Pfff, por fin escribo algo, creo que llevaba siglos sin actualizar...

¡Perdón por el retraso! Es que entre mi bloqueo constante a la hora de escribir, la vagancia, mi querido instituto (

) y la vagancia otra vez, nunca encontraba tiempo...
Es bastante cortito, apenas dos páginas y media de Word, pero es que cuando llegue al final tenía la sensación de que el capítulo estaba terminado, pensé que si añadía algo mas iba a quedar muy "de relleno", no se si me explico (seguro que no

)
Pues...creo que eso es todo. ¡Espero que os guste!
Capítulo 9
La tensión era tal dentro de la habitación que hubiera podido cortarse con un cuchillo. Casi podían sentirse en el ambiente los nervios reprimidos, la impaciente inquietud, y una especie de sorda enemistad que se manifestaba en forma de hostiles miradas furtivas.
Para Angelo, los murmullos de las dos jóvenes que ocupaban el amplio sillón tapizado de cuero negro eran apenas un lejano zumbido incongruente, un ruido de fondo similar al ruido de un aparato de aire acondicionado. A pesar de la patente incomodidad en el trato y la total incompatibilidad que habían demostrado Alex y Liz a lo largo de todo su viaje, aquel estado de insegura ignorancia en que se encontraban, la total incertidumbre de lo que sucedía o podía suceder había sido suficiente para derribar el espinoso muro de enemistad.
Conversaban en voz baja, sin mirarse nunca a los ojos, dejando largas pausas entre una respuesta y otra, pausas llena de muda impotencia, de preguntas silenciosas. La inactividad comenzaba a espesarse en torno a ellos, como una pesada red que oprimía sus mentes. La frenética carrera al aeropuerto, el vuelo, el trayecto por la gris autopista londinense, todo, había tenido un sentido. Una dirección. Carrera o huida, no importaba, seguían un objetivo. Ahora el tiempo parecía haberse detenido.
Angelo lanzaba cada poco miradas enojadas al minimalista reloj que colgaba de la pared y le ametrallaba el cerebro con los incesantes latigazos de las manecillas. Seis y diecisiete minutos del miércoles tres de mayo. Seis veintiún minutos del mismo grisáceo día. Seis y treinta y cuatro minutos, etc., etc. Contar el tiempo era una forma poco sensata de matarlo. Llevar la cuenta del paso de los segundos le hacía pensar cosas raras.
Cosas como Cat. ¿Qué donde estaba la relación entre una adolescente reencarnada y cabreada y un irritante reloj de diseño moderno?¿Y a quién le importa? Era un tema complicado, pero las cosas sencillas se habían esfumado de su vida desde que un avión con destino a Roma tocara tierra hacía menos de una semana.
Era culpa suya, no podía enfocarlo de otro modo. Su culpa por meterse donde no le llamaban, por dejarse enredar en las maquinaciones de seres más poderosos, más inteligentes y más retorcidos. Nadie le había pedido que se acercara a la chica, nadie le había dado a entender que debiera involucrarse con ella de ningún modo.
Si había sido tan idiota como para dejarse engatusar de aquella manera por una adolescente humana, por un par de ojos dorados y una colección de recuerdos, se merecía toda la confusión que eso pudiera acarrearle. Toda la confusión que se retorcía en su mente como una maraña de cables que a intervalos lanzaban chispazos de emociones indefinidas.
Un repiqueteo de golpes en la puerta interrumpió sus pensamientos.
Al abrirse la puerta del apartamento Cat se sintió como si hubiera recibido un puñetazo en el estómago. El aire abandonó de golpe sus pulmones, su mente se vació de toda idea racional. Y tan solo fue capaz de balbucear un saludo con un hilo de voz, sintiéndose irremediablemente ridícula.
Su acompañante saludó con una inclinación de cabeza y una sonrisa socarrona y entró en el piso, rodeado de un aura de confianza y seguridad que le precedía y hacía que fuera imposible pasar por alto su presencia, como un cartel luminoso flotando sobre su cabeza.
Cat, en cambio, permanecía clavada en el sitio, con el corazón latiendo con tanta fuerza que casi podía notar el vertiginoso pulso de la sangre por sus venas. Frente a ella, Angelo se revolvía, visiblemente incómodo, cambiando el peso de una pierna a otra, evitando su mirada. Finalmente pareció reunir valor suficiente para mirarla.
