de hombros.
- Crisits - continuó el segundo cangricace -, no te preocupes. Todo esto terminará pronto, ya lo verás. Bhepcilus me pro¬metió que vendría la Elegida, pero...
- Pero... - interrumpió la llamada Crisits -, ¿cuándo?
- ¿Cómo sucedió? - preguntó el que había hablado el primero-. Nadie me lo ha querido aclarar.
- Nuestro padre - explicó el hermano de Crisits - caminaba por los acantilados, se despeñó y cayó sobre las rocas de la orilla.
- Lo siento de veras, Crasters. Crucian era muy buena persona.
- Vendrás al funeral, ¿verdad, Crokyn? - dijo Crisits.
- Naturalmente. Podéis contar conmigo.
Crasters miró el sol poniéndose una mano de visera y dijo:
- Ya es tarde, debemos marcharnos. Gracias por tu apoyo, Crokyn.
- Oh, no es nada. Si me necesitáis, ya sabéis dónde estoy. Llamadme.
- Gracias - repitió Crasters.
Auren y May entonces se miraron, y se entendieron con los ojos.
- Ejem...- carraspeó Auren, levantándose y saliendo de su escondite.
Los tres se volvieron.
- Soy Auren, Princesa de ZODIACCfA - dijo Auren. Crokyn la miró de arriba a abajo.
- No pareces una Princesa - dijo -. ¿Tienes una prueba?
- No. Tengo tres. Primera, aquí colgado del cuello tengo a PISCIS, el Duodécimo Medallón. Segunda, si vais a la región de PISCIS, ARIES, TAURO o GÉMINIS os daréis cuenta de que allí no hay ya Maldición. Y tercera, aquí está May, del signo TAURO, para probarlo.
May salió de detrás de la roca.
- Hola - saludó.
Ante los tres argumentos de Auren, los cangricaces no supieron qué decir.
- Quiero haceros una pregunta - dijo Auren -. ¿Cuál es vuestra Maldición?
Los tres cangricaces se miraron. Luego, Crokyn dijo:
- Tú vienes del Exterior, ¿no? - Auren asintió -. Pues entonces debes saber que allí los cangrejos caminan hacia atrás.
- No exactamente - puntualizó Auren -. Es tan sólo un dicho, pues caminan de lado.
- Pero Petilay se aprovechó de esa creencia, que le dio una idea para nuestra Maldición... nunca vi mente más retorcida.
- Antes -prosiguió Crisits, al ver los apuros de su amigo-, los cangricaces caminábamos a cuatro patas... bueno, a diez en nuestro caso...
No podía seguir, se atrancaba, y por eso Crasters continuó en su lugar:
-Y caminábamos igual que ahora. Pero la dirección, pues...
Auren comprendió al fin, sin necesidad de que le explicaran más.
- O sea, que camináis hacia atrás.
- Nosotros podemos estar de pie, pero sólo cuando estamos parados. Para caminar debemos ir a gatas. Antes no había problemas. Pero ahora...
Crasters calló. Auren rompió entonces el silencio diciendo:
- No me habéis dicho vuestros nombres.
May la miró con asombro.
- Pero si va sabem...
Un disimulado pisotón de Auren la hizo enmudecer. No le hacía ninguna gracia que los cangricaces supieran que había estado escuchándolos.
- Me llamo Crasters, y ésta es mi hermana Crisits. Nos llevamos un año, yo soy el mayor -dijo Crasters.
- Y yo soy Crokyn - dijo Crokyn.
Auren se volvió hacia Crisits.
- Cuando venía, me pareció oír que llorabas - le dijo.
- Sí - musitó ella.
- Crucian, su padre - aclaró Crokyn -, iba por los Acantilados y se despeñó. Si hubiera visto por dónde iba tal vez no... Pero, al caminar hacia atrás, no pudo ver bien y perdió el pie. Los cangricaces tenemos muy buena vista, pero no precisamente ojos en la nuca.
- Lo siento - dijo Auren -. Quizá he llegado tarde, pero ahora debo encontrar a CÁNCER para que esto no vuelva a suceder. Sólo el Cuarto Medallón puede arreglar todos estos problemas...¿hay alguna pista sobre su paradero?
Los cangricaces se miraron.
- Creo que Crucian sabía algo - dijo Crokyn. Luego se volvió a Crisits y Crasters -. ¿No? Lo escribió en un poema.
Crisits entonces dijo:
- Sí, creo que lo escribió en el poema de... ¿cómo se llamaba? Era algo de un pájaro... una gaviota, me parece. Una Gaviota Roja.
Se hizo la luz en la mente de Crasters.
- Ya recuerdo. Era una poesía que estaba en un libro suyo. Le gustaba mucho componer poemas, y llenó todo un libro. Creo que lo tituló "El Vuelo de las Gaviotas". Creo que en el poema de la Gaviota Roja también se hablaba de una Caracola.
- Sí, la Caracola de la Esperanza. De eso me acuerdo.
Auren entonces sugirió que fueran a verlo.
- Antes deberíamos avisar al Jefe Acrán de que estamos aquí -dijo May.
Todos conformes entonces, los cangricaces se pusieron a gatas y comenzaron a caminar hacia atrás en dirección a las cuevas, donde se encontraba el Jefe Acrán. A medio camino, Crisits metió el pie en un hoyo, con la correspondiente caída y el correspondiente porrazo. Como no podía caminar, a pesar de la venda provisional que le había puesto Auren, Crasters cargó con ella, poniendo en práctica una idea de Crokyn; desde la grupa de Crasters, Crisits podía avisar a su hermano de los obstáculos que hubiese en el camino. Como el experimento tuvo éxito, Auren y May subieron a la espalda de Crokyn, para poder advertirle también. De esta forma avanzaron más rápidamente y sin problemas.
Sobre Crokyn, May recordó una cosa:
- Auren, ¿en qué libro leíste el párrafo de cuando cogimos a Eclipse?
- Hacia la izquierda - contestó Auren, para asombro de May.
Por fin ésta comprendió que se lo decía a Crokyn y no a ella.
- Responde - protestó.
- Era un libro de Tolkien. Se llamaba "El Señor de los Anillos", es fantástico.
Por fin llegaron a las cuevas. Una multitud de cangricaces les salió al encuentro y, mientras Crasters llevaba a su hermana a una cueva cercana, se aproximó un cangricace al que todos dejaron paso.
- Llevaba mucho tiempo sin verte, Jefe -dijo May -. La Princesa Auren viene conmigo, creo que ya tenemos un punto de partida.
El Jefe Acrán asintió.
- Menos mal que habéis venido - dijo -, porque la cosa va cada vez peor. Sin ir más lejos, ayer mismo murió Crucian. Se despeñó.
- Sí, lo sabemos. Y precisamente él es quien tiene una pista.
Acrán frunció el ceño.
- ¿Qué quieres decir? ¿Realmente sabía algo?
- ¿Lo dudabas acaso? Sí, tengo la impresión de que él lo sabía.
- ¿Por dónde empezaréis?
-Primero, por comer algo; es ya mediodía. Luego iremos a la cueva de Crucian para coger un libro de poemas, en el que, escribió, según parece, lo que sabía.
