CAPÍTULO IX: "VIRGO"
Caminaron
por la falda de las montañas que componían la cordillera.
Cuando hallaron un paso entre los montes, aprovecharon para cruzarla.
Al cabo de un rato tropezaron con un cauce seco. Parecía haber
sido un gran río, a juzgar por lo ancho del cauce, pero ahora
no llevaba una sola gota de agua.
Mágic decidió seguir su curso y, al cabo de una hora
de marcha, se detuvieron a descansar.
- ¡Alto! - dijo súbitamente una voz -. ¿Quién
eres?
Mágic miró en esa dirección. Vio una chica de
larguísimos cabellos, que llevaba una túnica blanca
sin mangas, y se adornaba con una corona de flores rojas, ya algo
marchitas. Ceñía su talle un cinturón de plata,
y llevaba colgado al cuello una cadena con un amuleto. Estaba bastante
sucia.
Lo miró con atención.
- Eres varón, ¿no? - inquirió.
- ¿Y eso qué es? - preguntó Mágic, intrigado.
La muchacha hizo caso omiso de la pregunta.
- ¿Cómo te llamas? - quiso saber.
- Soy el Príncipe Mágic, Elegido de CÁNCER, hermano
de la Princesa Auren, Elegida de PISCIS.
- Mi nombre es Merope. Soy una de las Pléyades. Una virgela
llamada Terpsícore me dijo que había visto dos intrusos
en las montañas, y vine aquí para investigar. Nunca
dejamos que en VIRGO entren varones pero, por ser el Príncipe,
te lo permitiremos.
Miró con curiosidad a la pantera. Mágic se dio cuenta
de su interés y le dijo:
- Es Tigris, hija de Mirya, Reina de las Panteras, de LEO. No te preocupes,
está de nuestra parte.
- Bien. Ahora mi deber es llevarte con las demás Pléyades.
Electra, la mayor , te pondrá al corriente de lo que está
ocurriendo aquí. Sígueme.
Comenzaron a caminar por la pradera.
- ¿Y la Reina Hipólita? - inquirió Mágic.
- Ya te lo explicará Electra.
- Al menos dime cuál es vuestra Maldición.
- Es muy sencillo. Los manantiales de las montañas se han secado
y el Móritis, junto con el Sírifis, el Lámidis,
el Túratis y el Fétaris. Las aguas ya no riegan nuestra
región. Por eso está todo tan marchito y nosotras, día
tras día, perdemos nuestra belleza. Llegará un día
en que todas las virgelas nos encontremos en el interior de las Cuevas
de Espera y no haya nadie para abrirlas en el momento adecuado entonces,
sí esto ocurre, la raza de las virgelas está condenada
a extinguirse.
En el hospital, Aurora miró con preocupación a May.
- Las virgelas no aceptarán fácilmente a Mágic
entre ellas -dijo-. Aunque tal vez las Pléyades puedan poner
orden ...
May no replicó.
Ambas siguieron observando atentamente el Medallón.
Mágic y Tigris, guiados por Merope, llegaron a un lugar en
donde el cauce del río se ensanchaba. Allí había
varias virgelas, mirando con pena lo que había sido un hermoso
embalse.
Merope se aproximó a ellas, que miraron desaprobadoramente
a Mágic.
- Es varón - dijo una de ellas -. No debería estar aquí.
- Es el Príncipe Mágic Elegido de CÁNCER - replicó
la Pléyade -. Ha venido para buscar a VIRGO. ¿Habéis
visto a las otras Pléyades?
- Maya y Electra están desenterrando a una nueva Casiopea -respondió
otra virgela, sacudiendo sus rizos castaños llenos de barro
-. Ellas te dirán dónde están las demás.
- Gracias, Helena. Nos vamos a las Cuevas de Espera a buscarlas. Avisa
a las demás de que el Príncipe Mágic ha llegado.
La llamada Helena se marchó, y Merope llevó a Mágic
y Tigris durante una hora hacia el sur. Vieron entonces unas colinas
a lo lejos.
- Allí están las Cuevas de Espera - informó la
Pléyade-. Es donde encerramos a las virgelas que mueren. Permanecen
dentro en estado de espera durante un año...algo así
como una mariposa en su capullo.
Al llegar a las Cuevas, vieron una escena curiosa: varias virgelas
movían una pesada piedra para tapar la entrada, dirigidas por
una enérgica pelirroja que también, como Merope, portaba
un plateado cinturón en el talle.
- Ésa es Electra, la mayor de las Pléyades - dijo Merope.
Mágic se fijó en que otra virgela, de aspecto dulce
y sumiso, atendía a una niña pequeña. También
era Pléyade, a juzgar por el cinturón de plata.
- Ésa es Maya. Está cuidando a la Casiopea recién
nacida. Electra reparó en ellos.
- ¡Merope! ¿Quién es?
- Es el Príncipe Mágic, Elegido de CÁNCER. Ha
venido a buscar a VIRGO.
Las virgelas terminaron de tapar la cueva y se retiraron con Casiopea,
dejando a Electra, Maya y Merope a solas con Mágic y Tigris.
Electra se volvió a Maya y Merope.
- Id a buscar a las cuatro Pléyades que faltan, han ido a las
montañas por si encontraban agua - dijo.
Cuando se fueron, Electra dijo a Mágic:
- Hace casi un año que murió nuestra Reina Hipólita.
Ella, presintiendo la Traición de Petilay, la espiaba. Y cuando
apareció por VIRGO y ocultó el Sexto Medallón,
Hipólita lo rescató, pero no podía sacarlo de
la región debido al Hechizo. Nos comunicó a las Pléyades
que lo guardaría hasta que un Elegido llegase. Petilay lo supo
pronto, y nos sumió a las Pléyades en un sueño
profundo. Mientras dormíamos, la Reina murió y las otras
virgelas, que nada sabían, la enterraron junto con el Medallón.