- Hola, Cat- la estudiada despreocupación de su voz le provoco una vaga sensación de familiaridad a Cat, como un residuo de lo que había sentido al conocerle por primera vez- No sabía…no me dijeron que estabas aquí.
Cat se contuvo antes de contestar, intentando mantener la cabeza fría. No debía- no podía- precipitarse, ni dejarle entrever de ese modo su nerviosismo. Respiro hondo tratando de disimularlo y ofreció su mejor sonrisa, acompañada de una expresión tranquila. O, al menos, lo intentó.
- Si. Yo tampoco…bueno, no creía…supuse que…- definitivamente, actuar no era su vocación. Sentía la rabia bullendo dentro de ella. Y necesitaba darle alguna vía de escape.- ¡No pensé que fuéramos a volver a vernos!
El tono de su voz, como si estuviera hablando con alguien que se encontraba a cien metros de distancia, la sorprendió incluso a ella. Rápidamente trató de enmendar el pequeño estallido.
- Quiero decir…no pretendía gritarte, es solo que...- ya empezaba otra vez. Si iban a pasar tiempo juntos pensaba considerar seriamente el mutismo como nueva forma de vida.- Me ha sorprendido encontrarte aquí. Siento haber…no quería asustarte. ¿Asustarte? ¿Qué digo? Eres un demonio. Pero no lo digo en mal plan, simplemente…Me parece que voy a callarme.
Angelo la miró fijamente unos segundos, casi sin pestañear, antes de soltar una carcajada. Sin embargo, el brillo de añoranza de sus ojos hizo que a Cat se le encogiera el corazón.
- Quizá deberíamos volver a empezar- a su pesar, aquella sonrisa torcida la hizo sentirse como si sus piernas se hubieran convertido repentinamente en gelatina- Hola de nuevo, cat.
- Hola, Angelo. Supongo que debería decir que es un placer- comentó con ironía. Él volvió a reír.
- Ya me parecía que tardabas en volver a ponerte borde- sin embargo, no parecía enfadado en absoluto.
Antes de que Cat pudiera volver a estropearlo todo con una de sus oportunas respuestas lapidarias, una voz les interrumpió desde el interior del piso.
- ¿Cat? ¿Eres tú?- Liz se levantó de un salto y corrió como una exhalación hacia la puerta, apartando de un empujón a Angelo, que le dirigió una mirada ofendida y vagamente divertida.- Vamos, ¿vas a quedarte ahí hablando de tonterías con esta patética imitación de diablillo o vas a entrar?
Antes de que ninguno de los dos pudiera decir una palabra más, Liz agarró el brazo de su hermana con una fuerza inusitada para su pequeño tamaño y la arrastró al interior.
EDITOComo parece que la inspiración quiere compensarme por este laaaaaaaaaaaargo bloqueo, acabo de terminar el capítulo 10, escrito ahora mismo y del tirón ^^ No os quejareis, seis páginas de Word. Así que, ¡hala!, a disfrutarlo. Por cierto, os advierto que en este capítulo he debido gastar la tecla del punto, con tanto tartamudeo, puntos suspensivos, etc. xDDDD Y se que estais ahí, por Dios, dad señales de vida, que me desespero
Capítulo 10
La noche de primavera había caído con rapidez sobre Londres, y la atmósfera era ligeramente fría en el exterior al soplar el viento. Cat se envolvió más en la chaqueta y se encogió, haciéndose un ovillo en la incómoda silla de diseño moderno. El viento suave le revolvía el pelo, y tenía la vista prendida de las ventanas del edificio opuesto, pequeños puntos de luz sobre la fachada oscura, como pequeñas luciérnagas sobre el cielo nocturno.
- …preocupada por ti. Y entonces llegó Charles- pronunció el nombre casi como una burla-y dijo que tenía que irme, y de repente, ¡pam!, aquí estoy. Bueno, no exactamente de repente, hubo un vuelo y todo eso, y Angelo no paraba de hablar de ti. Bueno, no exactamente, te mencionó. ¿Por qué no me dijiste que le conocías? Aunque más bien es él quién te conoce a ti. Bueno, no exactamente, pero por lo que dijo supuse que te conocía.
El incesante parloteo de su hermana se había convertido ya en uno de los cotidianos ruidos de fondo de su vida, pero sabía que el día que dejara de oír ese zumbido vagamente coherente, lo echaría de menos.
- ¿Angelo habló de mí?- genial, obsesionarse con un demonio era justo lo que necesitaba ahora, por si su vida no estaba ya lo bastante revuelta.