- Bien; efectivamente, es ya la una y cuarenta y cinco - dijo mirando al cielo -. No me extraña que tengáis hambre, los cangricaces ya vuelven del mar.
May asintió. Ella y Auren fueron guiadas hasta una cueva que les habían asignado como refugio.
- Me come la curiosidad - declaró Auren -. Dime, May, ¿cómo hacen para saber la hora, si no tienen relojes?
May soltó una carcajada.
-Es por la posición del sol - explicó -. Yo tampoco sé muy bien cómo lo hacen, pero la verdad es que son siempre muy exactos. No se equivocan nunca.
- ¿Y cuando está nublado?
May se encogió de hombros.
- Se les estropeó el reloj, supongo. Pero, lo creas o no,de noche lo saben también por la posición de la luna y las estrellas.
- Vaya, ahora que me hablas del sol, me acabo de dar cuenta de que tengo la cabeza ardiendo.
- Es que hace mucho calor. Yo siento calor sólo con ver tu ropa. Quítate la chaqueta, al menos, o vas a coger una insolación.
Auren obedeció, atándose la chaqueta a la cintura. Crokyn acudió a buscarlas.
- ¿Os apetece comer algo? - dijo.
- Sí, trae peces, por favor -dijo May -. Los asaremos junto al camino y, después de comer, iremos a la cueva de Crucian. Crokyn asintió, y se fue.
- No es cosa de malgastar las provisiones - explicó May a Auren -, pues ellos comen pescado. Si lo asamos en una barbacoa, no tendremos problemas. Yo comeré tréboles, los he visto junto al camino.
El Jefe Acrán entró en la cueva. Tras ponerse en posición erguida, dijo:
- Si tenéis algún problema...
- Ninguno, gracias - interrumpió Auren -. Pero hay una cosa de la que me gustaría advertirte. Sólo tenemos un mes para encontrar a CÁNCER.
Y le explicó el asunto del Período Zodiacal Común. Acrán comprendió y dijo que haría lo posible para ayudarles. Salió de la cueva y Auren y May le oyeron hablar con alguien. Al rato entró Crokyn, con un cesto repleto de peces.
- Gracias - dijo May -. Por favor, dile al Jefe Acrán que si hay algún problema estaremos junto al camino, a la orilla del Río Terz.
- De acuerdo.
Auren y May llevaron el cesto hasta donde habían dicho que estarían, y allí asaron algunos peces, en una hoguera limitada con piedras. Había demasiados. May comió tréboles y un par de zanahorias de la mochila. Cuando acabaron, volvieron a las cuevas y devolvieron a los cangricaces el pescado sobrante.
Auren entonces observó que casi todos los cangricaces tenían miembros vendados, de algún que otro golpe que se habían dado al no poder ver dónde pisaban. Enseguida se presentaron Crisits, que ya estaba mejor de su pie y podía caminar. Crasters, Crokyn, Acrán y fueron todos a la cueva que antes había sido de Crucian. Al llegar, Crisits se dirigió a n hueco en la pared y hurgó en su interior. Luego, consternada, sacó la mano y se puso a buscar en otros orificios.
Más blanca que el papel, afirmó al concluir su inspección:
-¡No está!
- Auren, mira esto - dijo May, señalando el suelo.
Auren se inclinó.
- No son huellas de cangricaces - aseguró cuando Auren lo hubo mirado.
- Parecen huellas de cascos –dijo ésta.
- Son demasiado pequeñas para pertenecer a un caballo -declaró May.
- Entonces, sólo significa una cosa.
Ella y May se miraron.
- ¡Unicornio! - dijeron a la vez.
- Ya te dije que tendríamos que haber terminado con él - reprochó May a Auren.
- Déjate de bobadas. Admiro a los unicornios y no quiero que pese sobre mi conciencia el haber acabado con la especie.
- Pues no te lo ha agradecido mucho, que digamos.
- No esperaba que lo hiciera. Sólo cumplí con mi obligación.
- Pues si no encontramos a CÁNCER por culpa de tus sentimentalismos, toda ZODIACCÍA lo lamentará.
- Tonterías. En lugar de estar aquí discutiendo, yo opino que deberíamos pasar a la acción y buscar a CÁNCER por toda la región.
-Tú opinas, tú opinas... te olvidas de algo muy importante, oh sabia jefa. Te olvidas de que ese Medallón es muy pequeño, y de que ésta es la región más grande de ZODIACCÍA. Podemos estar años buscándolo.
-Muy bien, Señorita Sabelotodo, ¿tienes acaso una idea mejor? Dudo que puedas sacarte el Medallón de la manga.
- Sospecho que no.
- Lo imaginaba - Auren se volvió al Jefe Acrán -. No nos queda más remedio que buscar sin ningún punto de referen¬cia. De modo que propongo que organicemos una búsqueda. Necesito que todos los cangricaces, y digo TODOS, sin ninguna excepción, nos ayuden a buscar a CÁNCER.
El Jefe Acrán, seguido de Crisits, Crokyn y Crasters, salió de la cueva para cumplir el encargo de Auren.


- Tengo los pies hechos polvo - declaró May.
- ¡Ufff! - suspiró Auren -. Bueno, peor nos fue el otro día en las Dunas Rojas. Casi no se puede andar por ahí, uno se hunde. Fue más cansado que la exploración de hoy, reconócelo.
Ambas estaban sentadas en una roca, junto al mar.
- Ya hemos registrado esta parte de la playa, sin ningún resultado positivo - dijo Auren.
- Podríamos haber seguido las huellas de Eclipse cuando salimos de la cueva.
- Sí, en eso pensé yo también, sólo que fui más rápida que tú e intenté seguir las huellas en cuanto saliste de la cueva.
- No lo hiciste. Estuviste conmigo todo el tiempo.
- No merecía la pena. Con una ojeada a la arena me di cuenta de que había caminado por la orilla... Las olas borraron sus huellas.
- Ya veo. Otra vez como al principio. Lástima - May oteó el cielo -, parece que va a llover.
- Lo que nos faltaba. -Auren suspiró -. Si al menos supiéramos algo más sobre esa Gaviota Roja... o sobre la Caracola de la Esperanza...
- Pero seamos realistas, Auren. No sabemos nada. Y, con nada como guía, nada encontraremos. No podemos ir por ahí dando palos de ciego.
- ¡Eh, Auren, May!
Las dos se volvieron. Un cangricace llegaba corriendo. Como venía caminando hacia atrás, sólo le veían la parte posterior y no sabían quién era.
- Te apuesto a que es Crasters - dijo Auren.
-No - contradijo May -, es el Jefe Acrán.
El cangricace llegó junto a ellas y se volvió. Ni uno ni otro; era Crokyn.
- ¿Qué tal? - preguntó.
- Nada, ¿y tú?
- He seguido con mi grupo el curso del río Terz y he examinado la cueva que hay tras la Cascada. Y, siento decirlo, pero no hay nada tampoco allí.
Al rato llegaron Crasters y el Jefe Acrán. Los dos contestaron lo mismo:
- Nada.
- ¿En dónde anda metida Cr isits? - preguntó Crasters -. Su grupo hace rato que ha vuelto de los Acantilados Rocosos, y dice que ella se volvió a marchar. Nadie la ha vuelto a ver, ¿sabéis vosotros de ella?