Cuando despertamos, ya era tarde. Ha pasado casi un año desde
aquello y, dentro de las Cuevas de Espera, la Reina está a
punto de desaparecer. El tiempo apremia, pues sólo queda una
semana para que abramos la Cueva y saquemos de dentro a la Nueva Reina...
- ¿Debo entrar yo en la Cueva, entonces?
- Sí, porque a las virgelas que aún no hemos muerto
nos está terminantemente prohibido. Si lo hiciéramos,
una gran desgracia caería sobre la región.
- ¿Qué veré allí?
- Ninguna de nosotras lo sabe, porque no recuerda al salir cómo
era por dentro todo aquello.
De pronto, Mágic se fijó en una cosa.
- ¡Electra! - gritó -. ¿Ese medallón que
llevas colgado al cuello es VIRGO?
La Pléyade negó con la cabeza.
- Todas las virgelas llevamos uno parecido - di verdadero VIRGO lo
tiene Hipólita.
Mágic no replicó, pero pensó: "Me gustaría
saber cómo es el Sexto Medallón".
La puerta de la habitación se abrió y entró Sofía.
May se quedó inmóvil, y Aurora la tapó un poco
con la sábana,para que Sofía no se percatara de que
no era un muñeco. Se apresuró en cerrar el Medallón
y se lo enseñó a Sofía.
- ¿Te gusta? Lo compré el otro día en la feria.
- PISCIS... -murmuró ella -. ¿Es tu Signo Zodiacal?
- Sí. Y el tuyo es SAGITARIO, ¿no es cierto?
- ¿Cómo lo sabes?
Aurora se encogió de hombros.
- Por casualidad - dijo vagamente, mas en realidad pensaba: "Porque
soy una de los Doce Elegidos del Zodíaco".
- Estabas muy callada - dijo Sofía -, y entraba para ver si
te habías dormido, o algo así. Ya veo que estás
bien despierta, de modo que me voy.
Y se marchó.
Aurora y May volvieron a inclinarse sobre el Medallón.
En ZODIACCÍA había transcurrido más tiempo que
en el hospital, por eso vieron a Mágic bajar por una cuerda
a un agujero. Las siete Pléyades lo observaban desde arriba.
No podían abrirse las Cuevas de Espera hasta que no fuera la
hora de que una virgela saliera, así que Mágic tuvo
que descender por una cuerda, por un orificio que había en
el techo de un túnel. Este túnel comunicaba con las
Cuevas de Espera. Las Pléyades, que le habían mostrado
la abertura, no podían bajar con él, pues a las virgelas
que no habían muerto les taba prohibido.
Aurora vislumbró un peligro. Mágic iba a colocar un
pie en un lugar en donde no había ningún punto de apoyo.
Si se despeñaba, la altura era considerable. "¡Cuidado!",
pensó, demasiado aterrada para gritar.
Mágic creyó oír en su interior una voz que le
advertía de que había peligro. Miró con cuidado
y apoyó el pie en otro sitio.
Al fin llegó abajo. Tigris saltó desde arriba y aterrizó
sin ruido a su lado. Las Pléyades se despidieron de él
y comenzó a caminar por el túnel, que iba simplemente
hacia delante.
A los diez minutos llegó a una amplia sala, en donde, para
su sorpresa, encontró a muchas virgelas totalmente limpias
y que iban de aquí para allá, exactamente como las del
exterior.
No parecieron reparar en él, de manera que, cuando una virgela
más o menos de su edad pasó por su lado, la cogió
del brazo y la arrastró junto a él, a su escondite tras
una roca.
La virgela lo miró fijamente.
- ¿Quién eres? - quiso saber.
Se observaron mutuamente. La niña parecía recelosa.
- No deberías haber entrado aquí - dijo-. Está
prohibido, y, además, eres un varón. ¿Cómo
has conseguido penetrar en VIRGO sin que te vieran las Pléyades?
- Precisamente me envían ellas - contestó Mágic.
La virgela abrió mucho los ojos.
- No te creo - protestó -. ¿Para qué has venido?
Las Pléyades no permitirían nunca que un varón
entrara en las Cuevas de Espera.
- Es que yo no soy un varón cualquiera - replicó Mágic,
aunque todavía desconocía el significado de esa palabra
-. Soy el Príncipe Mágic, y he venido para buscar el
Sexto Medallón.
La virgela pareció dubitativa, pero luego dijo:
- Creo que lo ocultó Petilay. Pero, ¿para qué
has venido aquí?
- Porque la Reina Hipólita lo encontró, y lo guardó.
Pero murió, y se encuentra aquí. Como disminuye en dos
años cada semana, y desaparece a los cinco, y falta una semana
para que lo haga, debe de tener ahora siete años. Si desaparece,
VIRGO lo hará con ella, por eso tenemos que encontrarla cuanto
antes.
La virgela no salía de su asombro.
- Pe-pero si a-aquí no hemos vi-visto a la Reina po-por ningún
siti-sitio - tartamudeó.
Ahora le tocó extrañarse a Mágic.
- Pues tiene que estar aquí. Bueno, ¿cómo te
llamas? - preguntó acordándose de que no conocía
su nombre.
- Clitemnestra - la virgela miró atentamente a Tigris -. ¿Es
un gato? - preguntó.
Al oirse llamar "gato", Tigris se puso a gruñir.
Clitemnestra se agachó y le acarició largo rato. No
pasó mucho tiempo antes de: que la pantera se pusiese a ronronear.
- Has convertido a Tigris en un cordero, Clitemnestra - rió
Mágic.