- No exactamente- Liz suspiró con impaciencia.- ¿Es que no me escuchas cuando hablo?
- Sabes que no. ¿Qué te dijo?
- Mmm, bueno, recuerdo que dijo que no nos parecíamos en nada. Menuda novedad. Le pregunté de que te conocía, pero no quiso contarme nada. ¿Así que os habíais visto antes?
- ¡No! Bueno, sí, nos vimos una vez en Roma, pero nada más. No le conozco de nada, ¿queda claro?- su hermana arqueó las cejas ante la evidente ansiedad de su voz, de forma interrogante.
- Lo que tú digas…- Cat la conocía lo suficiente para saber que volvería a sacar el tema, probablemente en el momento más inoportuno.- Por cierto, ¿qué te parece todo esto?
- ¿Esto?- a su pesar, en ese momento su mente estaba demasiado llena de Angelo para pensar con claridad.- ¿De qué hablas?
- ¡De todo! ¿Qué es lo que te pasa? Con todo lo que está pasando, lo único que te preocupa es si un tío me ha preguntado por ti. Estamos lejos de casa, con dos demonios desconocidos, alguien ha intentado matarte y nadie está dispuesto a explicarnos nada. ¿De verdad no ves nada raro?¿De verdad no estás preocupada?
- Claro que lo estoy, pero…escucha, tengo que contarte algo, ¿vale? Sé que te parecerá totalmente absurdo, una locura, pero necesito contárselo a alguien.
- Dispara- Liz se desperezó como un gato (cosa de familia) y la miró con interés. Cat respiró hondo, cerró un momento los ojos y, al volver a abrirlos, comenzó a hablar.
Tratando de salvar algo de dignidad omitió el detalle de haber estado irremisiblemente perdida, y también el llanto incontrolable frente a la mirada de extrañeza de Angelo. La voz le tembló ligeramente al referir el encuentro con los dos demonios desconocidos, y estaba segura de haberse ruborizado relatando el rescate de Angelo. Sin embargo, a terminar la historia se sentía mejor de lo que se había sentido desde hace días, como si se hubiera desprendido de una enorme carga.
- Un momento…Vamos a ver si me he enterado. Te encuentras a un desconocido por la calle, por un momento te parece conocerlo, te acercas a hablar con él, ¡un completo desconocido!, y luego sales corriendo por un callejón oscuro. Tenías razón, ¡es una absoluta locura!¡¿En que estabas pensando?!
- No…no lo sé. Pero en ese momento me pareció lo correcto. Sentía que era lo que debía hacer, ¿comprendes? En el fondo, sigo creyendo que no cometí ningún error. Y, si de verdad Angelo y yo tenemos alguna relación, sea la que sea, pienso averiguar cuál es.
Liz abrió la boca para replicar, pero en ese preciso instante la puerta acristalada de la estrecha terraza se abrió para dar paso a Alex, que les dirigió una sonrisa vacilante. Cat supuso que intentaba hacerlas sentir algo mejor después de todo lo que había ocurrido. Al fin y al cabo, por fría o distante que pudiera resultar en ocasiones, no dejaba de ser un ángel, y, más concretamente, un ángel que siempre se había encargado de la protección de ambas cuando era necesario, que prácticamente las había visto crecer.
Sabía demasiado bien que, a pesar de ello, su hermana nunca había llegado a sentirse cómoda cerca de Alex, pero a ella le ocurría todo lo contrario. Y aunque en aquel momento su misión no fuera protegerla a ella, Cat consideraba un punto a favor contar con su presencia.
- Deberías entrar- comentó con voz suave.- Creo que os debemos una explicación.
Cat no pudo contener la risa ante la expresión de estupefacta satisfacción que se reflejaba en el rostro de su hermana y que, estaba convencida, debía de ser un calco exacto de la suya.
En el interior, Angelo se paseaba por el amplio salón, con paso impaciente y miraba constantemente alrededor, sin dejar de moverse al mismo tiempo de forma casi convulsa, presa del nerviosismo, como si padeciera algún extraño tic. En conjunto, la imagen resultaba simplemente…rara. Como contrapunto, Charles parecía absolutamente relajado, cómodamente repantingado en el sofá, mientras zapeaba distraído entre los numerosos canales de la televisión por satélite, sin detenerse nunca más de unos segundos en cada uno.