Nadie lo sabía. Nadie la había visto.
- Esperaremos un poco más - sugirió May -. Ella sabe que estamos aquí, y si descubre algo vendrá a comunicárnoslo.
Efectivamente, poco después llegó Crisits, que parecía muy agitada.
- ¡He encontrado algo! - jadeó.
- ¿Qué? - preguntaron todos.
Crisits se detuvo, sin aliento. Luego dijo:
- ¡Huellas de Unicornio!
- ¿Dónde? - preguntó Auren
- Venid y os lo enseñaré.
Siguieron a Crisits hasta una cueva en lo alto de un acantilado.
- Cuando volvimos a las cuevas recordé que esta caverna no la habíamos reconocido, y volví yo sola porque los demás estaban muy cansados - explicó la cangricace.
- Aquí vivía un cangricace anciano - dijo el Jefe Acrán-, hasta que CÁNCER desapareció. Entonces decidió dejar el Acantilado por si se despeñaba. La cueva desde entonces ha estado vacía.
Retumbó un trueno y todos miraron inquietos al cielo.
- Tormenta segura - murmuró Crasters.
No había terminado de hablar cuando comenzó a llover co¬piosamente.
- Mejor será que nos pongamos a cubierto - sugirió Crokyn. Penetraron con cautela en la caverna, protegiéndose así del azote de la lluvia y el viento.
- ¡Qué desilusión! - exclamó Auren.
Registraron rápidamente la cueva, sólo para convencerse definitivamente de que estaba vacía. Se disponían a salir -remoloneando un poco- de nuevo bajo la lluvia cuando una voz les hizo girarse:
-Así que has encontrado mi guarida, Princesa Auren. Bienvenida, aunque es una lástima que sea sólo para morir...
Era Eclipse. Estaba en la entrada de la gruta, con el libro de “El Vuelo de las Gaviotas” entre los dientes.
Nadie se movió. Tan sólo May reaccionó.
- ¡Devuélvenos ese libro, ladrón! ¡No te saldrás con la tuya!
- ¿Y vas a ser tú quien me lo impida? - rió el Unicornio.
May ya estaba dispuesta a lanzarse sobre él, cuando se dio cuenta de que la diferencia de tamaño era considerable. Entonces miró suplicante a sus compañeros solicitando ayuda. Auren comprendió su mirada y recobró fuerzas. Se arrojó sobre Eclipse, cogiéndolo por sorpresa, y ambos rodaron por el suelo.
Los cuatro cangricaces y May se quedaron sin saber qué hacer.
Fuera, la batalla arreciaba. Además llovía a cántaros, y los truenos retumbaban.
Por fin Crisits reaccionó:
- ¡Vamos a ayudar a la Princesa!
Y los tres se lanzaron al exterior para auxiliar a Auren. Bajo la lluvia, ella luchaba contra Eclipse. Ambos se in¬corporaron trabajosamente. Auren tomó entonces un palo del suelo y comenzaron a pelear, ella con el palo y el Unicornio con su cuerno, como si de un combate de espadas se tratara, mientras la lluvia los calaba.
May se lanzó sobre Eclipse, pero éste le dio una coz y la envió contra las rocas. Inmediatamente, May perdió el conocimiento.
Crisits sujetó al Unicornio por la cola, mas éste con otra coz la envió al mismo estado de May.
Crokyn se acercó por delante. Eclipse le dio un golpe en su coraza con el cuerno y lo dejó fuera de combate. Crasters montó sobre el lomo del Unicornio. Era evidente que a éste le estorbaba para pelear contra Auren, de manera que, con un poderoso salto, lo lanzó por los aires.
El Jefe Acrán le dio un pellizco con su pinza. Dando una sacudida, Eclipse se libró de él.
Con todos sus amigos fuera de combate, Auren luchó con más fuerza si cabe, tratando de vengarlos. Pero llegó un momento en que el Unicornio le envió el palo por los aires. Auren, sin inmutarse, cogió el libro que Eclipse aún tenía entre los dientes y tiró de él hacia arriba. Ahora ya no podía utilizar su cuerno, de forma que el Unicornio tiró para el lado contrario. Los dos estiraron del libro, mas Eclipse súbitamente cambió de opinión y lo soltó. Auren cayó hacia atrás, hacia el precipicio.
- ¡Auren! - chilló May, que se recobraba en esos instantes -. ¡AUREN! .
"Estoy cayendo... estoy cayendo", pensó Auren. Luego, todo se puso negro.


- Auren... Auren... despierta ...
Auren abrió los ojos, con cautela. Ante sí los rostros expectantes de May, Crokyn y el Jefe Acrán.
Se incorporó. Todo era tan confuso...
- ¿Qué ...qué ha sucedido?- tartamudeó.
- ¿Te encuentras bien ? - preguntó May
-La lluvia... el libro... y... Eclipse – musitó ella.
Se tumbó de nuevo y cerró los ojos. Contó hasta veinte, y los abrió de nuevo.
- Estoy bien - dijo, tratando de sonreír -. Estoy bien. ¿Qué ha pasado?
- Te caíste al agua - informó May.
- Eso ya lo sé. Pero, ¿cómo salí de ella?
- Crokyn se arrojó al mar, para salvarte y, ya lo ves, salvó.
Auren le echó a Crokyn una mirada llena de agradecimiento.
- Gracias, Crokyn. ¿Cómo podré pagarte?
- No hace falta. Si encuentras a CÁNCER me daré enteramente por satisfecho.
- ¡CÁNCER! - Auren se incorporó de un salto -. ¡Debo encontrar a CÁNCER!
- Cálmate - dijo May -. Quedan todavía cinco días.
- ¿Sólo? ¿He estado dos días en cama? ¿Y el libro? ¿Y Eclipse?
- Tranquila. El libro lo dejaste tirado sobre las rocas, y yo lo recogí. En cuanto a Eclipse, está a buen recaudo: Crasters lo vigila, junto con un pelotón más de cangricaces. Está encerrado en una cueva. Cuando tú te caíste, el también cayó hacia atrás y se golpeó la cabeza con una roca.
- Nos gustaría ser los guardianes de Eclipse - intervino el Jefe Acrán -. Así no os molestará más.
-Pero... es peligroso - trató de oponerse Auren.
-Insisto.
-Bien, de acuerdo entonces.
Se oyó la voz de Crisits en la entrada:
- Vaya, Auren, ¿ya estás bien? Traigo el libro.
Se lo entregó y Auren lo hojeó. Todo eran poesías sobre el mar. Se detuvo en una que tenía por título "El Secreto de la Gaviota Roja" y la leyó en voz alta:

"El tercer día de la semana,
cuando el cielo dorado se torna,
se puede oír por fin la llamada
de la Gaviota Roja en la costa".
'Va por VIRGO, CAPRICORNIO y ARIES
En un mes por ZODIACCÍA viaja.
TAURO, SAGITARIO y por fin CÁNCER
y la última semana allí baja".
" En su nido un gran tesoro guarda
una gran caracola mágica:
la Caracola de la Esperanza,
maravillosa y fantástica".