- ¡Ah, Clitemnestra, por fin te encuentro! - dijo una voz. Mágic
y Clitemnestra se volvieron. Allí una virgela de la edad de
Clitemnestra mas de cabello castaño y ojos azules. Clitemnestra,
por el contrario, era morena.
A Mágic le dio un vuelco el corazón. Aquélla
era la niña más bonita que había visto nunca.
Jamás se fijaba en las niñas, por lo que dedujo que
debía haberse enamorado, como decían los mayores. "Fue
un flechazo", como diría más tarde a su hermana
Aurora.
La virgela recién llegada miró con extrañeza
a Mágic.
- Es un varón, Clitemnestra - protestó.
Mágic comenzaba a cansar de aquella palabra. No era un bicho
raro, ¿qué demonios significaría eso de "varón"?
Clitemnestra se deshizo en explicaciones. Cuando le dijo que era el
Príncipe Mágic, la virgela cambió su expresión
recelosa por una más confiada, y le dedicó una sonrisa,
que a Mágic le llegó al alma. Resultó que se
llamaba Andrómeda,
y que era la mejor amiga de Clitemnestra. Cuando ésta le explicó
a qué había venido Mágic y cómo estaba
el asunto de la Reina Hipólita, Andrómeda declaró:
- Pues no hay tiempo que perder. Debemos avisar a las demás,
para ver si saben algo.
- Comencemos por Penélope - sugirió Clitemnestra -.
Ella nos ayudará.
Ambas guiaron a Mágic y Tigris por la sala. Las demás
virgelas los miraban con más desaprobación que curiosidad,
y más de una vez se tuvieron que detener a dar explicaciones.
La noticia corrió como un reguero de pólvora: "¡Ha
llegado el Príncipe Mágic, Elegido de CÁNCER!".
Después de dar muchas vueltas, Andrómeda y Clitemnestra
depositaron a Mágic y Tigris frente a una virgela adulta de
expresión sagaz: Penélope.
Explicaron lo que estaba sucediendo, y Penélope anunció:
- Pues aquí, siento decírtelo, no conocemos el paradero
de Hipólita. No sabemos nada de ella.
- Quizá alguien sepa algo - dijo Clitemnestra -Propongo que
reunamos a todas las virgelas que se hallan en las Cuevas de Espera.
Media hora después ya se encontraban todas reunidas. Mágic,
subido a una piedra para que todas lo vieran, explicó la situación.
- ¿Quién de vosotras es la Reina Hipólita? -
preguntó después, dando una mirada circular.
Todas se encogieron de hombros, mirándose unas a otras. Nadie
sabía de Hipólita.
- Bien - dijo Mágic, que comenzaba a perder la paciencia -.
Pues, ¿quién tiene un medallón que pueda parecerse
a VIRGO?
Todas alzaron la mano.
- ¡Todas tenéis medallón! - exclamó el
pobre Mágic, ya desesperado.
La reunión se dispersó.
- La cosa está complicada - comentó Aurora, preocupada.
- De ninguna manera - replicó May -. Es muy sencillo, sólo
habrá diez o doce virgelas de siete años en las Cuevas
de Espera, y, por lo visto, Hipólita ni siquiera sabe que es
la Reina. Es posible que se trate de un Encantamiento de Petilay.
- Sí, tienes razón, pero ...¿cómo vamos
a decírselo?
- No hace falta, ya lo imaginarán ellos solos.
Penélope, Andrómeda, Mágic y Clitemnestra repasaban
sus posibilidades.
- La Reina Hipólita encoge más deprisa que las demás
- observó Penélope, pensativa.
- ¿Qué? - se extrañó Mágic.
- Verás - dijo Clitemnestra -. Yo ahora tengo siete años.
Bueno, pues a la semana que viene tendré seis, a la siguiente
cinco y me abrirán la puerta. Entonces podré salir de
aquí.
- ¿Crecéis al revés?
- No. Las virgelas morimos a los cincuenta y siete años.
La Reina lo hace a los ciento cuatro. Aquí cada semana disminuimos
en un año, y así al año tenemos cinco, y salimos,
pues un año tiene cincuenta y dos semanas. La Reina, como tiene
el doble que las demás, disminuye en dos años. Cuando
llega a los cinco, "voilá", desaparece.
- Electra, allá fuera, me dijo que sólo faltaba una
semana para que Hipólita desapareciese.
- Eso significa que ahora la Reina tiene siete años pero, por
lo visto, no sabe que es la Reina... - dijo Penélope.
- Pues entonces - dijo Andrómeda -, debemos ir a buscar a todas
las virgelas de siete años que haya aquí. Clitemnestra,
acompáñame - pidió a su amiga.
Se marcharon ambas, y quedaron Mágic y Penélope solos.
Mágic mientras veía alejarse a Andrómeda, murmuró
embelesado:
- Qué bonita es Andrómeda...
Penélope lo miró con alarma.
- No vuelvas a decir eso - le advirtió, furiosa -. No te acerques
a Andrómeda, déjala en paz. Es una virgela, y no debe
enamorarse, ¿me oyes?
Penélope se fue y Mágic, confuso, se sentó sobre
una roca.
- Esto no me gusta - declaró May - Ahora resulta que tu hermano
se dedica a hacer de Romeo entre las virgelas de su edad.
Aurora hizo una mueca.
- Bueno, hay que disculparlo - dijo -. Es una niña muy guapa...
- Es una virgela -cortó May-. Si se enamora de un varón,
las demás no querrán saber nada de ella aunque sea el
Príncipe.
- Pero, ¿cómo vamos a advertírselo? No sé
si le hará caso a Penélope, mi hermano es algo cabezota.
May no replicó. Tenía el presentimiento de que tenían
el medio al alcance de la mano...
Mágic ya estaba rodeado de varias niñas de su edad.