Con gesto decidido Alex se acercó a él, le arrebató el mando de la mano y apagó el televisor. El quejido de protesta del demonio quedó ahogado cuando Angelo empezó a hablar repentinamente en el incomprensible idioma en que, por lo visto, ángeles y demonios parecían entenderse. Pareció formular una pregunta.
Alex respondió con pocas palabras y un breve asentimiento de cabeza. A continuación se sentó en uno de los sillones individuales y les indicó con un gesto que hicieran lo mismo. Cat simplemente se dejó caer sobre la mullida alfombra con las piernas cruzadas. Liz, estirada cuan larga era y con las piernas colgando sobre uno de los brazos de su asiento comenzó a tamborilear con los dedos sobre la tapicería con impaciencia.
- Como ya os he dicho, os debemos a las dos una explicación- dirigió una mirada de reojo a Angelo.- Tal vez debería decir a los tres. Siento lo que ha pasado, y que hayáis tenido que abandonar todo tan precipitadamente, pero todo ha sido por vuestra seguridad.- Liz lanzó un resoplido dirigido a quien quisiera escucharla. Incluso haciendo eso se las apañaba para tener una apariencia grácil, casi etérea. Alex prosiguió como si no se hubiera producido ninguna interrupción.- Por desgracia, puede que estéis expuestas a un peligro mayor de lo que ninguno de nosotros creía.
A su pesar, Cat también empezaba a impacientarse. Se preguntaba si realmente le costaría tanto a Alex dejar los rodeos e ir directa el grano.
- En realidad, es Cat quién más debería preocuparnos ahora, dado que todo lo que está ocurriendo se inició a causa suya. Me temo que vamos a tener que remontarnos unos cuantos años en el tiempo unos cuantos años. Concretamente unos veinte, algo antes de que tú nacieras, Cat, al inicio de tu relación con Angelo.
Se produjo un silencio incómodo en la sala. Cat sentía que la cabeza le daba vueltas. Tenía la garganta seca.
- ¿Mi…relación con Angelo?¿Antes de que naciera?- apenas podía obligarse a pronunciar las palabras.- ¿De qué estás hablando?
- ¿Estás familiarizada con el concepto de…reencarnación? El trasvase de un alma a otro cuerpo cuando el cuerpo que la contiene muere.
Cat negó en silencio, helada e incapaz de pronunciar palabra. Su cabeza era un avispero de ideas y emociones. Y, sobre todo, recuerdos. De su primer encuentro con Angelo, de esas sensación de familiaridad, de haber encontrado algo que había perdido. Pero aquello era imposible. No podía ser ese el motivo. Era total y absolutamente absurdo.
Se volvió para mirar a Alex a los ojos, horrorizada. Tenía que ser una broma. No había otra explicación. Pero el ángel la observaba con una expresión mortalmente seria, y Cat sintió escalofríos. Retrocedió sin levantarse, intentando alejarse de ella. Desvió la mirada hacia Angelo quien también la observaba sin el menor asomo de broma en el rostro. De hecho, la única expresión que traslucía su rostro era la profunda tristeza relejada en sus ojos. Tristeza… ¿por ella?
Desesperada, miró a su hermana, que formó la palabra “reencarnación” con los labios sin emitir ningún sonido. Cuando sus miradas se encontraron, se encogió de hombros, con expresión apenada y sacudió la cabeza.
- No estarás insinuando…no puede ser. Es imposible, totalmente imposible. N-no existe la reencarnación
- Siento de veras que tengas que enterarte así, Cat, pero…
- ¡No es verdad! Mientes. Estas…estas mintiendo. Tú…no, no es cierto- su voz se había reducido a un susurro estrangulado
- Cat, puedo explicártelo todo, pero tienes que escucharme. Tienes que creerme.
- ¡No quiero creerte!- estalló.- ¡Yo soy yo!¡Solo yo!¡Y nadie más! No soy ninguna otra persona, ¡no te conozco de nada!- añadió dirigiéndose a Angelo.
Se levantó con las piernas temblorosas. Le faltaba el aire. Su vista se nubló un instante para volver a aclararse al instante y sintió una lágrima deslizarse por sus ardientes mejillas. Otras la siguieron, y los sollozos comenzaron a agitar su cuerpo. Sin detenerse a mirar atrás, echó a correr hacia la puerta. Atravesó el umbral y la cerró de un portazo antes de lanzarse escaleras abajo a todo correr, buscando la calle.