"La Gaviota y esta Caracola
vigilan el Cuarto 'Medallón.
es como el sonido de las olas:
sosegado o amenazador".
"Sigue a la bella Gaviota Roja
y entonces su vuelo alcanzarás.
No elijas la reluciente joya
si es que se la quieres conquistar
"El agua de plata es destructora:
si un trozo de Caracola rompes
la Gaviota se volverá loca
y a CÁNCER dirás adiós entonces".
"Yo lo intenté y tres veces erré,
mas ya lo sé, y espero el retorno
de la Gaviota al atardecer...
todo acabará si me equivoco".

Cuando Auren levantó la vista del papel todos se miraron extrañados.
- Es raro - comentó -. Todo son ideas sueltas, no dice nada concreto.
- ¿No será otra alegoría, como la de ARIES? - dijo May.
- No lo creo - intervino Crisits -. Mi padre no hacía eso. En sus poesías siempre reflejaba lo que sentía. Puede que estuviera algo trastornado cuando lo escribió y por eso no le salió muy ordenado.
Los demás aceptaron esa teoría.
- Entonces - dijo Auren -, vamos a ver si repasando cada verso del poema logramos sacar algo en limpio.
Todos estuvieron de acuerdo, y estudiaron en silencio por su cuenta el poema.
- El tercer día de la semana - leyó May -. Lunes, martes, miércoles, ese es el tercero.
- "...cuando el cielo dorado se torna" - completó Auren -. Clarísimo. Se refiere al ocaso, a la hora del crepúsculo.
Después de un breve silencio, continuó:
- Creo que, por lo que dice aquí, la Gaviota Roja efectúa todos los meses una ronda por toda la costa de ZODIACCÍA. Se va por el norte y vuelve por el sureste. Lo dice bien claro: VIRGO, CAPRICORNIO, ARIES, TAURO, SAGITARIO y otra vez CÁNCER. Da una vuelta completa a la isla. Y vuelve el último miércoles de cada mes, al atardecer.
»Pienso que en esa Caracola de la Esperanza que guarda la Gaviota en su nido está CÁNCER ... es decir, en su. interior. Lo que no comprendo es eso de "es como el sonido de las olas; sosegado o amenazador". ¿Se refiere al Medallón, a la Gaviota o a la Caracola?
- Lo sabremos con el tiempo - dijo Acrán.
- Tenemos que seguir a la Gaviota, pero no... no elegir la reluciente joya... ¿qué diablos significa eso?
- Eso - dijo May -, también lo sabremos con el tiempo.
- De las dos últimas estrofas lo único que entiendo es que si rompemos la Caracola, CÁNCER ya no estará - declaró Crokyn.
- Bueno, pero lo que no explica - dijo Crasters, que hasta entonces no había dicho nada-, es por qué la llaman Caracola de la Esperanza.
Miró a su alrededor por si alguno de sus compañeros tenía la respuesta, mas todos permanecieron callados.
- ¿Qué día es hoy? - inquirió de pronto Auren. Los cangricaces se miraron unos a otros.
- Hoy - anunció el Jefe Acrán con voz solemne -, es último miércoles de mes.
Auren se incorporó de un salto y miró su reloj.
- ¡Las cinco! - dijo-. Dentro de poco se pondrá el sol y la Gaviota Roja regresará de su viaje.
- En esta época del año la hora crepuscular es a las siete. Aún quedan dos horas.
Auren asintió.
- Si la Gaviota Roja entra en CÁNCER por el sureste, tendremos que ir a la frontera de CÁNCER con SAGITARIO, pues es indudable que pasará por allí. Entonces la seguiremos, y, tal y como dice el poema, ella nos guiará hasta su nido.
Poco después los seis se ponían en camino hacia el punto que Auren había sugerido como puesto de vigilancia. Una vez llegaron allí, no tuvieron que aguardar mucho, porque al cabo de unos momentos, envuelta en la cobriza luz del atardecer, apareció la Gaviota Roja, anunciando con un poderoso graznido su llegada a CÁNCER, después de un mes de ausencia.
A través de la playa, con grandes precauciones, siguieron a la Gaviota. Anochecía ya cuando ésta se puso a volar en círculos sobre un peñasco de los Acantilados Rocosos. Poco después se perdió en la oscuridad.
- Hemos encontrado su nido - susurró May.
- Pero ya no se ve nada - contestó Auren en el mismo tono de voz -. ¿Qué hacemos?
- Yo encontraría prudente irnos a dormir y regresar mañana. Con la luz del día nos resultará más sencillo.
- ¿Cómo hallaremos el camino?
- Yo sé venir hasta aquí - dijo Crisits lúgubremente- porque conozco el lugar: es el mismo donde hace un mes murió mi padre.
Un silencio sepulcral reinó entonces en el ambiente. Solo May, al cabo de un rato, se atrevió a romperlo cuando dijo:
- Hace un mes también la Gaviota Roja se encontraba aquí. ¿Tendrá algo que ver ella con la muerte de Crucian.
Los otros la miraron estupefactos.
- Pe... pero eso es imposible - balbució Crasters , desconcertado -. Todos sabemos que fue un desgraciado accidente.
- O no -dijo Auren, que ya comenzaba a comprender lo que May quería decir -. Tal vez Crucian trató de quitarle la Caracola a la Gaviota para sacar a CÁNCER de su interior y ésta, para evitar que se la robaran, empujó al cangricace al vacío.
May asintió.
- Es lo que yo pensaba - dijo -. La idea tiene algo de sentido. Pero ahora propongo que volvamos a las cuevas. Debemos descansar.
Así lo hicieron, al amparo de la luz de la linterna que Auren había sacado de su mochila.
La muchacha se metió en su cama mecánicamente. Estaba muy, muy cansada. A punto de dormirse, oyó la voz de May.
- Auren, por favor, cuéntame aquella leyenda japonesa que...
- ¿Ahora?
- Si no te importa, claro.
Auren suspiró. "Contra May, lo mejor es hacer lo que ella, pensó. "Además, cuanto antes se la cuente, antes podré dormir".
- De acuerdo - dijo -. Escucha:
»Había una vez una estrella en el firmamento, de luz muy brillante. Era un pastor llamado Altair. Más lejos había otra, de luz no tan brillante, pero sí más clara. Su nombre era Vega, y era tejedora.
»Cierto día el viento barrió todas las nubes que había entre los dos y así se vieron y se enamoraron. Se querían tanto que no podían vivir el uno sin el otro. Altair descuidaba su rebaño para ir a visitar a Vega, y las ovejas se escapaban y molestaban a los demás astros. Y Vega salía al encuentro de Altair, olvidando su telar, que se llenaba de polvo.
»Y así Dios castigó a las dos estrellas, separándolas al poner un insalvable obstáculo entre ellas: La Vía Láctea. Pero al saberlas tan enamoradas, no fue demasiado severo. Permitió que el día siete de julio las palomas formaran un puente sobre la Vía Láctea todos los años. En el centro de ese puente se reúnen Altair y Vega y celebran una fiesta a la que están invitadas todas las demás estrellas del Universo. Y, cuenta la leyenda que si ese día hay plenilunio, se puede ver en la Luna una liebre blanca machacando en un mortero de jade el arroz que comerán en la fiesta.