Andrómeda le presentó a sus amigas:
- Ésta es Perséfone, y ésta Briseida. Ah... ella
es Eurídice. Y por ahí llega Euterpe.
- Te presento a Casandra, y a Talía, y a Daná - dijo
Clitemnestra -. ¿Pero por dónde anda...? Ah, ya. Ésta
es Calíope.
- Ocho - contó Mágic -. Con Andrómeda y Clitemnestra
son diez.
- Falta Helena - dijo Penélope.
- No la he encontrado - se excusó Andrómeda. - Bueno,
id a buscarla.
Al cabo de un rato fue Briseida quien, triunfante, depositó
frente a Mágic a una niña de pelo negro y ojos oscuros,
con aspecto de solitaria.
- ¿Cómo te llamas? - preguntóle Mágic.
- Helena - respondió la niña sin vacilar.
Pasaron cuatro días. Allí Mágic lo pasaba muy
bien. Se alimentaba exclusivamente de néctar de flores, que
las virgelas cultivaban en un jardín subterráneo. A
pesar de todos sus esfuerzos, seguían sin ninguna pista. Y
el día en que Hipólita debía desaparecer se aproximaba
peligrosamente.
En el hospital tan sólo habían pasado dos horas. May
trataba de recordar... Aurora veía que había algo raro
en alguna de las niñas, pero...
- Sin referencias
- dijo Mágic a Penélope.
- No te desanimes - dijo Andrómeda con voz alegre -. Ya encontraremos
a Hipólita.
- Se supone que Hipólita tiene ahora seis años - dijo
Penélope pensativa -. Dentro de tres días tendrá
cinco y desaparecerá; y VIRGO con ella.
- No si yo puedo evitarlo - dijo Mágic.
- ¡Dentro de tres días! - exclamó Andrómeda
-. Dentro de tres días, Casandra debe salir.
- Pues ella será la Nueva Reina, supongo.
- Pero no puede ser - intervino Mágic, hecho un lío
-. Se supone que Casandra tenía siete años, ¿no?
Penélope y Andrómeda se miraron.
- ¡Pues claro!
Y los tres salieron corriendo en busca de Casandra.
- Están sobre una pista equivocada - dijo Aurora de repente.
May la miró sorprendida.
- Ésa no es Hipólita - se explicó Aurora -. La
auténtica Hipólita es Helena.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque tú has dicho que en VIRGO no hay dos virgelas con
el mismo nombre.
- Pero no veo porqué...
- ¡Pues estás ciega! - se impacientó Aurora -.
Helena es aquella muchacha que le dijo a Merope dónde estaban
las demás cuando Mágic llegó.
Se hizo la luz en la mente de May.
- Es verdad - admitió —. Merope la llamó Helena.
- Pero.... ¿cómo vamos a decírselo?
Aurora y May se miraron apuradas.
- ¡Os digo que yo no soy Hipólita! - chilló Casandra.
- Pero ahora tienes seis años ¿no? - interrogó
Mágic.
- Si, los cumplí el día en que tú llegaste.
Mágic se desmoronó.
- ¡Otra pista que se nos va a la porra!
- ¡Ya lo tengo, Aurora! - gritó de pronto May.
- Chisssst, vas a hacer que venga Sofía.
- Es telepatía - siguió May -. El don del que hablaba
el Ave Alba. Mágic y tú os comunicáis mentalmente.
Por eso cuando pensaste que la canción "Yesterday"
era de los Beatles, Mágic lo oyó con toda claridad y
creyó que tú le contestabas a su pregunta anterior.
Aurora la miró incrédula.
- Bueno, esto es fantástico - prosiguió May - Gracias
a la telepatía podremos hacer saber a Mágic desde aquí
que Helena es la verdadera Reina Hipólita. Inténtalo,
al menos.
- ¿Qué debo hacer entonces?
- Piensa con fuerza lo que quieres decirle a Mágic, y él
lo recibirá.
- Está muy lejos, May. En la otra punto del globo.
- Pero vosotros sois Elegidos, y además hermanos. Vuestra fuerza
mental debe ser muy grande.
- Lo intentaré.
Aurora cerró los ojos y pensó: "Mágic, soy
yo, Aurora, ¿me oyes?"
No hubo respuesta, y Aurora volvió a abrir los ojos, desalentada.
- Prueba de nuevo - pidió May -. No dejes de intentarlo hasta
que Mágic te oiga.
Aurora lo hizo.
Así pasó una hora: dos días en ZODIACCÍA.
A Hipólita sólo le quedaba un día.
Pero de pronto Aurora sintió algo diferente de las otras veces.
Como si estuviera con alguien más aparte de May, como si alguien
se hubiera introducido en su mente, como si ella estuvie ra en la
cabeza de alguien. Y sintió la presencia de su hermano Mágic.
- Creo que ya está - dijo a May muy nerviosa.
Ésta cogió el Medallón y observó la escena,
impaciente.
Mágic se encontraba sentado con Andrómeda.
- La pista de Casandra no sirve, la de Briseida tampoco vale - decía
el niño -, ¿quién es Hipólita, entonces?
Esto parece una historia de misterio como las de Agatha Christie.
Andrómeda no se molestó en preguntarle. Ya estaba acostumbrada
a que Mágic citase frente a ella personas que no conocía
de nada. Al fin y al cabo, pensaba la virgela, Mágic provenía
del Exterior... Suponía que la tal Agatha Christie sería
una amiga suya.
- ¿Y ahora qué vamos a hacer? - preguntó Andrómeda-.
La Reina desaparecerá mañana.
Mágic no quería reconocer que no lo sabía.
- Pues... - tartamudeó, pero de pronto sintió algo extraño.
Como si su mente estuviera invadida por alguien. Como si alguien estuviera
llamándolo. Como si recibiera un mensaje de alguien conocido.