Mientras tanto, el interior del piso reinaba un silencio sepulcral. Alex dejó caer la cabeza contra el respaldo del sillón, suspirando. Liz se había levantado al tiempo que Cat, y ahora abría la puerta con manos temblorosas y la mirada perdida en las escaleras por donde había desaparecido su hermana. Charles murmuraba para sí, sin fijar la vista en nada en concreto. Para Angelo resultaba claro que, fuera lo que fuera lo que sabía, no había esperado encontrarse con aquello. Sinceramente, le daba igual.
Le daba igual lo que pensaran o sintieran los demás, le daba igual su misión o porque estuvieran allí. Le importaba cat. Cat, que acababa de salir en estampida de la habitación, llorando, confundida, y que ahora vagaba sola por una ciudad enorme y hostil. Cat, que estaba perdida, rabiosa y que podía cometer cualquier locura o estupidez.
Dudó durante una décima de segundo y después se dirigió a la salida.
- Voy a buscarla antes de que haga alguna tontería- dijo, dirigiéndose a nadie en particular.
- Angelo- la voz de Alex lo retuvo.- No sé si eres la persona más apropiada para hablar con ella ahora mismo.
- Sin duda tú eres mucho más apropiada, ¿no?- el desafío que destilaba su voz era más que evidente. Estaba seguro de que no se atrevería a detenerlo.- si no lo hago yo, ¿quién lo hará?
- Opino que deberíamos dejar que se calme y lo asimile todo. Deja que vuelva cuando lo considere oportuno.
- ¿Cuándo considere oportuno? Cuando considere oportuno regresar podría estar muerta. Van detrás de ella, y no van a conformarse con nada que no sea su cadáver.
- ¿Y cómo crees que va a reaccionar cuando te vea, Angelo? Tú eres lo único que la relaciona con su pasado, con todo aquello de lo que está intentando huir.
- ¡Cuándo está en juego su vida no puedo pararme a pensar en sus sentimientos!
El tono de llamada de un móvil interrumpió la discusión. Por un momento todos se quedaron paralizados por el inesperado sonido, como recién salidos de un trance. Finalmente, Charles alargó la mano y sacó el teléfono de su bolsillo. Palideció ligeramente al observar la pantalla, y cuando descolgó y se lo llevó a la oreja temblaba visiblemente.
Toda le conversación se desarrolló en lenguaje demoniaco, y Angelo podía ver a Liz frunciendo el ceño con expresión de frustración, pero para él no representaba el menor problema.
- Lord Astaroth…- esta vez Angelo también palideció, de forma violenta, mientras una oleada de miedo irracional se extendía por todo su cuerpo.- No…no hubo ningún problema, mi señor. Nada nuevo todavía. Nadie parece poseer ninguna información, y, sea quien sea, sabe ocultar su rastro.- los segundos de pausa que siguieron se le hicieron interminables a Angelo- Si, mi señor. Están…están a salvo. Elizabeth…está aquí, conmigo.
Liz dio un respingo al oír su nombre y dirigió una mirada interrogante a Alex, pero ella le indicó con un gesto que esperara. El ángel escuchaba la conversación con las mandíbulas apretadas y expresión decidida.
- Caterina…está bien. Está…bueno, podría decirse que no sabemos su paradero exacto, pero no puede haber ido muy lejos.- si la última pausa había sido interminable, esta fue simplemente enloquecedora. Angelo apretaba los puños, y un sudor frío le perlaba el rostro.- N-no exactamente. Más bien…se ha ido. ¡No! Os juro que yo no…la culpa fue de…yo no tuve nada que ver.
Con cada palabra que escuchaba Charles parecía encogerse un poco más.
- Po-por supuesto, mi señor. Os aseguro que la encontraremos- otra insoportable pausa.- Soy…soy consciente de ello. No será necesario, mi señor. No…no os arrepentiréis.
Cuando colgó el teléfono, Angelo exhaló una bocanada de aire que no era consciente de haber contenido. Alex se levantó con el rostro tan expresivo como una estatua y le indicó con un gesto que la siguiera, mientras se dirigía a la puerta. Angelo contuvo a duras penas la indignación. De modo que ahora si iban a buscarla. Era curioso hasta qué punto cambiaban las opiniones de la gente con la motivación adecuada.
- ¿Adónde vais?- la voz de Charles sonaba sobresaltada
- Cuida de Liz- respondió Alex severamente.- Nosotros iremos a buscar a Cat antes de que se caiga al río y Astaroth os mate a los dos.