Auren calló. May no dijo nada, por lo que la chica dedujo que ya estaría dormida.
Pero no. May no dormía, pensaba en la leyenda que su amiga le había contado. Vega... ¿no era ése el nombre de la compañera de Eclipse, aquélla que murió? Sí, Vega. ¿Sería una coincidencia? Pero, ¿por qué murió la Unicornio? ¿Y por qué Altair se enfadó con Bhepcilus y se puso de parte de Petilay? ¿Por qué? Tal vez estas preguntas no tenían respuesta: ¿O sí? Sólo tenía que encontrarla. Pero... ¿cómo? Pensando en todo ésto, May se durmió.
Al día siguiente May y Auren se levantaron temprano y, junto con Crokyn, Acrán, Crisits y Crasters fueron hasta el nido de la Gaviota Roja.
Al llegar caminaron con precaución sobre las rocas, y, ya en el nido, rebuscaron en su interior. Pero fue para nada, porque no había ni rastro de la Caracola de la Esperanza, y a la Gaviota no se la veía por ningún sitio.
- Habrá ido a pescar - dijo el Jefe Acrán -. Quizá la Cara¬cola la tiene ella.
- En ese caso - dijo Crokyn -, propongo que nos turnemos para vigilar.
Su sugerencia fue aceptada.
Aquella tarde le tocaba vigilar a Crisits y, mientras lo hacía, regresó la Gaviota Roja.
Crisits desplegó entonces la chaqueta roja de Auren, y la agitó. Desde las cuevas se veía, era la señal convenida para que el resto del grupo entrase en acción.
En las cuevas, May alzó la vista, y sus ojos se fijaron en la mancha roja ondeando al viento. Estaba conversando con Auren y fue la primera en darse cuenta.
- ¡Mira, Auren! -dijo -. Crisits alza tu chaqueta: es la señal.
Auren asintió posando sus ojos en la prenda ondeante cual si fuera una bandera.
- La Gaviota Roja vuelve al nido - dijo.
Avisaron a Crokyn, Crasters y al Jefe Acrán y se dirigieron todos al nido. Hallaron a Crisits oculta tras una roca, oteando el horizonte.
- ¿Qué demonios...? -empezó Crasters, pero un pescozón de su hermana le hizo enmudecer.
Crisits señalaba el cielo: La Gaviota Roja trazaba círculos sobre el nido, preparándose para descender. Se escondieron con Crisits y observaron atentamente a la Gaviota posarse sobre su nido.
Los seis espías se llevaron el susto más grande de su vida cuando oyeron a la Gaviota decir:
- ¿Qué queréis de mí?
Sus ojos azabache observaban detenidamente a los intrusos. May empujó a Auren frente a la Gaviota, susurrándole al oído:
- Tú eres la Princesa, de modo que razona con ella.
Auren no tenía ganas de discutir con una Gaviota, pero muchas menos ganas tenía de discutir con May, así que se acercó más al ave, que la miraba de arriba a abajo con curio¬sidad y recelo a la vez.
- Gaviota Roja - dijo -, yo soy la Princesa Auren de ZODIACCÍA, y estoy buscando a CÁNCER. Se halla dentro de la Caracola de la Esperanza, y tengo entendido que tú guardas en tu nido esa Caracola...
La Gaviota Roja rió, aunque Auren creyó notar en ella cierto nerviosismo.
-Todo eso que me has dicho está muy bien - dijo desafiante -, pero no te creo. Petilay, la verdadera Princesa, me encargó la misión de custodiar el Cuarto Medallón.
-Petilay te engañó. Ella era la Princesa. hasta que se rebeló y la expulsaron de ZODIACCÍA. Ha echado una Maldición sobre este país, y...
-Lo sé, lo sé. Crucian me lo contó. A decir verdad, pensé que se trataba de otra de sus bromas. De todas formas, no puedo hacerlo. Antes de Petilay yo recibí el encargo de proteger la Caracola de la Esperanza, y no voy a permitir que la rompáis al tratar de sacar el Cuarto Medallón de su interior.
Hizo una pausa. Tomó aliento y continuó:
-Pero no puedo negarte que lo intentes. Es el juego que también quería adivinar Crucian. Lo intentó tres veces... Y tres veces se equivocó.
Se sentó en su nido y, cuando se levantó, había cinco caracolas allí.
- El juego consiste -prosiguió- en adivinar cuál es la verdadera Caracola de la Esperanza. Si te equivocas no puedes volver a intentarlo hasta el mes que viene, cuando yo vuelva de mi próxima ronda alrededor de ZODIACCÍA.
Miró fijamente a Auren.
- Elige - invitó -. Sólo una es la Caracola de la Esperanza, y sólo a ti te permito escoger. Tus amigos en nada pueden intervenir. ¿Aceptas esa condición?
-La acepto. No puedo equivocarme, pues el mes que viene ya será demasiado tarde.
La Gaviota sonrió aliviada.
- Adelante, pues. La decisión está en tus manos.
Auren observó las cinco caracolas. ¿Cuál sería digna de albergar a CÁNCER dentro de sí?
La primera era de oro, con diamantes engarzados. La segunda de plata, caprichosamente forjada con maravillosas cenefas y zafiros incrustados. La tercera era de cobre, finamente engarzada con rubíes. La cuarta, de bronce; combi¬naba las circonitas con los topacios, y estaba forjada con figuras de sirenas alrededor. Y la quinta era verde. Una gran caracola de color verde.
"Todas dignas de pertenecer al rey de los mares, Neptuno", pensó Auren. "Pero, ¿cuál de ellas...? La verde no sé ni para qué está. Es horrible, y no creo que ni remotamente pueda ser la Caracola de la Esperanza. La que más votos se lleva es la de oro, parece la más bella. Pero la de plata no se queda corta, y la de bronce tiene unos grabados preciosos. Por otra parte, los rubíes de la de cobre son muy hermosos, brillan como el fuego ".
Se iba a decidir por la de oro, cuando recordó el poema de Crucian:

"No elijas la reluciente joya
si es que se la quieres conquistar".
Descartó entonces la de oro y la de plata.
"Pero es que las otras tampoco son de gran valor..."

Estaba indecisa, y la Gaviota pareció darse cuenta. "No lo sabe", pensó. "Un tanto a mi favor, la Caracola estará a salvo".
Auren iba a decidirse por la de bronce, por las sirenas, cuando la Caracola verde atrajo de nuevo su atención. ¿Verde? ¿Por qué verde? Y un recuerdo medio borrado en su memoria asaltó sus pensamientos. Su hermano Miguel la había dicho en cierta ocasión:
- ¿Sabes una cosa, Aurora? El rojo es el color del fuego, pero también del amor y la belleza. El azul, del cielo y del mar, significa amistad y alegría. El amarillo, el del sol, simboliza el poder y la riqueza. El negro es la sabiduría y la ciencia. El blanco es el color de la inocencia y la bondad. Pero de todos, el verde es el más bonito, porque, además de ser el color de la Naturaleza, es el color de la ilusión y la esperanza”.