Y sintió la presencia de su hermana Aurora.
Pero no era posible. Y, sin embargo, lo era. Se incorporó,
atento.
Andrómeda lo vio, y le preguntó:
- ¿Pasa algo, Mágic?
Mágic no contestó. En aquel momento oyó claramente
la voz de Aurora en el más profundo rincón de su mente.
Luego fue llenándolo todo, y el niño tuvo la impresión
de que ella se encontraba allí y le estaba hablando. "Mágic,
soy yo, Aurora..."
- ¿Aurora? - preguntó Mágic en voz alta -. ¿Qué
es esto? ¿Se trata de PISCIS?
- ¿Qué pasa? - preguntó Andrómeda extrañada
- ¿Sientes algo?
Pero Mágic recibía ya otro mensaje:
"No, se trata de la telepatía. Comunicarse con el pensamiento.
El don del que habló el Ave Alba. Tú y yo somos hermanos
Elegidos, por eso podemos. Pero te advierto que da un terrible dolor
de cabeza, pues aún no lo dominamos. Así que si quieres
decirme algo, dilo en voz alta, porque yo me entero desde aquí
gracias a PISCIS, ¿entendido?"
- Sí - contestó Mágic.
Andrómeda lo miró extrañada.. Mágic oyó
de nuevo a su hermana: "Tengo que advertirte de un par de cosas.
Primero que dejes en paz a Andrómeda. Es una virgela, no debe
enamorarse, y creo que, gracias a ti, va en camino. De modo que no
hagas el Perseo".
- ¿Perseo? - repitió Mágic desorientado.
- Mágic, ¿quieres decirme qué está pasando?
- insistió Andrómeda, impaciente.
Mas Mágic estaba atento, esperando una respuesta de Aurora;
respuesta que tardó en recibir, por cierto:
“Perseo era un mito, un antiguo héroe griego. Dicen que
para salvar a su amada Andrómeda de la cólera de un
titán, se enfrentó a la terrible Medusa y logró
arrancarle la cabeza. Medusa tenía serpientes en lugar de cabellos,
y era tan fea que una mirada suya bastaba para convertir en piedra
a todo el que tuviera delante. Con su cabeza, Perseo logró
derrotar al titán transformándolo en piedra, y salvó
a Andrómeda. Pero eso no viene al caso. Lo que quiero decir
es que te olvides de ella, ¿vale?”
Mágic miró a Andrómeda, y se dijo que le sería
muy difícil olvidarla. Pero Aurora tenía algo más
que decir:
"Escucha atentamente, Mágic. Nosotras desde aquí
ya sabemos quién es la Reina Hipólita. De forma que
en cuanto te lo haya dicho, apresúrate, antes de que sea demasiado
tarde: Hipólita es Helena. ¿Recuerdas cuando Merope
te llevó hasta aquel embalse seco? Una virgela le indicó
en dónde se hallaban las demás Pléyades, ¿no?".
- Sí, pero no comprendo lo que quieres decir.
"Muy sencillo. Merope la llamó Helena, y sabido es que
en VIRGO no puede haber jamás dos virgelas con el mismo nombre.
Helena se ha inventado el suyo, no se llama así. Ve ahora a
buscarla, y verás que mañana cumple cinco años,
siendo que cuando tú llegaste acababa de hacer los siete".
- En fin...
"No suspires tanto y ve a buscar a la falsa Helena, las Cuevas
son grandes y el tiempo apremia".
Mágic ya no oyó la voz de Aurora, y dejó de sentir
su presencia en la mente.
Miró a Andrómeda y le dijo:
- Ya tengo la solución, luego te lo explico. Por el momento
tenemos que encontrar a Helena.
- No se la suele ver muy a menudo - reflexionó la niña
-. Cualquiera sabe dónde se mete.
- Pues tendremos que pedir a todas las chicas que nos ayuden. ¡Hay
que apresurarse!
Y Mágic cogió de la mano a Andrómeda y salió
corriendo, arrastrándola tras de sí.
-Asunto arreglado - dijo May.
Echó una ojeada a Aurora y le preguntó:
- Eh, ¿qué te pasa? ¿No te encuentras bien?
- Ay, mi cabeza...- gimió Aurora - Dichosa telepatía...
May rió, pero se calló inmediatamente. Sus finos oídos
de conejo captaron pasos en el corredor. Olfateé en el aire
y avisó:
- Aurora, se acerca Sofía, cuidado, Aurora.
Se ocultó entre las sábanas.
La puerta se abrió. Aurora tuvo el tiempo justo de coger el
libro de "El Misterio de la Isla de Tökland" y abrirlo
por una página cualquiera.
Sofía entró con una bandeja.
- La cena - anunció - ¿qué hacías?
- Leer este libro.
Sofía la miró de una manera muy rara.
- Pero si lo tienes al revés...- observó.
- ¡Huy, es verdad! No me había dado cuenta...
May hizo un esfuerzo supremo para no soltar una carcajada. En cuanto
a Sofía, movió la cabeza como diciendo: "Con ésta
no hay nada que hacer". Aurora cenó todo lo rápido
que pudo y Sofía se llevó la bandeja.
Entonces la chica abrió el Medallón para ver qué
tal le iban las cosas a Mágic.
Llegó junto a Mágic Eurídice, sudorosa.
- Ya he recorrido el Área C. Nada.
Al rato ya estaba con ellos Daná.
- Área E recorrida. Tampoco está allí.
Briseida y Perséfone llegaron juntas.
- Área D recorrida. Allí no está, Mágic
- anunció Perséfone.
- En el Área A no la he visto - dijo Briseida.
Calíope llegó poco después.
- Área B. Nada.
Mágic frunció el ceño. "¿Dónde
puede haberse metido Helena?" pensó. "Parece como
si se la hubiera tragado la tierra. Qué extraño"...
