Título: Ángel
Autora: CeciliaCaminaba poco a poco por la calle principal de la ciudad, con dos niños, uno de cada mano. Bueno, en realidad, un niño y una niña. Estaba comprando, como una madre cualquiera. Cuidaba de sus hijos como una madre cualquiera. Pero no era una madre cualquiera.
Victoria iba a paso lento, excepto cuándo pasó por delante de una tienda de juguetes, dónde aceleró el paso. Pero Eva ya había visto la tienda. Era una niña muy lista.
-Mamá, ¿Me compras un juguete?
-No hija, tenemos prisa.
-Porfa…
-No cariño, otro día.
Siguió caminando hasta llegar a un parque. Era un día muy caluroso, y le apetecía tomar un helado.
- Erik, Eva, ¿Qué os parece si descansamos un poco?
- ¡Vale!- Dijeron los dos a coro.
- ¿Queréis un helado?
-¡Yo si! De fresa- Dijo Eva.
-Yo no… ¡Que asco!
Eva le sacó la lengua a su hermano.
-Eres muy raro.
-Calla renacuajo.
Victoria sonrió, recordando que a su hijo no le gustaba mucho el frío. ¿Sería por el odio sheks-dragones?
Victoria compró un helado de fresa para su hija, y se sentó en un banco con su helado de chocolate, contemplando como sus hijos jugaban, felices, sin preocuparse por nada.
-Vi… ¿Victoria?
Se giró, para ver quién había pronunciado su nombre.
-¿Eres tú?- Dijo un hombre de su edad, de cabello rubio y ojos azules.
Victoria lo reconoció de pronto.
-¿Ángel?
Se quedaron un rato en silencio, mirándose. Victoria observaba ese pelo… Y esos ojos… Parecía una mezcla de lo que le esperaba en casa. Pero ese pelo no era tan cálido. Y esos ojos no eran tan fríos.
-Sigues igual que siempre.- Dijo el chico, con una sonrisa-. Tu mirada sigue igual de… Luminosa.
Eso sorprendió a Victoria. Sólo seres de Idhún se habían dado cuenta de ello.
La chica de ojos marrones se levantó torpemente, tirando su helado a una papelera que había al lado del banco. Y se abrazaron. Se fundieron en un abrazo, al igual que hicieron la última vez.
-Pensaba que nunca más volvería a verte…- Dijo Ángel.
Una frase del pasado cruzó por la mente de Victoria... “Siempre te estaré observando. Y te querré. Por y para siempre, mi vida.”
Y los recuerdos volaron… Cómo volaron los sueños y deseos de una chiquilla de doce años, cuándo se enteró que era más que una simple humana.
Se sentaron en un banco, a hablar, como si el tiempo no hubiera pasado, como si volvieran a ser simples niños, como si el tiempo que pasaron separados hubiera sido un sueño.
-¿Estás casado? ¿Tienes hijos?
-No… No tengo ninguna relación con ninguna mujer.- Dijo Ángel, sonrojado.
-¿Y eso?
-Porque hace tiempo hice una promesa. Y odio romper las promesas.
A Victoria le dio un vuelco el corazón. No podía ser “ésa” promesa.
-Pero desde aquel… Tú no…
-No. Desde que desapareciste de golpe, no he vuelto a querer a nadie.
-Lo siento.
-No te sientas culpable.- Dijo el chico.
-No me has preguntado dónde estuve…- Dijo Victoria.
Ángel se encogió de hombros.
-No me parece un dato importante. No soy el dueño de tu vida.
Eva y Eric se acercaron corriendo a su madre.
-Mamá, ¿Quién es este señor?- Dijo Erik.
-Un amigo de cuándo mamá era pequeña.- Dijo Victoria.
-¿Quieres a mi mami?- Dijo Eva.
-¡Eva!- Le dijo Victoria-. Esas cosas no se preguntan.
Ángel sonrió.
-Sí, mucho.- Dijo él.
-¿Nos va a abandonar para irse contigo?- Dijo la pequeña.
-No princesa, ella ya es feliz con su familia.- Dijo Ángel.
-Vale. ¡Me voy a jugar!- Dijo la niña.
-¡Yo también!- Dijo Erik.
-Siento mucho todo esto…- Dijo Victoria avergonzada.
-No te preocupes. Por cierto, tienes una niña muy lista.
Victoria sonrió.
-Si…
-Yo debería irme.- Dijo Ángel tras unos segundos de silencio.
-Si, yo también. Ha sido una gran alegría volverte a ver.- Dijo la chica.
-Lo mismo digo.- Dijo Ángel, sonriendo.
Se despidieron y volvieron a casa. Ésa misma noche, Victoria tuvo un sueño muy extraño.
-Victoria…
-¿Quién eres?- Dijo Victoria.
La figura de Ángel apareció de golpe.
-Me ha encantado volver a verte… ¿Sabes? No quería dejar este mundo sin volverte a contemplar tu mirada. Es una suerte que nos hayamos encontrado hoy.
-¿Qué dices? ¿De qué estás hablando, Ángel?
Pero su figura se fue difuminando hasta desaparecer.
Victoria se despertó de golpe, y en ese momento una frase susurrada por una voz tierna… “Siempre te estaré observando. Y te querré. Por y para siempre, mi vida.”
Tenía un mal presentimiento y no podía dormir, por lo que fue un rato a ver la tele. Puso un canal noticias 24h, y vio una que le llamó la atención.
-Hoy a las ocho de la tarde ha ocurrido un accidente. Un coche de bodas ha atropellado a un hombre rubio, de ojos azules. El conductor asegura que iba a la velocidad correcta, y que el hombre pasaba por el sitio correcto y que, de golpe, notó un golpe en el coche, y se bajó para comprobar que era. Fue cuándo descubrió al hombre, muerto a causa del impacto.
Apareció una foto del fallecido en la pantalla, y Victoria apagó la televisión con el mando. Salió al balcón, a observar la luna. Ángel. Su Ángel. Muerto… Muerto por un coche de bodas. Muerto por el amor. Muerto por amor. Ella entendió el significado simbólico de todo aquello.
Siguió observando la luna, hasta que desapareció del cielo, dejando paso a los primeros rayos del sol y a las primeras nubes de la mañana. La observó mientras iban apareciendo, y observó sus formas, tal y como hacía de pequeña con el niño rubio que le había robado el corazón. Y entonces encontró una nube con forma humana. No. No era humana. Tenía alas… Con forma de ángel. Un ángel. Su Ángel.
El viento le revolvió el cabello, y cerró los ojos, empapados en lágrimas. Y recordó la frase… La promesa. Su promesa. “Siempre te estaré observando. Y te querré. Por y para siempre, mi vida”
Otro soplo de aire. Y un susurro sin palabras… Un susurro lleno de amor. “Por y para siempre, mi vida…”