Y Aurora le vino a la solución gracias a las palabras de su hermano. ¿Verde, por qué verde? Verde por la Esperanza. Verde por la Ilusión. Y esa Caracola era verde porque era la Caracola de la Esperanza.
- Ya sé cuál es - declaró decidida.
Un destello de alarma cruzó los ojos de la Gaviota Roja. Sin embargo, dijo con calma:
- Espero tu elección.
May cerró los ojos. No quería mirar. Ella percibía las cosas mágicas, sabía cuál era la Caracola de la Esperanza desde el principio, mas no podía intervenir y temía que Auren no escogiera la adecuada.
Pero Auren, sin dudarlo, tomó la Caracola verde.
- ¡Ésta es!
May suspiró, aliviada. Pero la alertó la calma con que la Gaviota Roja miraba a Auren a los ojos. Todos contuvieron el aliento, expectantes.
Súbitamente la Gaviota lanzó un graznido y se precipitó sobre Auren gritando:
- ¡No robarás mi caracola! ¡No te llevarás la Caracola de la Esperanza!
Auren, cogida por sorpresa, forcejeó con la Gaviota. Los demás no sabían qué hacer. May recordó los versos del poema de Crucian:
"Es como el sonido de las olas: sosegado o amenazador.."
Y comprendió, demasiado tarde, que se refería a la gaviota Roja. Vio entonces como había muerto Crucian...
- ¡Te arrancaré el cabello, te sacaré los ojos! - gritaba la Gaviota.
Auren dejó caer la Caracola, y la Gaviota Roja lanzó un chillido histérico. Crisits, atenta, llegó a cogerla a tiempo y se ocultó tras una roca para resguardarla de la batalla y que no se rompiera.
- ¡Ayudad a Auren, que yo no puedo! - gritó a los demás. A Crokyn se le ocurrió una idea luminosa. Arrancó una pluma de la cola de la Gaviota Roja, que graznó de dolor y se volvió enojada a él. El Jefe Acrán se colocó a sus espaldas y aprovechó para quitarle otra pluma cuando la Gaviota se disponía a atacar a Crokyn. Esto hizo que ella se volviera hacia el Jefe, girando en redondo. Entonces Auren comprendió su juego y, con los cabellos revueltos hizo lo mismo que sus compañeros. Cuando la Gaviota dio media vuelta hacia ella, Crasters entró en acción, dejándole la cola con una pluma menos. Luego fue Crokyn quien lo hizo, después el Jefe Acrán, y así sucesivamente.
Cuando la Gaviota Roja terminó por estar tan mareada que lo veía todo redondo, ya tenía la cola desplumada. Y esta ocasión la aprovechó May para saltar encima de ella, que quedó inmovilizada.
- ¿Qué hiciste con mi padre? - inquirió Crisits, furiosa.
- Es sencillo -dijo May-. Crucian llevaba ya tres meses intentándolo. Ya tenía la solución y, cuando la Gaviota volvió eligió correctamente. No quería el ave que Crucian se llevase su Caracola, y por eso se abalanzó sobre él, tratando de asustarle. Pero el cangricace cayó hacia atrás, hacía los Acantilados. ¿No es cierto? - preguntó a la Gaviota.
Los ojos azabache del pájaro se llenaron de lágrimas.
- No quería - dijo -. Era un gran amigo mío. Los cangricaces no se equivocaron, fue un accidente. Un horrible accidente. No fui yo. No fue mi culpa.
May la soltó, y la Gaviota se alejó volando.
- ¡Quiero olvidar! - gritó desde lo alto -. ¡Quiero olvidarlo todo! Así que, ¡jamás! ¡jamás volveré a ZODIACCÍA! No, ¡nunca jamás!
-¡No, vuelve! - gritó May-. Eres una criatura mágica, tu lugar está aquí! ¿Qué vas a hacer en el mundo de la Reali¬dad? ¡No perteneces al Exterior!
La Gaviota rió amargamente y contestó desde las alturas:
- ¡No me importa! Ya nada puedo hacer aquí. ¡Allá fuera también hay gaviotas! No son rojas, pero... ¡son gaviotas!
-¡Pero no son como tú! Te capturarán los hombres, ¡no te marches! Aquí estarás segura.
- ¡No, aquí soy una asesina! Y los hombres no podrán contra mí, tú misma has dicho que no soy como las demás gaviotas Es cierto, ¡yo pienso! Tengo inteligencia. Ya es hora de comenzar una nueva vida, aunque sea peligrosa. ¡Adiós, adiós a todos!
Sobrevoló la Bahía y, cuando llegó a la barrera de rocas transparentes, la atravesó por un pequeño resquicio se alejó hasta que ya no se la vio.
- ¿Qué va a ser de ella? - murmuró May.
Pero volvió a la realidad cuando vio que Crisits le entregaba la Caracola de la Esperanza. Todos se sorprendieron al ver el cambio operado en ella. Seguía siendo de color verde, pero era... de esmeralda.
No se cansaban de mirarla. Era ciertamente bellísima. Cuando de pronto, por casualidad, Crisits fijó su vista en Auren y profirió un grito:
- ¡Qué horror, Princesa! ¡Pareces una bruja! Tienes el cabello enredado y la cara llena de arañazos.
- Eso ahora carece de importancia. Lo que debemos hacer es sacar a CÁNCER del interior de la Caracola.
Estudiaron la forma de hacerlo. Al fin, desalentados, Crasters anunció:
- No podemos. Es completamente imposible sacar de ahí el Me¬dallón sin romper la Caracola.
- Sí - dijo Crisits, examinándola -. Es muy pequeña como para que metamos la mano y saquemos a CÁNCER de dentro.
- Pues yo juraría que antes era más grande - dijo Acrán, per¬plejo -. De todas formas, tenéis razón: No podemos lograrlo de ninguna forma.
- ¿Más grande? - murmuró May -. ¿Cabrá ahí el Cuarto Medallón con cofre y todo?
Y entonces se hizo la luz en la mente de Auren.
- ¡Claro! Ya sé porque la llaman Caracola de la Esperanza.
Los otros la miraron extrañados.
- Silencio - pidió Auren -, escuchadme todos, porque lo que voy a decir ahora es muy importante. Quiero que tengáis el firme convencimiento de que lo vamos a conseguir, pues si uno emplea el tiempo en lamentarse no llega a ningún sitio. ¡Hay que tener esperanzas! ¡Sueños e ilusiones! De otro modo, Caracola no nos entregará el Cuarto Medallón. Todo es cuestión de tener fe, pues lo vamos a conseguir. Cuando un atleta, por poner un ejemplo, corre en una carrera, ¿no piensa que va a ganar? ¿no cree que puede hacerlo? Si piensa que no lo conseguirá, dirá: "Voy a perder, voy a perder...", y no hará nada para evitarlo. Sin embar-go, ¡nosotros podemos hacerlo! Y vamos a hacerlo.
- ¡Querer es poder! - dijo May
- ¡Ánimo y a por ello! - gritaron todos. Y Crisits dijo, amenazadora:
- No va a poder conmigo una simple Caracola, ¡por supuesto que el Medallón saldrá de ahí!.
Auren señaló entonces la Caracola, y todos se asombraron de lo grande que se había hecho.