Andrómeda acababa de llegar.
- No la he visto en el Área H.
Y Euterpe dijo, más o menos lo mismo:
- En el área F tampoco hay nada.
Inmediatamente después llegó Clitemnestra, corriendo.
- En mi Área, el Área G, no está.
Mágic estaba comenzando a ponerse nervioso.
- Quedan Casandra en el Área J y Talía en el Área
I - anunció -. Ah, ahí llega Talía. Ya era hora.
- No está en el Área I - dijo ésta cuando llegó
junto a ellos.
- Iré a buscar a Casandra al Área J - se ofreció
Daná -. Está tardando mucho y es un sitio que está
cerca.
Lo hizo y al cabo de un rato volvió extrañada.
- Pues no está allí - dijo - ¿Dónde se
habrá metido? Pero Casandra llegó al fin con Helena.
- Había una cueva oculta - explicó. Cuando volvía
para decir que no la había encontrado, me dio por acercarme
por allí, pese a que desconocía su existencia. Fue como
un imán.
- Debe de ser porque tú vas a ser La Nueva Reina Hipólita
- dijo Helena pensativa - Por eso has encontrado mi escondite, que
solo yo conocía. Yo no recordaba quién era y, como todas
teníais nombres, pensé que no quería ser diferente
de las demás. Así que me puse el nombre de Helena. También
me percaté de que encogía más deprisa que las
demás y de que yo era más mayor de cincuenta y siete
años cuando llegué aquí. No sabía que
todo eso era porque yo era la Reina Hipólita. Pero no por mucho
tiempo, pues mañana Casandra ocupará mi lugar, y espero
que dignamente.
Casandra abrió mucho los ojos.
- ¿Yo, Nueva Reina?
Hipólita sonrió.
- Ahora lo recuerdo - dijo -. Sí, yo soy la Reina Hipólita.
Y mañana moriré. Quédate hasta entonces, Mágic.
¡Ah! Toma a VIRGO. De no ser por Petilay conocería perfectamente
mi identidad. Siento no haber podido entregártelo antes.
Hipólita se quitó su Medallón y se lo dio.
- ¡Que viene Sofía! - susurró May.
Tomaron las precauciones de costumbre. Eso sí, esta vez Aurora
tuvo el cuidado de coger bien su libro.
La puerta se abrió.
- A dormir - dijo Sofía.
- Por favor, Sofía, déjame un rato más. El libro
se ha quedado muy interesante.
- Ya seguirás mañana. Las normas son las normas, y las
normas dicen que a las nueve tienen que estar todas las luces apagadas.
Aurora se resignó pero, en cuanto Sofía se marchó,
apagando la luz, se cubrió con la sábana y bajo ella,
siguió mirando el Medallón, con May. Éste brillaba
para que pudiesen ver lo que pasaba.
En la gran sala se encontraban todas las virgelas. Mágic divisó
a Andrómeda y se acercó.
- ¿Qué pasa? -le preguntó.
- Hipólita quiere despedirse - fue la respuesta.
Hipólita, tras un breve discurso, presentó a Casandra
como futura Nueva Reina y luego dio las gracias públicamente
a Mágic, en nombre de todas.
- Ya es hora - terminó.
Toda ella se cubrió de luz dorada y, por unos instantes, las
virgelas la vieron con veinticinco años como una mujer fuerte,
decidida, valiente y sabia; como lo que había sido.
Y Casandra se hizo en su interior el propósito de ser una digna
sucesora suya. Hipólita, antes Helena, desapareció.
A las más pequeñas se les llenaron los ojos de lágrimas.
- Dentro de poco abrirán la roca - anunció Penelópe.
Todas se adentraron en los corredores, escondiéndose.
- ¿Por qué hacéis esto? - quiso saber Mágic.
- Nadie debe saber cómo somos aquí dentro - le contestaron
- Cuando salgamos de aquí ya no lo recordaremos, y por eso
nadie lo sabe. Las virgelas deben seguir sintiendo respeto, temor
e incertidumbre hacia estas Cuevas de Espera; así y no de otra
manera es como debe ser.
Mágic se despidió de todas sus amigas: Penélope,
Clitemnestra, Perséfone, Daná, Briseida, Eurídice,
Talía, Calíope y Euterpe. Una tras otra se perdieron
en la oscuridad, ocultándose de la rendija de luz que aparecía
en la entrada. Las Pléyades abrían la puerta. Mágic
detuvo a Andrómeda antes de que se marchara. Ya no quedaba,
nadie en la sala, a excepción de Casandra, que permanecía
atenta junto a la roca, que poco a poco se apartaba.
- Bueno...- dijo Mágic un tanto cortado -, Debo marcharme.
No te quejarás, ¿eh? - añadió con una
sonrisa -. Me he enfrentado con la Medusa y me he apoderado de su
cabeza...
Andrómeda lo miró sin comprender.
- Es una vieja leyenda, no te preocupes por eso -explicó Mágic
al ver su expresión - Bueno, adiós, y no te olvides
de mí, ¿vale?
Mágic se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la
roca que iba iluminando cada vez más la sala al apartarse.
Andrómeda lo vio marchar. Sintió algo dentro que no
había sentido nunca, y corrió hacia Mágic.
- ¡Espera! No te vayas. Yo...creo que echaré de menos.
No me olvides tú tampoco, y vuelve pronto.
Mágic asintió.
- Lo haré. Oye... si lo olvidáis todo cuando salís
de aquí... ¿me recordarás?
Andrómeda sonrió.
- Eso no lo olvido, Mágic. Te lo garantizo.
Y entonces Mágic le dio un beso en la frente, dirigiéndose
seguidamente hacia la abertura por donde saldría Casandra.
Andrómeda se palpó la frente, sorprendida.
