¡Comparte esta información!

– Debo confesar que las primeras ideas para este libro surgieron en una clase en la que no estaba prestando demasiada atención. Hacía poco que había visto la película Cristal Oscuro, y me sugirió un mundo mágico lleno de criaturas extrañas, que fuera casi todo bosque, algo más sencillo y primitivo que la fantasía épica de magos y guerreros que estaba acostumbrada a leer y a escribir.

Quise que fuera una historia para niños y se me ocurrió dividir aquel nuevo mundo en regiones de distintos colores: Bosque-Verde, el Valle Amarillo, las Montañas Rojas, la Parda Floresta… (empecé a hacer el mapa en aquella misma clase, en mi libreta de apuntes…). Al final la cosa fue menos rara de lo que había pensado en un principio. Las criaturas que aparecían no eran inventadas por mí; eran duendes, trasgos, hadas, elfos, gnomos, enanos, que ya estaban en la tradición popular. Pero parecía interesante. Así que aquel mismo verano me puse a escribir. Y al final no salió tan infantil como yo creía…

– Este libro lo escribí un año antes que Finis Mundi, que fue el primer libro que publiqué. Es decir, que Retorno a la Isla Blanca era mi libro número 13. Cuando lo acabé lo envié a un concurso, pero no hubo suerte (lo cual por aquel entonces no era una novedad ). Se quedó cogiendo polvo en un cajón, y me daba mucha pena, pero qué se le iba a hacer.

Tras publicar Finis Mundi y El Valle de los Lobos se puso en contacto conmigo Sonsoles Sancho, responsable de Brief, una pequeña editorial que acababa de nacer en Valencia. Me dijo que estaba interesada en iniciar una nueva colección de literatura infantil y juvenil y me pidió que le mandara alguna cosa. Escribí para la ocasión El cartero de los sueños y rescaté del olvido Retorno a la Isla Blanca (reescribí también otra de mis antiguas novelas, El último curso, que era mi libro número 3, pero no le gustó tanto).

Decidió publicar Retorno a la Isla Blanca, por fin. Entonces yo acababa de conocer a un dibujante que quería dedicarse a la ilustración de libros infantiles. Se llamaba Víctor Soler, y me encantaba todo lo que dibujaba, así que lo propuse de portadista para Retorno a la Isla Blanca. Las portadas de Finis Mundi y de El Valle de los Lobos habían sido realizadas por ilustradores elegidos por la propia editorial, sin que yo tuviera nada que ver en ello, así que fue agradable colaborar con Víctor en la portada de este libro y poder dar mi opinión. Me encantó el resultado final.

– Hay personas que han buscado este libro y no lo han encontrado. No está descatalogado ni agotado, es, simplemente, que la editorial es pequeña y no tiene muy buena distribución. Creo que lo más sencillo será que os pongáis en contacto directamente con la Editorial Brief. Ellos podrán informaros mejor.

– La editora de Brief me pidió que cambiara los nombres de los personajes porque los encontraba muy raros y, además, no significaban nada. Así, Nit pasó a ser Única; Fert, el gnomo, se convirtió en Fisgón; Randus, el duende, se llamaría desde entonces Cascarrabias… etc.

– Víctor dibujó a todos los personajes principales en la primera versión de la portada, pero salía demasiada gente, así que eliminamos a los elfos y a Mattius. La cubierta final de la primera edición fue ésta. En ella aparecían Única, Cascarrabias (abajo a la derecha), Fisgón (arriba a la derecha) y Liviana (arriba a la izquierda). En la contraportada, sentada sobre una seta, estaba Silva, la gnomo. Y en la solapa interior, Víctor añadió un boceto que había hecho de los enanos, Maza y el Venerable.

– Diez años después, la editorial decidió hacer una edición renovada con ilustraciones de Víctor, y éste se prestó a dibujar una cubierta nueva, que es la actual, y que podéis apreciar en esta página.

– En Retorno a la Isla Blanca aparece un tema que me ha interesado siempre, el de los hombres alados. Aparecían en dos libros que nunca publiqué: La Puerta y El secreto de Ulros. Más tarde retomé el tema en Alas de fuego, donde aparece una raza de hombres y mujeres alados, a quienes se les llama los ángeles, aunque son de carne y hueso.

– Este libro tiene seis capítulos, en lugar de los catorce que son habituales en mí, porque la historia lo pedía así. Cada capítulo se desarrolla en un lugar diferente: Bosque-Verde, el Valle Amarillo, la Parda Floresta… Y no hay catorce lugares, sólo siete.

– Mattius, el juglar de este libro, es un personaje parecido al Mattius de Finis Mundi, aunque no son exactamente iguales. Escribí Retorno a la Isla Blanca antes de Finis Mundi; tenía al personaje en la cabeza pero aún no había desarrollado una historia para él, así que lo metí en Retorno a la Isla Blanca como secundario. Tengo la teoría de que si pones un mismo personaje en dos historias diferentes, al final salen dos personajes diferentes, porque su vida y sus circunstancias no son las mismas, y esas vivencias moldean su carácter de alguna manera. Por eso el Mattius de Retorno a la Isla Blanca y el Mattius de Finis Mundi no son exactamente el mismo, aunque en origen sí lo fueran. Lo mismo pasa con Kai (Crónicas de la Torre) y Jack (Memorias de Idhún), y con Chris (Las hijas de Tara) y Kirtash (Memorias de Idhún).