- Comprendí que cuantas menos esperanzas tuviéramos de conseguir nuestros propósitos, tanto más pequeña se haría la Caracola - explicó Auren -. Y llegaría un momento en que, al encogerse, la Caracola ya no podría albergar el Medallón, y se rompería. Por eso procuré que no perdierais las esperanzas, y ya veis.
Introdujo la mano en el hueco de la caracola y rebuscó un poco. Todos contuvieron el aliento. Y, efectivamente, Auren extrajo el Cuarto Medallón del interior, con cofre y todo. En cuanto lo hizo, la Caracola se redujo a su tamaño habitual.
- Quisiera quedármela de recuerdo - dijo Crisits.
- No puede ser - objetó May-. Esa Caracola debe ser destruida. Alguien podría aprovecharse de sus poderes para hacer el mal.
Y, con estas palabras, la lanzó contra una roca. La Caracola se rompió en mil pedazos. Un líquido plateado salió de cada trozo y, para asombro de todos, la roca desapareció.
- ¿Y eso? - preguntó Crasters, atónito. Fue Crisits quien le contestó:
- Fácil. En la Caracola... no dentro, sino en la Caracola,... estaba ese líquido Ya nos lo advirtió papá en su poesía. Ponía algo así como..."El agua de plata es destructora". Pues a esto se refería. Está claro que hace desaparecer cuanto toca. Por eso si se rompía un trozo de la Cara¬cola, toda se desmoronaría, y CÁNCER sería tocado por ese "agua de plata", desapareciendo también.
Auren estaba alejada del grupo. Cuando volvió, traía las restantes caracolas.
- ¿Qué clase de caracolas son? - inquirió.
May las reconoció.
- La de oro pertenecía a Neptuno en los días antiguos, cuan
do aún había Magia en la tierra. La de plata era de un guerrero que la utilizaba para llamar a su ejército. No es en realidad una caracola, sino un cuerno. Cuando el guerrero lo sonaba, sólo lo oían sus hombres, y acudían a ayudarlo donde estuvieran. La de cobre es un regalo de un antiguo Príncipe de ZODIACCÍA al rey de los aquátics del lago ACUARIO. Se perdió hace mucho tiempo. Y la de bronce pertenecía a una sirena que se perdió en el mar. Era una princesa, y siempre llevaba la caracola consigo. Entonces era una caracola corriente, pero todos en la Corte la conocían. Se le cayó y así lograron localizarla. Y el rey de las sirenas, su padre, convirtió la caracola en una verdadera joya, en recuerdo de aquel mal trago que se solucionó gracias a ella.
- Entonces, la única mágica era la Caracola de la Esperanza... bueno, aquélla del Guerrero...
- No, esa no es mágica. Si sus hombres le oían era porque esa caracola tiene un sonido muy potente, y además único.
- Tendremos que dárselas a Bhepcilus.
- No hace falta. Creo que lo mejor es que se las demos a los cangricaces, puesto que fueron encontradas en su región.
Y le entregó la caracola de oro al Jefe Acrán la de plata a Crokyn, la de cobre a Crasters y la de bronce a Crisits.
- No es la más valiosa - le dijo -, pero sí la más bonita, tanto por su forma como por su historia.
- La sirena perdida y encontrada gracias a una caracola... - murmuró ella -. Sí, efectivamente, es la más bonita. Muchas gracias.
- Bueno, ahora creo que es mejor que convoquéis una reunión - dijo Auren -. No quiero que falte nadie en CÁNCER. Nece¬sito de la presencia de todos para realizar el Hechizo.
Los cangricaces se marcharon a las cuevas para cumplir con su encargo.
Auren entonces se puso algo más presentable, lavándose con cepillo que halló en la :mochila. Luego cogió el cofre y lo abrió, contemplando exhausta el Cuarto Medallón. Lo abrió también y vio un espejito y el nombre:

CÁNCER


PISCIS comenzó a brillar. Cuando Auren tuvo delante la imagen de Bhepcilus, éste le dijo:
- Lo has hecho muy bien. Ahora, ya sabes cuál toca: LEO.
- Aún no he acabado - protestó Auren -. Tengo que deshacer la Maldición todavía.
- Pero has pasado un mes aquí. En tu mundo ya estará amaneciendo. Debes volver.
- De acuerdo. Pero, ¿cuánto tiempo tendré allí? ¿Sólo un mes?
- No, porque en tu mundo sólo ha pasado una noche. Aquí ya es el Período Zodiacal de LEO, pero fuera no lo es, de modo que dispondrás de todo el tiempo que quieras.
- De acuerdo.
La imagen desapareció. Auren y May, entonces, volvieron tranquilamente a las cuevas, y allí esperaron a que todos estuvieran reunidos.
Cuando se lo anunciaron, trepó por el acantilado hasta estar a una altura desde donde todos la veían. Dio una mirada circular y gritó:
- ¡Cangricaces de CÁNCER! Debo deciros que, tras haber combatido a Eclipse, descifrado el poema de Crucian, encontrado a la Gaviota Roja y subido hasta su nido, tras haberla vencido en su juego de las cinco caracolas y luego en la lucha, tras haber conseguido la caracola de la Esperanza y haber sacado a CÁNCER de su interior... por fin se va a deshacer la Maldición. Porque ya tenemos el Cuarto Medallón.
Hizo una pausa y continuó:
- Por eso quiero que ahora, cuando yo lo diga, cerréis los ojos y digáis el nombre del Medallón que os representa. Abrió a CÁNCER y dijo:
- ¡Ahora! - ¡CÁNCER! Y una brillante luz iluminó la región de los cangrigaces.

 

En GÉMINIS, una pareja de zogímenes paseaban cerca de la frontera con CÁNCER y vieron el resplandor.
- Eso es que la Princesa ha encontrado el Cuarto Medallón - dijo uno.
- Vayamos a decírselo a Siro y Saro - sugirió su hermano -. Les interesará saberlo.
Y ambos se fueron a dar la noticia.


Todos en CÁNCER abrieron los ojos y enseguida comprobaron que podían caminar hacia delante, como antaño. Todo fueron gritos de júbilo y alegría.
Auren devolvió el Cuarto Medallón al Mosaico Zodiacal, y ella y May se despidieron de todos sus amigos (con bastante pena) y se marcharon: dirección GÉMINIS.
Tenían previsto pasar a ver a los zogímenes, para dejar allí sus cosas. Auren tenía que volver a su mundo.
- Es muy sencillo - decía Auren, mientras ambas se dirigían ya en GÉMINIS, al Bosque del Este -. Cuando me despierte mañana en mi habitación, desayunaré lo más rápido posible y le diré que voy a comer en casa de una amiga a mi madre.
- Querrá saber qué amiga - objetó May.
- Sonia, por ejemplo. Es mi mejor amiga, no se extrañará.
- ¿Y si la llama para saber si has llegado bien?
- En eso no había pensado. Bueno, le diré que me voy de excursión con un grupo de chicas de la calle, no entraré en detalles.
- Ella te los pedirá.
- ¿Quieres dejar de poner pegas? Eres una aguafiestas. Ya veremos cómo me las arreglo, pero volveré. ¡Uf, qué com¬plicado es todo! ¿Por qué no tendré aquí a otro Elegido para que me ayude? ¡Sería más sencillo!