Y Liana, cuando Mágic se marchó, orgullosa de su protegido,
hizo florecer allí mismo un macizo de viscarias rojas. En el
Lenguaje de las Plantas, la viscaria roja simboliza el Amor Joven.
Lo que nadie vio, ni siquiera Aurora desde el hospital, fue que Penélope
espiaba a los dos niños desde detrás de una roca. Pero
no se enfadó. Al contrario, sonrió. Y se palpó
el cuello recordando a quien, hacía mucho tiempo, había
entregado su medallón. La
roca se abrió y Casandra y Mágic, seguidos de Tigris,
salieron al exterior.
- Buena la ha hecho tu hermano - dijo May - Ha terminado por enamorar
a Andrómeda.
- Aurora no replicó. Le vino a la memoria una frase que había
oído o leído en algún sitio, no sabía
dónde: "La historia no es así, ella lo sabe y él
también. No hay finales felices porque nada acaba..."
- Ésta es la Nueva Reina Hipólita - dijo Electra.
Casandra ya no era Casandra. Era la Reina. Pero hubo un problema.
Maya llegó corriendo.
- Lo de Esterope va peor - jadeó cuando llegó junto
a ellos -, Precisa, y con urgencia, de las aguas de Móritis.
- Sólo tiene veinticinco años - dijo Electra, preocupada
-. Es muy joven todavía.
- Mágic, tú tienes a VIRGO - dijo la Reina Hipólita
-. ¡Haz que vuelva a brotar el agua!
Mágic dio órdenes para que reunieran a todas las virgelas.
No tardaron mucho, pues todas estaban cerca; habían llegado
de toda la región para ver a la Nueva Reina.
Después de dar las instrucciones pertinentes, Mágic
abrió el Medallón.
- ¡Ya!
- ¡VIRGO!
Resplandor. Esterope abrió los ojos, y con ella todas las demás.
Sostenida por Maya y Merope, escucha atentamente. Un murmullo. Un
rumor que se acerca. Y ve de nuevo el agua del Móritis bajar
en torrentes desde el manantial de las montañas. Se le llenan
los ojos de lágrimas de alegría. Todo volverá
a ser como antes. Ella no morirá a tan temprana edad. Gracias
a Mágic. Piensa, mientras las lágrimas surcan su rostro,
"¡Qué bonito es vivir!".
Ahora llega Tayggette. Trae agua, que se desliza suavemente por la
cabeza de Esterope. Ya se encuentra mucho mejor.
Ve como el resto de las virgelas se zambullen en el agua, sin quitarse
las túnicas, pues ellas no lo hacen para nadar; se bañan
con ellas.
Se incorpora y grita, jubilosa:
- ¡Tres hurras por el Príncipe Mágic!
- ¡Esterope, por favor...! - le susurra Electra, alarmada -.
Ya no somos niñas.
Electra mira a Hipólita, que sonríe.
- ¡Hip, hip...! - grita Esterope.
- ¡Hurra! - son pocas las que contestan.
- ¡Hip, hip...! - repite Esterope.
- ¡Hurra! - ahora ya son más. Hipólita también.
- ¡Hip, hip...! - insiste Esterope.
- ¡Hurraaaaa...! - Todas han gritado, ahora. Incluso Electra.
Todas, animadas por el grito de su Reina.
- Gracias - dice Mágic, emocionado.
Sabe que debe marcharse. Disimuladamente, mira el medallón
que le ha regalado Andrómeda y lo abre. Se sorprende al hallar
un mensaje dentro. Lo lee:
"No es VIRGO, es falso... pero... es mi única joya. Quiero
que te la quedes como recuerdo mío. Cuando vuelvas tendré
un año menos que tú, pues ahora tengo seis y debo disminuir
hasta cinco, que cumpliré la semana que viene, pero no importa;
te recordaré aunque seas un año mayor que yo".
Mágic trata de que no se le escapen las lágrimas. Debe
volver al Mundo Exterior, pues allí ya será de noche
y sus abuelos estarán preocupados. Devuelve el Medallón
a Bhepcilus y se despide de las Pléyades y la Reina. Se va
a un claro solitario y se vuelve a las Cuevas de Espera.
- Algún día volveré, Andrómeda. Algún
día... volveré.
El eco le devuelve sus palabras: "Volveré... volveré...
volveré..."
Tigris le tira del pantalón. Debe marcharse ya. Y así
lo hace, envuelto en la bruma matutina que se va disipando poco a
poco.
Tigris observa cómo se va. Gruñe, preocupada. No sabe
cómo acabará el asunto.
- ¡Hola abuela! - dijo Miguel. - ¿Dónde has estado,
tesoro?
A Miguel no le gustaba que le llamasen "tesoro". Contestó
vagamente y miró el reloj: las nueve y media. Hacía
rato que habían apagado las luces en el hospital y, por lo
consiguiente no podía llamar a Aurora por teléfono.
Pero tenía a CÁNCER.
Salió de la habitación y se dirigió al despacho,
pero ahí estaba su abuelo, por lo que optó por salir
a la terraza. Allí abrió su, Medallón y se puso
en contacto con su hermana. Comentaron los sucesos de VIRGO hasta
que su abuela lo llamó para cenar, y Miguel se despidió
precipitadamente:
- Hasta mañana, Aurora. Iré a verte al hospital. - ¿Y
yo qué?
Era May.
- Adiós, May - dijo Miguel sin ganas de enfrentarse a la enfurecida
May.
Sonriendo, entró en el comedor. "Mañana será
otro día", se dijo.
Al día siguiente se despertó despejadísimo, pero
la abuela le dijo:
- Tesoro, acompáñame al mercado, ¿quieres?
- Tengo que ir a ver a Aurora al hospital - protestó Miguel.
- Oh, puedes ir esta tarde a verla, no corre prisa.
- Sólo falta que esta tarde llueva.
Y Miguel, fastidiado, oteó el cielo, que no deparaba nada bueno.
Por medio de CÁNCER comunicó a Aurora el contratiempo,
que suponía un retraso a su vuelta a ZODIACCÍA.
Quedaron en que iría por la tarde, pero aquella tarde sucedió
lo que Miguel había temido desde el principio: que cayó
un terrible aguacero. Así que los abuelos no le permitieron
salir.
Mientras observaba la lluvia caer incesantemente quiso comunicarse
con Aurora para explicarle el percance, y decidió probar con
la telepatía.
Tras muchos intentos infructuosos le llegó la respuesta, y
sintió lo que la primera vez: que tenía a Aurora metida
en el interior de su cabeza.
"¿Eres tú Miguel?", oyó.
"Sí, resulta que llueve..."
"Ah ... pero ¿está lloviendo?"
"Querida Aurora, vives en las nubes. Todo el día ha estado
el cielo encapotado y más negro que el carbón pero,
como seguro que tú estabas inmersa en tu Isla de Tuklend, seguro
que no te has dado ni cuenta".
"Era Isla de Tökland, inculto. Pero vamos al grano. ¿Quiere
decir eso que no podrás ir a ZODIACCÍA esta tarde?"
"Ni esta tarde ni mañana. Los abuelos se van mañana
a una boda, de una tal Patricia, hija de una tal Evelina...en fin
ya sabes, otra de las innumerables amigas de la abuela..."
"Parece que eso de los amigos lo he heredado de ella".
"No me interrumpas, que tengo ganas de acabar. Me duele la cabeza
que no veas".
"Sí, a mí también. Pero, ¿no podrías
quedarte en el hospital mañana? "
"Eso es lo malo. Que me quedo. Pero es que la abuela ya ha puesto
sobre aviso a Sofía. Si ésta sabe que estoy en el hospital,
no me puedo marchar..."
"Sí, comprendo. En cuanto puedas, vete a ZODIACCÍA
raudo y veloz. Allí te necesitan".
"Bien, adiós".
Ambos terminaron con jaqueca para toda la tarde, pues aún no
dominaban la telepatía.
Era veintisiete de junio y Aurora llevaba ya cuatro días en
el hospital cuando Miguel marchó de nuevo a ZODIACCÍA,
diciéndole a su abuela que se iba a casa de un amigo a comer.
- ¿Quién es? - preguntó inmediatamente su abuela.
- No le conoces, no te preocupes por eso.
- Sí me preocupo. No puedo dejarte marchar sin saber siquiera
dónde estás.
- Es cerca. Es que es un niño de mi clase, lo encontré
el otro día. Resulta que vive aquí al lado, y me invitó
a comer.
Le costó horrores convencer a su abuela para que le dejara
marchar, pero al fin lo logró.
Se dirigió al recibidor. Abrió la puerta, pero oyó
que fuera, en el rellano, charlaban la señora Paqui y la señora
Vicenta, las vecinas, así que la cerró estrepitosamente
y en el recibidor desapareció, pensando: "¡Qué
señoras tan cotorras!"
Apareció al borde de un camino. Pronto divisó a Tigris,
que venía trotando por la vereda. La siguiente región
era LIBRA. Frente a él se hallaba dicha región. Miró
a su espalda, y vio un desierto, por lo que dedujo que se encontraba
en la frontera entre LIBRA y ESCORPIO.
Se sentó en el suelo y trató de concentrarse, para comunicarse
con Aurora y que esta le informara sobre la región de LIBRA.
Cuando consiguió ponerse en contacto con ella, le dolía
terriblemente la cabeza, pero el dolor fue cediendo según hablaba
con ella.
"La región de LIBRA se compone de llanura y bosque, principalmente",
le transmitió Aurora, repitiendo lo que May le iba diciendo.
"Sus habitantes se llaman librinzomas y tienen forma de balanza.
Tienen los brazos extendidos en forma de cruz, y los dedos hacia abajo.
Son dedos extraordinariamente largos y delgados, que se unen abajo
formando un platillo. Son delgados, mucho y tienen los ojos rasgados,
y una trenza negra colgando de atrás. Su piel es azul... con
brillo metálico. Son nómadas, no tienen casa fija. Viven
en grupos de diez o de doce. Por la mañana se reúnen
y caminan todos juntos hasta que anochece. Duermen entonces de pie.
Lo interesante es que no hablan a nadie de los descubrimientos que
van haciendo, así el que llegue a un lugar que no conozca será
siempre el primero. Los librinzomas no viven muchos años, y
por eso se pasan toda su vida explorando su región. Son muy
ordenados y metódicos, y por eso a LIBRA se la llama la Región
del Equilibrio. Además están allí las ruinas
del Palacio de Carey, donde vivía antes Petilay. Ese lugar
todavía conserva un poco de Magia Negra suya, de modo que no
dejes de buscar allí por si acaso. Puede haber ocultado el
Séptimo Medallón en su antiguo Palacio".
"¿Y la geografía?"
"Al norte está la Cordillera de las Cuatro Puntas, de
donde nace el Arroyo Principal. Este Arroyo se divide luego en dos
ríos. Uno desemboca en el Embalse Selgar de SAGITARIO, formando
antes la Cascada de los Siete Colores. Gracias a ese río está
el Bosque de Abedules del sur de la región. Y la otra rama
del Arroyo Principal desemboca en una Fosa al sur. El resto es pradera
...bueno, creo que ya lo he contado todo. May dice que no hay más
que contar".
"Bien, pues adiós. Te dejo, tengo cosas que hacer en LIBRA.
Hasta luego".
Y Mágic entró en la Séptima Región, seguido
de Tigris.