May no replicó.
Llegaron al árbol de Siro y Saro y, tras un rato de estar con ellos, Auren anunció que tenía que marcharse. May decidió quedarse en GÉMINIS hasta que ella volviera. Mediante PISCIS Auren volvió a la Casa del Zodíaco.
- Deprisa - la apremió Bhepcilus -. Está a punto de amanecer en tu mundo.
Y la trasladó a su casa.

 

Aurora abrió los ojos. Se incorporó de su cama de un salto y miró el reloj; eran las nueve.
Fue hasta la cocina, donde su madre estaba preparando el desayuno.
- Buenos días, mamá.
- Ah, buenos días, Aurora.
La chica, acostumbrada a que en ZODIACCÍA la llamasen Auren, casi creyó que se lo decía a otra persona. Se fijó en que Miguel estaba allí, más serio que de costumbre, y se extrañó de que no estuviera viendo la televisión, pues era prácticamente lo único que hacía de la mañana a la noche.
- ¡Hola, Auren! - dijo Miguel.
Aurora dio un salto.
- ¿¡Auren!? - chilló.
Miró a su madre que, afortunadamente, no se había dado cuenta de nada y, seguidamente, observó a su hermano amenazadoramente.
- Debo decirte algo - dijo éste muy serio.
Aurora desayunó tan deprisa que en más de una ocasión estuvo a punto de atragantarse y después se llevó a su hermano aparte, exigiéndole una explicación.
Miguel dijo:
- ¿Dónde estuviste anoche, hermanita?
- E-En mi cama - dijo Aurora, mas su voz no sonaba muy convincente.
- No estabas - afirmó el niño rotundamente.
Entonces, tras comprobar que no le veía nadie, se desabrochó los dos primeros botones de la camisa y sacó una cadena que llevaba colgada al cuello. Aurora ahogó un grito: ¡en esa cadena estaba CÁNCER, el Cuarto Medallón!
- ¿De dónde has sacado eso? - preguntó, temblando.
- Me lo dio Bhepcilus, porque yo soy el Elegido del Signo CÁNCER. Tienes que llevarme a ZODIACCÍA. Yo te ayudaré a encontrar los Medallones que faltan. Bhepcilus me lo ha explicado todo.
- ¿Quién es Bhepcilus? - preguntó la madre, apareciendo súbitamente detrás de una puerta -. ¿Y qué es todo eso de los Medallones?
- Es un juego que Miguel y yo nos hemos inventado, mamá - dijo Aurora.
La madre pareció conforme con la explicación y se marchó.
- Mientes muy bien, Aurora - dijo Miguel con una risita. Aurora iba a contestar cuando sonó el teléfono. La muchacha lo cogió.
- Dígame...
- Auren, soy Bhepcilus. Di que te ha llamado una amiga tuya y consigue permiso para irte fuera todo el día.
- ¿Pe... pero cómo?
- Es cosa de la Magia, ya sabes. Y llévate a Mágic.
- ¿A quién?
- A tu hermano Mágic, el Elegido de CÁNCER. ¿No querías ayuda?
- No me esperaba esa clase de ayuda.
- Ven cuanto antes.
- Sí, de acuerdo, Sara - fingió Aurora -. Ya vamos.
Colgó.
- Mamá, era Sara. Dice que nos invita a Miguel y a mí a un día de campo, o sea, hoy. ¿Podemos ir?
- ¿Qué Sara?
- Sara, ya sabes, la hermana de Virginia...
- Conoces por lo menos a siete Saras y a tres Virginias, ¿cómo voy a saber con quién vas?
- No te preocupes, mamá. Sus padres irán también y no nos puede pasar nada malo.
- Está bien. Oye, quítate ya ese trasto oxidado, que parece mentira que por esa baratija hayas pagado tanto dinero...
- Adiós, mamá - interrumpió Aurora - Nos vamos.
Cogió a Miguel de la mano y se disponía a salir cuando...
- ¿Dónde diablos vas en pijama, Aurora?
- Lo siento.
Aurora, roja de vergüenza, fue a cambiarse. Se puso algo apropiado para su vuelta a ZODIACCÍA y comprobó satisfecha que Miguel había hecho lo mismo.
Salieron y Aurora llevó a Miguel directamente al parque, hasta un rincón solitario que ella conocía muy bien.
- ¿Por aquí se va a ZODIACCÍA?
Aurora miró enfadada a su hermano.
- No, pero aquí no hay nadie. Por eso necesitamos venir aquí, para que nadie se dé cuenta de lo que hacemos.
Se comunicó con Bhepcilus por medio del Medallón.
- ¿En qué lío me has metido? - le increpó -. Es muy peligroso para él. ¿Y si Eclipse se escapa? ¿Y si Petilay vuelve a ZODIACCÍA? Además, ya de por sí encontrar los Medallones no es coser y cantar, ¿sabes?
-Mágic sabe cuidarse solo. Su Signo Zodiacal es CÁNCER, por eso no pudo venir hasta ahora. Para traerte aquí a Mágic, dile que haga lo mismo que tú, pero con CÁNCER.
La imagen se desvaneció, y Aurora dijo a su hermano:
- Abre a CÁNCER y di su nombre.
El niño lo hizo.
-¡CÁNCER!
Inmediatamente, desapareció.
- Ahora voy yo - suspiró Aurora -. ¡PISCIS!
Y siguió el mismo camino que Miguel.


Miguel se encontró en su trono de la Casa del Zodíaco, en el de CÁNCER. Poco después apareció Auren en el de PISCIS. A las claras se veía que a la chica no le hacía ninguna gracia tener que cargar con su hermano, pues protestó vivamente:
- Bhepcilus, es muy pequeño. Sólo tiene siete años...
- ¡Siete, casi ocho! - chilló Miguel -. Sólo queda una semana para mi cumpleaños.
- Basta de charlas - dijo Bhepcilus -. No os lleváis muy bien por lo que veo.
- Pero siempre es por culpa de Auren.
- Déjate de tonterías - le recriminó Auren -. Debemos volver con May...oh, me olvidaba de que tú no la conoces.
- No, pero Bhepcilus me ha hablado de ella, y de todas tus aventuras en ZODIACCÍA...y conste que si supiste cuál era la Caracola de la esperanza fue gracias a mí, porque te dije que el color verde era el de la Esperanza, ¿a que sí?
- Sí, pero ya basta. Vámonos.
Y volvieron a ZODIACCÍA, a GÉMINIS. May los vio llegar.
- ¿Quién es este? - preguntó señalando a Miguel.
- Es mi hermano Mig... ejem, Mágic, Elegido de CÁNCER.
Seguidamente relató a May los pormenores de aquel día. May rió de buena gana:
- ¿Con que "de acuerdo, Sara"? ¡Esto si que es divertido!
- Mi madre me estaba escuchando. No era cosa de llamarle Bhepcilus delante de ella.
Mágic quería marcharse a LEO enseguida, así que se fueron, pues limitaba con GÉMINIS por el este.
Media hora después llegaron al sendero que delimitaba la región y vieron al otro lado una intrincada selva. Impresionados, cruzaron la senda y penetraron en ella.